Fíjate, los usuarios de redes también le recordaron otra fecha que el PRI olvida muy conveniente, el terremoto de 1985, un año antes del Mundial México 86, que Alito también presume. En septiembre del 85, la Ciudad de México vivió uno de los peores desastres naturales de su historia. Miles de muertos, edificios colapsados y la respuesta del gobierno priista que encabezaba en ese momento Miguel de la Madrid fue tan lenta, tan torpe, tan alejada del dolor de la gente que fue la propia ciudadanía la que tuvo que organizarse sola. Vecinos sacando a
sus vecinos de los escombros. Eso lo recuerda todavía mucha gente que vivió esos años. Y un año después de eso, el PRI organiza el mundial del 86 y dice, “Miren qué bien gobernamos. ¿Ves la lógica? Quédate 2 minutos más porque hay algo en este asunto que casi nadie ha reportado y que lo cambia todo. No es solo lo que Alito dijo, sino lo que eso revela sobre cómo él entiende la historia del partido que dice defender.
Cuando el PRI controlaba México y hablamos de más de 70 años de un solo partido al frente del gobierno, lo que había no era democracia en el sentido que conocemos. Había control. Control de los sindicatos, control del ejército, control de los medios de comunicación, control de la información. La gente que se oponía, que protestaba, que levantaba la voz, sabía que corría un riesgo real y no eran amenazas vacías.
Clatelolco es el ejemplo más conocido. Sí, pero hay más. La guerra sucia de los años 70 con operativos encubiertos contra movimientos guerrilleros que incluyeron desapariciones forzadas y torturas. La masacre de Aguas Blancas en 1995 en Guerrero, cuando policías del estado, gobernado por el PRI, mataron a campesinos que se dirigían a una manifestación, la matanza de Acteal en 1997 en Chiapas, donde para militares ligados al sistema priista asesinaron a 45 personas, la mayoría mujeres y niños, mientras rezaban en una iglesia. Eso es
el legado que Alito presume cuando dice, “El PRI sí sabe gobernar.” Bueno, pues sí que sabía, pero lo que sabía hacer tenía un costo que no aparece en los discursos de campaña. O sea, esta es la pregunta que me parece incómoda y que nadie le ha hecho directamente a Alito. ¿Tú sabes lo que estás diciendo cuando dices que el 68 fue un referente mundial? ¿Lo sabes y lo dices igual? ¿O de verdad crees que todo eso es un activo político en 2026? Ahora bien, ya sé que hay quienes defenderán a Alito en este punto y me parece justo mencionarlo
porque si no lo hago, el análisis queda cojo. Sus aliados dirán que él se refería únicamente a la capacidad organizativa, a la logística, al hecho de que México pudo celebrar eventos de escala mundial, que no estaba reivindicando la represión, que es una lectura maliciosa sacar de contexto el logro deportivo para unirlo a la tragedia política.
Y mira, ese argumento tendría algo de peso si no fuera porque fue la cuenta oficial del PRI la que escribió que el 68 fue un referente mundial, sin mencionar en ningún momento Atlatelolco. Si fuera un accidente habrían aclarado, si fuera un malentendido, habrían pedido disculpas o matizado, pero no. Silencio. Ninguna aclaración formal, ningún reconocimiento del dolor de las familias que perdieron a alguien en esa plaza.
Eso dice bastante y espérate que lo que viene en unos minutos es lo que hace que todo esto no tenga nombre porque el tweet del 68 es en el fondo una ventana pequeña a algo mucho más grande, a la manera en que Alito Moreno entiende la política, el poder y bueno, la realidad misma.
Y para entender eso de verdad, hay que hablar de los audios, porque en 2021 y 2022, Alito Moreno se convirtió en el protagonista involuntario de uno de los espectáculos políticos más impactantes de los últimos años en México. La gobernadora de Campeche, Laida Sansores, empezó a transmitir cada martes en su programa Martes del Jaguar, una serie de grabaciones en las que se escuchaba una voz muy parecida a la de Alito diciendo cosas que este que te cuento.
En uno de esos audios se escucha a alguien con su voz diciendo textual, “Todo proveedor que le compraste durante 2 años y 8 meses, lo menos que le puedes decir es, “Oye, hijo de regálame 100,000 gorras y pónmelas en Campeche. Y lo debiste haber hecho hace 6 meses, no ahorita.” Otro audio sacó a relucir una frase que se hizo tristemente célebre.
