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NOVIA ESCUCHA LA CONFESIÓN DEL NOVIO ANTES DE CASARSE… Y PLANEA UNA VENGANZA INCREÍBLE

 Quizás esperara una confesión de amor nervioso a sus amigos o una última broma antes del gran paso. Lo que escuchó, sin embargo, no fue amor, sino la más fría y calculadora de las traiciones. El mundo de Elena se inclinó sobre su eje y tuvo que apoyarse contra la pared fría de piedra de la sacristía para no desmayarse.

 La revelación fue como un golpe físico. y cada palabra que escuchó del hombre que había amado durante 3 años, el hombre que le escribía poemas y le había pedido matrimonio frente a toda su familia, la dejó sin aliento. ¿Estás seguro de que esto va a funcionar, Rodrigo? Parece demasiado arriesgado”, dijo la voz de su mejor amigo y padrino, Jorge.

 Las palabras se sintieron como puñales, pero la respuesta de Rodrigo fue la que la dejó completamente paralizada, sin aliento y con el corazón en pedazos. “Claro que funcionará.” Elena está completamente ciega de amor. Cree que soy su príncipe de cuento de hadas. En cuanto nos casemos y volvamos de la luna de miel, comenzaré a ayudar a su padre en la empresa.

 Don Alejandro ya me adora. Cree que soy un joven ambicioso y trabajador. Será cuestión de meses convencerla para que me firme un poder general sobre sus acciones. Ella ni siquiera lee lo que firma si yo se lo pido con una sonrisa. Elena escuchó con horror como el hombre que había compartido los últimos 3 años de su vida.

 Cada beso, cada caricia, cada te amo susurrado en la oscuridad de la noche había sido una pieza más en su elaborado tablero de ajedrez. No la amaba, nunca la había amado. Lo único que amaba era el imperio que su padre, don Alejandro Vargas, había construido desde cero, una cadena de hoteles boutique y viñedos en la región del Bajío.

 Pero la conversación no terminó ahí, se volvió aún más oscura y retorcida. El otro padrino, Daniel, preguntó con un tono de voz que denotaba una clara incomodidad. ¿Y qué hay de tus deudas, compadre? Escuché que la gente del casino de Querétaro ya no te quiere dar más plazos. Rodrigo soltó una risa corta y despectiva, un sonido que a Elena le pareció el de un monstruo.

 Esas deudas son precisamente el motor de todo esto. Le debo casi 3 millones de pesos a gente con la que no se juega. Se están poniendo nerviosos. Me han hecho un par de visitas poco amistosas, pero después de hoy ese problema se evapora con el acceso al dinero de los Vargas. Pagarle será como quitarle un dulce a un niño.

El viejo Alejandro es un genio para los negocios, pero es un sentimental con su princesa. No sospechará nada. Elena se tapó la boca con la mano libre para ahogar el soyoso que pugnaba por salir. El hombre trabajador y responsable que ella creía conocer era en realidad un jugador desesperado, acorralado por deudas, y ella no era más que su boleto dorado para salir de ese abismo financiero.

 La traición de Rodrigo, sin embargo, se profundizó aún más con la respuesta a la pregunta final de Jorge, cuya voz sonaba genuinamente preocupada. Planeas quedarte con ella para siempre. El corazón de Elena, ya hecho pedazos, se rompió por completo. Por un tiempo, sí. Necesito consolidar mi posición en la empresa y transferir una buena cantidad de activos a cuentas que solo yo controle.

 Después, bueno, un divorcio puede ser muy complicado y ruidoso. Quizás un accidente sea más limpio. Un coche que falla en la carretera a Guanajuato. Un resbalón desafortunado en la piscina del 1900 en hotel. Las posibilidades son infinitas, ¿no creen? La risa que siguió a esa frase fue la de un depredador, un monstruo que planeaba su muerte con la misma frialdad con la que se elige un traje.

 En ese instante, el amor que Elena sentía por Rodrigo murió, evaporado y reemplazado por un frío glacial que se extendió desde la punta de sus pies hasta la raíz de su cabello. La ingenua y enamorada Elena desapareció en esa sacristía. En su lugar nació una mujer diferente, una cuya mente normalmente ocupada con planes de boda y sueños de futuro, ahora trabajaba a una velocidad vertiginosa, procesando la traición y forjando en el crol del dolor el arma de su venganza.

No le daría el gusto de verla derrumbarse. La función, pensó con una furia silenciosa, debía continuar. Se enderezó respirando hondo, forzando el aire a entrar en sus pulmones contraídos. Se secó una lágrima solitaria que se había deslizado por su mejilla maquillada y se miró de nuevo en el espejo.

 El reflejo le devolvió la imagen de una novia radiante, pero ahora sus ojos, de un profundo color avellana, no brillaban de felicidad, sino con la luz peligrosa de una determinación inquebrantable. Rodrigo quería una esposa dócil y enamorada, y eso es exactamente lo que tendría. le daría la mejor actuación de su vida y cuando menos se lo esperara, cuando creyera tenerlo todo en la palma de su mano, ella se la cerraría con la fuerza de un huracán, aplastándolo por completo.

 Los pasos de los hombres se alejaron por el pasillo. Escuchó a Diego, uno de los organizadores de la boda, decirles que era hora. Listo, a fingir que somos la pareja más feliz del mundo,” dijo Rodrigo. Su voz llena de un cinismo que ahora Elena podía identificar claramente. Se quedó sola con el eco de sus risas resonando en sus oídos y el sonido del órgano creciendo en intensidad, llamándola hacia su destino.

Tomó su celular que vibraba insistentemente. Era su hermana menor, Sofía. “Lena, ¿dónde estás? Papá ya está aquí. Todos te esperan con dedos sorprendentemente firmes. Tecleo una respuesta. Ya voy, Sofi. Dile a papá que se prepare para el día más feliz de mi vida. Guardó el teléfono, ajustó su velo y con una sonrisa ensayada y perfecta salió de la sacristía.

 Al abrir la puerta, la luz de la nave central de la iglesia la cegó por un instante. Cientos de rostros se giraron hacia ella, una marea de sonrisas, susurros de admiración y flashes de cámaras. Qué hermosa está. Parece un ángel. Escuchaba mientras avanzaba. Cada cumplido era como una gota de veneno en sus oídos, pero interpretó su papel a la perfección, sonriendo con dulzura y asintiendo con la cabeza.

 Sus ojos buscaron a su padre, don Alejandro, que la esperaba al inicio del pasillo con los ojos brillantes de lágrimas de felicidad. Ver a su padre, tan puro, tan ajeno a la red de mentiras que estaba a punto de atraparlos, fortaleció su resolución. Lo protegería aunque fuera lo último que hiciera. “Mi princesa, estás deslumbrante”, susurró don Alejandro, ofreciéndole su brazo, su voz quebrada por la emoción.

 Gracias, papá”, respondió ella y se sorprendió de la firmeza de su propio tono. Agarró su brazo sintiendo la solidez de su amor, un amor real y tangible en un mundo que de repente se había vuelto falso. Mientras caminaban lentamente por el pasillo alfombrado de rojo, su mirada se cruzó con la de los invitados. vio a sus tíos, a sus primos, a los amigos de la familia que la habían visto crecer, todos compartiendo la alegría de ese momento.

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