Palabras tan ofensias que casi proocan una pelea real antes de la pelea oficial. Tercera reelación. El pacto secreto que Golden Boy Promotions hizo con Pepe Aguilar dos semanas antes de la pelea. Un contrato de una sola página con una cláusula muy específica que decía exactamente: “Pepe Aguilar solo cantará si Canelo Álarez gana por decisión unánime con todos los jueces dándole más de 10 puntos de entaja.
¿Por qué esa cláusula existía? ¿Qué significaba? Y como casi se cancela todo cuando Canelo no pudo noquear a Cháez Junior. Tu cuarta reelación. Las tres canciones exactas que Pepe cantó esa noche. El rey de José Alfredo Jiménez. Hermoso cariño de Vicente Fernández y por mujeres como tú de Álaro Carrillo y Pepe Aguilar.
¿Por qué eligió específicamente esas tres? ¿Qué representaba cada una? Y sobre todo por qué la última hizo que Canelo rompiera en llanto incontrolable frente a 53,000 personas y millones iendo por teleisión. Quinta reelación. Lo que pasó exactamente 30 minutos antes en el camerino de Canelo, cuando Pepe Aguilar entró sin permiso, cuando cerró la puerta con seguro, cuando le dijo a Eddy Reinoso que los dejara solos y las palabras exactas que le dijo a Canelo, palabras que nadie más escuchó,
palabras que cambiaron el significado completo de toda la noche, palabras que Canelo repetiría años Después en entreistas diciendo, “Ese día Pepe me saló de algo muy oscuro. Te oy a aisar exactamente cuando llegue cada reelación. Si te as antes del final de este ideo, te pierdes como dos iconos mexicanos.
Un boxeador que creció endiendo paletas en Jalisco y un cantante que cargaba el peso del apellido Aguilar crearon el momento más emotio, más humano, más real en toda la historia del boxeo mexicano. Un momento que no fue planeado por agencias de marketing. Un momento que no fue diseñado para olerse iral.
Un momento que nació de una amistad real, de una promesa de 7 años, de dolor compartido, de ulnerabilidad masculina, de dos hombres que se atreieron a llorar frente al mundo y que al hacerlo le recordaron a millones de mexicanos que está bien sentir, que está bien quebrarse y que está bien ser humano.
Amos 7 años atrás en el tiempo. Marzo 15 de 2010, Guadalajara, Jalisco, México. Cantina El Parián. Una cantina tradicional en el centro histórico de la ciudad. Paredes de adobe pintadas de amarillo deslaado. Mesas de madera con manteles de plástico a cuadros rojos. Piso de loseta fría, aire acondicionado que no funciona.
Ventiladores de techo oxidad que apenas mueen el aire caliente. Son las 11 de la noche de un sábado. La cantina está llena de gente. Trabajadores de la construcción tomando cereza después de la semana. Comerciantes del mercado celebrando un buen día de entas. Estudiantes uniersitarios pretendiendo ser adultos con botellas de tequila barato.
Y en una mesa del fondo, alejada del ruido principal está Canelo Álarez. Tiene 19 años recién cumplidos. Pelo rojo natural que le da su apodo. Piel clara llena de pecas. Ojos erdes que brillan bajo la luz amarillenta de los focos. Acaba de ganar su pelea número 30. 30 ictorias consecutias, cero derrotas, 23 knockouts.
Es la promesa del boxeo mexicano, el futuro campeón mundial, el próximo gran ídolo, pero todaía no es famoso. Todaía puede caminar por Guadalajara sin que lo reconozcan en cada esquina. Todaía puede sentarse en una cantina sin guardaespaldas. está celebrando con su equipo. Chepo Reynoso, su entrenador.
Un señor de 60 años con cara curtida por el sol y manos grandes llenas de callos. Rigoberto Álarez, su hermano mayor, también boxeador, también bueno, pero no tan bueno como Saúl. Y tres amigos de la infancia de Juana Acatlán, el pueblo donde Canelo creció endiendo paletas con su papá.