A los periodistas no hay que matar los balazos, papá. Hay que matarlos de hambre. esa frase, ese hombre, ese es el que hoy le da lecciones a México sobre cómo gobernar bien. Alito negó siempre que las grabaciones fueran auténticas. Habló de persecución política. presentó amparos para frenar la difusión de los materiales, pero los audios siguieron saliendo semana tras semana, martes tras martes, y cada uno revelaba un nivel nuevo de lo que si fueran verdaderos sería corrupción, extorsión y una visión de la política donde los recursos
públicos y los proveedores del gobierno existen para financiar las ambiciones electorales de una sola persona. La Fiscalía de Campeche abrió una carpeta de investigación en su contra. La FGR también entró al juego. Se le imputa, entre otras cosas, peculado y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Y hay algo que lo resume todo de una forma que no necesita explicación. Cuando los investigadores llegaron a catear una de sus propiedades en Campeche, lo que encontraron adentro dejó sin palabras a más de uno. Ya mero llegamos al punto que más te va a sorprender de esta historia, pero necesitas escuchar esto primero. La mansión de Alito en el fraccionamiento Lomas del Castillo en Campeche.
Una zona residencial cara, exclusiva, la clase de colonia donde vive gente que no le pregunta el precio a nada. Cuando las autoridades entraron a ese inmueble, encontraron varias albercas, jardines amplios, vestíbulos de mármol, ventanales enormes, una sala de cine con 18 asientos reclinables. Y en el bar, fíjate en este detalle, porque este detalle dice todo lo que hay que saber.
un Mustang rojo convertido en mesa de billar y un cadilac adaptado como barra de bar, esculturas, pinturas, piezas artísticas con un valor estimado en más de 50 millones de pesos. La propiedad entera, según el expediente de investigación por enriquecimiento ilícito, puede superar los 300 millones de pesos.
¿Cuánto declaró Alito esa casa en su declaración patrimonial? 9 millones de pesos. 9 millones, una casa que vale 300 declarada en nueve. Y en esa misma declaración patrimonial reportó un total de bienes por 12,900,000 pesos, dos casas y 11 terrenos, tres autos, un par de motos de lujo y un reloj Monblanc, 12.9 9 millones de pesos de patrimonio declarado y una sola mansión que vale 25 veces eso.
Hay quienes juran que las matemáticas de Alito Moreno son un misterio que ningún contador puede resolver. Pero hay más. Te digo que hay más. Una investigación de mexicanos contra la corrupción y la impunidad que revisó los registros del registro público de la propiedad de Campeche encontró que Alito, su hermano Emigdio, su mamá Yolanda y su arquitecto de cabecera son en conjunto propietarios de 35 casas y terrenos en el estado. 35.
Y el patrón que encontró esa investigación es el siguiente. Propiedades que se compraban a precios muy bajos, sospechosamente bajos y que luego de alguna forma multiplicaban su valor en poco tiempo o que se transferían entre familiares y personas cercanas de maneras que pues resultan muy difíciles de explicar con ingresos públicos normales.

La Fiscalía de Campeche tiene abierta una carpeta de investigación. La FGR tiene lo suyo y en algún momento la sección instructora de la Cámara de Diputados tuvo que analizar si procedía o no el desafuero. Alito como siempre dice que es persecución política. Dice que su patrimonio viene de trabajo honesto y de herencias familiares.
Y mira, yo no lo puedo juzgar aquí. Eso le toca a los tribunales. Pero la pregunta que uno no puede evitar hacerse es simple. ¿Cómo encajan esos números? ¿Cómo se explica la diferencia entre lo declarado y lo encontrado? ¿Qué herencia familiar produce una sala de cine con 18 butacas y un cadilac convertido en barra de bar? Si llegaste hasta aquí, lo que sigue te va a confirmar por qué este video se está corriendo tanto.
Porque lo del tweet del 68 y la mansión no son dos historias separadas, son la misma historia contada desde dos ángulos distintos. Por un lado, un hombre que presume el 68 como logro del PRI, borrando de un plumazo la sangre de Tlatelolco, las desapariciones, el dolor de las familias, reescribiendo la historia a su conveniencia.
Por otro lado, un hombre que declara 9 millones en una casa de 300, que tiene 35 propiedades en la familia cuando los registros públicos dicen una cosa y su declaración dice otra. En ambos casos, la lógica es la misma, decirle a la gente lo que conviene que crea, aunque los hechos apunten en otra dirección.
Eso tiene un nombre en la política. se llama impunidad intelectual. la convicción de que uno puede decir cualquier cosa, declarar cualquier cifra, presumir cualquier año y que nadie va a poder hacer nada al respecto. Y lo que pasó con el tweet del 68 demostró algo importante, que esa convicción a veces se equivoca, que la gente recuerda que hay madres de Tlatelolco que todavía llevan fotos de sus hijos, que hay familias que saben perfectamente lo que pasó en esa plaza el 2 de octubre de 1968.
Hay algo que vale la pena decir aquí y es que el contexto del PRI en 2026 importa mucho para entender por qué Alito hace lo que hace. El PRI es una sombra de lo que fue. Un partido que durante más de siete décadas controló todo en México. La presidencia, los congresos, los gobernadores, los sindicatos, la prensa.
