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Cómo Leopoldo Fernández Traicionó a Nananina Frente a Toda Cuba

 

Miami, Florida. Mayo de 1978. Woodlone Park, Nursing Home. Una anciana de 78 años está sentada en silla de ruedas frente a una ventana. Mira el sol de Florida. Sus manos tiemblan ligeramente, no por la edad, por la rabia. Su nombre es Manuela Cal Fariñas, pero el mundo la conoce como Mimi Cal, o mejor dicho, la conoció.

 Porque en este asilo de ancianos donde pasa sus últimos días, nadie viene jamás a visitarla. No tiene hijos que se preocupen por ella. El hombre con quien estuvo casada 16 años, Leopoldo Fernández Tres patines, rehizo completamente su vida con otra mujer más joven. Aquella sobrina querida de la que hablaba constantemente en la radio, Ángela Toribia, era completamente ficticia.

 Un invento del guionista Castor Bispo para darle profundidad al personaje. En la vida real no queda una sola persona en este mundo que la ame, que la cuide, que se preocupe genuinamente por su bienestar. Y aquí viene la parte más venenosa de toda esta historia. En ese preciso momento, mientras ella espera la muerte en los fríos pasillos de aquel asilo olvidado, a miles de kilómetros de distancia, desde México hasta Argentina, en cientos de estaciones de radio de todo el continente, resuena la voz juvenil y vibrante de esa misma mujer. Millones de

personas se ríen acarcajadas con sus ocurrencias. Los anuncios comerciales giran sin parar, generando fortunas. El dinero fluye constantemente a las cajas registradoras de ejecutivos y productores, pero en el bolsillo de mimical, ¿qué hay realmente? Solo la pensión mínima que le da el gobierno estadounidense por ser residente legal, $247 mensuales, porque el sistema le hizo un pago único décadas atrás y nada más.

 El día que entró al estudio de grabación, recibió unos cuantos pesos miserables y a cambio entregó todos los derechos del futuro sin saberlo. Mientras los productores y sus herederos se hacen millonarios generación tras generación, la verdadera dueña de esa voz inolvidable muere en la miseria más absoluta y degradante.

 Quédate conmigo porque hoy vamos a destapar la historia de uno de los mayores robos de la industria del entretenimiento en toda la historia de América Latina. La historia no contada de la otra gran víctima de la tremenda corte, la mujer que demostró ser irreemplazable cuando quisieron sustituirla con un hombre.

 La mujer que tuvo que entrenar a su propia reemplazante en la versión de TEB mientras ella quedaba sin trabajo. La mujer cuya voz sigue generando millones mientras su cuerpo se pudre olvidado en un cementerio de Miami. Esta es la historia de Mimical. La voz robada. Esto es Cuba oculta. Pero para entender la magnitud de esta injusticia histórica, primero tienes que conocer a la mujer real detrás del personaje.

 Manuel Cal Fariñas nació el 12 de enero de 1900 en La Habana, justo cuando Cuba acababa de liberarse del dominio colonial español. Aquella habana de principios de siglo era un hervidero cultural donde se mezclaba la tradición costumbrista cubana con el budeville español y las nuevas influencias norteamericanas que llegaban del norte.

 Mimical no era la típica actriz de su época. Ni por asomo. Si piensas en las mujeres del teatro cubano de los años 20, te imaginas figuras meramente decorativas, mujeres hermosas, pero completamente pasivas, simples adornos visuales del escenario, mientras los hombres se llevaban todas las risas y los aplausos.

 Pero Mimí era otra cosa completamente distinta. A los 16 años, en 1916, ya estaba trabajando profesionalmente en la legendaria compañía teatral de Arquimedes Spous, uno de los padres fundadores del teatro vernáculo cubano. Allí pasó 10 años completos de su juventud aprendiendo cada secreto del oficio, no solo técnicas de actuación y proyección de voz para llenar teatros.

Aprendió a dominar magistralmente el argot de la calle Habanera, el ritmo particular del habla popular cubana, los chistes que hacían reír por igual al guajiro humilde del campo y al habanero sofisticado de la capital. Fíjate bien en esto porque es absolutamente clave. En una época donde la comedia era territorio exclusivo de los hombres, donde las mujeres solo servían para lucir bonitas y quedarse calladas en segundo plano.

 Mimical se abrió paso con su talento puro, su lengua afilada como navaja y su carácter dominante, que no se dejaba pisotear por absolutamente nadie. Se convirtió en una de las primeras mujeres en conseguir un contrato exclusivo en la radio cubana. Eso significaba que los ejecutivos de las emisoras la consideraban tan inmensamente valiosa, tan capaz de mover audiencias masivas con solo su voz, que estaban dispuestos a pagarle una fortuna solo para que no trabajara jamás con la competencia.

 Pero aquí entramos en el terreno más jugoso de toda la historia. En algún momento de los años 30, en los pasillos de algún teatro habanero lleno de humo de tabaco, Mimical conoció a un hombre que cambiaría su vida para siempre. Se llamaba Leopoldo Fernández Salgado. Todavía no era el famoso tres patines que todo el mundo conocería después.

 Era simplemente un actor joven con mucho talento natural y una ambición desbordante que no conocía límites. Entre ellos surgió algo que iba mucho más allá de lo meramente profesional, algo químico e inexplicable, algo inevitable que ninguno de los dos pudo controlar. se enamoraron perdidamente, se casaron llenos de ilusiones y comenzaron a construir juntos lo que eventualmente se convertiría en el fenómeno más grande de la radio latina en toda la historia del medio.

 1942, RHC cadena azul, La Habana, arranca un programa que nadie imaginaba duraría décadas enteras y cruzaría todas las fronteras del idioma español, la tremenda corte. El concepto era aparentemente simple, pero tremendamente genial en su ejecución. Una corte judicial ficticia donde un juez cascarrabias y perpetuamente confundido, interpretado por Aníbal de Mar, intentaba poner orden mientras un sinvergüenza incorregible llamado José Candelario Tres Patines, Leopoldo Fernández, convertía cada audiencia judicial en un circo absoluto de

malentendidos y larantes. El contexto histórico era perfecto. En la Cuba de aquellos años existía un juez estadounidense real llamado Mr. Peter, famoso en toda la isla por su rigidez extrema y sus sentencias instantáneas sin contemplaciones. El pueblo cubano, con su característico humor irreverente, le había inventado una copla popular que decía, “Mr. Peter no traga cuentos.

 Te da 10 días de cárcel o 10 daras de multa sin pensarlo dos veces. La tremenda corte tomó esa realidad cotidiana que todos conocían y la convirtió en sátira brillante y universal. Y aquí es precisamente donde Mimikal demostró su verdadero genio artístico ante el mundo, Nana Nina. El personaje de Mimí no era un personaje secundario cualquiera, ni una simple comparsa para los chistes de los hombres.

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