MR NIEBLA: LA ASQUEROSA VERDAD DETRAS DE SU MUERTE EN CMLL
El luchador más querido del CML, ídolo de millones de niños mexicanos. Y ese mismo hombre, muerto tirado en la cama de un hospital sin dinero sin esposa, debiéndole miles de pesos al hospital. La versión que el público mexicano conoce de Mr. Niebla es la versión limpia. Hoy vas a saber la oscura realidad, la que ocultaron durante una década entera.
es mucho más asquerosa que la que contaron. Quédate hasta el final porque hoy vas a saber qué le hicieron sus compañeros por más de 10 años que le acabó quitando la vida. Y por qué esos compañeros aplazaron la función benéfica que iba a salvarlo hasta que ya era tarde. Su nombre era Efrén Tiburcio Márquez. El mundo lo conoció como Mr.
Niebla y para entender cómo lo destruyeron, antes tienes que ver de dónde vino. Efrenti Burcio Márquez nació el 22 de febrero de 1973 en la ciudad de México, en el Hospital General Manuel Gea González, al sur de la ciudad, una madrugada fría de un invierno cualquiera. Su mamá, Carmen Pérez Domínguez, tenía 28 años.
llegó al hospital sola en taxi porque el papá no estaba en casa esa noche. Y el papá no estaba en casa esa noche porque, según contaría la propia Carmen años después a sus comadres del mercado, estaba en una cantina de la colonia Guerrero tomando con sus amigos del ferrocarril. El papá se llamaba Tiburcio Márquez Pérez, trabajador del ferrocarril desde los 18 años, hombre callado durante el día.
otro hombre completamente distinto cuando entraba a una cantina los viernes por la noche. Y para 1973, cuando nació su tercer hijo, ese hombre llevaba ya 15 años cargando una costumbre que iba a marcar a toda la familia, una costumbre que iba a definir sin que él lo supiera, el destino del recién nacido que su esposa Carmen estaba esperando en una cama de hospital sin que él llegara.
Y esa costumbre del papá Tiburcio, esa costumbre que para los vecinos de la colonia Penncil era normal porque la mitad de los hombres del barrio la tenían. Iba a ser la semilla de la tragedia que 46 años después dejaría a Mr. Niebla muerto en una cama de hospital, pero todavía falta para llegar ahí. La familia vivía en una casa pequeña de la calle Hortelanos, en la colonia Pencil, al norte de la ciudad de México.
Dos cuartos, una cocina, un patio chico donde tendían la ropa y un televisor blanco y negro que el papá había comprado de segunda mano en el tianguis del toreo. La colonia Pencil de los años 70 era barrio Bravo. Alles de tierra, vecindades pegadas unas a otras, hombres que trabajaban en el ferrocarril, en la fábrica de cemento, en la zapatería, en los mercados y mujeres que vendían verduras en el mercado de Atlampa, lavaban ropa ajena o limpiaban casas en colonias más ricas como Polanco.
Carmen, la mamá, vendía verduras en el mercado de Atlampa de 6 de la mañana a 2 de la tarde. Tenía un puesto pequeño que había heredado de su mamá. vendía jitomates, cebollas, chiles serranos, cilantro. Lo que sobraba de sus ventas lo cargaba en una bolsa de mandado y se lo llevaba a la casa de hortelanos para alimentar a los tres hijos, porque el sueldo del papá Tiburcio los viernes por la noche casi siempre se quedaba en la cantina antes de llegar a la casa.
Y aquí empieza algo que el pequeño Efrenti Burcio, sin entenderlo, iba a ver todos los viernes de su vida durante 15 años. Algo que ningún niño de 8 años debería ver y algo que él mismo iba a callar durante el resto de sus días sin contárselo a ningún reportero, a ningún compañero del CML, a ningún amigo del barrio. Vamos a regresar a ese tema más tarde porque para entender quién era Mr.
niebla antes de la máscara, antes del CML, antes de las botellas de whisky en los hoteles. Hay que ver primero al niño que veía lucha libre por televisión los sábados por la tarde con su papá. El único momento de la semana en que Tiburcio Márquez Pérez no estaba borracho. El único momento en que padre e hijo se sentaban juntos en el sillón y el momento que iba a definir sin que ninguno de los dos lo supiera, la carrera del más pequeño de los Márquez Pérez.
Los sábados por la tarde, a las 6 en punto, el papá Tiburcio prendía el televisor blanco y negro, ponía el canal 4 de Televisa y empezaba la transmisión de lucha libre desde la arena pista Revolución, una arena pequeña que ya no existe, ubicada cerca del monumento a la revolución. Carmen y los dos hermanos mayores de Efrén, Roberto y Juan, se iban al patio o al cuarto, porque al papá Tiburcio le molestaba que hablaran mientras transmitían la lucha.

Pero el pequeño Efrén, de 5 años, 6 años, 7 años, se quedaba al lado del papá viendo en silencio, sin hacer ruido, sin preguntar, solo viendo. Vio a Blue Demon, vio al Santo, vio a 1000 máscaras. vio a Huracán Ramírez y vio en 1979, cuando tenía 6 años, a un luchador joven llamado Lismark, que en pocos años se iba a convertir en uno de los más grandes técnicos del CMLL.
Ese día, viendo a Lis Mark volar desde la tercera cuerda en blanco y negro, el pequeño Efrenti Burcio decidió, según contaría a su esposa Rosa María 30 años después, que él quería ser luchador, quería usar una máscara. Quería que la gente lo aplaudiera como aplaudían a Lis Mark. No le dijo nada al papá ese sábado.
Tenía miedo de que el papá Tiburcio se burlara. Lo dejó guardado dentro de la cabeza. Pero a partir de esa tarde, los sábados a las 6 en punto, el niño se sentaba al lado del papá con un cuaderno escolar y dibujaba máscaras de luchadores. Las dibujaba mientras la lucha pasaba en la pantalla y cuando el papá no veía, se llevaba el cuaderno al cuarto, lo escondía debajo del colchón y soñaba con ser él el que estuviera en la pantalla.
Lo que ese niño todavía no sabía, lo que ningún sábado de televisión podía enseñarle. era que la misma costumbre del papá Tiburcio, esa costumbre que el barrio Pencil consideraba normal, ya estaba sembrada dentro de su propio cuerpo y que algún día, 30 años después iba a destruirlo. Efrenti Burcio terminó la primaria en la escuela primaria Vicente Guerrero de la colonia Pennil.
Era un niño promedio, callado, sacaba buenas calificaciones, le gustaba dibujar y los recreos, en lugar de jugar fútbol con los demás niños, se iba a la barda del patio a hacer lucha libre con un amigo que se llamaba Carlos Hernández. A los 12 años entró a la secundaria técnica número 39, ubicada en la colonia Atlatilco.
Y a los 12 años también empezó a ir al gimnasio Nuevo Jordán. un gimnasio pequeño de la calle Manzano de la colonia Penncil, donde entrenaban luchadores independientes los fines de semana. El dueño del gimnasio, un ex luchador llamado Fishman, vio al chamaco Efrén entrar al gimnasio una tarde de 1985. lo vio hacer una vuelta de carro perfecta y le dijo que si quería podía entrenar gratis a cambio de barrer el suelo cada noche.
Efrén aceptó y durante 3 años, todas las tardes, cargó la mochila escolar al gimnasio Nuevo Jordán a las 5, entrenó 2s horas con luchadores mayores y barrió el suelo a las 9 antes de regresar caminando a la casa de hortelanos. Para entonces, su papá Tiburcio ya estaba dormido en el sillón. Su mamá Carmen ya había terminado de lavar los trastes y los dos hermanos mayores dormían en el otro cuarto.
Aquí en esos años de adolescencia, mientras Efrenti Burcio entrenaba en el gimnasio Nuevo Jordán y soñaba con ser luchador profesional, empezó algo en su propia casa que ningún niño debería tener que cargar, algo que su papá Tiburcio empezó a hacer con él cuando cumplió 8 años y algo que él mismo durante toda su vida adultaba a callar.
Ese tema lo vamos a ver en su momento. A los 16 años se presentó a una prueba en la arena Pista Revolución, la misma arena donde de niño veía a Lismark volar en blanco y negro. El promotor lo vio dar una vuelta de carro doble en el cuadrilátero. Le dijo que tenía talento y le ofreció un contrato de aprendizaje. 100 pesos por función.
