Posted in

El Gigante de Arcilla: La Presa que Desafió a la Historia y Dividió a una Familia NH

El Gigante de Arcilla: La Presa que Desafió a la Historia y Dividió a una Familia NH

China's record-breaking Dashixia dam, built with the help of AI, starts  storing water | South China Morning Post

La bofetada resonó en el despacho forrado de roble, más fuerte que el rugido de las excavadoras que trabajaban a pocos kilómetros de allí. Karim se llevó la mano a la mejilla, sintiendo el calor del golpe de su padre, Bakhtiyor. Fuera, el sol de Tayikistán golpeaba con furia las montañas del Pamir, pero dentro de la estancia, el aire estaba gélido, cargado de un odio que se había cocinado durante décadas.

—¡Eres un traidor a tu sangre! —rugió Bakhtiyor, su voz quebrándose por la edad y la rabia—. Ese proyecto es el alma de nuestra nación. Es el sueño que nos dejaron los soviéticos, el fuego que sacará a nuestro pueblo de la oscuridad. Y tú, mi propio hijo, ¿vienes a decirme que vas a testificar en contra?

Karim bajó la mano, revelando una marca roja que contrastaba con su piel pálida. Sus ojos, sin embargo, no mostraban miedo, sino una determinación sombría.

—No es un sueño, padre. Es una tumba —respondió Karim con una calma que enfureció aún más al anciano—. He visto los informes técnicos que ocultas. La geología es inestable, el riesgo sísmico es una sentencia de muerte para miles de personas río abajo. ¿Y qué hay de nuestra familia en el valle? Los estás expulsando de sus tierras, borrando 69 aldeas del mapa por una ambición de cemento y gloria. ¡Madre nació en una de esas aldeas y la vas a sepultar bajo trescientos metros de agua!

Bakhtiyor se derrumbó en su silla, sus manos temblorosas buscando un cigarrillo. Era un hombre que había dedicado su vida al proyecto Rogun, desde que era un joven ingeniero en 1976. Para él, la presa no era solo infraestructura; era su legado, su religión.

—Tu madre entendería el sacrificio —susurró el viejo—. El progreso tiene un precio que los débiles no pueden pagar. Si esta presa cae, que así sea, pero mientras esté en pie, Tayikistán será la luz de Asia.

—Si no te detienes —dijo Karim, dándose la vuelta para salir—, entregaré los documentos sobre las grietas en el núcleo de arcilla a la prensa internacional mañana mismo. No dejaré que construyas el monumento más alto del mundo sobre los huesos de nuestra gente.

Aquella noche, la fractura en la familia de los arquitectos de Rogun era tan profunda y peligrosa como la falla tectónica que dormía bajo el lecho del río Vakhsh. El drama familiar no era más que el reflejo de una lucha titánica que involucraba a imperios caídos, naciones sedientas y la ambición humana de domar lo indomable.

El Sueño de un Imperio en Ruinas

Para entender la magnitud de lo que se estaba gestando en las gargantas profundas de Tayikistán, hay que viajar atrás en el tiempo, a una época en que el mapa del mundo estaba pintado de un rojo sólido. El proyecto Rogun no nació de la necesidad de una pequeña nación independiente, sino de los delirios de grandeza de la Unión Soviética.

En la década de 1970, la URSS buscaba desesperadamente recursos para alimentar su base industrial en Europa, que empezaba a mostrar signos de estancamiento. Asia Central, con sus vastos depósitos de petróleo, gas natural y uranio, era la respuesta. Pero para extraer y procesar esos recursos, se necesitaba energía. Mucha energía.

Los ingenieros soviéticos, famosos por sus esquemas de construcción faraónicos, pusieron sus ojos en el río Vakhsh. Ya habían tenido éxito con la presa de Nurek en 1979, una estructura de 300 metros de altura que, en su momento, fue la más alta del mundo. Nurek era la prueba de que el socialismo podía conquistar las montañas más hostiles. Pero los soviéticos querían más. Querían Rogun: una mega-presa de 335 metros que eclipsaría cualquier cosa construida por el hombre hasta la fecha.

La construcción comenzó oficialmente en 1976. Miles de trabajadores de todas las repúblicas soviéticas llegaron a las montañas, trayendo consigo maquinaria pesada y la promesa de un futuro electrificado. Se perforaron túneles, se desviaron corrientes y se vertieron las primeras capas de lo que sería el núcleo de la presa. Era un “sueño febril soviético” en medio de la nada rural.

Sin embargo, el destino tenía otros planes. Mientras el muro de Rogun intentaba elevarse, la propia Unión Soviética comenzaba a desmoronarse. La guerra en Afganistán, la carrera armamentista con Occidente y el desastre de Chernóbil drenaron las arcas del Kremlin. Asia Central, vista como una periferia lejana, fue la primera en sufrir los recortes. Para finales de los años 80, el proyecto estaba prácticamente paralizado.

La Caída y el Caos de la Independencia

Cuando la URSS colapsó en 1991, Tayikistán se encontró de repente con una independencia que no sabía cómo manejar y con el esqueleto de una mega-presa que no podía terminar. El proyecto, diseñado como un esfuerzo de toda la Unión, requería materiales de Rusia, experiencia de Ucrania y fondos de Moscú. De la noche a la mañana, todo eso desapareció.

Lo que siguió fue el periodo más oscuro en la historia del país. Una guerra civil violenta estalló en 1992, convirtiendo el sitio de construcción de Rogun en un campo de batalla y, posteriormente, en un cementerio de maquinaria oxidada. Los ingenieros huyeron, el equipo fue saqueado y las inundaciones de 1993 destruyeron gran parte de lo poco que se había logrado avanzar.

Durante casi una década, Rogun fue un fantasma. Un recordatorio de una ambición fallida que yacía en el fondo de un cañón. Mientras tanto, el pueblo de Tayikistán sufría. Sin la presa, el país dependía de las importaciones de energía de sus vecinos, Uzbekistán y Rusia. En los inviernos brutales del Pamir, las ciudades quedaban a oscuras. Las fábricas cerraban. La pobreza se extendía como una plaga.

Fue a principios del nuevo milenio cuando el presidente Emomali Rahmon decidió que Rogun no sería solo una central eléctrica, sino el símbolo nacional de la resurrección tayika. Si lograban construir la presa más alta del mundo, demostrarían que eran una nación capaz, soberana y poderosa.

Ingeniería Contra la Naturaleza: El Desafío del Siglo

Pero, ¿cómo se construye algo tan inmenso en una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta? Esta fue la pregunta que enfrentó la empresa italiana Webuild (antes Salini Impregilo) cuando retomó el proyecto en 2016.

Read More