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JUÁREZ RECHAZA A NAPOLEÓN III: MÉXICO IGNORA EL ULTIMÁTUM FRANCÉS

Aquel hombre era Benito Juárez, presidente constitucional de México, y su respuesta a Napoleón Icer determinaría el destino del país durante los 5co años siguientes. Juárez no rechazó el ultimátum mediante un gesto dramático ni mediante una declaración de guerra retórica. lo rechazó mediante algo considerablemente más poderoso y más difícil de combatir, la negativa sistemática, a reconocer cualquier imposición externa que comprometiera la soberanía nacional, combinada con la voluntad inquebrantable de mantener

funcionando un gobierno legítimo, aunque tuviera que hacerlo desde un carruaje en movimiento a través de los caminos polvorientos del norte. norte mexicano. Mientras los franceses ocupaban Ciudad de México, mientras instalaban a un archiduque austríaco como emperador, mientras controlaban las principales ciudades del país, Juárez seguiría siendo el presidente.

Y mientras él siguiera existiendo en algún punto del territorio nacional firmando decretos desde una diligencia, la República seguiría existiendo. Aquella estrategia que durante las décadas posteriores los historiadores reconocerían como una de las decisiones políticas más extraordinarias del siglo XIX latinoamericano, llevaba implícito un cálculo de una audacia considerable.

Napoleón Iero tenía el mejor ejército del mundo. Tenía 38,000 soldados profesionales. Tenía el respaldo de las élites conservadoras mexicanas. tenía a un emperador europeo dispuesto a sentarse en el trono de México. Lo único que no tenía y lo único que nunca lograría obtener era el reconocimiento de que su intervención fuera legítima por parte del hombre que la Constitución mexicana señalaba como presidente legal del país.

Esta es la historia de aquel duelo, no el relato militar de las batallas que otros episodios han reconstruido, sino la historia política y personal de cómo un abogado zaboteco nacido en una aldea de Oaxaca, enfrentó al emperador más poderoso de Europa mediante la única arma que aquel emperador no podía derrotar.

La legitimidad constitucional sostenida con una obstinación que ninguna potencia militar logró quebrar. Es la historia de cómo México ignoró el ultimátum francés y de cómo aquella negativa cambió la historia del continente. Para entender por qué Benito Juárez fue capaz de resistir durante 5 años la presión combinada del imperio más poderoso de Europa, hay que reconstruir la trayectoria personal y política del hombre que durante aquellos años encarnó la resistencia republicana mexicana.

Porque aquella capacidad de resistencia no fue accidental producto exclusivo de las circunstancias, sino el resultado coherente de una formación personal y de una visión política que durante las décadas anteriores se había forjado en condiciones que pocos estadistas latinoamericanos del siglo XIX compartían. Benito Pablo Juárez García había nacido el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, una aldea diminuta de la Sierra Zapoteca de Oaxaca, habitada por aproximadamente 20 familias indígenas que vivían de la

agricultura de subsistencia y del pastoreo en las montañas. Sus padres, campesinos apotecos que no hablaban español, murieron cuando él tenía 3 años. Y el niño fue criado por sus abuelos y posteriormente por un tío hasta los 12 años, trabajando como pastor de ovejas en las montañas y hablando exclusivamente la lengua zpoteca de sus antepasados.

Aquel origen que durante las décadas posteriores la mitología nacional mexicana convertiría en símbolo de las posibilidades de ascenso individual, era en términos de las realidades sociales del México de principios del siglo XIX, una circunstancia que prácticamente excluía cualquier trayectoria pública relevante.

La transformación de aquel pastor zapoteco en abogado y político comenzó en diciembre de 1818, cuando Juárez, a los 12 años caminó hacia la ciudad de Oaxaca para reunirse con su hermana que servía como cocinera en la casa de una familia acomodada. En Oaxaca, el joven fue acogido por Antonio Salaueva, un encuadernador franciscano que reconoció las capacidades intelectuales del muchacho y facilitó su acceso a la educación formal.

Juárez aprendió español, ingresó al seminario donde estudió latín y filosofía y posteriormente abandonó la carrera eclesiástica para estudiar derecho en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, graduándose como abogado en 1834. Aquella formación jurídica sería el fundamento intelectual de toda su trayectoria posterior.

Juárez no concebía la política como un ejercicio de fuerza ni como un juego de ambiciones personales. la concebía como la aplicación del derecho a la organización del Estado, convicción que durante los años de la intervención francesa se convertiría en el arma más poderosa de la resistencia republicana. La trayectoria política de Juárez durante las décadas de 1830, 1840 y 1850, lo llevó progresivamente desde cargos locales en Oaxaca hasta posiciones de relevancia nacional.

fue diputado local, juez, gobernador de Oaxaca entre 1847 y 1852, con una administración que sus contemporáneos reconocieron como excepcionalmente honesta y eficiente, y posteriormente figura central del movimiento liberal que durante la revolución de Ayutla de 1854 derrocó la última dictadura de Antonio López de Santa Ana. Durante el gobierno liberal que siguió a aquella revolución, Juárez ocupó el Ministerio de Justicia y promulgó la ley Juárez de 1855, que eliminaba los fueros especiales del clero y del ejército. primer paso de las

reformas que durante los años siguientes transformarían estructuralmente las relaciones entre el Estado mexicano, la Iglesia Católica y los poderes tradicionales heredados de la era colonial. Aquellas reformas codificadas en la Constitución liberal de 1857 y en las leyes de reforma posteriores produjeron la guerra de los 3 años entre 1858 y 1861.

conflicto civil entre liberales y conservadores que devastó al país y que terminó con la victoria liberal, pero en condiciones de bancarrota financiera tan profunda que determinarían directamente la crisis que desencadenaría la intervención francesa. Juárez, que durante aquella guerra había asumido la presidencia en su carácter de presidente de la Suprema Corte, cuando el orden constitucional fue roto por el golpe conservador de 1858, fue formalmente electo presidente constitucional en 1861, una vez restaurado el orden republicano.

La situación que Juárez heredaba en 1861 era de una gravedad extrema. La guerra de los 3 años había agotado completamente las arcas del Estado. La deuda externa mexicana alcanzaba aproximadamente 82 millones de pesos contraídos por gobiernos anteriores en condiciones predatorias. Los ingresos fiscales no alcanzaban siquiera para cubrir los gastos administrativos básicos.

Y los acreedores europeos, particularmente franceses y británicos, exigían pagos que ninguna economía nacional devastada por 3 años de guerra civil podía sostener. El 17 de julio de 1861, Juárez firmó el decreto que suspendía durante 2 años el pago de la deuda externa. medida de emergencia financiera tomada por un gobierno literalmente en banca rota que ofrecería a Napoleón Icer el pretexto legal que la diplomacia francesa necesitaba para presentar la intervención como una acción de cobro.

Lo que Napoleón Icer no calculó adecuadamente fue el carácter del hombre al que se enfrentaba. Juárez no era un caudillo militar improvisado ni un político oportunista dispuesto a negociar la soberanía nacional a cambio de su supervivencia personal. era un abogado zapoteco que concebía la legalidad constitucional como un principio innegociable y que durante las décadas anteriores había demostrado, en circunstancias adversas repetidas una capacidad de resistencia que sus adversarios consistentemente subestimaban hasta que

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