Aquello terminó desgastando el matrimonio hasta llevarlo al divorcio hacia 1972. Pero la separación no fue sencilla. También vino una batalla legal por la custodia de su hijo. Una lucha que debió dolerle profundamente a una mujer que además de artista también era madre. Y mientras su vida familiar se sacudía, el teatro también traía su propio escándalo.
Durante su participación en vaselina, según se cuenta, Alma fue sorprendida en brazos de Benny y Barra dentro de su camerino y nada más y nada menos que por la mismísima Yulisa. Y mire usted qué ironía, porque se decía que Benny no era precisamente la definición andante de fidelidad para Yulisa, pero aún así el golpe habría sido tremendo.
No era cualquier mujer, era Alma Muriel, joven, bella, intensa, con esa presencia que podía llenar un escenario entero. El supuesto descubrimiento fue tan fuerte que Yulisa habría dejado la obra y también su matrimonio con Benny, con quien ya tenía dos hijos. Pero si alguien pensaba que ahí terminaban las historias candentes, todavía faltaba más.
A mediados de los 70, Alma inició una relación con el actor chileno Ricardo Cortés. El detalle era que Ricardo estaba casado con Lola Jiménez, sobrina nada menos que de José Alfredo Jiménez y madre de sus hijas Laura Cortés y Lolita Cortés. quien años después sería conocida como la jueza de hierro. Y aquí la historia parece repetirse con otro escenario, porque según se dice, cuando Lola regresó de una gira, encontró a Ricardo y a Alma en su propia recámara.
Esta vez no fue un camerino, no fue un rumor de pasillo teatral, habría sido la casa, el cuarto, el lugar donde más duele una traición. Aquello provocó la separación y el final del matrimonio de Ricardo con Lola. Después, Alma y Ricardo formaron su propia historia. Aunque tampoco fue eterna, su matrimonio terminó en 1980. De esa relación nació Lisa, su segunda hija, quien más adelante también se dedicaría al mundo de la publicidad.
Y aunque Alma seguía brillando como actriz, su vida amorosa parecía escrita como una telenovela de las más intensas: Amores prohibidos, esposas sorprendidas, matrimonios rotos y una mujer que entre la pasión y el juicio público seguía caminando con la frente en alto. entra mi padre con Alma Muriel en la casa y dice, “Bueno, pues yo creo que esto pues ya definitivamente se Después de cerrar su historia con Ricardo Cortés, Alma Muriel no encontró precisamente la calma, al contrario, su vida sentimental entró en una etapa
todavía más intensa, de esas que parecen escritas con tinta de melodrama, pero que fuera de la pantalla duelen mucho más, porque una cosa era verla en televisión con esa mirada dura, elegante, casi impenetrable y otra muy distinta era imaginar lo que cargaba por dentro cuando las cámaras se apagaban. Tras aquella separación, Alma tuvo un romance sonado y tormentoso con el cantautor José María Napoleón, un hombre de letras profundas, de canciones sentidas y de fama creciente.
En apariencia, aquello podía parecer una historia de amor llena de poesía, pasión y promesas bonitas. Pero según se cuenta, la relación fue mucho más complicada de lo que se veía desde afuera. Había intensidad, sí, pero también heridas, desencuentros y un desgaste emocional que poco a poco fue dejando huella.
Con Napoleón, Alma llegó a embarazarse y ese momento que pudo haber representado una nueva ilusión en su vida terminó convirtiéndose en una de sus pérdidas más dolorosas. Trágicamente perdió a su hijo antes de que naciera. Para una mujer que ya había vivido separaciones, juicios, críticas y amores difíciles, aquel golpe fue de otra dimensión.
No era solamente una ruptura amorosa, era una ausencia que ni siquiera alcanzó a tener rostro, pero que se quedó clavada en el alma. Se cuenta que después de esa pérdida, Alma cayó en una profunda melancolía. Su carácter fuerte no desapareció, pero por dentro algo se quebró. Y aunque muchas veces el público cree que los artistas pueden seguir como si nada, subirse al escenario, grabar escenas y sonreír en entrevistas, lo cierto es que el dolor no pide permiso.
