Estaba atrapado en un papel que no tenía nada que ver con lo que estudió, pero como eso era lo que traía el pan a la mesa, se quedaba calladito y facturaba. La cosa es que se le fue la mano y abrió la boca con alguien que pesaba de verdad y ahí fue que se dio cuenta de que nadie es imprescindible. Eh, entendí que que para tú hay un límite.
¿Sabes que yo creo que a lo mejor en ese momento, en ese desenfado, este no había límites? Lo soltaron en banda para no buscarse problemas con los de arriba y ahí Rotner sintió lo que es el fracaso de verdad tocando fondo con sus propias manos. Perdió el guiso, la fama y la seguridad económica de un plumazo por no medir las consecuencias.
Pero mira cómo es la vida, que él mismo dice que ese bofetón fue lo mejor que le pasó, porque aunque lo perdió todo, al fin soltó las cadenas de ese personaje y ahora en YouTube se siente libre de ser el mismo. Tremenda lección de humildad. En el amor, la cosa con su pareja Ernesto también ha tenido sus altas y bajas porque 13 años no se fuman en pipa.
Por ahí se empezó a regar el bochinche de que la relación de Rodner se puso color de hormiga brava después del despido. Como el hombre perdió el guiso de la televisión de Cantazo, la gente decía que la estabilidad se le estaba escapando de las manos y que su pareja quería alguien firme y que estaban a punto de tirar la toalla.
Pero la realidad es que todo eso fue puro cuento de camino y habladurías de pasillo. Sí, yo te vi hace un año antes de conocernos en Arbassel, en la feria del arte de Miami, que es un evento que se hace en el Convention Center. Rotner confiesa que han estado a punto de tirar la toalla en varias ocasiones, pero que el amor es un ejercicio de negociación diaria.
Lo de no tener hijos fue una decisión tomada a conciencia. Él admite que le tiene pánico a la paternidad porque siente que los hijos son una ruleta rusa y que él hubiera sido un papá helicóptero insoportable, siempre encima de la criatura. Una muy bonita historia de amor. Es increíble. Hay veces cierto que te conozco desde toda la vida y yo siento que que sí, desde el primer día que te conocí sentía que te conocía de Prefiere volcar ese amor en sus perros y en sus sobrinos porque sabe que un hijo es un compromiso de por vida
que no estaba en su mapa. Y si de peleas con famosos hablamos, no se nos puede olvidar el choque con Paulina Rubio. En su época de verdugo de la moda, Rotner le dio hasta con el cubo del agua por una situación con unos paparazzi, siendo extremadamente incisivo y hasta injusto.
Años después, cuando se cruzaron en Telemundo, él tuvo los pantalones de pedirle disculpas cara a cara. Le pidió que lo perdonara por haber sido tan severo sin necesidad y la chica dorada, muy dama al fin, aceptó las disculpas. Hoy día se ven y se saludan con normalidad, demostrando que hasta los chismes más pesados se pueden sanar si hay voluntad.
por todas las cosas que yo en un momento dije de ti, porque fue innecesario, injusto. Otro escándalo en el que Rotner Figueroa se convirtió en protagonista fue tras la salida de su amiga María Celeste Raraz del programa al rojo vivo. Muchos aseguraron que el presentador había atacado a su excompañera, especialmente porque él continuaba trabajando en Telemundo mientras ella ya no formaba parte del programa.
No faltaron quienes lo tildaron de traidor por alabar el trabajo de quien la sustituyó en la presentación. Está perfecto que le dé la bienvenida a su nueva compañera. Ahora hablar de ego como él lo puso suena a comparación y él quedó como Judas. Por otro lado, para entender al Rodner de hoy, hay que mirar al muchachito que llegó de Venezuela con una visa de estudiante y un inglés de escuela que no le servía para mucho en la selva de asfalto.
Aunque mucha gente lo ve ahora como el fasionista de lujo, este hombre sabe lo que es sudar la gota gorda. Imagínate que en sus inicios en Estados Unidos le tocó manejar camiones para sobrevivir, algo que hoy parece un cuento de camino cuando lo ve siendo dueño de su propio avión privado.