Una función a la semana. Efren firmó el contrato en 1989. Tenía 16 años. Su primer nombre artístico fue el verdugo plateado, un personaje técnico que usaba máscara plateada con detalles rojos. Luchó durante 3 años en Arenas Independientes del Estado de México y Hidalgo. Ganaba poco, pero estaba viviendo el sueño.
A los 19 años, en 1992, ocurrió algo que cambió su vida, una llamada telefónica a la casa de hortelanos. Era el dueño del CMLL, el Consejo Mundial de Lucha Libre, la empresa de lucha libre más grande y antigua de México, la empresa del Santo de Blue Demon de 1000 máscaras, la empresa de Lismark, el dueño se llamaba Salvador Lutheroth Jr.
Le había llamado porque un entrenador del CML, viendo una función en pista revolución, había reportado al joven verdugo plateado como talento bruto. Le ofreció una prueba en la Arena Coliseo de la calle República de Perú. Efrén pasó la prueba. Le ofrecieron contrato, pero le dijeron que tenía que cambiar de nombre. El verdugo plateado ya estaba registrado.
Le ofrecieron tres opciones disponibles. La primera, hombre aire. La segunda, místico de la selva. La tercera mis niebla. Efrén pensó dos días y eligió la tercera porque le gustaba cómo sonaba y porque, según le diría años después a su esposa Rosa María, sentía que la palabra niebla cubría algo, tapaba algo. Y él, sin saber bien por qué, sentía que tenía cosas dentro que necesitaba tapar.
Aquí con esa última frase de Lefrenti Burcio de 19 años a su futura esposa Rosa María 30 años después empieza a aparecer la sombra que vamos a destapar a lo largo de este video. La sombra que durante 15 años escondió de todo el mundo y la sombra que según una libreta que su esposa encontró 6 meses después del funeral lo persiguió hasta el último día.
El 22 de febrero de 1992, un mes después de cumplir 19 años, Efrenti Burcio Márquez debutó como Mr. Niebla en la Arena Coliseo. Era una lucha de tercias. Ganaron en dos caídas. Y al terminar, mientras Mr. Niebla saludaba al público con el brazo en alto, en la primera fila había una mujer joven que lo había estado mirando durante toda la lucha.
Una mujer que esa misma noche se acercó al backstage para conocerlo. Una mujer que iba a ser durante los siguientes 27 años la única persona que iba a aguantar todo lo que vino después. Se llamaba Rosa María Hernández Vargas. Tenía 18 años. Estudiaba enfermería. le esperó después de la función, le pidió un autógrafo y Mr.
Niebla, todavía con la máscara puesta, le firmó una servilleta de la cafetería de la Arena. Empezaron a salir esa misma semana. Se casaron 3 años después, en 1995, en una ceremonia chica en la iglesia de la colonia Penncil. Carmen, la mamá, lloró durante toda la ceremonia. El papá Tiburcio no fue y Mr. Niebla, sin máscara, vestido de traje gris, le prometió a Rosa María en el altar dos cosas, que nunca le iba a faltar el respeto y que nunca, nunca iba a tomar como tomaba su padre.
Esa segunda promesa, durante los primeros años, Mr. Niebla la cumplió. Cortita para que no se te olvide. La promesa que Mr. Niebla le hizo a Rosa María en el altar de la iglesia de la Penncil va a quebrarse exactamente 10 años después y los responsables de ese quiebre van a ser las personas que menos te imaginas. Entre 1995 y 2005, Mr.
Niebla subió de manera espectacular dentro del CMLL. Ganó la máscara de superbrazo en la Arena Naucalpan. Se asoció con Atlantis y Lismark. su ídolo de la infancia para formar el equipo La Ola Azul, que ganó el campeonato mundial de tercias en la Arena México el 6 de junio de 1997. Le quitó la máscara a Taebola en julio del mismo año.
Le quitó la cabellera MS1 una semana después y para 1998 formó equipo con un luchador joven llamado Shocker. A Mr. Niebla le pusieron el apodo de El hombre elástico y los dos juntos se convirtieron en uno de los equipos más queridos del CML. Mr. Niebla en esos 10 primeros años no tomaba nada de alcohol. Llegaba al vestidor a las 6 de la tarde, se vestía con su máscara, luchaba 2 horas, se duchaba y regresaba a la casa de la Pencil con Rosa María a cenar.
Era el técnico modelo del CML, el que las mamás llevaban a sus hijos a ver. Pero en 2005 algo empezó a cambiar. Aquí empieza la primera traición de esta historia, la que durante 10 años nadie del público mexicano supo, la que el CML ocultó y la que un ex referé de la empresa 15 años después iba a destapar en cámara delante de un podcast.
A partir de 2005, Mr. Niebla había subido tanto dentro del CML, L que ya peleaba por los lugares estelares de la Arena México los viernes por la noche. Era la lucha principal del cartel, la que cobraba más, la que aparecía en la pantalla de televisión de Galavisión Deportes. Y los lugares estelares en el CML en esos años no eran muchos.
Había seis o siete cada función y por esos seis o siete lugares peleaban 15 o 20 luchadores del vestidor. La competencia era brutal. Tres luchadores en particular. Según el testimonio que años después daría el ex referí Roberto Guero Rangel, empezaron a ver a Mr. Niebla como el principal obstáculo para sus propias carreras.
Los tres habían entrado al CMLL al mismo tiempo que él. Los tres veían como el hombre elástico les estaba comiendo el cartel cada viernes. Empezaron a hablar entre ellos y empezaron a planear algo. Ese plan, ese plan que se cocinó en el vestidor del CMLL a principios de 2005 va a ser el origen de todo lo que le pasó a Mr.
Niebla durante los siguientes 14 años. El origen de la muerte que lo esperaba en una cama de hospital en 2019. El plan empezó simple. Después de las funciones de los viernes, los tres luchadores invitaron a Mr. Niebla al salón Tenampa, la cantina histórica de la plaza Garibaldi. Mister Niebla, que llevaba 10 años sin probar el alcohol, cumpliendo la promesa que le había hecho a Rosa María.
Al principio se negó. Les dijo que él no tomaba, que se iba a la casa con su esposa. Los tres compañeros insistieron durante semanas. Le dijeron que solo era una cerveza, que era parte del oficio, que todos los luchadores grandes del CML habían tomado con sus compañeros después de las funciones. Mr.
Niebla durante varios meses siguió negándose hasta una noche de junio de 2005 en la que sus compañeros lo presionaron de manera particularmente fuerte. Le dijeron que si no iba con ellos al Tenampa esa noche, significaba que no respetaba al vestidor, que no era parte del grupo. Mr. Niebla, esa noche, después de pensarlo, aceptó. Llegó al salón Tenampa, pidió una cerveza, una sola, la tomó y se fue a la casa.
Esa primera cerveza, esa cerveza única de junio de 2005, parecía inofensiva, pero según el ex referí Gerüero Rangel era exactamente la primera trampa. Durante los siguientes meses, los tres compañeros invitaron a Mr. Niebla al Tenampa todos los viernes. Empezó con una cerveza, pasó a dos, pasó a tres. Para fin de año eran cuatro o cinco.
Para principios de 2006, Mr. Niebla salía del salón Tenampa los sábados de madrugada borracho. Volvía a la casa de la Pencil sin poder caminar derecho. Rosa María lo recibía en silencio. Lo metía a la cama y cada lunes en la mañana Mr. Niebla le pedía perdón. Le prometía que era la última vez, que no iba a pasar otra vez, pero la próxima semana iba cortita, para que no se te olvide.
Lo que Mr. Niebla no sabía, lo que Rosa María no sabía, lo que ninguna de las personas que lo querían en la Pencil podía imaginar era que esos viernes en el Tenampa no eran una invitación, eran una emboscada. Lo que esos tres compañeros del CML L hicieron a Mr. Niebla entre el 2005 y el 2006, según el testimonio en cámara que dio el exfere Roberto Guero Rangel en el podcast.