Meto en la mesa hay cinco botellas de cereza corona, dos botellas acías de tequila. Don Julio 1942, un cenicero lleno de colillas, platos con restos de carnitas y tortillas. Están riendo, contando historias, reiiendo la pelea de la noche anterior. Hay un grupo de hombres mayores. Ropa elegante, pero no ostentosa.
Camisas de estir, pantalones de mezclilla, botas de piel. Están todos sentados alrededor de instrumentos musicales. Tres iolines, dos trompetas, dos guitarras, un guitarrón, una biguela, un arpa pequeña. Son mariachis profesionales. No cualquier grupo de mariachis. Son los músicos que acompañan a Pepe Aguilar en sus giras internacionales.
Están de paso en Guadalajara. Mañana tienen un concierto en el auditorio Telmex. 20,000 personas, boletos endidos desde hace 3 meses, pero esta noche están descansando, tomando tequila e comiendo tacos, relajándose antes del show. Uno de los iolinistas, un señor de 50 años con bigote blanco, mira hacia la mesa de Canelo, reconoce el pelo rojo, la complexión atlética, se leanta, camina hacia la mesa, se para frente a Canelo.
Disculpa, joen, tú eres el Canelo Álarez, el boxeador. Canelo leanta la mirada, sonríe. Todaía no está acostumbrado a que lo reconozcan. Sí, señor. Soy yo. El iolinista le extiende la mano. Un honor, campeón. Vi tu pelea ayer en la teleisión. Le diste una paliza a ese pobre muchacho. Canelo se ríe. Le da la mano. Gracias, Señor.
Hice mi trabajo. Nos permites initarte un tequila y nosotros tocamos algo para ti y tus amigos. Canelo mira a Chepo. Chepo asiente. Claro que sí, pero nosotros initamos el tequila. Canelo hace una seña al mesero. Tráiganos dos botellas de don Julio. 1942 para los señores músicos. Los mariachis se acercan, juntan las mesas, traen sus instrumentos y empiezan a tocar.
El rey de José Alfredo Jiménez. Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera sé que tendrás que llorar. Canelo canta. Desafinado, borracho, feliz, con esa felicidad pura que solo se siente a los 19 años cuando tienes toda la ida por delante. Después tocan oler oler de Vicente Fernández.
Después, por tu maldito amor de Joan Sebastián. Las botellas se acían, se piden más. El mesero deja de contar. Son las 12:30 de la noche cuando la puerta de la cantina se abre y entra Pepe Aguilar. Pepe tiene 41 años en ese momento. Está en la cúspide de su carrera. Acaba de ganar dos grami latinos. Su disco Bicentenario endió más de un millón de copias. Es una leyenda iiente.
El hijo de Antonio Aguilar, el heredero del trono de la música ranchera, enía buscando a su mariachi. Mañana tienen ensayo técnico a las 8 de la mañana. Necesita que estén sobrios. Necesita que estén descansados. Entra a la cantina y e la escena. Su mariachi tocando para un grupo de jóenes.
Botellas acías por todos lados. Risas, gritos. celebración. Está a punto de enojarse, está a punto de regañarlos, está a punto de ordenarles que se ayan inmediatamente, pero entonces uno de los trompetistas lo e. Don Pepe, don Pepe, enga, siéntese. Estamos tocando para el Canelo Álarez, el boxeador, el próximo campeón del mundo.
Pepe frunce el seño. No sabe quién es Canelo Álarez, no sigue el boxeo. Nunca le ha interesado, pero algo en el ambiente de la cantina lo detiene. Algo en la energía de esa mesa llena de jóenes celebrando. Camina hacia la mesa, se acerca, e a Canelo, pelo rojo, ojos erdes, sonrisa grande, cara de niño todaía.
Mucho gusto, joen Pepe Aguilar. Canelo se leanta de inmediato, casi tira su silla. Sus ojos se abren enormes. Don Pepe, es un honor, un honor enorme. Soy Canelo Álarez. Le da la mano con demasiada fuerza. Con ese neriosismo de conocer a tu ídolo, Pepe sonríe. Le agrada la humildad del muchacho. Siéntate, siéntate.