Recuerda a la señora Alma de una manera muy especial. Recuerdo a todas las personas que me han hecho favor de existir. Aquella tristeza terminó pesando demasiado en la relación hasta que finalmente la historia con Napoleón llegó a su final definitivo. Tiempo después, Alma Muriel volvió a apostar por el amor, esta vez con Alejandro Camacho, un actor con presencia, carácter y mucho futuro dentro de la televisión mexicana.
La relación, según se cuenta, duró alrededor de 4 años y no fue cualquier noviazgo de pasillo ni romance de revista. Se dice que incluso llegaron a vivir juntos como si por fin Alma hubiera encontrado un poquito de estabilidad después de tantas historias amorosas llenas de golpes, rumores y desencantos.
Pero otra vez, como si su vida sentimental tuviera escrita la palabra tormenta en letras grandes, el amor volvió a cobrarle factura. Alejandro Camacho participó en la telenovela La traición de Televisa y ahí compartió créditos con una actriz joven, bella y de presencia imponente, Rebeca Jones. Y según se cuenta, entre escena y escena, entre llamados, camerinos y jornadas largas de grabación, comenzó a nacer algo más que química profesional.
El detalle claro era que aquello venía cargado de enredos por todos lados porque Alejandro Camacho tenía una relación con Alma Muriel, pero Rebecca Jones también tenía pareja en ese momento, nada más y nada menos que Humberto Zurita. Y para ponerle más chile al guisado, Humberto y Alejandro eran grandes amigos.
O sea, si alguien estaba buscando una telenovela fuera de la pantalla, ahí la tenía servida con todo y drama de horario estelar. Según se dijo durante años. Alejandro terminó siéndole infiel a Alma con Rebeca y esa herida se abrió todavía más cuando en 1985 Camacho se casó con Rebeca Jones. Para Alma aquello habría sido un golpe durísimo, no solo porque perdía una relación importante, sino porque otra vez se repetía ese patrón doloroso.
Amores intensos, promesas, ilusiones y al final una traición que la dejaba recogiendo los pedazos. ¿Pero por qué no me lo dijiste antes? Porque no quería decírtelo hasta no estar segura. Sin embargo, lejos de convertir aquello en una guerra pública, Alma decidió guardar la dignidad. Con el tiempo mantuvo una relación profesional correcta con Alejandro Camacho e incluso llegó a entablar amistad con Rebeca Jones.
Pero por dentro, según se cuenta, algo cambió para siempre. Después de esa desilusión, Alma habría tomado una decisión tajante, no volver a involucrarse sentimentalmente con ningún hombre y menos si era del medio artístico. Se dice que Alma entendió que durante años, por cuidar parejas, por procurar amores y por intentar sostener relaciones complicadas, se había descuidado a sí misma, no solo físicamente, sino emocionalmente.
Había cargado soledad, necesidad de compañía y heridas que no siempre se veían, pero que pesaban. y por eso decidió quedarse prácticamente sola, no como derrota, sino como una forma de protegerse y y sucedan cosas para mí es tremendamente gratificante. Pasó el tiempo y en 2008 llegó una etapa clave.
Alma Muriel participó en fuego en la sangre, su última telenovela en Televisa, donde volvió a interpretar a una villana con esa fuerza que tamban bien sabía manejar. le fue bien porque talento le sobraba, pero poco a poco los productores comenzaron a llamarla menos. Alma ya era una actriz madura, consagrada, hermosa todavía, con oficio de sobra.
Pero en una industria tan cruel como la televisión, la experiencia muchas veces pesa menos que la juventud. Y así, la mujer que durante años llenó la pantalla con presencia, misterio y carácter, empezó a quedar relegada. Su última obra de teatro fue Magnolias de acero, como si el destino quisiera cerrar su camino artístico con un título que le quedaba perfecto.