Enmascarados del portal Más lucha años después fue una estrategia coordinada de destrucción profesional. Los tres luchadores se turnaban para invitarlo cada viernes. Le pagaban las primeras dos cervezas para que se confiara. Le ponían whisky en el café del vestidor cuando él no miraba. Le invitaban shots de tequila con el argumento de brindar por las luchas ganadas.
Y cuando Mister Niebla salía del Tenampa borracho a las 4 de la mañana, uno de los tres luchadores, según contó el guero Rangel sin dar nombres, pero confirmando que eran tres figuras conocidas del CMLL de esa época, llamaba por teléfono al departamento de programación del CML para reportarlo. Decía que Mr.
niebla había estado bebiendo, que llegaba alcoholizado al vestidor, que la empresa debía bajarlo del cartel principal por indisciplina. Y los lunes en la mañana, cuando se hacía la junta de programación semanal en las oficinas del CML en la calle Dr. La Vista, Mr. Niebla era bajado del cartel del viernes siguiente. Su lugar estelar pasaba a uno de los tres compañeros que lo habían emborrachado el viernes anterior.
Y según el dato más doloroso que dio el guero Rangel en cámara, esos tres luchadores duplicaron su sueldo en el CML entre 2005 y 2006. Pasaron de cobrar 8,000 pesos por función a 16,000. Porque cada lugar estelar que Mr. Niebla perdía por estar borracho los viernes lo ocupaba uno de los tres. Y mientras Mr. Niebla se hundía en el alcohol cada vez más sin entender por qué, los tres compañeros del salón Tenampa brindaban en el vestidor de la Arena México con las botellas que Mr.
Niebla mismo había pagado la noche anterior. Esa es la primera verdad de esta historia. que el ídolo de los niños mexicanos, el técnico estrella del CMLL, el hombre elástico de la Arena México, no se convirtió en alcohólico, solo lo convirtieron tres compañeros suyos del vestidor. Lo emborracharon durante 12 meses sin parar para quitarle los lugares estelares.
Y cuando a mediados de 2006, el CML finalmente despidió a Mister Niebla por su alcoholismo público. Esos tres compañeros se quedaron con sus puestos. La afición mexicana lloró la salida del apestoso mayor. Rosa María lloró en silencio en la casa de la Pencil y los tres luchadores que lo habían destruido en silencio esa misma noche brindaron en el vestidor con whisky escocés del bueno.
Pero esto, lo de los tres compañeros del Tenampa, no es lo más oscuro de esta historia, porque 9 años después, los mismos tres luchadores que lo habían destruido en Ciudad de México iban a viajar con Mr. Niebla a una gira en Japón. Y lo que le hicieron en un hotel de Tokio durante 72 horas es algo que nadie del público mexicano supo durante años, algo que la New Japan Pro Wrestling pagó muy caro para que no saliera a la luz.
Y algo que cambió a Mr. Niebla, según su propia esposa Rosa María, en un hombre que ya no podía respirar sin una botella al lado de la cama. A mediados de 2006, después de un año entero de viernes en el salón Tenampa, Mr. Niebla recibió una llamada en su casa de la calle Hortelanos. Era el director deportivo del CML, Paco Alonso, le pidió que se presentara al día siguiente a la oficina central de Dr. La Vista en traje formal. Mr.
Niebla colgó el teléfono. Rosa María lo vio sentarse en el sillón sin hablar y según contó Rosa María 16 años después al portal Superluchas, lo vio llorar por primera vez desde que se habían casado. Al día siguiente recibió la carta de despido. La empresa le agradecía 14 años de trabajo, le entregaba una liquidación de 52,000 pesos y le pedía que entregara la máscara plateada en las próximas 48 horas.
La razón oficial escrita en el documento decía indisciplina y conducta impropia de un luchador del Consejo Mundial. La razón real que no aparecía en ningún papel eran los reportes secretos de los tres compañeros del salón Tenampa al departamento de programación. Lo que Mr. Niebla se llevó adentro de la cabeza esa mañana de junio de 2006, según una carta que escribió esa misma noche y que Rosa María encontró años después en un cajón, era mucho más grave que el despido.
Esa carta, escrita en una hoja de cuaderno con letra apretada decía solo siete líneas. Decía que él, Efrenti Burcio Márquez, había roto la promesa que le había hecho a Rosa María en el altar de la iglesia de la Pensil. Decía que se había convertido exactamente en el hombre que su padre Tiburcio había sido durante 40 años y decía que ya no podía mirar a sus dos hijos pequeños a los ojos.
Los siguientes dos años fueron oscuros. Lo contrató AA, la empresa rival del CML. Le pagaron menos, lo pusieron en luchas secundarias. Rosa María trabajaba doble turno como enfermera en el Hospital Juárez para complementar el sueldo. Y Mr. Niebla, en lugar de quedarse en la casa con sus hijos, salía cada noche al salón Tenampa solo con una gorra para que nadie lo reconociera.
Pero hay algo que el público no sabe, porque mientras Mr. Niebla se hundía cada noche en el Tenampa, alguien del CML L estaba observando desde una mesa al fondo. Esa persona era Negro Casas, veterano del CML L desde los años 80. Lo había visto durante un año entrar al tenampa solo, sentarse en la misma mesa, salir borracho a las 3 de la mañana y a principios de 2008 se acercó a la mesa de mis niebla.
Se sentó frente a él y le propuso regresar al CML como rudo cómico, formando equipo con él y con felino. La peste negra, pelucas afro, caras pintadas, bailes durante las entradas. Mr. Niebla, después de pensarlo dos semanas aceptó y en julio de 2008, la peste negra debutó en la Arena México. La afición se levantó del asiento con un aplauso que duró 7 minutos. Mr. Niebla había vuelto.
Lo que ninguna persona de la afición sabía era que los 7 años siguientes con la peste negra iban a ser los años en que aparentemente se recuperó. Pero la promesa que se había hecho en silencio iba a romperse otra vez, esta vez de manera definitiva. Entre 2008 y 2015, Mr. Niebla volvió a la cima.
Le quitó la máscara a Shocker en el homenaje a Dos Leyendas de 2009. Ganó el torneo nacional de parejas increíbles del 2012. ganó el torneo Gran Alternativa de 2014 y se convirtió junto con Negro Casas y felino en uno de los tríos más queridos del CMLL. Rosa María durante esos 7 años volvió a respirar. Mr. Niebla había bajado el alcohol.
Tomaba en eventos sociales, pero no se emborrachaba. cenaba con ella y con los dos hijos, Omar e Iván, y los domingos llevaba a la familia a comer al mercado de Atlampa, el mismo mercado donde su mamá Carmen había vendido verduras durante 40 años. Pero hay algo que solo Rosa María sabía, porque mientras la afición mexicana aplaudía a la peste negra cada viernes, en la casa de hortelanos pasaba algo que iba a explotar el día que el CML le ofreciera la oportunidad más importante de su carrera.
A finales de 2014, en el vestidor de la Arena México, recibió una visita que iba a cambiar su vida. Era Naoki Suga Bayashi, dueño de la New Japan Pro Wrestling, la empresa más grande de lucha libre japonesa. Había viajado a México para escoger a los luchadores mexicanos que iban a participar en la gira Fantástica Mania de enero de 2015, 21 días por Japón, 11 funciones, sueldos en llenes que en pesos mexicanos significaban cuatro veces lo que el CML pagaba por función.
Su gabayashi vio luchar a la peste negra esa noche. Habló con Paco Alonso al final y le pidió palabras textuales según un reporte del portal Superluchas de esa semana que le mandara a Mr. Niebla como figura estelar del cartel japonés. No quería al equipo completo, quería Mr. Niebla. Solo Mr. Niebla, cuando le dieron la noticia esa misma noche en el camerino, se quedó callado durante varios minutos.
Y según contó Rosa María, 16 años después, llegó a la casa esa madrugada llorando de felicidad. Lo que Mr. Niebla no podía imaginar esa madrugada de fin de 2014 era que la gira de Japón iba a ser exactamente el lugar donde los mismos tres compañeros del salón Tenampa iban a destruirlo por segunda vez. En las semanas previas al vuelo, Mr.
