Posted in

La Sinfonía del Azufre: Cómo la Niña del Valle Volcánico Derribó el Imperio de la Codicia Industrial

La Sinfonía del Azufre: Cómo la Niña del Valle Volcánico Derribó el Imperio de la Codicia Industrial

Don Melquíades: Quédate en estas ruinas humeantes del viejo pozo de azufre, Lucía; el vapor denso del cañón calmará tu absurda soberbia de heredera mientras yo me encargo de legalizar los registros mineros ante el consejo de la provincia.

Lucía: Siento muchísimo terror por los temblores subterráneos que agitan las rocas negras, tío Melquíades; por favor, no me dejes sola en esta fosa donde el fango hirviente brota de las grietas al caer la tarde.

Don Melquíades: Tu padre confió en mí antes de su accidente y ahora soy el único dueño legítimo de las concesiones; aprende a respirar este aire cargado de minerales hasta que decida si vale la pena regresar por ti.

Lucía: (Viendo la silueta de la carreta desaparecer entre las densas nubes de vapor gris) Madre mía, tú que habitas en los altares celestiales, dale templanza a mi mente y no permitas que la densa niebla apague mi espíritu.

Sukan: Tus sollozos aceleran el pulso de las aguas termales que descansan en las fosas de basalto, pequeña criatura de las ciudades de piedra; el llanto consume el oxígeno que tu cuerpo necesitará para resistir los gases del cañón.

Lucía: ¡Por favor, no me lances tus lanzas de caña, señor de las fumarolas! Mi tío Melquíades me aseguró que los guardianes de las grietas eran hombres salvajes que devoraban a los extranjeros sin ninguna piedad.

Sukan: Las palabras de tu pariente están manchadas con el hollín de la mentira industrial; mi nombre es Sukan, que significa el que escucha la tierra en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte una taza de infusión medicinal.

Lucía: (Tomando el cuenco de piedra volcánica con sus manos entumecidas) Esta bebida tiene un aroma extraño pero ha devuelto el calor a mis piernas; gracias por no dejarme abandonada en este abismo ardiente.

Sukan: Este viejo pozo refinery perteneció a un geólogo sabio que estudiaba las presiones tectónicas sin dañar las venas de la montaña; te enseñaré a recolectar el vapor dulce y a cocinar tus alimentos sobre las piedras calientes.

Lucía: Quiero aprender los secretos de las fuentes geotérmicas como lo hace tu comunidad, Sukan; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los diarios científicos que mi padre me dejó como herencia.

Sukan: El valle del azufre es una escuela implacable que premia la observación constante y castiga la vanidad; si escuchas el latido de los geiseres, comprenderás que las fuerzas de la naturaleza nunca te dejarán en la soledad.

Lucía: He copiado los primeros diagramas de presión en mi pergamino de cuero, Sukan; mañana quiero ayudarte a limpiar las válvulas de piedra natural antes de que comience el ciclo de ebullición de la tarde.

Don Melquíades: (Regresando tres lunas después con un barómetro de bronce y una mirada de profunda avaricia) ¡Qué clase de traición es esta! Mi mejor aprendiz de geología viviendo como una paria junto a los ermitaños de las grietas altas.

Sukan: Caballero, su presencia rompe el equilibrio de esta cuenca volcánica; usted desterró a esta pequeña criatura para robarle los planos de la energía térmica que pertenece legítimamente a los pueblos de la sierra.

Don Melquíades: ¡Cállate, indio de las fumarolas! Cuando los representantes del sindicato minero se enteren de que están ocultando los yacimientos energéticos de la nación, vendrán con las tropas del gobierno a despejar estas caletas.

Lucía: ¡No permitas que amenace a Sukan, tío Melquíades! Él me dio la protección y el alimento que tú me negaste, y todo el tribunal de minas sabrá que asesinaste la reputación de mi padre para apoderarte del gremio.

Don Melquíades: (Levantando su bastón de ébano con una soberbia desmedida) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrada en los pozos profundos de la refinería vieja del norte.

Read More