Hoy lucha por sobrevivir electoralmente. Sus números han caído de manera dramática en los últimos años. En las elecciones del 2024, el resultado fue devastador para la oposición en su conjunto y el Perry quedó en una posición muy difícil. Y ahí está Alito insistiendo en que el partido puede renacer, en que tiene futuro, en que él es el hombre para llevarlo de regreso.
Con un historial de escándalos que seguiría siendo pesado para cualquier político y que para un dirigente de partido resulta complicado de justificar. Hay quienes dentro del propio PRI, y esto es público, le pidieron en su momento que se hiciera a un lado. Miguel Ángel Osorio Chong, senador priista histórico, fue uno de los que en 2022 señaló que los escándalos de los audios estaban dañando al partido, pero Alito se quedó, se aferró al cargo, dijo que no iba a ceder ante lo que llamó una persecución, o sea, fíjate en el patrón. Cuando hay
problemas, Alito no reflexiona ni s de terreno, ataca, descalifica y presume el 68. Ah, y hay algo que todavía no te he mencionado, un detalle que hace que esta historia tenga otra capa. El tweet de Alito sobre las olimpiadas salió en el contexto de un ataque que él mismo lanzó contra Morena.
Criticó a Mario Delgado, el secretario de educación, y lo señaló de ser lo que llamó un narcopolítico con vínculos que afirmó tener documentados. en fin, el tipo de acusaciones que se lanzan en la política mexicana y que merecerían su propio análisis. Pero lo interesante, lo que quiero que notes, es el timing. Alito lanza un ataque fuerte.
Lo hace en el mismo mensaje donde presume el 68. Y la respuesta de la gente no fue discutir si sus acusaciones contra Delgado eran válidas o no. La respuesta fue recordarle Tlatelolco, así que el ataque no solo funcionó, terminó siendo un bomerang que le pegó de vuelta en la cara.
Y en política eso tiene un costo, porque cuando tu mensaje principal se convierte en el chiste del día, cuando el titular que la gente recuerda de tu comunicado no es la acusación que hiciste, sino el error histórico que cometiste tú, algo falló. Algo falló mucho y eso levanta una pregunta que me parece genuinamente importante.
¿Quién asesora a Alito Moreno? ¿Hay alguien en su equipo que le diga, “Oye, esto quizás no es buena idea o ya llegó a ese punto donde nadie le dice que no. Hay algo que encuentro fascinante. Bueno, no fascinante, más bien perturbador en la forma en que los políticos de cierto tipo se relacionan con la historia.
Para Alito, el 68 es un dato organizativo. México organizó unas olimpiadas, las escuelas siguieron abiertas. Todo bien. Para una madre cuyo hijo estudiante fue asesinado en Tlatelolco aquella noche del 2 de octubre, el 68 es la última vez que vio a su hijo vivo. Esas dos realidades no comparten el mismo universo. Y que un político en 2026 elija habitar la primera ignorando completamente la segunda, dice algo sobre qué tan lejos puede estar el poder de la gente real.
Y mira, eso no es solo un problema de alito, es un problema estructural de cómo ciertos partidos y ciertas figuras políticas procesan su propio pasado. Cuando el pasado es glorioso, se presume. Cuando el pasado tiene manchas, se olvida. Y si alguien lo recuerda, se dice que está haciendo política. Pero Tlatelolco no es política, es historia, es memoria, es un hecho que ocurrió y que tiene nombres y apellidos y familias que llevan décadas buscando justicia y verdad.
Hay un detalle que encapsula todo esto de una manera que no necesita comentario adicional. Los Juegos Olímpicos de 1968 no se suspendieron. Al día siguiente de la masacre de Tlatelolco, el 3 de octubre, la delegación olímpica mexicana fue abanderada por el mismo Díaz Sordaz, que había ordenado el operativo la noche anterior.
Los juegos continuaron, el espectáculo siguió y muchos de los atletas extranjeros que participaron en esas olimpiadas dijeron después que no sabían lo que había pasado, que no les dijeron nada. El gobierno priista de 1968 fue, entre otras cosas, extraordinariamente eficiente en una cosa en que el mundo no se enterara de lo que había hecho y eso es lo que Alito presume como legado.
Quédate un momento más porque hay algo que encontraron en este caso que todavía no te he mencionado y que lo cambia todo de perspectiva. Uno de los audios que reveló Sansores en su momento hablaba de algo que si resulta verdadero, apunta directamente a cómo se financia la política del viejo estilo. Se escucha a alguien con la voz de alito mencionando que la empresa Cinépolis entregó 25 millones de pesos al PRI para financiar campañas electorales, 25 m000000 de una empresa privada para un partido político. Y en otro fragmento, el que
hablaba de extorsionar a proveedores. Todo proveedor que le compraste durante 2 años y 8 meses, lo menos que le puedes decir es que te regale 100,000 gorras. Eso es el Estado, los contratos del Estado, el dinero del Estado, siendo usado como palanca para extraer recursos para campañas.