Niebla le hizo a Rosa María por segunda vez en su vida, una promesa. No iba a tomar nada durante la gira, 21 días sin una sola gota. Le juró por la salud de sus hijos. Le juró por la memoria del nombre que llevaba la máscara. Le juró por su mamá Carmen, que en esos meses ya empezaba a tener problemas de memoria por la edad. Rosa María le creyó.
le hizo la maleta, le metió fotos de la familia y le dio un escapulario de la Virgen de Guadalupe para que lo llevara en el cuello durante los 21 días. El 7 de enero de 2015, Mr. Niebla tomó un vuelo de la Ciudad de México al aeropuerto Narita de Tokio. Lo acompañaban tres luchadores mexicanos más, tres compañeros del CMLL.
Y aquí está el dato que cambia toda la historia. Esos tres luchadores que viajaron con Mr. Niebla a Tokio en enero de 2015, según el testimonio que años después daría el exfere Roberto Guero Rangel, eran exactamente los mismos tres que durante 2005 y 2006 lo habían emborrachado en el salón Tenampa. Los mismos tres que habían reportado al departamento de programación, los mismos tres que habían duplicado su sueldo cuando lo despidieron y los mismos tres que durante 10 años nunca habían dejado de verlo como un obstáculo para sus
propias carreras. Y esos tres compañeros, al enterarse a finales de 2014 que el dueño de la New Japan Pro Wrestling había pedido a Mr. Niebla como figura estelar de la gira, no como parte de un equipo, sino como cabeza individual del cartel. Empezaron a planear algo nuevo, algo distinto a las cervezas del salón Tenampa, algo que iba a quebrar a Mr.
Niebla de manera definitiva. Los primeros tres días de la gira en Tokio fueron normales. Mr. Niebla cumplió la promesa. No tomó nada. Durmió en la habitación 416 del hotel Shibuya Crossing. Llamó a Rosa María por videollamada cada mañana. Le mostraba la ciudad. le decía que esta vez sí. La noche del 11 de enero de 2015, Mr.
Niebla luchó en el Corquen Hall de Tokyo delante de 4000 japoneses. Era el evento principal del cartel. Hizo pareja con Atlantis contra Volador Junior y Místico. Ganaron en tres caídas. La afición japonesa, según el reporte del periodista Dave Melzer, en el Wrestling Observer Newsletter de esa semana se levantó del asiento con un aplauso que duró 9 minutos. Mr.
Niebla había triunfado en Japón. Esa misma noche regresó al hotel con Atlantis. Subió al cuarto 416. Llamó a Rosa María por última vez a las 9 de la noche, hora de Tokio. Le contó que la lucha había sido perfecta. le mandó un beso por la cámara y le dijo que iba a dormir temprano. 30 minutos después de colgar con Rosa María, alguien tocó la puerta de la habitación 416.
Lo que pasó en los siguientes 72 minutos en esa habitación. Mr. Niebla no se lo contó a nadie durante 3 años. Los que tocaron la puerta eran los tres compañeros mexicanos. Llevaban dos botellas de whisky japonés Suntory y una de saque en una bolsa de papel del aeropuerto. Le dijeron que tenían que celebrar la lucha histórica del Korquen Hall, que era una tradición del CMLL, que un mexicano no podía haber triunfado en Japón sin brindar con sus paisanos, que si no los dejaba entrar lo iban a tomar como una falta de respeto al
vestidor entero. Mr. niebla, según escribiría 3 años después en un texto que leyó en una entrevista con el periodista Adrián Marcelo en 2018, dudó durante varios segundos. Pensó en Rosa María, pensó en la promesa, pensó en el escapulario de la Virgen de Guadalupe que llevaba en el cuello y abrió la puerta.
Les dijo que pasaran un rato, una hora, solo una, y que él no iba a tomar. Los tres entraron al cuarto, pidieron vasos a la recepción, empezaron a brindar entre ellos y uno de los tres se acercó a Mr. Niebla con un vaso lleno de whisky en la mano. Le dijo que era solo para tocar el vaso, que era costumbre japonesa, que no tenía que tomar, solo tocar.
Y mientras Mr. Niebla extendía el vaso para chocar el suyo con los de los tres, otro de los compañeros le sirvió sin que él se diera cuenta. Saque transparente en el vaso vacío que estaba sobre la mesa. Cortita para que no se te olvide. Los siguientes minutos de esa noche en Tokio. Mr. Niebla no los recuerda.
Y lo que pasó durante las 72 horas siguientes en el cuarto 416 lo cambió para siempre. Mr. Niebla tomó el primer vaso pensando que era agua, sintió el alcohol al tragar. Se quedó callado y los tres compañeros, viendo que ya había bebido, le sirvieron el segundo, el tercero, el cuarto. La memoria de Mr. Niebla se corta a partir del tercer vaso.
Recuerda haber sentido náuseas. Recuerda haber caminado al baño, recuerda haberse caído contra la bañera, recuerda un dolor agudo en el hombro derecho y después oscuridad. Los tres compañeros, en lugar de llamar a la recepción del hotel, en lugar de avisar a Atlantis que dormía en la habitación de al lado, en lugar de pedir ayuda médica, hicieron algo distinto.
Cerraron la puerta de la habitación 416 con seguro. Bajaron al lobby del hotel. y se fueron a una zona de bares de Ropongi a seguir tomando sin Mr. Niebla durante las 72 horas siguientes. Según un reporte interno de la New Japan Pro Wrestling al que tuvo acceso el portal Superluchas dos años después, los tres compañeros cubrieron a Mr. Niebla.
Le dijeron a los promotores japoneses que se sentía cansado, que tenía gripa, que iba a descansar dos días antes de la función de Osaka. Lucharon esas tres noches en su lugar, cobraron el sueldo estelar que correspondía al apestoso mayor y nunca, en ningún momento, llamaron a la habitación 416 para preguntar cómo estaba. Mr.
Niebla durante esas 72 horas estuvo tirado en el piso del baño del cuarto 416, inconsciente, con una luxación grave en el hombro derecho, sin agua, sin comida, sin que nadie del hotel sospechara nada, porque los tres compañeros habían colgado en la puerta el cartel de no molestar. Lo encontró el personal de limpieza el 14 de enero a las 9 de la mañana cuando la jefa de camareras entró a hacer la limpieza obligatoria del tercer día sin importar el cartel.

Encontró el cuerpo de Mr. Niebla tirado boca arriba en el piso del baño. Cara hinchada, hombro derecho dislocado en una posición imposible, olor a alcohol y vómito en toda la habitación. La camarera llamó a la ambulancia. La policía japonesa llegó 20 minutos después. Y Mr. Niebla fue trasladado al Hospital General de Shibuya, donde estuvo internado tres días.
La New Japan Pro Wrestling llamó a Paco Alonso del CML esa misma mañana le pasó la factura del hospital, 247,000 yenes japoneses y le pidió con un correo oficial firmado por Naoki Suga Bayashi que Mr. Niebla nunca más volviera a pisar Japón. Cuando Mr. Niebla regresó a México el 29 de enero, Paco Alonso lo estaba esperando en el aeropuerto.
Lo subió al coche del CMLL, lo llevó a la oficina central de Dr. La Vista y le entregó por segunda vez en su carrera una carta de despido. Pero esa carta de despido del C ML de febrero de 2015 ya no era el final, era el principio de algo peor, algo que sus mismos tres compañeros le iban a hacer 4 años después en una reunión secreta del Consejo de Honor del CMLL, una reunión donde se votaba si Mr.
Niebla iba a vivir o no. Entre 2015 y 2019, Mr. Niebla intentó recuperarse. Lo recontrató el CM L en julio de 2015, después de que firmó un acuerdo de rehabilitación obligatoria. Volvió a la peste negra, pero ya no era el mismo. El alcoholismo había pasado de ser un hábito controlable a una enfermedad. El hombro derecho después de la operación en Tokio no recuperó la movilidad completa.
En agosto de 2018, durante una función de CEM LL en la Arena México, Mr. Niebla protagonizó el escándalo público más recordado de su carrera. subió al ring alcoizado, se cayó de las cuerdas y su compañero volador Junior, visiblemente enojado, le arrancó la máscara delante de 15,000 personas. La función fue transmitida por televisión.
