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La Triste Historia de Luis de Alba | Maribel Fernandez Lo Amó con Locura.

La Triste Historia de Luis de Alba | Maribel Fernandez Lo Amó con Locura.

Hoy les vamos a contar la historia de un actor y comediante que desde muy chiquito mostró habilidades para la actuación y la comedia y que creó a muchos personajes que pasaron a formar parte de la cultura popular mexicana. Estudió dirección de orquestas en la UNAM y en la Ibero la carrera de relaciones industriales.

 Comenzó como actor de doblaje como Solín. El compañero de Calimán, quien era interpretado por Luis Manuel Pelayo, programa que duró más de 18 años. A pesar de que ya le iba bien, terminó de estudiar para complacer a su papá. Así es, amigos. Hablaremos de Luis de Alba, cuyo nombre completo es Luis Alba García.

 Nació el 7 de marzo de 1945 en Veracruz. Aunque en realidad buena parte de la historia que lo marcaría no arrancó ahí, sino en la ciudad de México, a donde llegó siendo todavía muy niño. Y los comediantes, la fórmula, Claro. Baile, canto, revista. Claro. Y es que una cosa es el lugar donde se nace y otra muy distinta, el lugar donde de verdad se forma el carácter, el modo de hablar, la manera de mirar a la gente y hasta el tipo de humor que uno termina cargando toda la vida.

En el caso de Luis, ese lugar fue nada menos que La Lagunilla, uno de los barrios más populares, más movidos y también más rudos de la capital. Comer tacos desadeado por donde está el Teatro Blanquita y luego con los mariachis. Ahí entre el ruido del mercado, el ir y venir de la gente, las ocurrencias del barrio, los gritos, las bromas y esa picardía tan chilanga que no se aprende en ninguna escuela, fue donde Luis empezó a absorber todo lo que más tarde convertiría en oro para la comedia.

Porque antes de ser figura de la televisión, antes de volverse un rostro reconocido en el cine y antes de crear personajes que hoy son parte de la cultura popular mexicana, Luis fue simplemente un chamaco observador, inquieto y con el oído bien despierto, de esos que no solo oyen lo que la gente dice, sino cómo lo dice.

 Y eso, aunque en ese momento nadie lo imaginara, le iba a servir muchísimo. Mi nuevo compañero. Ah, dirás mi medio compañero. Parte de esa formación también vino de su propia familia. Su papá trabajaba como funcionario en un juzgado de paz, mientras que su mamá tenía una vena artística muy especial porque componía canciones para tríos, entre ellos los tecolines.

 O sea, el ambiente en su casa no era completamente ajeno al mundo del espectáculo. Había cierta sensibilidad artística, cierto gusto por la música, por la interpretación, por el ritmo de las palabras. Así que Luis creció entre dos mundos, el de la vida cotidiana, dura y real del barrio, y el de la música, la creatividad y la escena. Desde muy pequeño mostró que traía algo distinto.

 No era el típico niño callado que se quedaba en una esquina viendo pasar la vida. No. A él le gustaba participar, cantar, actuar, meterse en actividades artísticas. De hecho, uno de sus primeros grandes impulsos vino gracias a su abuelita, quien le habló de un concurso de canto infantil en el que el ganador haría un comercial de dulces.

Luis fue, participó y ganó cantando serenata huasteca. Bueno, abusado, tú te metes por la parte de atrás, yo por adelante y en el mero centro de la casa les ponemos en la madre. Y aunque pudiera parecer un detalle pequeño, la verdad es que ese momento fue clave, porque ahí empezó a quedar claro que el chamaco no solo tenía gracia, también tenía presencia, seguridad y talento natural para pararse frente a la gente.

 Desde entonces comenzó a meterse cada vez más en concursos y actividades artísticas sin dejar de estudiar y poco a poco, casi sin hacer mucho ruido, al principio, empezó a abrirse camino un muchacho veracruzano criado en la capital que más adelante terminaría convirtiéndose en uno de los comediantes más recordados de México.

 Era te lo advierto, hijo de Sochimilco. Y miren, amigos. Si algo quedó claro desde muy temprano en la vida de Luis de Alba, es que no era un niño cualquiera. Desde chamaco traía el gusto por cantar, por pararse frente a la gente y por llamar la atención con talento, no nada más con ocurrencias. Después de empezar a destacar en concursos infantiles, su camino comenzó a tomar forma cuando tuvo contacto con un mundo que para muchos era un sueño lejano, el de la radio, la televisión y los escenarios grandes.

 Y lo más interesante es que no llegó de golpe convertido en estrella, sino que se fue fogueando poco a poco, aprendiendo desde abajo, observando y agarrando tablas como se hace de verdad. Uno de los recuerdos que más lo marcaron fue cuando siendo niño sus papás lo llevaron al teatro Blanquita. Ahí vio a figuras enormes como Pedro Infante, Jorge Negrete, Celia Cruz y la Sonora Santanera.

 Aquello más que un simple paseo fue como una sacudida. Porque una cosa es que a un niño le guste cantar y otra muy distinta es que vea de cerca a los grandes del espectáculo y sienta que ese también puede ser su mundo. Desde entonces, Luis comenzó a meterse con más ganas en actividades artísticas. Ese impulso lo llevó a seguir concursando hasta que uno de esos certámenes le cambió la vida.

 Participó en un concurso infantil dentro de las instalaciones de Telesistema Mexicano, la empresa que con el tiempo se convertiría en Televisa. Y ahí llamó la atención nada menos que de Emilio Azcárraga Vidaurreta. A partir de ese momento, Luis empezó a trabajar en medios, no solo cantando, sino también haciendo doblaje, participando en radionovelas, operetas y sarzuelas.

 Fue una etapa muy importante porque le permitió aprender disciplina, perder el miedo y volverse un artista mucho más completo. Nada, nada más estoy aquí. Este es que mi novia dice que soy bien jodo, compadre. Entonces, estoy gastando. Entre esos primeros trabajos destaca su participación como Solín, el inseparable compañero de Calimán en la famosa serie de radio.

 Esa voz empezó a hacerse muy conocida y aunque todavía faltaba mucho para que explotara su faceta más popular, ahí ya se notaba que Luis tenía carisma y una manera muy especial de conectar con la gente. Más adelante siguió creciendo como actor y apareció en telenovelas como Gutierritos en 1966. Pero el verdadero gran giro llegó cuando entró a trabajar con Eduardo Manzano tras la etapa de los poliboses.

 Ahí comenzó a desarrollar personajes, a improvisar y a entender que lo suyo era definitivamente el humor. Esa escuela le abrió las puertas para que años después tuviera su propio programa, El mundo de Luis de Alba, estrenado en 1978. Vamos a echar al hermano sol, que se me cayó por acá la pelota que vamos a dar dos piruetas.

A partir de ahí, su carrera agarró vuelo con muchísima fuerza. En cine participó en más de 80 películas y su filmografía incluye títulos como Noches de cabaret, las reinas del talón, Entre Melón y Melames, Picardía Mexicana, La pulquería, Los Verduleros, Las Calenturas de Juan Camanei, Juan Camaney en Acapulco y Los Pajarracos, entre muchas otras.

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