Así que eres boxeador. Sí, señor. Acabo de ganar mi pelea número 30. 30 ictorias, ninguna derrota. Y eres bueno, Canelo se ríe. Dicen que sí, don Pepe. Dicen que algún día oy a ser campeón del mundo. Pepe se sienta en una silla acía. Acepta un aso de tequila que le ofrece Rigoberto. ¿Y cuál es tu sueño, Canelo? ¿Qué quieres lograr? Canelo se queda pensando.
Nadie le había preguntado eso antes. Todos asumen que quiere ganar títulos, ganar dinero, ser famoso. Pero nadie le había preguntado qué quiere realmente. Quiero ser campeón del mundo, don Pepe. Quiero pelear en Las Vegas frente a miles de personas. Quiero que mi papá, que endía paletas en Jalisco para darnos de comer, me e a leantar un cinturón mundial.
Quiero que México se sienta orgulloso de mí. Pepe asiente. Toma un trago de tequila. Eso está bien. Son buenos sueños, sueños honestos. Se queda en silencio por un momento, mirando su aso. Después leanta la mirada. Pero déjame preguntarte algo, Canelo. Algo que mi padre me preguntó a mí cuando tenía tu edad.
Dígame, Edon Pepe. ¿Y después qué? Canelo no entiende después de qué. Después de ser campeón del mundo, después de pelear en Las Vegas, después de que tu papá te ea leantar el cinturón, después de que México se sienta orgulloso, ¿qué sigue? Canelo abre la boca para responder, pero se da cuenta de que no tiene respuesta. Nunca había pensado en eso.
Nunca había isto más allá del momento de la ictoria. Pepe continúa. Te oy a contar algo que Antonio Aguilar, mi padre, me dijo cuando yo tenía 18 años. Yo acababa de grabar mi primer disco. Estaba emocionado. Pensaba que iba a ser famoso, que iba a ser rico, que iba a ser una estrella. ¿Y qué le dijo su papá? me dijo, “Pepe, el éxito es fácil de medir.
Se mide en discos endidos, en conciertos llenos, en premios ganados. Pero el legado, el legado no se mide en números. El legado se mide en lo que la gente siente cuando escucha tu nombre. 20 años después de que te ayas. Pepe, toma otro trago. Tú puedes ser campeón del mundo 100 eces, Canelo. Puedes tener todos los cinturones que existen.
Puedes ganar todo el dinero del planeta. Pero si cuando la gente dice tu nombre no siente nada, no dejaste nada. Solo fuiste un tipo que pegaba bien. Las palabras caen como piedras sobre la mesa. Canelo escucha en silencio, procesando, entendiendo algo que no sabía que necesitaba entender. Pepe se leanta, deja el aso acío sobre la mesa.
Cuando seas campeón del mundo, Canelo, búscame. Yo oy a cantar en tu celebración y amos a hacer que México sienta algo que nunca has sentido. No admiración, no orgullo acío, sino amor erdadero, conexión real, humanidad pura le extiende la mano. Palabra de Aguilar. Canelo se leanta, le da la mano, siente un nudo en la garganta.
Palabra de Álarez, don Pepe, cuando sea campeón lo oy a buscar. Pepe asiente. Le da una palmada en el hombro. Cuídate, muchacho, y recuerda, los títulos se olidan, pero los momentos reales quedan para siempre. Sale de la cantina. Canelo se queda ahí parado iendo la puerta cerrarse. Sus amigos siguen celebrando, el mariachi sigue tocando, las botellas siguen llegando, pero Canelo ya no está presente.
Está pensando en las palabras de Pepe Aguilar. Está pensando en el legado. Está pensando en lo que quiere que la gente sienta cuando diga su nombre. No sabía en ese momento que esa conersación de 5 minutos cambiaría el curso completo de su carrera y que 7 años después cobraría esa promesa de la forma más emotia posible.
Esta es la primera reelación que te prometí al principio. Canelo Álarez conoció a Pepe Aguilar en marzo de 2010 en la cantina El Parián de Guadalajara. Canelo tenía 19 años. 30 peleas ganadas, cero derrotas. Todaía no era campeón del mundo. Pepe le hizo una promesa esa noche. Cuando seas campeón del mundo, yo oy a cantar en tu celebración.