La afición mexicana se hizo silencio y dos días después, en una rueda de prensa, dio su primera confesión pública de alcoholismo. Pidió perdón, lloró y prometió internarse en rehabilitación. Lo cumplió dos meses en una clínica privada de Tequisquiapán, Querétaro. Salió en octubre y durante 8 meses hasta julio de 2019 no tomó nada hasta que en una arena pequeña de Oaxaca, en una función de mediano cartel pasó algo que destapó todo.
El 20 de julio de 2019, en la Arena Tinieblas de Oaxaca, durante una lucha de tercias menor, Mr. niebla cayó mal después de un lance desde la tercera cuerda. La luxación del hombro derecho que se había producido en Tokio 4 años antes se le volvió a salir, pero esta vez sin atención médica inmediata, la función terminó.
Lo subieron a una camioneta y durante los siguientes tres días hasta que Rosa María llegó a Oaxaca a buscarlo, Mr. Niebla aguantó el dolor con la única medicina que conocía. Tequila Centenario, botella tras botella. Cuando Rosa María llegó el 23 de julio, lo trasladó de urgencia al Hospital Ángeles del Pedregal en Ciudad de México.
Los médicos le diagnosticaron una infección bacteriana severa en la articulación derivada de la luxación sin tratamiento. Estuvo internado 4 meses, tres operaciones, antibióticos intravenosos y una factura acumulada que para octubre de 2019 ya superabaes. Aquí fue cuando Negro Casas, su compañero de la peste negra durante 11 años, decidió hacer algo para salvarlo.
Y aquí fue cuando, sin que nadie lo esperara, los mismos tres compañeros del salón Tenampa volvieron a aparecer. Negro Casas a principios de noviembre de 2019 convocó una reunión informal en el vestidor de la Arena México. Les propuso organizar una función benéfica masiva pactada para el 4 de enero de 2020.
Lugar: El Deportivo Pavón de la colonia Pencil, a tres cuadras de la casa de hortelanos. Cartel completo del CML. La meta reunir 500,000 pesos para pagar el ángeles del Pedregal y dejarle fondo a Rosa María. La idea fue aprobada esa misma tarde y Negro Casas esa noche fue al hospital a contárselo personalmente a Mr. Niebla. Mr.
Niebla, según contó Rosa María después, lloró sin parar durante 10 minutos. Pidió que el día del evento lo llevaran en silla de ruedas para poder estar presente. Quería agradecer a cada luchador del cartel. Quería abrazar a Negro Casas en el ring y quería pedir perdón al público mexicano en persona por todos los años de oscuridad. Pero el 4 de enero de 2020 nunca llegó, porque dos semanas antes del evento, en una reunión del Consejo de Honor y Justicia del CMLE, en la oficina central de Dr.
La Vista, pasó algo que destruyó toda la operación. Lo que pasó en esa reunión del 10 de diciembre de 2019, según una persona que estuvo presente y que filtró el dato al portal Superluchas en marzo de 2021 fue lo siguiente. El Consejo de Honor estaba formado por 12 luchadores titulares del CML más el director deportivo Paco Alonso.
La reunión empezó a las 11 de la mañana. Negro Casas presentó el plan de la función benéfica pactada para el 4 de enero. Pidió aprobación oficial para usar el nombre del CMLL en la promoción del evento y pidió que los 12 luchadores titulares confirmaran su participación esa misma mañana. Cinco luchadores levantaron la mano para confirmar, cuatro pidieron unos días para revisar agendas y tres luchadores, los mismos tres del salón Tenampa, los mismos tres del cuarto 416 de Tokio, pidieron la palabra para pedir una
moción distinta. Pidieron aplazar el evento. Dijeron que la fecha del 4 de enero chocaba con un torneo internacional al que ellos tenían que asistir en Estados Unidos. Dijeron que el Deportivo Pavón era un local muy pequeño para un cartel tan grande y propusieron mover el evento al 15 de marzo de 2020, 2s meses y medio después de la fecha original.
La discusión duró 2 horas. Negro Casas peleó, pidió que se respetara el calendario original porque Mr. Niebla estaba en estado crítico, pero la votación final, según esta misma fuente, terminó 7 a C a favor de aplazar el evento al 15 de marzo. Y los tres luchadores que organizaron la moción fueron los mismos tres que durante 15 años se habían quedado con los puestos de Mr.
Niebla, lo que ningún miembro del Consejo de Honor podía imaginar esa mañana del 10 de diciembre. Lo que Negro Casas no sabía cuando salió de la oficina llorando era que Mr. Niebla no iba a llegar al 15 de marzo. 13 días después de esa reunión, el 23 de diciembre de 2019 a las 2:20 de la tarde, mientras Rosa María estaba en la farmacia del hospital comprando un antibiótico nuevo, Mr.
Niebla murió solo en la cama 215 del cuarto piso del Hospital Ángeles del Pedregal. La función benéfica que iba a salvarle la vida se hizo finalmente el 15 de marzo de 2020. Pero ya no era para pagar el hospital y dejarle fondo a Rosa María. Era para pagar el funeral y los gastos del entierro en el Panteón de Dolores.
Y los tres luchadores que habían aplazado el evento esa noche del 15 de marzo lucharon en el cartel principal y cobraron el sueldo estelar de la función. Esa es la segunda verdad de esta historia, que Mr. Niebla no murió de una infección en la sangre. Murió porque sus propios compañeros del CML, los mismos tres que durante 15 años lo habían destruido en silencio en el salón Tenampa y en el cuarto 416 de Tokio, votaron en una reunión secreta para aplazar la función que iba a salvarle la vida.
13 días antes de que muriera en la oficina central de la empresa que durante 27 años lo había vendido como héroe enmascarado. Pero esto, lo de los tres compañeros del consejo de honor, todavía no es lo más oscuro de esta historia. Porque seis meses después del funeral de Mr. niebla. Rosa María encontró algo en el cajón del buró de la casa de la Pencil, algo que el apestoso mayor había escrito de su puño y letra durante sus últimos meses de vida.
Algo que conectaba todo lo que había pasado en el vestidor del CMLL con algo mucho más viejo, algo que venía de la propia casa de hortelanos de los viernes por la noche cuando el papá Tiburcio llegaba con dos cahuamas de cerveza Victoria. Rosa María se enteró de la muerte de Mr. Niebla a las 2:25 de la tarde del 23 de diciembre de 2019.
Había bajado a la farmacia del Hospital Ángeles del Pedregal a comprar un antibiótico nuevo que el médico residente le había recetado esa mañana. Cuando regresó al cuarto piso, encontró a tres enfermeras alrededor de la cama 215. La cortina estaba cerrada y el monitor cardíaco que durante 4 meses había marcado el pulso de su marido cada segundo estaba apagado.
No la dejaron entrar inmediatamente. Una de las enfermeras la sentó en una silla del pasillo, le dio un vaso de agua, le pidió que respirara y después de 15 minutos le dijeron que podía entrar a despedirse. Rosa María entró sola, cerró la cortina detrás de ella y según contó al portal Superluchas 6 meses después, lo único que pudo hacer durante los siguientes 38 minutos fue tomarle la mano derecha a Mr.
Niebla y rezar el rosario completo en voz baja. La mano del hombro que se había luxado en Tokio 4 años antes. la misma mano que 4 meses antes en Oaxaca había sostenido la última botella de tequila centenario, la mano de un hombre de 46 años que para el mundo entero era un luchador exitoso del CMLL y que en realidad había muerto solo en una cama de hospital esperando una función benéfica que sus propios compañeros habían aplazado dos semanas antes. El funeral de Mr.
Niebla se llevó a cabo el 26 de diciembre en la funeraria Galloso de la avenida Félix Cuevas. Y lo que pasó en esa funeraria, según Rosa María, fue otra capa de la traición que esta historia todavía no había terminado de mostrar. Esperaba mucha gente. Era Mr. Niebla. Era el ídolo de la colonia Pencil. Era el luchador que durante 25 años había representado al CML.
Esperaba que el vestidor entero estuviera ahí, que la afición de los viernes en la Arena México hiciera fila para despedirse, que los reporteros deportivos llenaran la sala de cámaras. Lo que llegó a la funeraria Galloso fue otra cosa. Llegaron Negro Casas y Felino. Llegó Atlantis con su esposa. Llegó Bárbaro Cavernario.