Alito dijo siempre que esos audios son falsos y hay que tenerlo en cuenta, pero también hay que tener en cuenta que los audios no fueron el único problema. La mansión existe. Las 35 propiedades existen en los registros. La diferencia entre lo declarado y lo valuado existe y las investigaciones, varias de ellas siguen abiertas.
El que alguien tenga que decidir qué creer sobre eso no debería ser ninguno de nosotros aquí. Eso le toca a la justicia. Lo que sí podemos hacer es preguntar, ¿por qué tanta opacidad? ¿Por qué esa diferencia enorme entre la declaración y el valor real? ¿Por qué los mismos patrones aparecen una y otra vez? Hay un elemento de esta historia que me parece importante mencionar porque habla del México de hoy, no solo del PRI de ayer.
El tweet de Alito sobre el 68 generó reacción en cuestión de horas. Usuarios de X, de Instagram, de todos lados respondieron con conocimiento histórico, con datos, con nombres. No suspendieron clases, mataron estudiantes. Esa frase que escribió una usuaria común y corriente, no un analista político, no un académico, se hizo viral porque tocó algo que la gente ya sabe.
La gente en México sabe lo que fue Tlatelolco. Lo aprendió en la familia, en la escuela, en los libros, en las películas, en los testimonios que han circulado por décadas. Y cuando un político intenta borrarlo de la narrativa, la respuesta no es confusión, es indignación. Eso habla bien de la memoria colectiva. Habla de una generación y de varias generaciones que no está dispuesta a dejar que el pasado se reescriba según le convenga a quien manda.
Y creo que eso también es parte de la razón por la que el PRI donde está hoy, porque muchos mexicanos recuerdan y recordar tiene consecuencias políticas. Pues te digo, a ver, déjame hacer una pausa aquí porque quiero traerte de regreso al punto central de por qué entraste a ver este video.
Alito Moreno presumió el año 1968. Lo hizo a propósito en el contexto de un debate político para argumentar que el PRI gobernaba mejor y la respuesta que recibió fue la misma que lleva décadas persiguiendo a ese partido cada vez que intenta reivindicar ese periodo. Tlatelolco, la masacre. Los estudiantes, los muertos.
Eso es lo que hay en el corazón de esta polémica. Ahora entiendes por qué explotó de la manera en que explotó. Pero hay algo más, y esto es lo que yo encuentro más revelador de todo el episodio. Cuando Alito dice que el PRI sabe gobernar y usa el 68 como ejemplo, está revelando algo sobre cómo él entiende qué es gobernar.
Para él gobernar bien parece ser organizar eventos. mantener las clases abiertas, no suspender el calendario, no menciona la pobreza que existía, no menciona la falta de libertad de prensa, no menciona que el orden que presume venía acompañado de represión, de desapariciones, de una democracia que era más un escenario de teatro que una realidad.
Y eso en 2026, desde un partido que está en el suelo electoralmente resulta llamativo. Porque si quieres recuperar la confianza de la gente, quizás presumir el año en que mataron estudiantes no es el mejor punto de partida. Bueno, y ya para cerrar esta parte del análisis, déjame plantear algo que a mí me parece la pregunta más importante de todo esto.
Alito Moreno tiene futuro político en México? Bueno, la respuesta que sus aliados darían es que sí, que el PRI tiene bases territoriales, que tiene militancia, que hay regiones del país donde el partido sigue siendo una fuerza real y algo de eso es verdad. Pero la realidad que los números muestran es que el partido ha perdido peso electoral de manera sostenida y que tener como cara visible a un dirigente con investigaciones abiertas por enriquecimiento ilícito, con audios que circulan en redes de millones de personas con una mansión de
300 millones declarada en nueve, eso no ayuda a recuperar la confianza de nadie. Y encima el episodio del tweet del 68, que no es un tropiezo menor, presume el año de Tlatelolco y la respuesta te sepulta en horas. O sea, este, ¿qué más tiene que pasar? Hay algo que dicen los que han seguido de cerca la trayectoria de Alito, gente que prefiere no dar su nombre, pero que conoce bien los pasillos del partido.
La sensación es que él cree que puede aguantar todo, que ha aguantado tanto que ya aprendió a vivir en medio de la tormenta y puede que tenga razón en que ha sobrevivido más tiempo del que muchos esperaban. Pero sobrevivir no es lo mismo que prosperar. Y un partido que aspira a ser alternativa de gobierno no puede construirse sobre la resistencia de un solo dirigente que lleva años en el ojo del huracán.
Hay una imagen que creo resume todo este episodio de una manera que no necesita mucho análisis adicional. El 3 de octubre de 1968, un día después de Tlatelolco, el presidente Gustavo Díaz Ordaz abanderó a la delegación Olímpica Mexicana con una sonrisa, como si nada. Los juegos empezaron 10 días después. El mundo aplaudió a los atletas, las medallas se repartieron, los récords se rompieron y la plaza de Tlatelolco quedó con la sangre de los estudiantes todavía fresca.
