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EL CASO QUE OCURRIÓ EN 2026 Y CONMOCIONÓ MEDELLIN: PAREJA DESAPARECIÓ EN VIAJE DE LUNA DE MIEL

Ese video nunca fue entregado a la familia y cuando la prensa colombiana intentó publicar los detalles del caso, recibió una llamada. No de las autoridades iraníes de las colombianas. La divulgación abierta fue prohibida, pero hay cosas que no se pueden silenciar para siempre. Esta es una de ellas. Suscríbete al canal, dale like a este video y cuéntanos en los comentarios desde qué ciudad o país estás viendo esto.

Tu apoyo nos permite seguir trayendo historias como esta. Medellín, Colombia. Noviembre de 2025. La tarde del sábado en que Josías le propuso Irán como destino de luna de miel. Sandra se quedó en silencio durante varios segundos. No era el silencio del rechazo, era el silencio de alguien que acaba de recibir exactamente lo que siempre había querido, pero que no se había atrevido a pedir en voz alta.

Irán, repitió como si la palabra necesitara tiempo para aterrizar en la realidad. Irán, confirmó Josías, y en su voz había esa mezcla característica de entusiasmo contenido y convicción que Sandra conocía de memoria. Era la misma voz que había usado cuando le propuso irse a vivir juntos, cuando renunció a su trabajo corporativo para abrir su estudio de fotografía, cuando le dijo que quería casarse en una ceremonia pequeña porque lo que importaba era el momento, no el espectáculo.

Estaban sentados en la terraza del apartamento que compartían desde hacía 4 años en el barrio El Poblado. Era una de esas noches de Medellín que parecen inventadas. Temperatura perfecta, brisa suave que traía el olor a café desde algún balcón cercano, las luces de la ciudad extendiéndose como un manto brillante hacia las laderas.

“He estado investigando”, continuó Josías abriendo su computador sobre la mesa de madera. Mira esto. Isfaján, la ciudad de las mezquitas azules. Shiraz, donde está la tumba de Jafés. Y en pleno desierto con esas torres de viento que tienen miles de años y Teerán, que es completamente diferente a lo que uno imagina.

moderní con galerías de arte, restaurantes increíbles, mujeres con zapatos de tacón y abrigos de diseñador. Sandra se inclinó sobre la pantalla. Las fotos eran efectivamente impresionantes. Arquitectura que parecía de otro planeta, mercados con especias de colores imposibles, paisajes que alternaban entre jardines imperiales y desiertos infinitos.

La gente dice que es uno de los países más hospitalarios del mundo con los turistas”, añadió Josías. “y que en los últimos años ha cambiado muchísimo. Hay comunidades de viajeros independientes que van constantemente. “¿Tus papás qué van a decir?”, preguntó Sandra, aunque en su tono ya había algo que sonaba más a advertencia que a pregunta genuina.

Josías dejó escapar una carcajada corta. Lo mismo que dijeron cuando viajamos solos a Etiopía, lo mismo que cuando fuimos a Georgia cintur operador, que estamos locos, que por qué no vamos a Cartagena como todo el mundo, que si algo nos pasa a ellos no son responsables. Sandra sonrió. Conocía esa respuesta.

Era la misma que ella misma le daría a sus propios padres. Porque Sandra y Josías habían construido su relación alrededor de una filosofía compartida. El mundo no se conoce desde las zonas de confort. Los viajes que valen son los que te sacan del guion. Y aunque los dos tenían trabajos estables, ella como diseñadora gráfica independiente y él con su estudio de fotografía que había crecido con fuerza en los últimos dos años, ambos habían aprendido a priorizar la experiencia sobre la comodidad material.

Esa noche tomaron la decisión. El viaje sería en enero, cinco semanas después de la boda, dos semanas en Irán, 5co días en Teerán, luego un recorrido hacia el sur, pasando por Cashán, Isfahán y Shiraz, y los últimos días en la región de Jasd, en el corazón del desierto. Las reacciones de la familia fueron exactamente las que esperaban.

La mamá de Sandra, doña Cecilia, una mujer de 62 años que había pasado toda su vida entre Medellín y Santa Fe de Antioquia, los miró como si acabaran de anunciarles que pensaban viajar a la Luna. “Pero es que allá hay guerra, mi hija”, dijo con esa mezcla de preocupación genuina e información levemente inexacta que caracterizaba sus opiniones sobre geografía internacional.

Mamá, no hay guerra en Irán”, respondió Sandra con paciencia. En las noticias siempre salen cosas de esos países. En las noticias salen cosas de todos los países. Colombia sale todos los días y aquí seguimos viviendo. Eso cerró el debate por unos minutos, aunque doña Cecilia pasó los días siguientes enviando artículos de WhatsApp sobre peligros para turistas en Medio Oriente con una consistencia que rozaba lo académico.

El papá de Josías, don Héctor, fue más directo. Josías, yo entiendo que ustedes son aventureros y todo eso, pero ese es un país con un régimen muy particular. ¿Qué pasa si los detienen? Si hay algún problema diplomático. Colombia no tiene embajada propia allá. Tiene embajada en Turquía que cubre esa región. Papá, ya lo verifiqué.

Y si pasa algo en el desierto, me dices que van a ir a zonas muy remotas. Llevamos GPS, teléfonos con roaming internacional, una ruta planeada, no vamos a improvisar. Don Héctor asintió, pero con esa expresión de hombre que acepta que ya no puede decidir por su hijo adulto, aunque preferiría poder hacerlo.

La única persona que reaccionó diferente fue la hermana de Sandra Paola. 34 años, profesora de literatura en la Universidad de Antioquia. La verdad es que me da una envidia terrible”, dijo cuando se quedaron solas una tarde. “Irán es uno de los países con mayor densidad de historia por kilómetro cuadrado del mundo. La civilización persa tiene 3,000 años, Sandra. 3,000.

” “¿Te das cuenta de lo que van a ver?”, Sandra sonrió. Eso era exactamente lo que quería escuchar. Las semanas previas al viaje fueron un torbellino organizado. Josías se sumergió en la investigación con la misma obsesión metodológica que aplicaba a sus proyectos fotográficos. Leyó foros de viajeros, contactó a colombianos que habían estado en Irán.

Descargó mapas offline de todas las regiones que pensaban visitar. Identificó agencias locales de renta de vehículos con buenas reseñas en comunidades de viajeros independientes. Sandra se encargó de la logística práctica. Visas, seguros de viaje internacionales, lista de medicamentos, conversiones de moneda.

Descubrió que Irán tenía un sistema bancario desconectado del sistema internacional, lo que significaba que tenían que llevar efectivo en euros o dólares para cambiar allá. Una tarde, mientras revisaban juntos la ruta definitiva, Josías le mostró algo que había encontrado en un foro de viajeros. Mira esto, dijo señalando un post de hacía 3 años escrito por un mochilero alemán.

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