Solo llegó la mamá de Mr. Niebla Carmen, en silla de ruedas, ya con problemas avanzados de memoria por su edad. Llegaron los dos hijos del apestoso mayor, Omar, de 17 años, Iván, de 14 años. Llegaron unos 20 aficionados de la colonia Pencil que se enteraron por la radio y llegó sentado en una banca del fondo durante 10 minutos el director deportivo Paco Alonso, que dejó una corona de flores con el logo del CMLL y se fue antes de que terminara la ceremonia.
Los tres luchadores que habían aplazado la función benéfica en el consejo de honor del 10 de diciembre. Los mismos tres del salón Tenampa, los mismos tres del cuarto 416 de Tokio, no fueron al funeral. cortita para que no se te olvide. Hubo solo una persona en toda la funeraria Galloso esa tarde del 26 de diciembre que conocía la verdad completa de lo que Mr.
Niebla había cargado durante toda su vida. Una persona que en ese momento estaba sentada en silla de ruedas al lado del ataúd y una persona que no podía contarlo porque la enfermedad había empezado a borrar sus recuerdos. Esa persona era su mamá. Carmen Pérez Domínguez, la vendedora de verduras del mercado de Atlampa. La mujer que durante 40 años había recibido los golpes del papá Tiburcio cada viernes en la cocina de la casa de hortelanos, la que había visto crecer al pequeño Efrén bajo la sombra del alcoholismo paterno. Y la que esa tarde del funeral,
según Rosa María, no entendía del todo qué estaba pasando. Carmen tenía 72 años. La enfermedad de Alzheimer le había empezado a aparecer 3 años antes y aunque podía reconocer a Rosa María y a los nietos, ya no podía mantener una conversación larga ni recordar lo que había pasado el día anterior. En un momento de la ceremonia, según contó Rosa María, Carmen levantó la cabeza desde la silla de ruedas, miró el ataúdo, una sola frase en voz baja.
Dijo que Efrén se había ido como su padre. La frase la oyeron solo tres personas: Rosa María, Negro Casas y un primo lejano de Mr. Niebla que estaba sentado al lado de Carmen. Nadie le pidió que la repitiera. Carmen volvió a bajar la cabeza y siguió rezando el rosario sin levantar la mirada otra vez.
Rosa María durante los siguientes 6 meses no entendió esa frase de su suegra. Pensó que Carmen por la enfermedad había confundido a Efrén con alguien más que había hablado de Tiburcio, el papá que se había equivocado. La descartó y se dedicó a lo más urgente: pagar la deuda del hospital, recoger las cosas de su marido, cerrar las cuentas pendientes y aceptar el dinero que la función benéfica del 15 de marzo finalmente reunió.
219,000 pes, casi la mitad de lo que se había pactado en noviembre, suficiente para pagar el funeral, pero no para cubrir todo el hospital. El Ángeles del Pedregal, en abril de 2020 le mandó a Rosa María una carta de cobranza por los 93,000 pesos restantes. Y Rosa María, que ya había vendido los muebles y los electrodomésticos, no supo qué hacer.
Fue entonces en mayo de 2020 cuando Rosa María decidió hacer algo que llevaba 6 meses postergando, vaciar el cajón del buró del cuarto donde Mr. Niebla había dormido durante 24 años. Lo había evitado. Le dolía, pero ya no podía postergarlo más. Necesitaba el espacio, necesitaba reorganizar la casa, necesitaba seguir viviendo.
El cajón del buró del lado izquierdo de la cama, el lado donde Mr. Niebla había dormido todas las noches de su matrimonio, tenía dentro un montón de objetos pequeños que Rosa María empezó a sacar uno por uno. calcetines viejos, una billetera vacía, tres relojes que ya no funcionaban, una cadena con un San Judas Tadeo de Plata, dos boletos de la Arena México de hace 10 años, una foto suya con negro Casas y felino del día que ganaron el torneo nacional de parejas increíbles en 2012.
Y hasta el fondo del cajón, debajo de un par de medias gruesas, una libreta tipo cuaderno escolar marca Scribe, color azul oscuro, con espirales en el lomo, de las que se venden en cualquier papelería de la Pencil. Una libreta cualquiera, de pasta blanda, sin etiqueta, sin nombre en la portada. Rosa María la sacó, la abrió y vio que la primera hoja tenía una fecha escrita a mano en la esquina superior derecha.
26 de octubre de 2018, dos meses después del escándalo de la Arena México, donde Volador Junior le había arrancado la máscara. 20 días después de salir de la clínica de rehabilitación de Tequisiapán. La libreta era el diario personal que Mr. Niebla había llevado durante sus últimos 14 meses de vida.
Y lo que Rosa María leyó en esa libreta durante las siguientes 3 horas, sentada al borde de la cama del cuarto donde su marido había dormido 24 años. Cambió completamente lo que ella creía que sabía sobre la vida de Mr. Niebla. La libreta tenía 139 páginas escritas a mano con letra apretada, muchas con tinta azul, algunas con lápiz, algunas con manchas que parecían lágrimas secas.
Rosa María, según contó después al portal Superluchas, en una entrevista pagada con la que terminó de cubrir la deuda del Ángeles del Pedregal, leyó esa primera tarde solo las 40 páginas iniciales. Las siguientes 99 las leyó durante el siguiente mes, despacio, una por una, sin poder pasar más de cinco o seis hojas seguidas porque el contenido era demasiado para una tarde sola.
Las primeras páginas hablaban de cosas que Rosa María ya conocía, de los compañeros del salón Tenampa, de los reportes secretos al departamento de programación de la noche de Tokio, en el cuarto 416. Mr. Niebla había escrito con detalle cada uno de esos episodios. Los nombres reales de los tres luchadores aparecían en la libreta, pero Rosa María, según declaró ella misma a superluchas, decidió en privado no hacer pública esa información para no destruir más vidas.
Eligió pedirle al portal que no publicara los nombres. El portal aceptó y la libreta, en lo que respecta a los tres del Tenampa, sigue siendo material que solo Rosa María y el periodista que la entrevistó conocen por escrito. Pero a partir de la página 42 la libreta cambiaba. Mr. Niebla dejaba de hablar de los compañeros del CMLL y empezaban a hablar de otra persona, una persona que llevaba tres décadas muerta, una persona que ningún reportero, ninguna afición, ninguno de los miles de fans del apestoso mayor de la Arena México conocía.
Esa persona era su papá, Tiburcio Márquez Pérez, el trabajador del ferrocarril que durante 40 años había llegado borracho los viernes a la casa de la calle Hortelanos. El hombre que no había estado en el hospital la noche que nació su tercer hijo, el que no había ido al casamiento, el que no había ido a ninguna lucha de su hijo durante 27 años y el que había muerto en 1997 cuando Mr.
Niebla tenía 24 años por una cirrosis hepática avanzada en el Hospital General de Valbuena. La libreta a partir de la página 42 era un recuento detallado de los viernes por la noche en la casa de hortelanos durante la infancia de Mr. Niebla. Empezaba con una entrada del primero de noviembre de 2018 y describía algo que Mr.
Niebla nunca le había contado a Rosa María durante 27 años de matrimonio. Algo que nunca le había contado a ningún reportero, algo que ningún compañero del CML conocía. cortita para que no se te olvide. Lo que Mr. Niebla escribió en la página 42 de esa libreta azul es la verdad más oscura de toda su vida y la que conecta todo lo que pasó en los últimos 15 años con algo que había empezado 37 años antes en una cocina pobre de la colonia Penncil.
A los 8 años de edad, según escribió Mr. Niebla en esa entrada de noviembre de 2018, su papá Tiburcio empezó a tamacer con él, una costumbre que iba a durar 10 años. Cada viernes por la noche, cuando Tiburcio llegaba borracho del trabajo en el ferrocarril, traía consigo dos cahuamas de cerveza Victoria desde la cantina del centro. Una para él, otra para el pequeño Efrén.
le decía que un hombre tenía que aprender a aguantar la cerveza desde niño, que si vomitaba le pegaba con el cinturón, que si lloraba le pegaba más fuerte y que la mamá Carmen, si intentaba interrumpir también iba a recibir golpes. El niño Efrén aprendió a beber sin vomitar a los 9 años. A los 12 ya se tomaba las dos cahuamas juntas con el padre.