Canelo guardó esa promesa en secreto absoluto durante 7 años. Ni siquiera Eddie Reynoso, su entrenador más cercano, sabía de esa conersación. Y cuando llegó el momento perfecto, cuando derrotó a Julio César Cháez Junior, frente a 53,000 personas en Las Vegas, Canelo cobró esa promesa.
Pero antes de llegar a esa noche, tienes que entender por qué Canelo aceptó pelear contra Cháez Junior. Y te oy a adertir, la erdad es mucho más oscura de lo que crees. que Julio César Cháez Junior le dijo a Canelo en priado no fue sobre boxeo, fue sobre su familia, sobre sus hermanos, sobre su padre que endía paletas.
Y cuando Canelo escuchó esas palabras, tomó una decisión. Esta pelea no sería por dinero, sería por honor. Y el honor en México se paga con sangre. Mayo de 2016, un año antes de la pelea. Canelo Álarez es campeón mundial de peso mediano del CMB y el Anillo. Tiene un récord impresionante. 47 ictorias, una derrota contra Floyd Mayweather, un empate.
Es el boxeador mejor pagado de México. El rostro principal de Golden Boy Promotions, el heredero comercial de Óscar de la Ol. gana entre 20 y 30 millones de dólares por pelea. Tiene contratos millonarios con Underror, Decate, Gennesy. Vie en una mansión en San Diego, California.
Tiene otra en Guadalajara, otra en Puerto Vallarta. Es oficialmente el nueo rey del boxeo mexicano, pero hay un problema. Necesita un rial para la pelea del 5 de mayo de 2017. El 5 de mayo es la fecha más importante del año para el boxeo mexicano. Es la fecha donde se hacen las peleas más grandes, donde se genera más dinero, donde se consigue más rating.
Golden Boy Promotions le presenta arias opciones a Canelo. Opción uno, Jenadi Golokin, el casajo inicto con 36 ictorias y 33 knockouts. El hombre que todos quieren er pelear contra Canelo. Pero Óscar de la olla dice que no. Demasiado peligroso para este momento.
Necesitamos construir esa pelea más, hacerla más grande. Septiembre es mejor fecha. Opción dos, Germal Charlot, campeón inicto con 26 ictorias. Joen, talentoso, peligroso, pero Canelo dice que no. No tiene suficiente nombre. La gente no sabe quién es. No a a ender. Opción tres, Danny Jacobs, campeón de peso mediano de la AMB.
Buen boxeador. Historia inspiradora de sobreiiente de cáncer, pero Golden Boy dice que no. No genera rating en México. Los mexicanos no se conectan con él. Se quedan sin opciones hasta que alguien en la sala, nadie recuerda exactamente quién, sugiere un nombre que hace que todos se queden en silencio.
¿Qué tal, Julio César Cháez Junior? Julio César Cháez Junior, el hijo del más grande boxeador mexicano de todos los tiempos. Julio César Cháez Senior, el gran campeón mexicano. Tiene un récord de 107 ictorias. Seis derrotas, dos empates, 86 knockouts. Fue campeón mundial en tres diisiones diferentes, superligero, ligero y superwelter.
Lo defendió sus títulos 87 eces. Tuo 13 años inicto, 87 peleas sin perder. Es considerado por muchos el mejor boxeador mexicano de la historia por encima de Salador Sánchez, por encima de Rubén Oliares, por encima de todos. Pero su hijo, su hijo no heredó el talento, solo heredó el apellido y la presión. Julio César Cháez.
Junior tiene en ese momento, mayo de 2016, un récord de 50 ictorias, tres derrotas, un empate. No es malo, pero tampoco es bueno. Ha ganado un título mundial, el de peso mediano del CMB en 2011, derrotando a Sebastian Sbck, pero lo perdió en su primera defensa contra Sergio Marailla Martínez en 2012. Después perdió contra Brian Vera en 2013 y contra Anders Fonfara en 2015.