El mismo cuenta que cuando llegó a Nueva York sintió el prejuicio contra el latino. La gente pensaba que por tener acento no era capaz, pero él se inspiró en figuras como Emilio Stefan, que con un acento más fuerte que el suyo, conquistó el mundo a base de puro pulmón y talento. Su verdadera escuela no fue solo la universidad, sino la televisión desde dentro.
Rotner no empezó siendo la estrella que todos conocemos. Él fue productor de línea en programas como Despierta América. Ahí era el que mandaba en la cabina, el que decía quién entraba, quién salía y qué comercial se tiraba. Pero un día se dio cuenta de algo que le cambió la mentalidad.
Él pasaba horas produciendo un contenido, llegaba el talento, se sentaba, se maquillaba, decía lo que él había escrito y ganaba 10 veces más que él. Ahí fue que Rodner dijo, “Espérate un momento, a mí esto no me cuadra. Yo tengo que estar delante de esa cámara.” Pero no creas que fue llegar y besar el santo.
Se sentó con María López en el gordo y la flaca y le pidió la oportunidad, pero ella lo puso a prueba. Empezó pasito a pasito. Un día hacía una pregunta en cámara, otro día salía un pedacito hasta que se fue formando. Esa base de productor es lo que lo hace un chingón hoy día, porque él sabe lo que siente el que está detrás de los controles y por eso es tan disciplinado cuando le dan una orden por el oído.

Todo ese ojo clínico para la moda no salió de la nada. Rotner se crió en un hogar que él describe como un imperio matriarcal. Estaba su mamá, su tía y su abuela, todas mujeres amantes de la elegancia y de comentar quién se veía bien y quién no. Su mamá, que fue una jueza muy importante en Venezuela, era de signo Virgo, super meticulosa y dejaba todas las noches su vestuario armado, zapatos, cartera, accesorios, todo en perfecto orden.
Rodner se quedaba embobado viendo ese ritual y de ahí sacó esa obsesión por el detalle que lo llevó a ser el fasionista número uno de la televisión hispana. En el gordo y la flaca, él mismo fue el arquitecto de su personaje. Él le propuso a la jefa ir a cubrir las semanas de la moda en Nueva York, París y Milán, pero ella le decía que eso era muy abroa para la audiencia latina.
Rotner, que es más terco que una mula cuando se le mete algo en la cabeza, le insistió en que él buscaría las historias humanas de los diseñadores latinos para bajar esa información al pueblo. Así fue como se hizo íntimo de leyendas como Carolina Herrera y Óscar de la Renta, ganando una credibilidad que nadie le podía tumbar.
De hecho, él dice que muchos de los que ahora intentan hablar de moda en la tele son unos payasos que ni saben pronunciar los nombres de los diseñadores, confundiendo Versche con Versachi. Después del sacudón de Univisión, Rodner pasó 2 años y medio en el limbo, pero no estuvo perdiendo el tiempo.
Se dedicó a sanar su espíritu, a hacer yoga y a perdonarse a sí mismo. Cuando finalmente regresó a la televisión con Telemundo, lo hizo bajo sus propios términos. le dejó claro a los jefes que no venía a hacer el verdugo de antes. De ahí nació su segmento Cara a Cara, donde entrevistaba a los artistas desde la humanidad y no desde la vanidad.
Hoy por hoy, Rodner ha entendido que su verdadero jefe no es un ejecutivo de corbata, sino tú que le das play a su contenido. Su podcast Cara a Cara con Rodner es un éxito rotundo con millones de visualizaciones, donde ha logrado que estrellas como Januca Bachi o Jorge Ramos se abrán de una manera que nunca lo hicieron en la televisión tradicional.
Además se lanzó como empresario con su línea de ropa Rodner Figueroa Style y su café Cinco gotas que viene de las fincas de la familia de Ernesto en El Salvador. Al principio le dio pena que lo vieran vendiendo ropa en ferias pensando en el que dirán por ser una figura de la tele.
Pero cuando vio que el negocio facturaba miles de dólares, se le quitó la bobería rápido. El que dirán no paga mis cuentas, soltó con toda la razón del mundo. Oye esto que el chisme de su salida del closet no fue tan glamoroso como muchos piensan. Rotner creció en una Venezuela donde ser gay no era algo que se celebraba en la plaza pública y menos con dos hermanos que eran la definición del macho alfa, uno profesor de artes marciales y el otro un atleta de deportes extremos.