A los 14 años, según escribió Mr. Niebla en la entrada del 14 de noviembre de 2018, ya bebía solo en el cuarto cuando el padre no estaba en casa. El gimnasio Nuevo Jordán de la calle Manzano, el gimnasio del ex luchador Fishman, donde de adolescente entrenaba todas las tardes, no era solo el lugar donde aprendió lucha libre, era también el refugio donde se escondía los viernes por la noche para no estar en la casa cuando el papá Tiburcio empezaba a tomar.
Pero hay algo peor que las cervezas Victoria, algo peor que las palizas con el cinturón. Y es lo que Mr. Niebla escribió en la entrada del 28 de noviembre de 2018, sentado en la cocina de la casa de hortelanos, después de una noche en la que algo dentro de él se rompió de manera distinta. Esa entrada del 28 de noviembre, según leyó Rosa María, hablaba de algo que había pasado el viernes anterior, el 23 de noviembre.
Esa noche, Mr. Niebla había llegado a la casa de hortelanos a las 11 de la noche después de una función pequeña del CMLL en la Arena Coliseo. Había tomado dos tequilas en la cantina de un compañero después de la lucha. Llegó a la casa con la lengua pesada y al entrar a la cocina para tomar agua se encontró con su hijo mayor Omar, de 16 años, todavía despierto haciendo tarea.
Omar levantó la cabeza, vio a su papá borracho y, según escribió Mr. Niebla en la libreta, hizo algo que el apestoso mayor no esperaba. sacó del refrigerador una cerveza victoria que tenía guardada para él sin que Rosa María supiera. Y le dijo a su papá, “Palabras textuales que Mr. Niebla escribió en la libreta, entre comillas, vamos a brindar Tiburcio.
Cortita, el hijo de Mr. Niebla”, le dijo Tiburcio. No le dijo papá, le dijo Tiburcio. y al apestoso mayor. Esa palabra dicha por su propio hijo de 16 años lo dejó congelado durante varios segundos en la cocina de hortelanos. Mr. Niebla, según escribió esa misma madrugada en la libreta azul, no entendió por qué el hijo le había dicho Tiburcio en lugar de papá. le preguntó.
Y Omar, mientras destapaba la cerveza Victoria con un encendedor, le contestó con otra frase textual que Mr. Niebla escribió, entre comillas, en la página 49. Porque eres igual que él, porque eres exactamente igual al papá del que siempre nos contaste. Y porque si tú no quieres tomar conmigo como papá, vamos a tomar como dos tiburcios.
Mister Niebla, según escribió en la libreta, agarró la cerveza Victoria que el hijo le ofreció. La destapó él mismo. Brindó con Omar en la cocina y se la tomó en silencio, sin decirle al hijo que no, sin mandarlo a dormir, sin pedirle que no volviera a hacer eso. Solo brindó y tomó. Esa noche, según escribió en la libreta mientras subía a su cuarto y se acostaba al lado de Rosa María, que ya estaba dormida, Mr.
niebla entendió por primera vez en su vida lo que ningún miembro del CML conocía, que él era exactamente como su padre, que la cadena que había jurado romper en el altar de la iglesia de la Pencil 23 años antes no la había roto, que la había continuado, que su hijo Omar a los 16 años ya bebía en la cocina de hortelanos a escondidas y que ese hijo iba a heredar la misma sombra que él mismo había heredado del papá Tiburcio.
La entrada del 28 de noviembre terminaba con cinco palabras escritas con tinta azul. Cinco palabras que Rosa María leyó en mayo de 2020, sentada al borde de la cama del cuarto. Cinco palabras que cambiaron todo lo que ella creía saber sobre el hombre con el que se había casado 25 años antes.
Las cinco palabras escritas con tinta azul al final de la entrada del 28 de noviembre de 2018. Según el faxímil que Rosa María entregó al portal Superluchas en agosto de 2020 como parte del material por el que cobró la entrevista para terminar de pagar la deuda del ángeles del pedregal, decían simplemente esto.
Soy igual que mi padre. Cinco palabras, sin punto al final, sin firma, sin nada más. Y debajo de esa frase, en una segunda línea con letra más pequeña, una sola palabra más, decía solo perdón. Esa fue la última entrada larga que Mr. Niebla escribió en la libreta azul. Las siguientes 90 páginas eran fragmentos cortos, frases sueltas, listas de cosas que tenía que decirle a Omar y a Iván antes de morir, cartas que pensaba escribir y nunca escribió.
promesas que se hizo a sí mismo cada vez que salía del hospital. Y en la última página de la libreta, fechada el 17 de diciembre de 2019, 6 días antes de morir, una sola frase escrita con lápiz en letra temblorosa. La frase decía que si el lector encontraba esa libreta le pedía perdón por lo que había hecho. Que la cadena que su papá Tiburcio había empezado en la casa de hortelanos de los años 70.
Él no había podido cortarla y que esperaba que sus hijos, Omar e Iván, tuvieran la fuerza que él no tuvo. La fuerza para romper algo que llevaba tres generaciones de hombres Márquez Pérez bebiendo solos en la cocina de la Pencil. Esa es la tercera verdad de esta historia, la que Mr. Niebla cargó en silencio durante 46 años.
La que nunca le contó a Rosa María, la que ningún reportero supo, la que el CM LL jamás conoció y la que su mamá Carmen en silla de ruedas en el funeral de la funeraria Galloso intentó decir con seis palabras antes de que la memoria se la borrara para siempre. Se fue como su padre y aquí es donde toda esta historia se conecta, donde el salón Tenampa de Garibaldi se conecta con la cocina de la calle Hortelanos.
donde el cuarto 416 del hotel Shibuya Crossing de Tokyo se conecta con las cervezas Victoria que el papá Tiburcio le obligaba a tomar al pequeño Efrén a los 8 años, donde la función benéfica aplazada del Consejo de Honor del CM L se conecta con la noche que Omar le dijo Tiburcio a su papá en la cocina y donde el ídolo más querido del Consejo Mundial de Lucha Libre se conecta con un niño de 8 años que aprendió a tomar Antes de aprender a leer, Mister Niebla no murió de una infección bacteriana en el Hospital Ángeles del Pedregal el 23 de diciembre
de 2019. Esa fue la causa médica oficial, la causa real, la que está escrita con la propia letra de Efrenty Burcio Márquez en una libreta azul que guardaba en un cajón del buró es otra. Mr. Niebla murió de algo que empezó 38 años antes en una cocina pobre de la colonia Pencil, cuando un padre alcohólico le puso una cahuama de cerveza Victoria en las manos a un niño de 8 años, lo que continuó 40 años después en el salón Tenampa de Garibaldi, cuando tres compañeros de su propio vestidor convirtieron esa enfermedad heredada en arma profesional.
y lo que culminó en una cama del cuarto piso del Hospital Ángeles del Pedregal, cuando esos mismos tres compañeros votaron por aplazar la función que iba a salvarle la vida. Y lo más doloroso, lo que ningún espectador puede dejar de pensar al terminar de oír esto, es que la cadena que Mister Niebla no pudo cortar, la cadena que el papá Tiburcio le pasó a Efrén y que Efrén tenía miedo de pasarle a Omar.
No se sabe si terminó esa noche del 23 de diciembre de 2019 o si todavía está caminando por la colonia Pencil. En la sombra de un muchacho de 17 años que, según contó Rosa María en la entrevista a Superluchas después del funeral del papá, dejó de ir a la escuela durante 6 meses. Esa es la lección que se queda contigo esta noche mientras ves este video en tu sala después de un día de trabajo.
que el alcoholismo no se hereda en los genes, se hereda en la cocina, se aprende viendo, se transmite en silencio de padres a hijos durante generaciones y que cuando un hombre como Mr. Niebla, ídolo de millones de niños mexicanos en las arenas de los fines de semana, no es capaz de romper la cadena con la fuerza de su propia voluntad, no la rompe la fama, ni el dinero, ni la máscara, ni el aplauso del público de la Arena México.