Porque Alma Muriel, con todos sus golpes, amores fallidos, escándalos y silencios, era justamente eso, una mujer de acero, pero con cicatrices por dentro. Pero como si la vida sentimental de Alma Muriel no hubiera tenido ya suficientes vueltas. También hubo otro rumor que durante años caminó por los pasillos de la farándula mexicana con tacones, perfume caro y veneno en la lengua.
Porque según las malas lenguas, Alma también habría tenido una relación con nada más y nada menos que don Enrique Lisalde, aquel galarazo de voz profunda, presencia elegante y mirada de señor de telenovela que no necesitaba levantar la ceja para imponer respeto. Y aquí es donde el chisme se pone más espinoso, porque se decía que cuando esa supuesta relación comenzó, Enrique Lizalde ya tenía una vida hecha.
Estaba casado, tenía familia y era esposo de Tita Grieg. Pero según se rumoraba en el ambiente artístico, eso no habría impedido que Alma entrara en su vida como una de esas pasiones intensas que no piden permiso y que tampoco preguntan a quién van a lastimar. Durante mucho tiempo se comentó que Alma sabía perfectamente que don Enrique era un hombre casado y aún así, según estas versiones, la relación habría seguido adelante, envuelta en deseo, secretos y discusiones.
¿Por qué mi vida si me adelanto a tus pensamientos es porque no quiero que sufras? Porque si algo se decía de alma es que era una mujer bellísima, talentosa, magnética, pero también de carácter fuerte. No era de las que se quedaban calladas ni de las que fingían que no les toría una sospecha.
Y ahí, según el chisme, comenzaron las escenas de celos. Se decía que Alma podía ser intensa cuando amaba. De esas mujeres que no se conformaban con migajas ni con promesas dichas a media luz. Y con Enrique Lizalde, según cuentan, la situación habría llegado a momentos bastante fuertes. Una de las versiones más escandalosas asegura que durante una discusión, Alma rompió una botella de vidrio y con esa misma se lastimó el vientre.
Así de grave, así de dramático, así de novelesco. Claro, esto pertenece al terreno del rumor, de lo que se contó, de lo que se repitió en voz baja, pero vaya que el relato se quedó pegado a su historia como una sombra incómoda. Según esas mismas versiones, los pleitos, los celos y la intensidad terminaron por desgastar aquella relación hasta llevarla al final.
Si ocurrió exactamente así o si con los años el chisme fue creciendo como bola de nieve, eso solo lo sabrían los involucrados. Pero lo cierto es que Alma Muriel cargó durante mucho tiempo con una fama pesada, la de mujer hermosa, talentosa, irresistible, pero también señalada por algunos como una mujer que se metía en matrimonios ajenos.
me ha conformado con ser solo eso, una recogida. Y aunque ese juicio pudo haber sido injusto, exagerado o alimentado por el morbo de la época, la etiqueta la persiguió. Porque en el mundo del espectáculo a veces no basta con ser una gran actriz, también te convierten en personaje de tu propia telenovela. Y Alma, con su belleza, su carácter y sus amores turbulentos, terminó siendo vista por muchos como una villana dentro y fuera de la pantalla.
Ahora sí, amigos, lo prometido es deuda, porque aquí viene el verdadero desteje y maneje de este enredo familiar que parece telenovela, pero de esas que ni el guionista más inspirado se hubiera aventado tan fácil. Resulta que cuando Alma Muriel se unió sentimentalmente con el actor chileno Ricardo Cortés, no solo inició una nueva relación amorosa, también entró a una familia que ya tenía su propia historia, sus heridas y sus pequeños protagonistas.
Ricardo venía de su matrimonio con Dolores Lola Jiménez, sobrina del gran José Alfredo Jiménez. y con ella había tenido dos hijas, Laura Cortés y Lolita Cortés, quien con los años se convertiría en una de las figuras más fuertes del teatro musical en México, la famosa jueza de hierro. Pero en ese momento Lolita era apenas una niña, una chiquilla que convivía con la nueva familia que se estaba formando alrededor de su papá.
