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La Esposa del Che REVELÓ lo Que NADIE Sabía Sobre Camilo — El SECRETO Que GUARDÓ 57 Años

 

En este momento nadie sabía que la viuda del Cheegevara había guardado durante 57 años el secreto más doloroso sobre la muerte de Camilo 100 fuegos. Lo que ella finalmente reveló cambiaría para siempre la forma en que el mundo entiende la amistad más legendaria de la revolución cubana.

 Y lo que Ernesto le confesó una noche de 1959 después de buscar a su mejor amigo durante días en el mar, destruiría todo lo que creía saber sobre cómo murió el comandante más querido de Cuba. Marzo de 2024, La Habana, Cuba, Aleida Mar Sorres, tiene 88 años. Sus manos tiemblan ligeramente mientras se sienta frente a la cámara por primera vez en décadas.

 No tiemblan por la edad, tiemblan por el peso de lo que está a punto de decir. Durante 57 años ha guardado silencio sobre algo que su esposo, Ernesto le confesó una noche de octubre de 1959. Algo sobre Camilo, algo sobre cómo realmente murió, algo que cambió a Ernesto para siempre. La gente piensa que lo sabe todo sobre el She Camilo.

Dice con voz firme a pesar de los años, pero yo estuve allí. Yo vi lo que pasó cuando Ernesto regresó de buscar a Camilo en el mar. Yo vi su rostro esa noche y escuché lo que me dijo cuando pensó que nadie más podía oír. Ahora, antes de irme, voy a contar la verdad, pero para entender lo que Aleida está por revelar, primero tienes que entender la profundidad de la amistad entre estos dos hombres.

 Porque lo que el che sintió cuando Camilo desapareció no fue solo la pérdida de un compañero de armas, fue la pérdida de un hermano. Y lo que descubrió después lo destruyó por dentro 5 de diciembre de 1956, la costa sur de Cuba. Un grupo de hombres exhaustos, hambrientos y derrotados, huye por un cañaveral. Después del desastre de alegría de Pío, el ejército de Batista los había emboscado apenas 3 días después de desembarcar del Granma.

 De los 82 revolucionarios que habían salido de México, solo quedaban un puñado de sobrevivientes dispersos, entre ellos dos hombres que apenas se conocían. Uno era un médico argentino de 28 años llamado Ernesto Guevara. El otro era un joven cubano de 24 años con una sonrisa que iluminaba la oscuridad. Su nombre era Camilo Cienfuegos.

 Ernesto había perdido todo en la emboscada. Su mochila de médico, sus medicinas, su comida. Llevaba días sin comer. Estaba tan débil que apenas podía caminar. Y entonces Camilo hizo algo que Ernesto nunca olvidaría. Sacó de su bolsillo una pequeña lata de leche condensada. Era todo lo que tenía, todo lo que le quedaba en el mundo.

 Y sin decir una palabra la abrió y se la ofreció a Ernesto daños después. Elche escribiría sobre ese momento. Desde aquel instante nació nuestra amistad tomando sorbos de leche y velando disimuladamente cada uno que el reparto fuera parejo. Esa lata de leche compartida en la oscuridad de un cañaveral cubano mientras el ejército los buscaba para matarlos, selló un vínculo que duraría hasta la muerte.

 Y más allá, lo que hace extraordinaria esta amistad es que Ernesto y Camilo eran completamente opuestos. Ernesto era serio, disciplinado, implacable. Camilo era alegre, bromista, carismático. Ernesto pensaba en términos de ideología y estrategia. Camilo pensaba en términos de humanidad y lealtad. Ernesto inspiraba respeto.

 Camilo inspiraba amor. Pero juntos se complementaban de una manera que nadie más. Entendía Aleida los conoció a ambos durante la guerra en las montañas de Scambray en 1958. Ella era una joven guerrillera de 22 años que servía como correo clandestino. Camilo era su comandante y fue Camilo quien le presentó a Ernesto. Años después, Aleida recordaría ese primer encuentro.

 Camilo me dijo, “Aleida, te voy a presentar al hombre más terco y más brillante que he conocido.” Y cuando vi a Ernesto por primera vez, entendí por qué Camilo lo admiraba tanto, pero también entendí algo más, que detrás de esa fachada dura, Ernesto tenía un corazón que muy pocos conocían y Camilo era uno de esos pocos.

 En junio de 1959, cuando Ernesto y Aleida se casaron en la cabaña, Camilo llegó a la ceremonia con botellas deon escondidas bajo su uniforme. Interrumpió los votos tres veces con bromas. Hizo reír a todos, incluso a Ernesto, que casi nunca se reía. Esa noche, después de la boda, Camilo abrazó a Ernesto y le dijo algo que Aleida nunca olvidó.

 Che, hermano del alma, cuida a esta mujer porque si no lo haces, vendré a buscarte yo mismo. Ernesto sonrió. Una de las pocas veces que Aleida lo vio sonreír de verdad. Pero todavía no sabes lo que está por venir, porque apenas 4 meses después de esa boda, Camilo Si fuegos desaparecería para siempre.

 Y lo que Ernesto descubrió sobre esa desaparición cambiaría todo. 28 de octubre de 1959, el comandante Camilo Sienfuegos, de 27 años, aborda un pequeño avión Cesne 310 en Camagüy. Su destino es La Habana, un vuelo de 2 horas y media. El avión despega a las 6 de la tarde y nunca llega. Nunca encuentran el avión, nunca encuentran los cuerpos, nunca encuentran nada.

 Es como si Camilo y sus dos acompañantes se hubieran evaporado en el aire. Cuando Ernesto recibió la noticia, algo se rompió dentro de él. Aleida lo vio cambiar en cuestión de horas. El hombre que había sobrevivido a alegría de Pío, que había liderado batallas imposibles, que nunca mostraba debilidad, ese hombre desapareció. En su lugar quedó alguien consumido por una mezcla de dolor y algo más, algo que Aleida no podía identificar en ese momento. Ernesto no habló durante horas.

Recuerda Aleida. Se quedó mirando por la ventana, fumando un cigarro tras otro y cuando finalmente habló, lo que dijo me eló la sangre. Tengo que encontrarlo. Tengo que saber qué pasó. Durante los siguientes días, Ernesto se unió personalmente a las operaciones de búsqueda. Piloteó aviones sobre el mar buscando cualquier señal del sedne perdido.

 70 aviones participaron en la búsqueda. Fidel Castro también voló, pero después de 15 días suspendieron la operación. No habían encontrado nada, ni un pedazo de metal, ni un cuerpo, nada. La noche que suspendieron la búsqueda, Ernesto llegó a casa tarde. Aleida lo esperaba despierta y lo que vio cuando él entró por la puerta la persegiría durante el resto de su vida.

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