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la triste historia de Julio Preciado | A punto de Morir

la triste historia de Julio Preciado | A punto de Morir

La triste historia de Julio Preciado. ¿Qué ondas, amigos de las intrigas de Herverín? Hoy nos vamos a meter en la historia de Julio Preciado, el famoso gigante de la banda, un personaje que ha pasado por todo, éxito, polémicas, excesos y momentos donde estuvo al límite. Así que si todavía no formas parte de nuestra familia Herberín, no esperes más y suscríbete, porque lo que viene es puro chisme del bueno, sin filtro y como a ustedes les gusta.

Del barrio con carácter a la voz que retumbó en la banda. Mazatlán Sinaloa es cuna de grandes artistas, de músicos talentosos y de voces que retumban como un trueno. Tierra donde la música se respira, pero también donde la gente se forma con carácter, con trabajo y con esa mentalidad de no rajarse.

 Ahí empezó a escribirse la historia de Julio Preciado. Desde chamaco la cosa no estaba fácil. En su casa no había figura paterna presente, ya que ese hombre, desde que se dio cuenta que su madre estaba embarazada, se hizo humo. Desapareció del mapa porque ya tenía otra familia. Así que el peso del hogar lo cargaban su mamá y su abuela, dos mujeres luchadoras que no se doblaban ante nada.

Con un matrimonio. Él este tiene relaciones con mi mamá. Yo yo soy el hijo que sale de esa relación. ¿Te hizo falta tu papá? En algunos momentos creo que creo que no hay una persona que diga, “No, a mí no me suelta y pare, creo que sí te hace falta.” Y cuando creces viendo eso, no te queda de otra más que hacerte fuerte o te come la vida.

 Ahí fue donde se empezó a cocinar ese temperamento intenso, explosivo, pero bien firme, que después se le iba a notar en cada etapa de su carrera y que le iba a dar tantos sinabores como alegrías. La infancia no fue de descanso, fue de trabajo. Mientras otros andaban en la calle sin preocupaciones, él ya estaba metido en el negocio familiar de mariscos, aprendiendo desde temprano que si no le entraba duro a la chamba, nadie le iba a regalar nada.

 Y claro, también estaba el otro lado, el de la calle, el de las pandillas, el de la tentación de pertenecer a ese mundo que jalaba fuerte en su entorno. Él quería entrarle. Pero su abuela, una mujer firme, le puso las cartas sobre la mesa y ese freno le cambió el rumbo mi familia. Entonces, pero no mariscos de de que tenara un puesto de de de marisco, no.

 [música] Surtían a mayoreo a todas las carretas de Mazatlán. Entonces, mi trabajo empezaba o el trabajo de mi familia empezaba desde las 4 de la mañana. Y en medio de todo ese ambiente pesado apareció algo que no venía del barrio, sino de la casa. la música. Su abuela cantaba mientras hacía sus cosas y él, sin darse cuenta, empezó a imitarla y así, sin proponerse, inició a agarrarle gusto a lo que más adelante sería su tabla de salvación.

 Comenzó a descubrir que su voz no era cualquier cosa, no fue un momento de revelación, fue algo que se fue metiendo poco a poco hasta que empezó a tomar forma. Primero cantaba por gusto, luego ya le entró a la cantada en reuniones, luego ya más suelto. Hasta que alguien lo escuchó y notó que ahí había algo diferente, que había madera y no cualquiera, sino de esa madera fina que promete.

 Pero mientras ese talento iba despertando, su vida personal ya iba a 1000 por hora, como un torbellino o como un potro desbocado. Julio no andaba jugando a ser adulto. Lo tuvo que ser de golpe. Apenas tenía 18 años cuando se casó con Lorena Ríos, una joven con la que coincidió trabajando en una tienda. Una relación que se cocinó entre jornadas largas, miradas constantes y esa cercanía que termina cruzando la línea.

Apreciado también de inmediato. Orlando, su primer hijo, nació poco después de que el cantante alcanzara la mayoría de edad. La vida de Julio, ahora con un hijo exigía ajustes. Dejó su trabajo en la tienda departamental e intentó poner un puesto de mariscos con su [música] esposa, pero no funcionó. Fue entonces.

Y claro, en su casa aquello no cayó nada bien. Le lloraron, le reclamaron porque casarse tan joven no era la mejor decisión. sonaba a que algo se había adelantado. Y es que en el ambiente ya se soltaba el comentario bajito, ese de que quizá el pastel ya se había probado antes de la fiesta porque todo pasó demasiado rápido como para ser casualidad.

 Pero él no se frenó. Se aventó con todo, con ese carácter que ya traía formado. Poco después llegó su primer hijo y ahí sí la vida le cambió el ritmo de golpe. Le cayó el 20. Ya no era solo él, ya había alguien que dependía completamente de sus decisiones. Eso lo obligó a dejar de pensar en sueños y fantasías y a enfocarse en sobrevivir, en sacar dinero, en cumplir.

Mientras otros apenas estaban viendo qué rumbo tomar, él ya estaba cargando con familia, trabajo y presión encima. Esa combinación de necesidad, talento y carácter fue lo que empezó a empujarlo con todo. No era un camino claro, era una lucha constante donde cada paso se ganaba. ¿Fue amor acelerado o una decisión tomada porque las circunstancias ya no daban para esperar? El recogedor de mesas que se robó el micrófono y empezó a hacer ruido, Julio Preciado no empezó cantando.

 Empezó como recogedor de mesas de esos que en Mazatlán llaman garroteros. El que anda limpiando, levantando platos, corriendo de un lado a otro mientras otros disfrutan. De ahí brincó a mesero, pero el verdadero movimiento ya lo traía por dentro. En ese lugar había un micrófono para animar fiestas y cumpleaños y Julio empezó a usarlo a su manera.

 Metía pistas, se soltaba cantando canciones de su ídolo Juan Gabriel y poco a poco la gente empezó a guardar silencio para escucharlo. Ya no era el que levantaba mesa. El dueño del lugar lo escuchó bien y le soltó la propuesta. Quítate el uniforme y súbete a cantar. así tanto rollo, en caliente. Y ahí fue donde Julio entendió que su voz podía pesar más que cualquier turno.

 En la discoteca había un micrófono inalámbrico que para anunciarla ahí que los cumpleaños y las fiestas y todo eso. Entonces yo compré unas pistas de de revoluciones en aquel entonces venían casos del Coque Muñiz. Ajá. De ahí se empezó a mover donde lo dejaran, hasta caer en el estadio de los venados de Mazatlán en el grupo Los Nueve con Tomás.

 Ahí no había público fácil, era gente que iba a lo suyo y si no servía lo iban a ignorar y hasta a buchear. Pero él se metió con todo y empezó a ganarse a la gente. Luego vino la banda Tiburón y ahí la realidad pegó duro. Grabaron un disco, sí, pero estaban endeudados hasta los calcetines. Tenían buen equipo, pero todo era fiado.

Unos ahorros, mi mamá, otros y los que él tiene y los del grupo y lanzan el primer disco de la banda Tiburón, mismo que se encargó el mismo de promover personalmente en las radios. Trabajaban días enteros y regresaban sin dinero en los bolsillos, debiendo hasta la comida. Y aún así seguía porque Julio ya traía claro que no se iba a quedar ahí.

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