Alma y Ricardo tuvieron una hija llamada Lisa y así comenzó una convivencia bastante peculiar entre los hijos de ambos lados, Laura, Lolita, Lisa y también Sergio Romo Muriel, el primer hijo de alma. Como Ricardo procuraba que todos convivieran, aquellos niños crecieron viéndose como parte de una misma familia, aunque el origen de esa unión viniera cargado de polémica.
Porque no hay que olvidar que, según se contó, la relación entre Alma y Ricardo nació mientras él todavía estaba casado con Dolores. Yo conocí a mi a mi hermano que no, pues sí, hermanast astro, no de sangre ni nada, yo lo conocí. Y aquí es donde la historia se pone todavía más retorcida. Se dice que Lolita conoció a Sergio cuando ella tenía apenas 5 años.
Claro, era una niña, pero con el paso del tiempo esa convivencia de familia fue cambiando. Los años pasaron, Lolita creció, Sergio también. Y lo que antes parecía una relación casi de hermanastros terminó transformándose en un romance. Al principio, según se cuenta, lo mantuvieron en secreto porque sabían que aquello podía levantar cejas por todos lados.
¿Cómo iban a reaccionar Dolores, la mamá de Lolita, y Alma, la mamá de Sergio? Si de por sí ya había historia, heridas y matrimonios rotos de por medio, aquello parecía echarle más leña al fuego. Pero Lolita y Sergio se empeñaron y finalmente las familias tuvieron que aceptar esa relación. Y así la vida dio una vuelta rarísima. Yo lo conocí, yo tendría 5 o 6 años, yo lo conozco y me enamoro perdidamente.
Alma Muriel terminó convirtiéndose en suegra de quien antes había sido su exijastra. Nada más para que vean cómo la realidad a veces supera cualquier melodrama. Pero no todo fue escándalo. También hubo un lazo muy importante entre Alma y Lolita. Aunque Ricardo Cortés era actor y Lola Jiménez también venía del mundo artístico, ellos querían que su hija estudiara una carrera más académica y no necesariamente que se metiera tan pronto al espectáculo.
Sin embargo, Alma Muriel fue quien notó ese talento especial en Lolita cuando todavía era una niña. Fue ella quien la impulsó a audicionar para Anita la huerfanita. Y para sorpresa de muchos, Lolita no solo quedó en el elenco, se quedó con el papel protagónico. Ahí empezó una carrera que después la llevaría a convertirse en una figura clave del teatro musical mexicano.
Con el tiempo, la relación entre Alma y Lolita se volvió muy cercana. Lolita se casó con Sergio Romo Muriel y juntos tuvieron dos hijos, Mariano y Dariana, los dos únicos nietos de Alma Muriel. Pero aunque el matrimonio de Lolita y Sergio terminó en 2001, el cariño entre Lolita y Alma no se rompió tan fácilmente.
De hecho, según se cuenta, para cuando Lolita se separó de Sergio, su relación con Alma ya era casi como de madre e hija. Se llevaban tan bien que Lolita incluso le hablaba mucho de Alma a su propia mamá. Y ahí está lo más curioso de todo este enredo. Alma Muriel, la mujer señalada por haber entrado en la vida de Ricardo Cortés cuando él todavía tenía una familia, terminó siendo también una figura clave en la carrera de Lolita Cortés y una presencia entrañable en su vida.
Así era Alma, polémica para unos, villana para otros, pero también una mujer capaz de marcar destinos, abrir puertas y dejar huellas donde menos se esperaba. Se había dicho que tu hijo Sergio era hijo de una relación que tuviste con Joaquín. Lo cierto, amigos, es que después de tantos golpes emocionales, Alma Muriel llegó a un punto en el que decidió bajarse de esa montaña rusa llamada Amor.