No ha ganado una pelea importante en 5 años y su último combate fue contra Dominic Bridge en diciembre de 2015. Ganó por decisión unánime, pero la pelea fue aburrida, sin emoción, sin rating, pero tiene algo que ningún otro boxeador tiene. Tiene el apellido Cháez y en México ese apellido ale millones. Óscar de la olla se queda pensando cuando escucha el nombre.
Cháez Junior es una locura, pero podría funcionar. ¿Por qué funcionaría? Por la historia, por el drama, por el apellido, imagínate el titular. El nueo rey contra el príncipe caído, la nuea generación contra la ieja, Canelo contra Cháez. Pero Cháez Junior no le gana ni de broma a Canelo. No importa, la gente a a querer er si el hijo del grande puede hacer algo.
Van a querer er si el apellido Cháez todaía significa algo. Y si Canelo lo destroza, Óscar sonríe mejor. Es así, Canelo se conierte oficialmente en el nueo rey indiscutible del boxeo mexicano. Le quitan la corona simbólica a la familia Cháez y se la pone él. Llaman a Canelo. Le explican la propuesta.
Canelo se queda en silencio durante 30 segundos completos. Después dice, “¿Cuánto pagan? 50 millones de dólares garantizados más el pay-periew. Canelo piensa, acepto, pero con una condición. ¿Cuál? Quiero que la pelea sea en Las Vegas, en el Team Mobile Arena y quiero que sea 164 libras, no a 160. ¿Por qué? Porque Cháez Junior siempre ha tenido problemas para dar el peso.
Si peleamos a 164, se a a tener que matar para llegar y a a estar débil. Óscar Sonríe. Hecho. Diciembre 5 de 2016 se anuncia oficialmente Canelo Álarez ersus Julio César Cháez Junior. 6 de mayo de 2017. Temo Baile Arena, Las Vegas, Neada. Peso pactado 164 libras. Bolsa, 50 millones de dólares para Canelo, 3 millones para Cháez Junior.
La reacción en México es explosia e inmediata. Algunos lo en como la pelea del año, el enfrentamiento generacional que todos querían er. Otros lo en como una falta de respeto absoluta. Cháez Junior no merece estar en el mismo ring que Canelo. Es una pelea arreglada para que Canelo se ea bien, pero todos, absolutamente todos, están de acuerdo en una cosa.
Va a ender millones y ende. Los boletos se agotan en 48 horas. 53,000 asientos endidos. El pay-periew se proyecta en 1,200,000 compras. Récord para una pelea mexicano ersus mexicano. Las conferencias de prensa empiezan en enero de 2017 y desde la primera conferencia todo el mundo sabe que esto no es una pelea normal, esto es guerra personal.
Enero 12 de 2017, primera conferencia de prensa. Centro de conenciones de la Ciudad de México. 500 periodistas, 30 cámaras de teleisión. Transmisión en io para todo México y Estados Unidos. Canelo llega puntual. Traje negro, camisa blanca, sin corbata, lentes oscuros, se sienta en su silla, saluda a la prensa, sonríe.
Cháez Junior llega 40 minutos tarde. Trae una playera de los Lakers, pantalones deportios, tenis sin afeitar, ojos rojos. Se nota que iene tomado o drogado o ambas. Se sienta en su silla sin saludar a nadie. El moderador da inicio a la conferencia. Buenas tardes. Estamos aquí para presentar oficialmente la pelea entre Canelo Álarez y Julio César Cháez Junior.
Canelo, ¿qué significa para ti esta pelea? Canelo, toma el micrófono. Para mí es un honor pelear contra el hijo de una leyenda. Julio César Cháez Senior es el más grande boxeador mexicano de la historia. Respeto mucho su legado y oy a demostrar el 6 de mayo que hay una nuea generación.
Con todo respeto, Cháez Junior se ríe. Fuerte, sarcástico. Nuea generación, no me hagas reír, gey. Tú no eres nada sin Golden Boy, sin Óscar, sin todo el dinero que te meten. Yo soy un Cháez. Yo tengo sangre de campeón. Tú solo tienes marketing. Canelo se quita los lentes, lo mira fijo. Yo tengo 49 ictorias, tú tienes 50, pero con tres derrotas ergonzosas.
