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Gaby, Fofó y Miliki: El Acto de Valentía que los Obligó a Abandonar Cuba

 

Estudio CMQ, otoño 1959. Fidel Castro acaba de escuchar algo que nadie en Cuba se ha atrevido a decirle desde que bajó de la Sierra Maestra. Comandante, esto es un programa para jugar con niños. Aquí no se hace política. El silencio es absoluto. Los técnicos de cámara no respiran. Los productores están paralizados de terror.

Los niños en el estudio miran confundidos al hombre barbudo con pistola. Castro mira fijamente a Fofo. Sus ojos se entrecerrán. La mano derecha se mueve ligeramente hacia la pistola en su cinturón. Todos en ese estudio saben lo que ese gesto significa. En los últimos 9 meses, este hombre ha ordenado más de 500 fusilamientos, ha expropiado fincas, negocios, bancos.

 Ha enviado disidentes al paredón con una orden firmada de su puño y letra. Y ahora tres payasos españoles le están diciendo que no puede hablar de política en televisión nacional. Según el testimonio de Fofito, el hijo de Fofó, dado en una entrevista con la revista circólica en febrero de 2023, lo que sucedió en los siguientes 5 minutos fue un baile de tensión tan peligroso que cualquier movimiento en falso habría terminado en tragedia.

 Gabi, el hermano mayor, actuó con la astucia que solo décadas de circo pueden enseñar. Con una sonrisa profesional perfectamente calculada, se acercó a Castro. No lo contradijo. No lo confrontó directamente, simplemente lo redirigió. Comandante, dijo con voz amable pero firme. ¿Sabe usted tocar algún instrumento? Castro, desarmado por la pregunta inesperada, parpadeó la guitarra.

 respondió casi automáticamente. Perfecto, entonces va a ayudarnos con esta canción. Y antes de que Castro pudiera procesar lo que estaba pasando, Gabi lo había guiado hacia los instrumentos musicales. Miliki le puso una guitarra en las manos. Fofó comenzó una ronda infantil. Los niños, viendo a los payasos actuar con normalidad, empezaron a cantar.

 Y Fidel Castro, el líder máximo de la revolución cubana, el comandante en jefe de las fuerzas armadas, el hombre que había jurado transformar Cuba desde sus cimientos, se encontró cantando arroz con leche frente a 3 millones de cubanos sin armas, sin discursos, solo música y la valentía de tres payasos que habían decidido que la inocencia de los niños valía más que sus propias vidas.

 Cuando el programa terminó, Castro se fue sin decir una palabra, pero en sus ojos todos vieron la misma promesa silenciosa. Esto no ha terminado y no había terminado. En las semanas siguientes, la presión sobre los hermanos Aragón se intensificó de manera sistemática y brutal. Primero vinieron las sugerencias oficiales.

 Comisarios culturales del nuevo Ministerio de Educación comenzaron a asistir a las grabaciones del programa. Tomaban notas, observaban y después de cada episodio sugerían cambios. Sería bueno incluir una canción sobre la reforma agraria. Los niños deberían aprender sobre los logros de la revolución. ¿Por qué no enseñan el himno del 26 de julio? Las sugerencias eran órdenes disfrazadas y los hermanos Aragón lo sabían.

 Dijeron que no una y otra vez, con educación, pero con firmeza absoluta. Dijeron que no. Nuestro programa es para hacer reír a los niños, no para adoctrinarlos. Entonces las sugerencias se convirtieron en exigencias formales. En enero de 1960, el Ministerio de Educación envió un documento oficial a CMQ, requiriendo que Aventuras de Gabi, Fofó y Miliki incluyera contenido educativo revolucionario.

 El documento específico citaba Manos canciones patrióticas, enseñanza de los valores socialistas, mi historia sobre héroes de la revolución, manos del gobierno. Goar Mestre, el fundador de CMQ, les mostró el documento con las manos temblando. Lo siento les dijo. Si no cumplen, van a cerrar la cadena.

 Los hermanos Aragón se reunieron esa noche en la casa de Gabi en Miramar. Miliki, el más joven, tenía apenas 30 años. Su esposa Rita Violeta, estaba embarazada de su segundo hijo. Su pastelería generaba buenos ingresos. Tenía toda una vida por delante en Cuba. Fofó tenía dos hijos pequeños, Fofito de 10 años y Rody de apenas dos. Ambos nacidos cubanos, ambos con acento habanero, ambos pensando que Cuba era su hogar para siempre.

 Gabi, el mayor, tenía 39 años. Había construido una casa hermosa cerca del mar, tenía amigos, negocios, raíces profundas. Y esa noche los tres hermanos tomaron una decisión que cambiaría sus vidas para siempre. No vamos a hacerlo dijo Gabi. No vamos a convertir nuestro programa en propaganda, pero perderemos todo, advirtió Miliki.

 Ya lo sé, respondió Fofó. Pero si hacemos lo que nos piden, perderemos algo mucho más importante, el derecho a mirarnos al espejo sinvergüenza. Dijeron que no. Y la venganza del Estado fue inmediata, sistemática y absolutamente despiadada. Primero, en marzo de 1960, el gobierno nacionalizó CMQ. Soldados entraron en los estudios con rifles AKM.

Comisarios revolucionarios tomaron control de las cuentas bancarias. Goar Mestre, el visionario que había construido el imperio mediático más poderoso del Caribe, tuvo que huir del país en un vuelo secreto a las 3 a, abandonando todo lo que había construido durante 20 años. Con su protector institucional destruido, los hermanos Aragón quedaron completamente expuestos.

Los nuevos comisarios del Estado cancelaron sus contratos alegando que no eran compatibles con el espíritu revolucionario. De un día para otro, las tres estrellas más brillantes de la televisión cubana se quedaron sin trabajo, sin ingresos, sin programa, sin protección. Pero el castigo económico no terminó ahí.

 El gobierno implementó una ley que congelaba las cuentas bancarias de todos los extranjeros residentes. Aunque los hermanos tenían ciudadanía cubana, seguían siendo españoles de nacimiento. El Estado decidió que eso era suficiente excusa. Todo el dinero que habían ganado durante 13 años, millones de pesos acumulados en el Banco Nacional de Cuba, fue bloqueado por decreto gubernamental.

 No podían tocarlo, no podían transferirlo, no podían usarlo. Era su dinero ganado con su trabajo. Pero el Estado socialista había decidido que ya no les pertenecía. Según testimonios recogidos años después, funcionarios del Ministerio de Hacienda les hicieron una propuesta obsena. podían acceder a su propio dinero solo si traían capital nuevo desde España.

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