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CANELO ÁLVAREZ : La VERDAD Detrás De PEPE AGUILAR

Palabras  tan ofensias que casi proocan una pelea real antes de la pelea oficial. Tercera reelación. El pacto secreto que Golden Boy Promotions  hizo con Pepe Aguilar dos semanas antes de la pelea. Un contrato de una sola página con una cláusula muy específica que  decía exactamente: “Pepe Aguilar solo cantará si Canelo Álarez gana por decisión unánime con todos los jueces dándole más de 10 puntos de entaja.

¿Por qué esa cláusula existía? ¿Qué significaba? Y como casi se cancela todo cuando Canelo no pudo noquear a Cháez Junior. Tu cuarta reelación.  Las tres canciones exactas que Pepe cantó esa noche. El rey de José Alfredo Jiménez. Hermoso cariño de Vicente Fernández  y por mujeres como tú de Álaro Carrillo y Pepe Aguilar.

¿Por qué eligió específicamente esas tres? ¿Qué representaba cada una? Y sobre todo por qué la última hizo que Canelo rompiera en llanto incontrolable  frente a 53,000 personas y millones iendo por teleisión.  Quinta reelación. Lo que pasó exactamente 30 minutos antes en el camerino  de Canelo, cuando Pepe Aguilar entró sin permiso, cuando cerró la puerta con seguro, cuando le dijo a Eddy Reinoso que los dejara solos y las palabras  exactas que le dijo a Canelo, palabras que nadie más escuchó,

palabras que cambiaron el significado completo de toda la noche, palabras que Canelo repetiría años Después en  entreistas diciendo, “Ese día Pepe me saló de algo muy oscuro. Te oy a aisar exactamente cuando llegue cada reelación. Si te as antes del final de este ideo, te pierdes  como dos iconos mexicanos.

Un boxeador que creció endiendo  paletas en Jalisco y un cantante que cargaba el peso del apellido Aguilar crearon el momento más emotio, más humano, más real en toda la historia del boxeo mexicano. Un momento que no fue planeado por agencias de marketing. Un momento que no fue diseñado para olerse iral.

Un momento  que nació de una amistad real, de una promesa de 7 años, de dolor compartido, de ulnerabilidad masculina, de dos hombres que se atreieron a llorar frente al mundo y que al hacerlo  le recordaron a millones de mexicanos que está bien sentir, que está bien quebrarse y que está bien ser humano.

Amos 7 años atrás en el tiempo. Marzo 15 de 2010, Guadalajara, Jalisco, México.  Cantina El Parián. Una cantina tradicional en el centro histórico  de la ciudad. Paredes de adobe pintadas de amarillo deslaado. Mesas de madera con manteles de plástico a cuadros rojos. Piso  de loseta fría, aire acondicionado que no funciona.

Ventiladores de techo oxidad  que apenas mueen el aire caliente. Son las 11 de la noche de un sábado. La cantina está llena  de gente. Trabajadores de la construcción tomando cereza después de la semana. Comerciantes del mercado celebrando un buen día de entas. Estudiantes uniersitarios pretendiendo  ser adultos con botellas de tequila barato.

Y en una mesa del fondo, alejada del ruido principal está  Canelo Álarez. Tiene 19 años recién cumplidos. Pelo rojo natural que le da su apodo. Piel clara llena de pecas. Ojos erdes que brillan bajo la luz amarillenta  de los focos. Acaba de ganar su pelea número 30. 30  ictorias consecutias, cero derrotas, 23 knockouts.

Es la promesa del boxeo mexicano, el futuro campeón mundial, el próximo gran ídolo, pero todaía no es famoso.  Todaía puede caminar por Guadalajara sin que lo reconozcan en cada esquina. Todaía puede sentarse en una cantina sin guardaespaldas.  está celebrando con su equipo. Chepo Reynoso, su entrenador.

Un señor de 60 años con cara curtida por el sol y  manos grandes llenas de callos. Rigoberto Álarez, su hermano mayor, también boxeador,  también bueno, pero no tan bueno como Saúl. Y tres amigos de la infancia de Juana Acatlán, el pueblo donde Canelo creció endiendo paletas  con su papá.

Meto en la mesa hay cinco botellas de cereza corona, dos botellas acías de tequila. Don Julio 1942, un cenicero lleno de colillas, platos con restos  de carnitas y tortillas. Están riendo, contando historias, reiiendo la pelea de la noche anterior. Hay un grupo de hombres mayores. Ropa elegante, pero no ostentosa.

Camisas de estir, pantalones de mezclilla, botas de piel. Están  todos sentados alrededor de instrumentos musicales. Tres iolines, dos trompetas, dos guitarras, un guitarrón, una biguela, un arpa pequeña. Son mariachis profesionales.  No cualquier grupo de mariachis. Son los músicos que acompañan a Pepe Aguilar en sus giras internacionales.

Están de paso en Guadalajara. Mañana tienen un concierto en  el auditorio Telmex. 20,000 personas, boletos endidos desde hace 3 meses, pero esta noche  están descansando, tomando tequila e comiendo tacos, relajándose antes del  show. Uno de los iolinistas, un señor de 50 años con bigote blanco,  mira hacia la mesa de Canelo, reconoce el pelo rojo, la complexión atlética, se leanta, camina hacia la mesa, se para frente a Canelo.

Disculpa, joen, tú eres el Canelo Álarez, el boxeador. Canelo leanta la mirada, sonríe. Todaía no está acostumbrado a que lo reconozcan. Sí, señor.  Soy yo. El iolinista le extiende la mano. Un honor, campeón.  Vi tu pelea ayer en la teleisión. Le diste una paliza a ese pobre muchacho. Canelo se ríe. Le da la mano. Gracias, Señor.

Hice mi trabajo. Nos permites initarte  un tequila y nosotros tocamos algo para ti y tus amigos. Canelo mira a Chepo. Chepo asiente. Claro que sí, pero nosotros initamos el tequila. Canelo hace una seña al mesero. Tráiganos dos botellas de don Julio. 1942 para los señores músicos. Los mariachis se acercan, juntan las mesas, traen sus instrumentos y empiezan a tocar.

El rey de José Alfredo Jiménez. Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera sé que tendrás que llorar. Canelo canta. Desafinado, borracho, feliz, con esa felicidad pura que solo se siente a los 19 años cuando tienes toda la ida por delante. Después tocan oler oler de Vicente Fernández.

Después, por tu maldito amor de Joan Sebastián. Las botellas se acían, se piden más. El mesero deja de contar. Son las 12:30 de la noche cuando la puerta de la cantina se abre y entra Pepe Aguilar. Pepe tiene 41 años en ese momento. Está en la cúspide de su carrera. Acaba de ganar dos grami latinos. Su disco Bicentenario endió más de un millón de copias. Es una leyenda iiente.

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