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El Guardián de los Morichales: La Alianza de los Llanos y el Renacer del Hato Olvidado

El Guardián de los Morichales: La Alianza de los Llanos y el Renacer del Hato Olvidado

Don Hipólito: Quédate aquí en este hato abandonado de las llanuras del Meta, Andrés; el sol implacable de los Llanos Orientales doblegará tu soberbia mientras yo me encargo de registrar ante los jueces los títulos ganaderos de tu difunto padre.

Andrés: Tengo muchísimo miedo de las inundaciones y de los caimanes que rondan los esteros, tío Hipólito; no me dejes solo en esta casa en ruinas donde el viento de la sabana silba con fuerza entre las palmeras de moriche al caer la noche.

Don Hipólito: Tu padre ya no está para cumplir tus caprichos de joven consentido y ahora soy yo quien maneja los hatos de ganado; aprende a sobrevivir con el agua de los pozos y la yuca seca hasta que decida regresar con mi capataz.

Andrés: (Viendo alejarse la polvareda de los caballos entre los pastizales infinitos) Madre mía, tú que me cuidas desde los altares eternos del cielo, dale templanza a mi mente y no permitas que la soledad destruya mi corazón en esta llanura ardiente.

Tsamani: Tus sollozos interrumpen el vuelo de las garzas en los esteros sagrados, pequeño náufrago de las ciudades de piedra; el llanto consume el aliento que tu cuerpo necesitará para resistir el calor sofocante del mediodía.

Andrés: ¡Por favor, no me ataques con tu lanza de cacería, señor de los ríos! Mi tío Hipólito me dijo que los sikuani eran hombres salvajes que destruían los ranchos y no tenían ninguna piedad con los extraños que cruzaban sus sabanas.

Tsamani: Las palabras de tu pariente están manchadas con el fango de la mentira y la ambición; mi nombre es Tsamani, que significa guardián del alba en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte un trozo de casabe caliente.

Andrés: (Tomando la torta de yuca amarga con sus manos temblorosas) Esta comida ha devuelto la fuerza a mi pecho y la claridad a mis ojos; gracias por no dejarme desamparado en esta casa rodeada de pastizales interminables.

Tsamani: Este viejo hato fue construido sobre un territorio sagrado donde nuestros ancestros recolectaban los frutos de la palma de moriche; te enseñaré a descifrar el rastro de las dantas y a encontrar el agua limpia de los caños ocultos.

Andrés: Quiero aprender los secretos de la sabana y de los ríos como lo hace tu gente, Tsamani; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me azotaba y me obligaba a falsificar marcas de ganado para las compañías extranjeras.

Tsamani: Los Llanos Orientales son una escuela implacable que premia la paciencia y castiga la vanidad; si escuchas el cantar del viento en los pastizales, comprenderás que los espíritus de la naturaleza nunca te dejarán en el olvido.

Andrés: He dibujado los primeros trazos del curso del río en mi cuaderno de notas, Tsamani; mañana quiero ayudarte a guiar a los hatos de canoas a través de los caños estrechos antes de que comience la tormenta de la tarde.

Don Hipólito: (Regresando tres lunas después con una mirada cargada de avaricia y soberbia) ¡Qué clase de traición es esta! Mi mejor heredero viviendo como un paria junto a los pescadores de las comunidades nativas.

Tsamani: Caballero, su presencia contamina la pureza de este horizonte verde; usted desterró a este joven para robarle los planos de los morichales y los acuíferos que pertenecen por derecho a las comunidades de la llanura.

Don Hipólito: ¡Cállate, indio de los esteros! Cuando los gobernadores civiles se enteren de que están ocultando los recursos hídricos de la nación, vendrán con los soldados del gobierno a despejar estas sabanas.

Andrés: ¡No permitas que amenace a Tsamani, Hipólito! Él me dio la protección y el conocimiento que tú me negaste, y todo el tribunal de tierras sabrá que falsificaste el testamento original de mi padre antes de dejarme aquí.

Don Hipólito: (Levantando su fusta de montar con una arrogancia desmedida) Cállate la boca, muchacho insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrado en las bodegas oscuras del puerto viejo.

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