Aunque él sabía desde chamaquito que lo suyo era el arte, la poesía y la pintura, le metió el freno de mano a su naturaleza por puro prejuicio social. Durante sus 17 años en El Gordo y la Flaca, él nunca ocultó quién era, pero tampoco lo andaba gritando a los cuatro vientos porque una productora lo tenía amedrentado diciéndole que si salía del closet le pasaría como a Recky Morgía la mitad de su fanaticada.
Pero la vida te da sorpresas. Antes de conocer a Ernesto, Rotner estaba saliendo con un muchacho y se despidieron con un beso en un estacionamiento de Lenken Road en Miami Beach. SAS, un paparazzi los pilló y las fotos salieron en todos lados. Rodner pensó que ese era el fin, que le iban a cancelar el estreno de su programa Sal y pimienta.
Pero lo que pasó fue de película. El presidente de la cadena, Luis Fernández, lo llamó a su oficina y en vez de votarlo, le dijo que no podía haber pedido mejor publicidad para el programa. El tipo es un visionario y sabía que el morvo vende. Eso sí, el muchacho con el que se besó no aguantó la presión de la prensa y desapareció del mapa haciendo un control al delite en la vida de Rotner.
Trabajar en la televisión no es un jardín de rosas, es más bien un nido de víboras si no te cuidas. Rotner confiesa que aunque en el gordo y la flaca se sentaba en las piernas de Raúl de Molina y chismeaba con Lily Stefan en su oficina privada de maquillaje, la cosa en su propio show, sal y pimienta, era a otro precio.
Él sentía que el ego les jugó una mala pasada a todos. Había grupitos, intrigas y chismes de pasillo que lo tenían harto. Incluso cuenta que una vez tuvo un encontronazo fuerte con la asistente de un alto ejecutivo porque ella quería que él se retractara de una crítica de moda que le hizo a una actriz famosa que era la novia del jefe.
Rodner se plantó y le dijo que él no iba a poner en duda su criterio profesional solo por proteger los intereses amorosos de un ejecutivo. Ese día se ganó una tarjeta roja que, según él le pasaría factura después. Él sostiene que el éxito de ese programa se basaba en su sagacidad, pero que el ambiente era tan tóxico que salía agotado emocionalmente.
Dice que mucha gente en esta industria trata de apagarle la luz al otro para brillar ellos, algo que va en contra de la escuela que aprendió con Raúl y Lili, quienes siempre dejaron que los demás talentos crecieran a su lado. Al final, él lo dice clarito. ¿Dónde está sal y pimienta hoy? Ya no existe. Ese es el peso de su verdad.
Tú te imaginarás que siendo el experto en moda, Rodner se convirtió en el confesor de las famosas. Y asimismo fue. Él cuenta que muchas estrellas le mandaban fotos desde el vestidor o lo hacían llamar al camerino antes de una alfombra roja para que les diera el visto bueno. Pero no todo era glamour, a veces era puro corazón.
Por ejemplo, recuerda con mucha ternura a un jeboden jovencito nominado por primera vez al Grammy, que solo tenía un rack con tres piezas de ropa en un camerino de Las Vegas. Rotner le dio la entrevista y el espaldarazo cuando nadie lo conocía y por eso hoy día el colombiano lo saluda con un cariño especial.
También tiene anécdotas de impacto, como el día que le dio un golpe accidental a Selena Quintanilla. Él venía corriendo por los pasillos de Telemundo con unos cassetes enormes y al abrir una puerta sin ventana, pum, la chocó contra la pared. Se quería morir cuando vio que era ella, pero la reina del Jackmax, en vez de ponerse soberbia, se preocupó porque él no se sintiera mal.
O la vez que le regaló una estatuilla de Oscarro chiquitica a Janfer López cuando había rumores de su nominación. J lo amó el detalle demostrando que en ese mundo los pequeños gestos son los que de verdad abren puertas. Si algo tiene Rodner hoy es que no le tiene miedo a nada. Él cree firmemente en el karma.
Dice que la gente que lo traicionó o que se colgó de su desgracia tarde o temprano recibirá lo suyo. Pero él prefirió convertir ese karma en arma, es decir, en un propósito positivo. Por eso hoy no acepta cualquier gizo. Rechazó entrar a la casa de los famosos de Telemundo a pesar de que el dinero era una tentación enorme, porque no está dispuesto a comprometer su paz espiritual ni a meterse en un entorno de baja vibración.