Eso fue el PRI en su momento de mayor poder, esa capacidad para hacer dos cosas al mismo tiempo, el espectáculo de cara al mundo y la represión de espaldas a él. Cuando Alito presume ese año como logro, esa imagen es lo que viene a la mente, aunque él no lo sepa, aunque no lo quiera. Y cuando los usuarios de redes respondieron con “No suspendieron clases, mataron estudiantes, lo que hicieron fue rechazar exactamente eso, el espectáculo que pretende borrar lo que hubo detrás.
Mira, te voy a decir algo que quizás es obvio, pero que vale la pena decir en voz alta. La gente que entra a este tipo de videos no es ingenua. Son personas que han visto mucho, que han vivido mucho, que saben cómo funciona la política mexicana desde adentro, desde la vida diaria, desde el trabajo de todos los días, desde el esfuerzo de sacar a una familia adelante.
Y cuando ven a alguien como Alito Moreno con su mansión de 300 millones, con sus 35 propiedades repartidas entre familiares, con sus audios circulando en redes, con sus investigaciones abiertas, con su declaración patrimonial que no cuadra y encima de todo eso, parado en la tribuna del Senado o en su cuenta de X diciéndoles que el PRI sí sabe gobernar.
La reacción es una mezcla de hartazgo e incredulidad que resulta bastante difícil de poner en palabras. Es el tipo de cosas que uno platica en la sobremesa y no sabe si reírse o enojarse. Creo que la respuesta honesta es las dos. Enojarse porque importa y reírse porque si no es demasiado. Oye, antes de cerrar quiero que dejes en los comentarios algo.
¿Tú qué crees que debería pasar con el PRI? ¿Tienes salvación o ya se hundió el barco? Eso me interesa leerlo porque hay opiniones de todo tipo y me parece un debate que vale la pena tener. Y si este video te generó algo, sorpresa, coraje, risas, lo que sea, dale like. Eso nos ayuda a seguir llegando a más gente y si no estás suscrito, este es buen momento.
Publicamos seguido y los temas siempre van de frente. En el próximo video vamos a seguir hablando del declive del PRI, pero desde otro ángulo. Hay un momento específico, una decisión que se tomó hace algunos años que muchos consideran el principio del final del partido tricolor como Fuerza Real. Y es un momento que pocos conocen en detalle.
Eso viene pronto. Nos vemos ahí. Fíjate, ya que llegaste hasta aquí, quiero que nos quedemos un momento más en los audios, porque creo que no se les ha dado toda la importancia que merecen. Y es que los audios de Alito no son solo un escándalo mediático, son una radiografía. Una radiografía del tipo de política que durante décadas fue la norma en México y que muchos pensaban que ya había quedado atrás.
Voy a contarte algo que quizás no recuerdas bien o que quizás escuchaste de pasada en algún momento, pero no lo procesaste del todo. En mayo del 2022, la gobernadora Laida Sansores estaba en plena guerra pública con Alito. Ella había llegado al gobierno de Campeche en 2021, justo después de él, y desde el primer día empezó a publicar fotos de la oficina que dejó a Lito.
Una cocina integral de lujo, muebles de madera exótica tipo secuollya. Una madera que cuesta más de 1500 € por metro cúbico, te cuento, para que te des una idea. Y una sala decorada como si fuera la de una revista de arquitectura. Eso fue el aperitivo, porque lo que vino después fue mucho más gordo.
Cada martes, en su programa Martes del Jaguar, Sansores presentaba un audio nuevo y cada martes el nivel de lo que se escuchaba subía otro escalón. El primero habló de Cinépolis, de una voz muy parecida a la de Alito, diciendo que la empresa había dado 25 millones de pesos al PRI para financiar campañas. 25 millones. Y lo que más llamó la atención no fue el monto, sino la reacción de quien hablaba. Molestia.
Dijo algo como que 25 millones eran poco para una empresa con 6,000 salas de cine en todo el mundo, incluyendo Asia y África. ¿Que esperaba más? Ahí hay un mundo. Porque quien dice eso no está hablando de una aportación excepcional. Está hablando como alguien que tiene un sistema, que sabe cómo funciona el engranaje y que siente que le fallaron.
El INE abrió una investigación por ese audio. Luego vino el de los proveedores, ese que ya te mencioné antes, donde se escucha alguien con su voz diciéndole a un colaborador que exija a los proveedores del gobierno que regalen material de campaña. Todo proveedor que le compraste durante 2 años y 8 meses, lo menos que le puedes decir es, “Oye, hijo de regálame 100,000 gorras y pónmelas en Campeche.
” Y regañando al interlocutor por no haberlo hecho antes. O sea, este, eso es hablar de los contratos del Estado como si fueran un activo personal, como si el gobierno que uno encabeza fuera, pues una palanca para extraer recursos para la política propia y luego el más impactante de todos, el de los periodistas.
