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Del éxito absoluto al olvido y la tragedia: La dolorosa historia de Dulce Rosario y Los Sepultureros, el grupo que conquistó México y lo perdió todo por la ambición

El mundo de la música tropical mexicana ha estado lleno de ritmos alegres, luces destellantes y bailes multitudinarios que marcaron a fuego la identidad de varias generaciones. Sin embargo, detrás de los telones y las sonrisas ensayadas para las cámaras, muchas de sus más grandes leyendas vivieron auténticos dramas humanos que el público general desconocía por completo. Una de las historias más fascinantes, y a la vez más melancólicas de la industria musical, es la de la mítica agrupación “Dulce Rosario y Los Sepultureros”. Lo que comenzó como el sueño de un grupo de jóvenes humildes de pueblo que jugaban entre tumbas, y que alcanzó la gloria nacional gracias a una prodigiosa y carismática voz femenina, terminó desmoronándose de forma estrepitosa debido a disputas económicas, rupturas amorosas y un implacable cambio de época que los empujó al olvido, culminando con una dolorosa pérdida en plena pandemia mundial.

La semilla de esta legendaria agrupación se plantó en el estado de Guanajuato, específicamente en el rumbo de San José de Otates, en el municipio de Manuel Doblado. Allí creció Antonio Durán López, un joven proveniente de una familia sumamente trabajadora que desde pequeño desarrolló una relación muy peculiar y cercana con el camposanto local, pues solía jugar entre las tumbas y los restos del cementerio mientras el sepulturero del lugar lo correteaba por andar haciendo travesuras. A los 15 años, impulsado por la fuerte necesidad económica de ayudar a su familia a salir adelante, Antonio tomó la difícil decisión de emigrar a la Ciudad de México buscando nuevas oportunidades de trabajo. Lejos de la música, su primer empleo formal en la gran capital fue como carpintero en un taller donde, por azares del destino, le tocaba fabricar ataúdes. Parecía que el concepto de la muerte y el cementerio lo perseguía de manera inevitable.

En la gran urbe, Antonio se reencontró con varios paisanos de su tierra natal que compartían su misma condición de pobreza, pero también sus enormes ganas de triunfar en la vida: Raúl Hernández, Jesús Soto, Adrián Cerna y Santos Cortés. Unidos por la nostalgia de su origen y la amistad de pueblo, decidieron formar un grupo musical. Al principio, la agrupación se enfocó en tocar música ranchera y polkas, que era lo que pegaba fuertemente en aquellos años. Se presentaban en cualquier

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