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Juan Gabriel DETUVO La Cancion en un Show Cuando vio a un Hombre Rico Burlándose de un Anciano Ciego

 Llevaba puesto su mejor traje, uno que había sido elegante décadas atrás, pero que ahora estaba gastado por los años y el uso constante. Sus zapatos estaban lustrados con cuidado, aunque nadie los vería en la oscuridad del auditorio. Pero para Margarito, vestirse bien para ver a Juan Gabriel era una forma de mostrar respeto. Cuando finalmente se sentó en su lugar en la quinta fila, sintió una emoción que no había experimentado en años.

 Había escuchado los discos de Juan Gabriel en su pequeño radio durante décadas, pero nunca había tenido el dinero suficiente para asistir a un concierto en vivo. Este año había ahorrado cada peso que pudo porque sabía que a sus 70 años quizás no tendría muchas oportunidades más. se sentó en su asiento con las manos temblando de anticipación, esperando el momento en que la voz de Juan Gabriel llenara ese espacio.

 Al lado de Margarito se sentó un hombre de aproximadamente 50 años, vestido con un traje caro que probablemente costaba más que todo lo que Margarito poseía en el mundo. El hombre llegó tarde acompañado de su esposa, ambos conversando en voz alta sobre la cena exclusiva que acababan de tener en un restaurante de lujo.

 cuando vio a Margarito sentado a su lado con su bastón blanco y su traje gastado. Su expresión cambió inmediatamente, a una de disgusto apenas disimulado. Hizo un comentario en voz baja a su esposa sobre cómo el auditorio dejaba entrar a cualquier tipo de persona sin importar su apariencia. Margarito escuchó el comentario, pero eligió ignorarlo porque no iba a permitir que nada arruinara esta noche que tanto había esperado.

 El hombre se acomodó en su asiento con una expresión de incomodidad evidente, como si la mera presencia de Margarito contaminara su experiencia exclusiva. Durante todo el inicio del concierto, el hombre continuó haciendo comentarios despectivos en voz baja, lo suficientemente alto para que Margarito los escuchara, pero no tanto como para que otros a su alrededor lo notaran.

 El concierto avanzaba con Juan Gabriel entregando una actuación magistral como solo él sabía hacer, cantando sus éxitos más grandes mientras el público coreaba cada palabra. Margarito estaba en un estado de éxtasis absoluto, su rostro iluminado por una sonrisa que no se había borrado desde que la primera nota había sonado. No podía ver las luces del escenario ni los movimientos dramáticos de Juan Gabriel, pero podía sentir cada nota, cada palabra, cada emoción que el cantante ponía en su interpretación.

 Las lágrimas corrían libremente por su rostro arrugado mientras cantaba en voz baja las canciones que había memorizado durante décadas. Sus manos se movían levemente siguiendo el ritmo de la música. Su cuerpo se balanceaba suavemente, completamente perdido en la experiencia de finalmente estar en el mismo espacio que su ídolo.

 Para Margarito, este momento justificaba cada peso que había ahorrado, cada comida que había saltado, cada sacrificio que había hecho. El hombre a su lado lo miraba con creciente irritación, viendo como Margarito disfrutaba el concierto con una intensidad que él mismo no podía sentir.

 Juan Gabriel terminó de cantar una de sus baladas más emotivas y la última nota se desvaneció en el aire dejando un silencio sagrado en el auditorio antes de que el aplauso estallara. Pero en ese preciso momento de silencio absoluto, la voz del hombre cortó el aire con una claridad brutal que miles de personas escucharon. ¿Qué haces aquí mirando al escenario si ni siquiera puedes ver nada? Deberías estar en tu casa, no desperdiciando un lugar que alguien con ojos podría estar disfrutando”, dijo con voz llena de desprecio y burla. El silencio que

siguió fue aún más profundo porque miles de personas habían escuchado esas palabras crueles y no podían creer lo que acababan de oír. Margarito bajó la cabeza avergonzado, sintiendo que todas las miradas estaban sobre él, sus manos temblando, ahora no de emoción, sino de humillación.  El hombre sonrió satisfecho pensando que nadie había escuchado, pero se  equivocaba completamente.

 Juan Gabriel estaba parado en el centro del escenario con el micrófono todavía en la mano y había escuchado cada palabra de ese insulto cruel.  Su expresión cambió inmediatamente de la sonrisa del artista satisfecho a algo mucho más serio, sus ojos buscando en las primeras filas hasta encontrar exactamente de dónde había venido esa voz.

 Juan Gabriel levantó la mano pidiendo silencio al público, que todavía no había comenzado a aplaudir después de esas palabras crueles que todos habían escuchado. El auditorio entero quedó en suspenso esperando ver qué haría el cantante. Miles de ojos mirando hacia las primeras filas donde estaba sentado Margarito con la cabeza baja.

 Juan Gabriel caminó lentamente hacia el borde del escenario, acercándose lo más posible a donde estaba el hombre que había insultado a Margarito. Su expresión era seria. Sus ojos fijos en ese hombre que ahora comenzaba a darse cuenta de que algo estaba mal. Disculpen, señoras y señores, pero acabo de escuchar algo que no puedo ignorar.

 Alguien aquí piensa que un hombre ciego no tiene derecho a estar en mi concierto, dijo Juan Gabriel con voz firme. El silencio se volvió aún más profundo, mientras miles de personas ahora sabían exactamente de quién estaba hablando Juan Gabriel. Todas las miradas se giraron hacia el hombre que había insultado a Margarito con expresiones de desaprobación y disgusto.

 Juan Gabriel continuó hablando directamente hacia donde estaba sentado el hombre sin apartar la mirada de él. Señor, usted que está sentado ahí en la segunda fila con su traje caro, déjeme decirle algo. Este señor a su lado pagó por su boleto igual que usted. Ahorró cada peso que pudo. Hizo todo lo posible para estar aquí esta noche porque ama la música.

 Su voz se elevaba con cada palabra mostrando una pasión que hacía que cada persona en ese auditorio sintiera el peso de lo que estaba diciendo. Usted dice que él está desperdiciando un lugar porque no puede ver. Pero déjeme preguntarle algo. ¿Usted está aquí porque ama la música o porque quería presumir que tiene dinero para boletos caros? El hombre intentó responder balbuceando algo sobre tener derecho a estar ahí porque había pagado mucho dinero por esos asientos.

 Juan Gabriel asintió lentamente antes de continuar hablando con voz más fuerte. Exacto. Usted habla de dinero porque para usted esto es solo una forma más de mostrar su riqueza. Pero ese señor ciego está aquí porque la música es lo único que tiene. Juan Gabriel se giró entonces hacia toda la audiencia con los brazos abiertos mirando a las miles de personas que lo observaban en completo silencio.

 Señoras y señores, déjenme enseñarles algo esta noche. La música no se escucha solo con los oídos, se escucha con el alma. Ese señor ciego puede estar sintiendo esta música de una forma que muchos de nosotros, con vista perfecta nunca sentiremos. Hizo una pausa dejando que esas palabras llegaran a cada persona presente.

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