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El Che Que Fidel Mandó Matar — Harry Villegas ROMPE Su Silencio Después de 60 Años

 

Mi nombre es Harry Villegas, tengo 87 años y esta será probablemente la última entrevista que de en mi vida. Durante 60 años he guardado el secreto más explosivo de la historia de América Latina. Un secreto tan terrible que cambiaría para siempre la forma en que el mundo entiende la revolución cubana. Hoy voy a romper ese silencio, no porque busque venganza, sino porque ya no puedo morir llevándome esta verdad conmigo.

 Lo que voy a revelar contradice todo lo que se ha escrito sobre la muerte de Ernesto Cheegevara. Contradice los libros de historia, las películas, los documentales. Contradice la versión oficial que Fidel Castro mantuvo durante cinco décadas. Porque yo estuve allí, yo lo vi todo y yo tengo la prueba, la prueba que durante 60 años no me atreví a mostrar a nadie.

 Todo comenzó en marzo de 1967, 3 meses después de llegar a Bolivia. Estábamos establecidos en nuestro campamento base de Yancahu cuando recibí una orden extraña de La Habana. No venía a través de los canales normales de radio, sino a través de un mensajero secreto que había cruzado la frontera desde Brasil.

 El mensaje era simple, pero inquietante. Instala equipo de grabación personal, documenta todas las conversaciones importantes. Orden directa del comandante en jefe. En ese momento pensé que era una medida de seguridad rutinaria. Durante la revolución en Cuba habíamos aprendido que documentar todo era crucial para la posteridad.

 Pensé que Fidel quería tener un registro completo de nuestra misión boliviana para futuras operaciones similares. Era lógico, era prudente, no tenía ni la menor sospecha de las verdaderas intenciones. Detrás de esa orden, el equipo llegó dos semanas después oculto en un envío de medicinas que parecía completamente normal. Era un dispositivo de grabación soviético, pequeño pero sofisticado, capaz de registrar conversaciones con claridad extraordinaria.

 Lo instalé en mi tienda siguiendo las instrucciones técnicas. Cada noche revisaba las grabaciones del día, las empaquetaba y las enviaba de vuelta a La Habana. Durante las primeras semanas, las grabaciones eran rutinarias, conversaciones sobre tácticas militares, discusiones sobre suministros, planificación de movimientos.

 Che hablaba con frecuencia sobre la importancia de mantener la moral alta, sobre su visión para la revolución continental, sobre su fe inquebrantable en que la victoria era posible. Escuchar esas grabaciones ahora, décadas después, me parte el corazón porque puedo detectar en su voz una esperanza que nosotros sabíamos que era infundada.

 Fue en abril cuando las cosas empezaron a cambiar dramáticamente. Los mensajes de radio desde Cuba se volvieron cada vez más vagos y evasivos. Che había pedido urgentemente refuerzos, armas adicionales y medicinas para su asma que empeoraba cada día. Las respuestas de la habana eran siempre las mismas. Pronto, tengan paciencia, estamos trabajando en ello. Pero nunca llegaba nada.

 Una noche de mayo, Che tuvo una crisis de asma particularmente severa. Lo vi luchar por respirar durante más de una hora, su rostro volviéndose azul por la falta de oxígeno. Cuando finalmente pudo hablar, murmuró algo que grabé sin darme cuenta de su importancia en ese momento. Fidel sabe que me estoy muriendo aquí.

 Sabe exactamente lo que está pasando y ha elegido no hacer nada. Era la primera vez que escuchaba a H expresar dudas sobre Fidel directamente. Había notado su frustración creciente, pero esto era diferente. Era una acusación clara y directa, y esa grabación estaba ahora en camino a La Habana, directamente a los oídos de Fidel Castro.

 Lo que sucedió después me reveló la verdadera naturaleza de la misión que pensaba que estaba cumpliendo. Tres días después de enviar esa grabación particular, recibí una comunicación de radio que cambiaría mi vida para siempre. Era un mensaje codificado que solo yo podía descifrar usando una clave personal que Fidel me había dado años antes en Cuba.

 El mensaje era breve pero aterrador. Objetivo principal se ha vuelto problema político. Operación cambio a fase final. Ejecute protocolo. Silencio. Confirme recepción. Durante horas me quedé mirando ese mensaje tratando de entender su significado completo. Objetivo principal. Obviamente se refería a problema político, parecía referirse a sus críticas cada vez más abiertas hacia la falta de apoyo, pero protocolo silencio era una frase que meelaba la sangre.

 Era un código que habíamos usado durante la revolución cubana y significaba una cosa, eliminación. Esa noche no pude dormir. Caminé por el campamento hasta el amanecer, observando a Che dormir pacíficamente en su hamaca, sin saber que el hombre que él consideraba su hermano acababa de autorizar su asesinato. Durante horas luché conmigo mismo.

 Debía advertir a Che. Debía negarse a cumplir la orden. Debía simplemente huir. Pero había algo más en juego que mi propia supervivencia. Durante años, Fidel había sido más que un líder para mí. Había sido como un padre. Todo lo que yo era se lo debía a él y a la revolución. Traicionarlo parecía imposible, incluso si la orden que había recibido era moralmente monstruosa.

 Además, tenía que considerar que tal vez estaba interpretando mal el mensaje. Tal vez protocolo silencio significaba otra cosa en este contexto. Al día siguiente, mientras Che revisaba mapas y planificaba nuestro próximo movimiento, yo instalé un segundo dispositivo de grabación, uno que él nunca vería. Este no era para documentar la misión para la posteridad.

 Este era para protegerme, porque sí iba a ser parte de lo que estaba por suceder. Necesitaba pruebas de que había estado siguiendo órdenes. Fue una decisión que me salvaría la vida décadas más tarde, pero que también me condenaría completamente duda a vivir con el peso de la verdad más horrible imposible. La grabación que haría todo ese fin de semana llegó tr días después.

 Durante una comunicación de radio de rutina, Chen no estaba presente. Había salido en una misión de reconocimiento con tres hombres. Yo estaba solo en el campamento principal cuando llegó la transmisión desde La Habana. Era la voz de Fidel inconfundible, clara, dando instrucciones específicas sobre cómo proceder con lo que él llamaba la resolución del problema Guevara.

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