Según se cuenta, se juró a sí misma no volver a enamorarse y mucho menos relacionarse con hombres del medio artístico. Ya había amado, ya había sufrido, ya había cargado con rumores, señalamientos, decepciones y traiciones. Y aunque muchos la recordaban como una mujer intensa, apasionada y de carácter explosivo, también era una mujer que por dentro ya venía cansada de entregar tanto y recibir tan poco.
Con el paso del tiempo, Alma sintió que la Ciudad de México ya no era para ella. El trabajo comenzó a escasear. Los productores ya no la llamaban como antes y esa industria que un día la llenó de reflectores, de pronto empezó a dejarla en silencio. Sus hijos ya habían hecho su vida, no tenía pareja y ella buscaba algo que durante años tal vez le había faltado, tranquilidad.
Por eso decidió irse a vivir a Playa del Carmen Quintana Ro, un lugar que le ofrecía mar, clima cálido y una paz que, según ella, la ayudaba más que el frío de la capital. Además, una de sus hermanas ya vivía ahí desde hacía un par de años, así que Alma no estaba completamente sola. En Playa del Carmen, Alma se dedicó a escribir, a recuperar su calma y a cuidar esa paz espiritual que tanto le importaba.
Ya no estaba metida en la actuación, ya no esperaba llamados de productores, ya no perseguía a los reflectores, parecía haber encontrado una especie de refugio lejos del ruido, lejos del chisme y lejos de esos amores que tanto la habían marcado. Lo que sucede es que últimamente hecho de mala y los papeles así que tienen como mayor pegue.
Pero el domingo 5 de enero de 2014 la historia dio su último golpe. Cerca del mediodía llegó a su casa su asistente doméstica Estela Saldaña, una mujer de confianza que tenía acceso al fraccionamiento y a la vivienda. Al entrar notó algo extraño. Alma no estaba activa como de costumbre. Tocó la puerta de su recámara y la actriz respondió con una voz muy débil.
Cuando Estera entró, la encontró despeinada, sin bañarse, sin maquillarse y sin haberse levantado de la cama. Algo muy raro en una mujer tan activa como ella. Alma le dijo que se sentía mal. Más tarde pidió ayuda para ir al baño porque no podía levantarse sola. Estaba muy pálida, sin fuerzas. Apenas podía caminar.
En un momento se desvaneció. Estela intentó ayudarla, la regresó a la cama, pero las horas pasaron y Alma ya no reaccionaba. Cuando llegaron los servicios de emergencia ya no había nada que hacer. Alma Muriel había fallecido a causa de un infarto masivo al miocardio a los 62 años. La noticia golpeó al medio artístico. Figuras como Lucía Méndez, Patricia Reyes Espíndola y Rocío Vanquels expresaron su pesar.
Lolita Cortés, quien había sido su exijastra, nuera y madre de sus nietos, estaba en la ciudad de México y aunque quiso viajar a Quintana Ro, finalmente decidió quedarse para cumplir con su función de teatro y dedicársela a Alma. Un gesto que decía mucho de ese lazo tan extraño, tan complejo, pero también tan profundo que habían construido con los años.
Sus cenizas fueron divididas, una parte fue esparcida en las aguas del mar Caribe, ese mar que tanto amó, y otra parte quedó en el mausoleo de la familia Muriel del Sordo. Ma Muriel falleció este domingo a los 62 años a causa de un infarto. Esto en su casa de playa allá en Quintana. Así cerró la historia de una actriz con más de 45 años de carrera, cerca de 34 películas, 30 telenovelas e incontables obras de teatro.
Una mujer bella, fuerte, intensa, explosiva y apasionada, que en la pantalla fue villana, pero en la vida real quizá solo fue una mujer buscando amor, paz y un lugar donde por fin dejar de pelear contra sus propios fantasmas. Y ahora, dime tú, ¿cómo recuerdas a Alma Muriel? como la villana elegante de las telenovelas, como la mujer intensa de los grandes escándalos o como una actriz que simplemente vivió y amó demasiado fuerte.
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