La sigue cargando hasta el día que muere en una cama de hospital debiendo 280,000. Mientras su esposa baja a la farmacia a comprar un antibiótico que ya no le iba a alcanzar la vida para tomar. Tres traiciones lo acompañaron hasta el final. La de los tres compañeros del salón Tenampa, que durante 10 años lo emborracharon para quitarle los lugares estelares del CMLL.
la de los mismos tres compañeros que en el cuarto 416 del hotel Shibuya Crossing de Tokyo lo dejaron tirado 72 horas inconsciente para cobrar su sueldo estelar y la de los mismos tres compañeros que el 10 de diciembre de 2019 en una reunión del consejo de honor del CMLL votaron por aplazar la función benéfica que iba a salvarle la vida.
Tres traiciones, las mismas tres caras, las mismas tres firmas. Y todas, según el ex referí Roberto Guero Rangel, todavía caminan hoy por el vestidor de la Arena México sin que el público mexicano sepa quiénes son. Pero hay una cuarta sombra, una que no estaba en el vestidor del CMLL, una que vivía en la cocina de la Casa de Hortelanos en los años 70, una que ya estaba muerta antes de que Mr.
Niebla debutara como apestoso mayor en la arena Coliseo en 1992. y una que según las cinco palabras escritas con tinta azul en la libreta del cajón, lo persiguió durante 46 años sin que ningún reportero, ningún compañero, ningún aficionado, ninguna persona del CML pudiera siquiera sospecharlo. La sombra del papá Tiburcio, la sombra del hombre que le enseñó a tomar a los 8 años en la cocina de la Pencil y la sombra que su propio hijo Efrén, en la última página de una libreta azul guardada en un cajón le pidió a sus dos
hijos que tuvieran la fuerza de cortar. Y la pregunta que se queda contigo esta noche antes de apagar la televisión y subir a tu cuarto es esta. La cortaron. Rosa María en mayo de 2024. Casi 4 años y medio después de la muerte de Mr. Niebla, dio una segunda entrevista al portal Superluchas para hablar de cómo estaba la familia.
Iván, el hijo menor, había terminado la preparatoria y estaba estudiando educación física en una universidad pública de la Ciudad de México. Quería ser entrenador de niños. Omar, el hijo mayor, había estado entrando y saliendo de programas de rehabilitación durante los últimos 3 años. Empezó a tomar a los 16, a los 20 ya era alcohólico funcional.
A los 22, según el reporte médico que Rosa María llevaba en el bolso, ya tenía daño hepático leve, la misma palabra que aparecía en el certificado de defunción del papa Tiburcio en 1997. La misma palabra que iba a aparecer en el certificado de defunción de M, niebla 22 años después. Y la cadena, según Rosa María, en esa entrevista de mayo de 2024, seguía caminando por la colonia Pensil en la sombra de un muchacho de 22 años que se parecía cada vez más al papá que había perdido a los 17.
Lo más doloroso de toda esta historia no son las traiciones del CMLL, no son los compañeros del salón Tenampa, no es el cuarto 416 del hotel Shibuya Crossing de Tokio. No es la votación del Consejo de Honor del 10 de diciembre. Eso fueron las consecuencias, las heridas externas, las balas que vinieron de afuera.
Lo más doloroso de esta historia es lo que ya estaba dentro de Mr. Niebla antes de que ningún luchador del CM L lo tocara. La herida con la que llegó al vestidor el primer día, la que le habían sembrado en la cocina de hortelanos cuando todavía no sabía escribir su nombre. La que cargó callado durante 27 años de matrimonio, sin contárselo nunca a Rosa María.
y la que según una libreta azul guardada en un cajón descubrió que había heredado a sus propios hijos sin querer hacerlo. Esa es la verdadera tragedia del apestoso mayor. No la del ídolo caído, no la del luchador que se hundió en el alcohol, no la del enmascarado al que sus compañeros traicionaron tres veces.
La verdadera tragedia es la del niño de 8 años que nunca pudo decir que no cuando el papá le puso una cahuama de cerveza Victoria en las manos. La del adolescente de 14 años que ya bebía solo en el cuarto, la del padre adulto que 29 años después se sentó en la cocina de su propia casa de la Pencil a beber una cerveza Victoria con su hijo de 16 sin poder decirle que no.
y la del hombre de 46 años que escribió cinco palabras en una libreta azul antes de morir, sabiendo que se estaba yendo igual que su padre. Las cinco palabras que Mister Niebla escribió esa noche del 28 de noviembre de 2018, las que Rosa María encontró un año y medio después son las cinco palabras más oscuras de cualquier historia de un deportista mexicano de los últimos 30 años.
Y no porque sean dramáticas. sino porque son la confesión privada de un hombre que entendió demasiado tarde lo que llevaba toda la vida cargando sin haberlo pedido. A Mister Niebla no lo mataron los tres compañeros del salón Tenampa. A Mr. Niebla no lo mató la noche del cuarto 416 en Tokio. A Mr. Niebla no lo mató el voto del Consejo de Honor del 10 de diciembre.
Esas fueron las traiciones que aceleraron el final, pero el final estaba escrito 38 años antes. En una cocina pobre de la calle Hortelanos, cuando un padre alcohólico llamado Tiburcio Márquez Pérez le puso una botella de cerveza Victoria en las manos a un niño de 8 años. le dijo que aprender a tomar era cosa de hombres y firmó, sin saberlo, la sentencia de muerte de su hijo más pequeño 40 años antes de que ocurriera.
La libreta azul que Rosa María encontró en mayo de 2020, según contó al portal Superluchas en su entrevista del verano de ese año, está guardada hoy en una caja debajo de la cama del cuarto de hortelanos. La caja también tiene la máscara plateada y roja con la que Mr. Niebla debutó en la Arena Coliseo el 22 de febrero de 1992.
Tiene el escapulario de la Virgen de Guadalupe que Rosa María le había puesto en el cuello antes de la gira de Japón. Tiene la carta de siete líneas que escribió la noche del despido de junio de 2006. Tiene una foto de Mr. Niebla con su tío Miguel Ángel, el luchador Lis Mark. de los años 70 y tiene una foto de su mamá Carmen vendiendo verduras en el mercado de Atlampa en 1982.
Rosa María, según contó en la segunda entrevista de mayo de 2024, no piensa abrir esa caja nunca más, pero no la tira, la guarda, porque según dijo a superluchas con palabras textuales, esa caja es lo único que queda del hombre con el que se casó. Y porque alguien en algún momento del futuro, tal vez uno de sus dos hijos, va a necesitar leer la libreta azul para entender por qué su padre se fue como se fue, por qué no pudo romper la cadena y por qué, en sus últimas cinco palabras escritas con tinta azul en una libreta cualquiera de
la Pencil, dejó como herencia no su carrera deportiva, no las máscaras ganadas, no los campeonatos del CML, sino una sola la petición de perdón a los dos muchachos que iba a dejar atrás sin saber cómo enseñarles a no terminar como él. Esa es la última escena que se queda contigo esta noche, la de una caja de cartón debajo de una cama del cuarto de la calle Hortelanos con una máscara plateada adentro, una libreta azul, una carta vieja, un escapulario y dos fotos en blanco y negro, toda una vida cargada en cinco objetos.
esperando que alguien algún día abra la caja y termine de leer lo que el apestoso mayor no pudo terminar de escribir. Esa es la lección final que se queda contigo esta noche mientras ves este video en tu sala después de un día de trabajo. Que los héroes con máscara no siempre son héroes. Son hombres que aprendieron a a esconder el dolor antes de aprender a leer.
Que las cadenas familiares no se rompen con voluntad. Se rompen hablando y solo se rompen si alguien en algún momento tiene la fuerza de levantar el teléfono y decir lo que durante generaciones nadie se atrevió a decir. Si esta historia te hizo pensar en alguien de tu propia familia, en un papá que está callando algo que no debería callar, en un hijo que está repitiendo el patrón del padre, en un hombre fuerte de tu propio barrio que esconde una sombra que va a destruirlo.
Llámalo hoy, no mañana. Hoy, porque mister, porque Niebla durante 46 años nunca tuvo a nadie que le hiciera esa llamada. Y porque entre tu casa y la siguiente cadena rota, lo único que sobra es el silencio. Suscríbete a Estrellas Caídas para seguir descubriendo lo que ningún deporte se atrevió a contar.