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💔 El HIJO Que el Che NUNCA Conoció Nació en África 1966 La Familia Lo NIEGA Exige DNA AHORA

 

En ese momento nadie en el mundo sabía que en una pequeña escuela en Tanzaña, un hombre de 59 años llamado Laent Cabila, acababa de descubrir que su padre no era el maestro congoleño que su madre siempre le había dicho, sino Ernesto Che Guevara, el revolucionario más famoso del siglo XX. Lo que este hijo secreto revela sobre los últimos días del Che en África y por qué la familia Guevara hace todo lo posible para negar su existencia.

 Cambiará para siempre nuestra comprensión del hombre detrás del mito. Logan Cabila tenía 54 años cuando su madre Amina murió de cáncer en su casa de Dar Salam, Tanzaña. Habían sido solo ellos dos durante toda su vida. Su padre, según le había contado su madre, había muerto cuando Lorent era bebé. Amina había sido maestra de escuela, una mujer tranquila, reservada, que nunca hablaba mucho de su pasado.

Logan había aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Tres días después del funeral, Logan encontró una caja de metal en el armario de su madre. Estaba cerrada con candado. La llave estaba en un sobre junto a la caja. En el sobre había una nota escrita con la letra temblorosa de Amina. Logent, perdóname por haberte mentido toda tu vida.

 Ábrela cuando estés listo para saber la verdad. Logan abrió la caja. Dentro había fotografías, cartas, un diario y una carta sellada con su nombre. La abrió con manos temblorosas y leyó palabras que cambiarían su vida para siempre. Pero lo más impactante era que la carta comenzaba así. Hijo mío, tu padre no era un maestro congoleño.

 Tu padre fue Ernesto Guevara, el Che. Para entender esta historia tenemos que retroceder 55 años al Congo. 1965. El Cheegevara había dejado Cuba en secreto. Fidel Castro lo había enviado al Congo para apoyar la revolución africana. El Che llegó con un grupo de guerrilleros cubanos. Su misión entrenar a los rebeldes congoleños y ayudarlos a derrocar al gobierno.

 La misión fue un desastre desde el principio. Los rebeldes congoleños no estaban organizados, no seguían órdenes. El che se frustraba cada día más, pero había algo que hacía el Congo tolerable. Su intérprete, una mujer joven de 23 años llamada Amina Cabila. Amina hablaba español, francés y su agili. Era inteligente, educada, idealista.

 Creía en la revolución, creía en el Che. Y el Che, lejos de su esposa Aleida en Cuba, solo, frustrado, comenzó a depender de Amina, no solo para traducir, sino para hablar, para desahogarse, para sentirse humano en medio del caos. Y justo en este punto todo cambió, porque lo que comenzó como una relación profesional se convirtió en algo más.

Según el diario de Amina que Loren encontró en esa caja, la relación comenzó en marzo de 1966. El Che había tenido un día particularmente difícil. Una batalla había salido mal. Había perdido hombres. Estaba enojado, cansado, desilusionado. Esa noche Amina lo encontró solo, fumando, mirando las estrellas. le preguntó si estaba bien.

 El Chele dijo que no, que extrañaba a Cuba, que extrañaba a sus hijos, que se sentía perdido. Amina se sentó a su lado, le dijo que ella también se sentía perdida a veces, que la revolución era más complicada de lo que había imaginado. Hablaron durante horas y en algún momento de esa noche algo cambió entre ellos.

 En su diario, Amina escribió, “No sé cómo pasó, no fue planeado, pero cuando me miró con esos ojos cansados, vi a un hombre, no a un mito. Y creo que él vio lo mismo en mí, names mí.” Durante los siguientes tres meses mantuvieron su relación en secreto. Los otros guerrilleros no sabían. El che era cuidadoso. Sabía que no podía haber escándalos.

 Pero en junio de 1966, Amina descubrió que estaba embarazada. Amina le contó al Che a finales de junio. Según su diario, la reacción del Che fue compleja. Primero shock, luego preocupación, luego una tristeza profunda. Le dijo a Amina que no podía quedarse, que la misión del Congo había fracasado, que Fidel le había ordenado regresar a Cuba, que su vida era la revolución, que no podía tener una familia en África.

 Amina le dijo que no esperaba nada de él, que ella criaría al bebé sola, que entendía. Pero el Che insistió en algo, le dio dinero, todo lo que tenía. Le dijo que lo usara para el bebé, para su educación, para su futuro. También le hizo prometer algo, que nunca le dijera al niño quién era su padre. Es por su seguridad, le explicó el che.

 Si el mundo sabe que tengo un hijo aquí, lo usarán, lo perseguirán. Es mejor que crezca normal, en paz. Todavía no sabes lo que está por venir, porque el Chele escribió una carta a ese hijo que nunca conocería. En la caja que Lorente encontró había una carta escrita en español con la letra del Che. La carta decía, “Hijo mío, si estás leyendo esto, significa que tu madre decidió contarte la verdad o que yo ya no estoy vivo para explicártelo yo mismo.

 No sé qué tipo de hombre serás cuando leas esto. No sé si me odiarás por abandonarte. Probablemente deberías, pero quiero que sepas algo. Tu madre es la mujer más valiente que conocí, más valiente que muchos guerrilleros que lucharon a mi lado. Si heredaste, aunque sea una fracción de su fuerza, serás un gran hombre. No te pido que me perdones.

 No te pido que entiendas. Solo te pido que vivas una vida de principios, que luches por lo que crees, que nunca traiciones tus valores. La revolución me robó muchas cosas. Me robó tiempo con mis otros hijos, me robó una vida normal y me robó la oportunidad de conocerte. Pero si la revolución da aunque sea una pequeña oportunidad a personas como tu madre, como tú, de vivir con dignidad, entonces valió la pena. Cuida a tu madre.

 Ella lo dio todo por ti, tu padre, Ernesto. Cuando Loren terminó de leer esa carta, lloró por primera vez desde la muerte de su madre. Loran pasó meses procesando la información, leyó todo lo que pudo sobre el chegara, vio documentales, leyó biografías, estudió fotografías y entonces comenzó a notar cosas. Su nariz igual que la del Che, sus manos iguales.

Su forma de fruncir el seño. Cuando pensaba igual. En enero de 2021, Loren tomó una decisión. Iba a buscar a la familia Guevara. Iba a decirles que existía. Encontró el contacto de Aleida March, la viuda del Che en Cuba. Le escribió un email, le contó su historia, le envió copias de la carta del diario de su madre, de fotografías.

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