Escuchar esa frase, a los periodistas no hay que matarlos a balazos, papá, hay que matarlos de hambre. Con el nombre de un periodista local mencionado justo antes, con insultos incluidos, tiene un efecto muy particular en quien lo escucha, porque uno puede desestimar el escándalo político, puede decir, “Esto es persecución, es guerra sucia, esto es Morena atacando a la oposición.
” Muchos lo dijeron, pero hay algo en el tono de esa frase, en la familiaridad con que se habla de eso, como si fuera sabiduría popular, como si matar de hambre a los periodistas fuera una táctica conocida que uno transmite a sus colaboradores con la misma naturalidad con que uno explica cómo pedir en un restaurante.
La Junta de Gobierno del Mecanismo de Protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas condenó esas declaraciones de manera enérgica. dijo que eran inaceptables y que atentaban contra los derechos humanos de quienes ejercen el periodismo. Y Alito dijo que los audios eran falsos, que eran voces editadas, que era una persecución, que si los audios fueran verdaderos, él habría ido a denunciar a las autoridades.
Eso es otro nivel de, ¿cómo te explico? Porque la lógica de ese argumento es, a ver, suena más o menos así. Si me hubieran robado, yo habría ido a la policía. Como no fui, no me robaron. Pero en sentido contrario, igual audios que suenan a tus conversaciones, grabaciones que un mecanismo gubernamental puede reproducir martes tras martes.
Y la respuesta es que todo es falso y que es una persecución. México ya había escuchado eso antes, muchas veces de muchos políticos y ya saben cómo termina casi siempre. Hay un elemento que encontré en todo esto que me parece que dice mucho sobre la personalidad política de Alito y es esto, su relación con los medios de comunicación.
Por un lado, el audio de matarlos de hambre habla de una visión donde la prensa es un instrumento que se controla o se elimina, un obstáculo que hay que manejar, no una función democrática que hay que respetar. Por otro lado, cuando los medios lo atacan, Alito va a esos mismos medios a denunciar la persecución, a exigir que lo traten con objetividad, a hablar de libertad de expresión.
Eso también dice algo sobre cómo entiende las reglas. Las reglas aplican para los demás. Para él hay otra lógica. Hay algo que me parece importante mencionar aquí y es que en el México de 2022, cuando salieron esos audios, había 11 periodistas asesinados en lo que iba del año. 11 en 5 meses. Eso lo reportaban los medios en ese momento exacto, en los mismos días en que circulaba el audio de Alito sobre matarlos de hambre.
La yuxtaposición es brutal y no fue accidental que mucha gente la notara, porque una cosa es hablar de matar de hambre a los periodistas en abstracto en un país donde los periodistas no mueren. Pero en México, que sistemáticamente aparece entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, esa frase tiene un peso completamente diferente.
Bueno, y a ver, déjame contarte algo que te va a dar contexto sobre quién es Alito más allá de los escándalos, porque los escándalos son la superficie. Debajo hay una trayectoria política que importa entender. Alejandro Moreno empezó su carrera desde abajo en la estructura del PRI. Ese partido tenía durante muchas décadas algo que funcionaba casi como un sistema de ascenso corporativo.
Si eras leal, si cumplías, si sabías manejar los tiempos, subías. No importaba mucho de dónde vinieras, importaba a quién le eras útil y qué también seguías las reglas no escritas del sistema. Alito siguió esas reglas, llegó a presidente municipal de Campeche, de ahí al Congreso Federal, luego a la gubernatura de su estado entre 2015 y 2019 y luego en 2019 al frente del partido a nivel nacional.
Y en ese ascenso, en cada una de esas etapas, no hay registros de que alguien lo describiera como un reformador, como alguien que llegó a cambiar las cosas, como alguien con una visión nueva. Lo que hay son registros de alguien que aprendió a maniobrar dentro del sistema tal como era.
Eso en sí mismo no es un crimen, es política, pero sí dice algo sobre qué esperar cuando ese hombre llega al cargo más alto que ha tenido. Quédate aquí porque todavía hay algo que no te he contado y que cuando lo escuches va a encajar perfectamente con todo lo anterior. Cuando Alito llegó a la presidencia nacional del PRI en 2019, el partido ya estaba en una situación complicada.
Habían perdido la presidencia de la República el año anterior con Ricardo Anaya como candidato de la alianza. Bueno, técnicamente el candidato del PRI había sido José Antonio Mide y el resultado fue histórico por lo malo que fue. Menos del 10% de los votos para el candidato de un partido que durante 70 años había ganado todo.
Alito llegó prometiendo que iba a subir las revoluciones. Esas fueron sus palabras en los primeros spots, que iba a recuperar la confianza de los electores, que el PRI tenía futuro. Y los primeros dos años, mientras no pasaba nada dramático, la narrativa se sostuvo. Luego llegaron los audios y junto con los audios, los resultados electorales siguieron siendo malos para el PRI.
