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La Dama Imposible que Volvió Loco a un Duque Demasiado Orgulloso

En el corazón de la Inglaterra victoriana, donde las casas eran tan imponentes como las expectativas de quienes las habitaban, Besy Hall se alzaba con toda su majestuosidad, guardando secretos, reglas y, sobre todo, un orden que parecía inquebrantable, porque allí nada se permitía al azar.

Y cada gesto, cada mirada y cada palabra tenían su lugar exacto. Aunque nadie podía prever que un día todo ese equilibrio se vería desafiado por una presencia inesperada, audaz y decidida a alterar cada norma sin pedir permiso. Elizabeth Grace Wiimore no era la dama que alguien hubiera imaginado encontrarse cruzando los pasillos de Besley Hall.

No entraba con pasos medidos ni sonrisas ensayadas, ni pretendía impresionar con la perfección que los invitados esperaban. Su cabello rojizo, su mirada azul y esa naturalidad desconcertante que parecía desafiar el protocolo, la convertían en un torbellino silencioso capaz de perturbar incluso a los más rígidos. Y nadie lo notaba más que Sebastián Argrave, duque de Besley, hombre orgulloso, meticuloso y completamente seguro de que nada podía alterarlo hasta que ella apareció.

Desde el primer instante, Elizabeth no solo rompió las reglas, las dobló, las ignoró y las reinventó sin proponérselo, provocando en Sebastián una irritación creciente y un interés que se negaba a aceptar, porque él nunca había conocido a alguien capaz de observar su mundo con tanta libertad.

y al mismo tiempo de sostenerle la mirada sin un ápice de temor ni sumisión. Y eso era, en el mejor de los casos, perturbador y en el peor, imposible de ignorar. Lady Beatrice, la tía de Sebastián, lo había advertido, aunque con discreción, porque conocía su carácter mejor que nadie. Aquel tipo de mujer no se encontraba todos los días y mucho menos sin generar un caos medido, un desorden que si no se controlaba podía transformar la vida de cualquier duque demasiado orgulloso en algo que no reconocería.

Y Sebastián descubriría muy pronto que ni toda su autoridad ni todo su orgullo serían suficientes para resistirse a Elizabeth Grace Wiimore. Así comienza la historia de una dama imposible y un duque demasiado orgulloso, de miradas desafiantes, silencios cargados de significado y momentos que ninguno de los dos podría olvidar.

Porque desde la primera conversación, desde la primera sonrisa y hasta el primer beso que nadie había planeado, sus mundos se entrelazaron de manera irreversible y Besley Hall ya no volvería a ser la misma. Capítulo 1. Un duque que no necesitaba a nadie, según él. La puntualidad para el duque Sebastián Argrave no era simplemente una virtud, era una forma de respeto hacia el orden natural de las cosas, una demostración silenciosa de disciplina y sobre todo una prueba irrefutable de que el mundo aún podía mantenerse bajo control si uno

hacía lo correcto en el momento preciso. Por esa razón, cuando el reloj del salón principal marcó las 5 en punto y el mayordomo no apareció exactamente en ese segundo con el informe de la tarde, Sebastián no levantó la voz ni frunció el ceño de manera evidente, pero sí apoyó lentamente la pluma sobre el escritorio y alzó la mirada con una calma tan medida que cualquier sirviente con dos dedos de inteligencia habría sentido un escalofrío.

Besley Hall, su residencia funcionaba como un mecanismo perfecto donde cada pieza sabía exactamente que debía hacer y cuándo hacerlo, y aquel orden no era casualidad ni herencia, sino el resultado de años de disciplina férrea y decisiones cuidadosamente tomadas. No había lugar para improvisaciones, ni para emociones innecesarias, ni mucho menos para personas que no entendieran la importancia de mantener cada cosa en su sitio.

¿Ocurre algo, su excelencia? preguntó finalmente el mayordomo al entrar, apenas unos segundos más tarde de lo esperado, inclinando la cabeza con la precisión de quién sabía que había cometido una falta, aunque fuera mínima. Nada que no pueda corregirse”, respondió Sebastián con voz tranquila, retomando la pluma como si aquel pequeño retraso no hubiera alterado en absoluto el equilibrio del universo, aunque ambos sabían que sí lo había hecho, aunque fuera apenas un poco.

Terminó de firmar el documento que tenía frente a él, revisó la alineación exacta de los papeles, colocó la pluma en su sitio con la misma exactitud con la que un general dispone sus tropas antes de una batalla. y solo entonces permitió que su atención se desplazara hacia el contenido del informe que el mayordomo sostenía entre las manos.

Sin embargo, antes de que pudiera abrirlo, la puerta del salón se abrió nuevamente, esta vez sin el anuncio previo que él consideraba indispensable, y una presencia tan familiar como impredecible cruzó el umbral con la seguridad de quien no necesitaba permiso para entrar en ningún lugar. Sebastián, querido, espero no interrumpir uno de tus momentos de adoración silenciosa hacia esos papeles”, dijo Lady Beatrice, avanzando con paso decidido y una sonrisa que siempre parecía esconder algo.

Ya fuera diversión, complicidad o un comentario que estaba a punto de causar problemas. Sebastián alzó la vista con una leve inclinación de cabeza, sin mostrar sorpresa, aunque su tía tenía una habilidad casi admirable para aparecer en el momento menos conveniente. Nunca interrumpe, tía, aunque debo admitir que su sentido del momento es particular.

Oh, eso es solo porque tu concepto de momento adecuado es terriblemente aburrido, replicó ella con ligereza, tomando asiento sin esperar invitación y acomodando su falda con un gesto elegante. Si dependiera de ti, este lugar sería tan silencioso que uno podría escuchar como envejecen las paredes. Sebastián no respondió de inmediato porque sabía por experiencia que cualquier comentario podía abrir la puerta a una conversación más larga de lo necesario.

Y sin embargo, también sabía que ignorarla por completo era inútil, pues Lady Beatrice no era una mujer que se retirara fácilmente. ¿A qué debo el honor de su visita inesperada? Preguntó finalmente con ese tono neutro que utilizaba cuando deseaba mantener una distancia prudente. Lady Beatriz entrelazó las manos sobre su regazo y lo observó con una expresión que, para cualquiera que la conociera bien, resultaba peligrosamente amable.

He venido a informarte de algo que ya he decidido”, dijo con tranquilidad, como si aquella fuera la forma más natural de iniciar una conversación, lo cual, como sabes, significa que tu opinión será escuchada, pero no necesariamente considerada. Sebastián dejó la pluma a un lado, completamente consciente de que aquello no podía ser nada bueno.

“Eso suele ser evidente desde el principio,” murmuró. Maravilloso. Entonces ahorraremos tiempo”, respondió ella con satisfacción. Una joven dama llegará esta tarde a Besley Holly y se quedará aquí durante una temporada. El silencio que siguió no fue largo, pero sí lo suficientemente denso como para que incluso el mayordomo, que aún permanecía en la habitación desviara discretamente la mirada.

“No”, dijo Sebastián con una serenidad que no admitía discusión. Lady Beatrice arqueó una ceja divertida más que ofendida. Qué respuesta tan breve para un asunto que claramente merece más reflexión. No es necesario reflexionar cuando la respuesta es evidente, replicó él. Esta casa no es una posada ni un lugar de tránsito para personas desconocidas.

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