Él ya sabe cuánto vale y no se vende al mejor postor si eso significa perder el sueño. Su rutina diaria es su templo. Se levanta a las 5:30 de la mañana, agradece a Dios por estar vivo, saca al perro, hace el café y se va al gimnasio. Es un tipo activo que no se queda quieto y que ha aprendido que la elegancia no es tener el logo de una marca pegado en la frente, sino en cómo tratas a la gente y en la bondad que demuestras.
Si tú crees que Rodner Figueroa es solo trapos y chismes de pasillo, estás bien pelado. El tipo tiene un corazón que no le cabe en el pecho y lo demuestra con su We found Foundation, un proyecto que lleva más de 10 años operando calladito, sin buscar el aplauso fácil. Todo empezó por la crisis en su natal Venezuela, pero la cosa creció tanto que ya han llevado ayuda a México, El Salvador, República Dominicana, Haití, Colombia, Brasil y Honduras.
Él lo dice claro, Dios le trae más bendiciones cuando él toca la vida de los demás. Y ese sentimiento de ayudar viene de ver las carencias en los barrios de su país, mientras él crecía con los privilegios de una clase media profesional. Pero no nos llamemos a engaño, que la resiliencia también se traduce en billetes.
Rotner ha sabido diversificar sus huevos en diferentes canastas porque aprendió por las malas que depender de un solo cheque es un suicidio financiero. Su marca de café, Cinco gotas no es un invento de marketing, es una tradición de 150 años de la familia de su pareja Ernesto en El Salvador.
El nombre viene de una técnica de los capataces en la finca. Cuando exprimes el grano y salen exactamente cinco gotas de miel, es que el café está en su punto para la cosecha. Raúl de Molina se burlaba diciéndole que lo iban a demandar por el parecido con el jamón 5J, pero Rodner le cayó la boca con la historia real detrás del grano.
Hoy por hoy tiene seis variedades en el mercado y factura lo que muchos en la televisión solo sueñan. El verdadero palo de Rotner en esta era digital ha sido su podcast cara a cara con Rotner. No es solo prender una cámara y hablar por hablar, es un espacio donde él ha logrado lo que las grandes cadenas no pudieron.
Por ejemplo, fue el único comunicador de habla hispana en Estados Unidos que logró sentar a Hianu Bachi para que contara su historia de vida completa. O el episodio con Jorge Ramos, que tiene más de 1.6 millones de visualizaciones, porque la gente pudo ver al periodista fuera de su armadura de noticias hablando como un ser humano común y corriente.
En ese set han pasado cosas que se vuelven titulares en la prensa internacional en cuestión de minutos. Jackie Guerrido habló allí por primera vez de su divorcio y Gen Carlos Canela soltó anécdotas de su relación con Gabi Espino que nunca se habían escuchado. Para Rodner, el éxito ya no es un premio EMI ni un contrato de millón de dólares. El éxito es vivir en paz.
Se dio cuenta de que sin paz no hay salud y que te enfermas del espíritu tratando de complacer a gente que no te valora. Su mayor orgullo es que ha construido su patrimonio personal sin tener que comprometer su integridad ni tomar atajos turbios. Él quiere ser recordado como una persona que sirvió de vehículo para ayudar a otros, alguien que no se achicopaló cuando la vida le dio el golpe más bajo de su carrera.
Su mensaje para todos los que están pasando por una tormenta es poderoso. Cuando tocas fondo, ya no hay más abajo de eso. De ahí solo se puede ir hacia arriba. Él perdió todo lo que construyó en 23 años de carrera en un segundo. Y aunque colegas le dijeron que si eso les pasaba a ellos se morían, Rodner decidió reconstruirse desde las cenizas con más fuerza que antes.
Hoy camina ligero, sin los cueros que le pesaban en su etapa de verdugo y con la frente en alto, porque sabe que un error de segundos no define el resto de su vida. Bueno, mi gente, hasta aquí llegamos con esta radiografía intensa de la vida de Rotner Figueroa, una historia que nos enseña que las caídas son solo impulsos y que la verdadera elegancia está en el alma.

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