En 2021, elecciones intermedias, el partido perdió posiciones. En 2024 la debacle fue prácticamente total para la oposición en su conjunto, aunque con matices. Entonces, la pregunta que flota en el ambiente, la que la gente se hace en los pasillos del partido y que nadie dice en público con nombre propio, es Alito es parte del problema o parte de la solución.
Y hay quienes dentro del propio PRI, gente que conoce bien la estructura, que tiene años ahí adentro, dicen en privado algo así, que el problema del PRI no es Alito, que Alito es un síntoma, que el partido tiene una crisis de identidad mucho más profunda que ningún dirigente solo puede resolver, porque el PRI fue durante décadas el partido del gobierno, el partido que tenía el poder y distribuía los recursos del poder.
y cuando perdió la presidencia en el 2000 con Vicente Fox y no la recuperó en 2006 y volvió brevemente con Peña Nieto entre 2012 y 2018 y salió por la puerta de atrás con escándalo propio. El partido quedó en una posición donde ya no sabe muy bien qué es, qué representa, a quién le habla, es de izquierda, de derecha, del centro, es oposición, es lo que queda del sistema.
Alito dice que es la alternativa, pero cuando tu argumento más reciente es que el 68 fue un logro, esa alternativa tiene un problema de credibilidad bastante serio. A ver, te cuento algo sobre el terremoto del 85 que Alito también olvida mencionar cuando presume el mundial del 86. El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, un sismo de 8.
1 1 gr sacudió a la ciudad de México. Fue devastador. Los edificios cayeron, los hospitales se derrumbaron. Hubo miles de muertos. El número exacto nunca se estableció con certeza, pero las estimaciones van de 5000 a 10,000 personas y hay quienes dicen que fueron más. Y la respuesta del gobierno priista de Miguel de la Madrid fue, para decirlo con la suavidad que el tema requiere, tardía, confusa, desconectada del dolor de la gente.
Lo que pasó en las semanas siguientes al terremoto fue algo que muchos historiadores describen como el inicio del fin del PRI como proyecto político hegemónico. La ciudadanía se organizó sola sin esperar al gobierno, sin esperar al partido. Vecinos sacando a vecinos de los escombros. Brigadas improvisadas, redes de apoyo que se formaron de manera espontánea porque el estado no llegaba.
Esa experiencia dejó una marca. Generó una conciencia ciudadana que antes no existía de la misma manera. Y un año después, cuando México organizó el Mundial del 86, con toda la pompa y el espectáculo que eso implica, había gente que todavía estaba enterrando a sus muertos o viviendo en escombros o tratando de reconstruir lo que el sismo se llevó.
Y Alito presume eso como logro de gobierno. Este, ¿cómo te explico? Hay una desconexión ahí que va más allá del error comunicativo. Es una incapacidad de ver la historia desde los ojos de la gente que la vivió, en lugar de desde los números del PIB o las páginas de Wikipedia que hablan del éxito deportivo. Déjame hacer algo que quizás no esperas en este tipo de análisis.
preguntarte algo directamente. ¿Tú conoces a alguien que haya perdido a un familiar en Tlatelolco o alguien que perdió todo en el 85? Porque hay muchas familias en México que cargan esas historias, que las cuentan en las sobremesas, que guardan fotos de personas que no regresaron, que cuando escuchan a alguien presumir esos años como logros de gobierno, sienten algo que es difícil de nombrar, pero que todos conocemos bien.
Esa mezcla de rabia y tristeza que viene cuando alguien le quita peso a algo que para ti pesa demasiado. Eso es lo que generó el tweet de Alito en esas familias. Y no es un asunto político. Antes que político es humano. Ahora bien, ya sé que hay quienes van a decir que este video es injusto con Alito, que le estamos cargando el peso de cosas que ocurrieron antes de que él tuviera cargo político alguno, que él no estaba en el gobierno en el 68 ni en el 85, que se le está juzgando por la historia del partido, no por sus propias acciones. Y mira, ese
argumento tiene su lógica, pero aquí está el problema. Alito decidió hacer suya esa historia. Él eligió usar el 68 como argumento político. Él fue quien escribió el PRI si sabe gobernar y lo ilustró con ese año. Nadie lo obligó. Nadie le pidió que sacara esa carta. Cuando uno presume el historial de algo, asume también la responsabilidad de ese historial completo.
No puedes quedarte con la parte bonita y decir, “Eso de Tlatelolco no cuenta.” O sí puedes, pero la gente lo nota y reacciona como reaccionó. Y hay algo que todavía no te he mencionado sobre el episodio del tweet, un detalle que creo que es el más revelador de todos. Cuando explotó la polémica, cuando los comentarios se multiplicaron, cuando no suspendieron clases, mataron estudiantes, se convirtió en trending topic y la gente empezó a recordar Tlatelolco de manera masiva. Alito no reculó.
