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Hugo Sánchez vs Bayern Múnich 1988: La Rivalidad con Butragueño | Real Madrid Historia

 Tres a dos. El silencio cayó como un manto sobre Munich. Hugo no celebró, solo miró a Butragueño y Butragueño lo miró a él tres horas antes. El vestuario del Real Madrid olía alinimento y nervios. Hugo estaba sentado en el banco de madera. A su lado, Emilio Butragueño se ataba los cordones [música] despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

 Sobre la mesa había periódicos. Siempre había periódicos. Las portadas gritaban la misma pregunta. Hugo o Butragueño, ¿quién es el verdadero rey del Madrid? Hugo empujó el diario con el pie. Butragueño ni siquiera lo miró, terminó de atarse los cordones, [música] se puso de pie, salió hacia el túnel sin decir palabra.

 Michel se acercó, se sentó donde había estado Butragueño. ¿Estás bien?, preguntó Hugo. Asintió, pero no estaba seguro. Leo Benhacker entró al vestuario. Su cara era seria. siempre era seria antes de los partidos [música] grandes. Hoy no es un partido más, dijo. Es el Bayern, [música] es Munich. Nos dan por muertos. Dicen que no tenemos oportunidad.

 Hizo una pausa, miró a cada jugador. Demuestren que [música] están equivocados. Hugo se levantó, se ajustó los guantes de las manos, salió al túnel. Butragueño ya estaba ahí esperando. [música] Los dos caminaron juntos hacia la luz. El estadio era una bestia. 60,000 gargantas alemanas rugiendo. Hugo sintió el peso.

 No era miedo, era algo distinto. Era saber que el mundo estaba mirando y esperando que fallaras. El árbitro pitó. El partido comenzó. [música] Los primeros minutos fueron un baile. El Bayern presionaba. El Madrid resistía. Camacho gritaba a órdenes desde atrás. Gordillo corría por la banda izquierda. Entonces llegó el primer golpe. Minuto 5.

 Augentaler recibió el balón en el borde del área. Sin pensar lo disparó. Buyo se estiró. No alcanzó. [música] La pelota entró limpia. 1 a0. El estadio explotó. Hugo miró a Butragueño. Butragueño miró hacia abajo. [música] En el palco de prensa, los periodistas ya escribían el epitafio. El Madrid se hunde en Munich. Otra vez.

 Pasaron 20 minutos. El Madrid intentaba reaccionar, pero el Bayern era un muro. Mateus corría como si tuviera tres pulmones. FAF atajaba todo. Entonces vino el segundo golpe. Minuto 25. Tendillo rozó a un delantero alemán en el área. El árbitro pitó. Penalti. Camacho protestó. El árbitro no cambió de opinión. Mateos puso el balón en el punto, retrocedió tres pasos, corrió, disparó al palo derecho. Buyo adivinó.

 Pero el balón entró igual. 2 a0. Hugo cerró los ojos. Escuchó el rugido alemán. Cuando los abrió, vio a Butragueño caminando hacia el centro del campo. Su rostro no mostraba nada, pero Hugo conocía ese silencio. Era el silencio de la derrota aceptada. No, pensó Hugo. Todavía no. El primer tiempo terminó así, 2 a0. Caminaron al vestuario sin hablar.

 Vin Hacker cerró la puerta, miró a sus jugadores. “Todavía hay tiempo”, dijo. Hugo se puso de pie. No es tiempo lo que falta, dijo. Es creer. Butragueño levantó la cabeza. Sus ojos encontraron los de Hugo. Por primera vez en semanas se entendieron sin palabras. Salieron al segundo tiempo. El aire seguía frío, pero algo había cambiado.

 Había una chispa, pequeña, frágil, pero estaba ahí. Y entonces llegó el tercer golpe. Minuto 50. Un centro alemán. Sanchiz intentó despejar. El balón rebotó. Wolfart apareció de la nada, remató al arco vacío. 3 a0. El estadio alemán era un infierno de alegría. En Madrid, [música] miles de aficionados apagaron sus televisores.

 En el banco del Real Madrid, algunos jugadores bajaron la cabeza, pero Hugo no. Y Butragueño tampoco. El partido siguió. Los minutos pasaban como siglos. El Madrid atacaba sin orden, el Bayern defendía con calma. Sabían que ya habían ganado. Entonces llegó el minuto 85. Un error alemán. Eder intentó pasar el balón a su portero. Calculó mal.

 Butragueño leyó la jugada, corrió, [música] interceptó. Faf salió desesperado. Butragueño lo esquivó. Había espacio. Había tiempo. Disparó. La red se sacudió. [música] 3 a un. Hugo corrió hacia él, lo abrazó, no dijo nada, no hacía falta. El estadio alemán cayó por un segundo, solo un segundo. Luego volvió el ruido, pero ahora era un ruido nervioso.

 Pasaron 2 minutos, el Madrid presionaba. Sabían que había una posibilidad pequeña, casi imposible, pero estaba ahí. Minuto 88. Falta al borde del área. Hugo tomó el balón, lo colocó con cuidado, [música] retrocedió tres pasos, miró a Faz, miró a Butragueño, corrió, golpeó el balón, voló, giró, Faf saltó, tocó el balón, pero no fue suficiente. 3 a dos.

 Hugo no celebró. No hubo salto mortal, no hubo grito, solo miró a Butragueña. Y en ese momento los dos supieron algo. Esa noche no había terminado, apenas comenzaba. Madrid, 16 de marzo de 1988. 14 días después de Munich, [música] el Santiago Bernabéu era un caldero hirviendo. 80,000 almas gritaban Madrid, Madrid.

 En el vestuario, Hugo se ajustaba a las medias. [música] A su lado, Butragueño miraba al suelo. No habían hablado mucho [música] desde Munich. Algo había cambiado entre ellos. Un pacto sin palabras. Bin Hacker entró. Necesitamos dos goles limpios dijo. Hoy juegan como uno solo. Miró a Hugo, luego a Butragueño. Los dos asintieron.

 El rugido del Bernabéu los golpeó como una ola. Hugo sintió la energía pura. Era fe. El árbitro pitó. El Madrid salió como un huracán. Gordillo por la izquierda, Mitel por la derecha, Butragueño entre líneas. Hugo esperaba el momento exacto. [música] El Bayern se replegó. Un muro de cinco defensores. Mateus marcaba a Butragueño como su sombra.

 El Madrid atacaba, pero el Bayern resistía. En el palco de prensa, los periodistas murmuraban, “El milagro no llegará.” Entonces llegó el minuto 26. Falta al borde del área. Butragueño en el suelo. El árbitro pitó. Hugo tomó el balón, pero Jankovic se lo pidió. Déjame, dijo el yugoslavo. Hugo lo miró, luego miró a Butragueño.

 El buitre asintió. Es tuyo dijo Hugo. Jankovic colocó el balón. Retrocedió. [música] El estadio guardó silencio. Un silencio denso, pesado, como antes de una tormenta. Jankovic corrió, disparó. [música] El balón rozó en un defensor, cambió de dirección. FAF se lanzó tarde. La red se infló. 1 a0. [música] El Bernabeu explotó.

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