No hubo una disculpa, no hubo un reconocimiento de que la elección del año había sido por lo menos desafortunada. Lo que hubo fue silencio sobre esa parte específica. Continuó con su agenda. Siguió en modo ataque contra Mario Delgado. Eso tiene dos lecturas posibles. Una que calculó que retractarse le haría más daño que aguantar la tormenta, que la base de su partido prefiere la firmeza a la disculpa.
La otra lectura que es más incómoda, pero que hay que plantear, que genuinamente no le pareció tan grave, que en su mapa mental, Tlatelolco es un tema para académicos y activistas, no algo que deba cambiar el argumento político del PRI. Cualquiera de las dos respuestas dice algo importante sobre quién es Alito Moreno y cómo entiende la política en 2026.
Mira, voy a decirte algo que poca gente dice en voz alta y que yo creo que vale la pena decir. El PRI tiene militantes y simpatizantes que son gente trabajadora, gente de buena fe, que cree en ciertos valores y que tiene esperanza en que el partido pueda recuperarse y ser una opción real. Esa gente existe.
Muchos de ellos también sienten vergüenza o incomodidad con este tipo de episodios. El problema es que cuando la cara visible de su partido hace lo que hizo Alito con el tweet del 68, esa gente queda atrapada porque o defienden lo indefendible o reconocen que algo está mal. Y eso también es parte del análisis político real.
Lo que hace un dirigente no solo le afecta a él, afecta a toda la militancia, a los candidatos locales que están intentando ganar su municipio o su diputación, a los simpatizantes que quieren poder decir con orgullo de qué partido son. Un dirigente que presume el 68, sin mencionar Tlatelolco, está haciendo un daño colateral que va mucho más allá de su propia figura.
Te digo una cosa más y con esto ya casi terminamos esta parte del análisis. Hay algo que se llama memoria histórica y que en México tiene un peso particular, porque México es un país que ha tenido muchos momentos oscuros en su historia reciente. Clatelolco es uno, el 85 es otro, acteal, aguas blancas, iguala.
Cada uno de esos momentos dejó heridas que no han cerrado del todo y hay una diferencia enorme entre un país que procesa esas heridas, que las reconoce, que establece responsabilidades, que genera memoria colectiva y un país donde los protagonistas o sus herederos políticos las niegan, las minimizan o las convierten en material de campaña.
El tweet de Alito sobre el 68 cayó del lado equivocado de esa línea y la respuesta que recibió dice que mucha gente en México no está dispuesta a que eso quede sin señalarse. Eso en el fondo es una buena noticia, aunque el episodio en sí sea motivo de indignación. Bueno, ya llegamos al cierre.
Déjame hacer un recuento rápido de todo lo que hemos visto hoy, porque hay mucho y quiero que quede claro. Alito Moreno publicó un tweet presumiendo las olimpiadas del 68 y los mundiales del 70 y el 86 como logros del PRI. lo hizo para atacar a la actual administración en el contexto de un debate sobre el calendario escolar y lo que recibió fue una ola de respuestas que le recordaron lo que ese año de 1968 significa realmente la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre, los estudiantes muertos 10 días antes de la ceremonia inaugural de esos Juegos
Olímpicos. No hubo rectificación, no hubo disculpa, no hubo reconocimiento. Ese mismo alito tiene investigaciones abiertas por enriquecimiento ilícito, peculado y lavado de dinero. Tiene una mansión en Campeche valuada en 300 millones de pesos que declaró por nueve. tiene audios circulando en redes donde se escucha una voz muy parecida a la suya hablando de extorsionar proveedores, de cómo manejar el financiamiento ilegal de campañas y de que a los periodistas hay que matarlos de hambre. es el dirigente nacional del
PRI, un partido que fue hegemónico durante más de 70 años y que hoy lucha por sobrevivir electoralmente. Y su estrategia, su gran argumento para demostrar que el PRI sabe gobernar es presumir el año en que el ejército de ese mismo partido masacró estudiantes en una plaza de la Ciudad de México. Yo no sé cómo lo ves tú, pero hay algo en esa imagen que resume muchas cosas sobre el tipo de política que representa este hombre y lo que significa que siga al frente de una de las instituciones políticas más antiguas de México. La
frase que se hizo viral en respuesta al tweet de Alito fue una simple, sin adornos. No suspendieron clases, mataron estudiantes. No la dijo un analista político, no la dijo un periodista de investigación, la dijo una usuaria de X que recordó lo que Alito prefirió no recordar. Y eso pesa. Eso dice algo sobre qué tan viva está la memoria en México y sobre qué tan lejos puede estar el poder de la gente real cuando decide que la historia es solo aquello que le conviene contar.
Oye, esto que acabas de escuchar, ¿lo sabías? ¿Habías seguido de cerca el episodio del tweet del 68? Cuéntame en los comentarios. Me interesa saber qué piensas, si crees que fue un error, si crees que fue intencional, si crees que el PRI tiene salvación o si ya el barco está hundido sin remedio.
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Eso viene pronto. Nos vemos. M.