Pa en mayo a a ser cuatro. Vergonzosas. Vergonzoso es que tú nunca has peleado contra alguien bueno. Todos tus riales son iejos o mediocres. Mayweather te dio una lección. Golokin te a otra y recordar qué significa ser un Cháez. La tensión en la sala es palpable. Los periodistas están escribiendo frenéticamente.
Las cámaras están grabando todo. Esto es oro periodístico. Pero lo que las cámaras no graban es lo que pasa después, cuando termina la conferencia. Esta es la segunda reelación que te prometí al principio. Cuando termina la conferencia de prensa, Canelo y Cháez Junior tienen que tomarse fotos oficiales cara a cara.
Están parados frente a frente, nariz con nariz, como se hacen todas las conferencias de boxeo. cámaras están tomando fotos, los flashes iluminan la sala y en ese momento de cuando nadie más puede escuchar, Cháez Junior le dice algo a Canelo, algo que las cámaras no captan, algo que los micrófonos no graban, le dice exactamente esto, palabra por palabra.
Tú y tu familia son unos nacos, gey. Vendedores de paletas que se creen importantes. Tu papá endiendo helados como mendigo. Tus hermanos metiéndose en problemas con la ley. Tú pegándole a iejos y cobrando millones. Ustedes son una ergüenza para México. Canelo siente como la sangre se le sube a la cabeza.
Sus manos se cierran en puños. Eddie Reinoso, que está a 2 metros de distancia, e la expresión en la cara de Canelo y sabe que algo malo está pasando. Se acerca rápidamente, se mete entre los dos. Ya, ya nos emos en mayo. Se para a Canelo, lo saca de la sala. En el auto de regreso al hotel, Canelo no habla. Está en silencio absoluto mirando por la entana.
Eddie sabe que no debe preguntar qué pasó. Ya lo sabrá después. Esa noche, en su habitación de hotel, Canelo llama a su padre Santos Álarez a Guadalajara. Papá, te oy a engar. Te oy a engar a ti y a toda la familia. Santos no entiende. ¿Qué pasó, mi hijo? Cháez habló mal de nosotros.
Dijo que somos nacos, que tú eres un mendigo, que somos una ergüenza. Santos se queda en silencio. Después dice con oz tranquila, “Saúl, no necesitas engarme. Yo estoy orgulloso de haber endido paletas para darte de comer. No me aergüenzo de nada. Yo sé, papá, pero él no tiene derecho.
No tiene derecho de hablar así de ti. Entonces, demuéstrale quién eres. No con palabras, con golpes. Canelo cuelga y en ese momento toma una decisión. Esta pelea ya no es por 50 millones de dólares, es por honor, es por dignidad, es por demostrarle a Julio César Cháez Junior que el apellido no hace al hombre. El hombre hace al apellido.
Abril 20 de 2017, 16 días antes de la pelea, oficinas de Golden Boy Promotions, Los Ángeles, California. Óscar de la Olcón del eento. La pelea está endida, los números son históricos, a a ser la pelea más grande del año en términos comerciales, pero Óscar quiere más. Quiere que sea memorable, quiere que sea un eento cultural, algo que la gente recuerde por años.
Necesitamos hacer algo especial, dice Óscar. No puede ser solo una pelea, tiene que ser una experiencia. ¿Qué tienes en mente? Pregunta Bernard Hopkins, su socio. Música en io después de la pelea. Si Canelo gana, celebramos en grande. Y con un artista de erdad, ¿quién? Óscar sonríe.
Ya hablé con alguien, Pepe Aguilar. El cuarto se queda en silencio. Pepe Aguilar es una leyenda. ganador de múltiples gramis, el hijo de Antonio Aguilar, el heredero del trono de la música ranchera. ¿Y aceptó? Pregunta Hopkins. Todaía no. Voy a llamarlo ahorita. Óscar marca el número de Pepe. Suena tres eces. Bueno, Pepe, habla Óscar. Óscar de la olla, el mismo.
¿Cómo estás, compa? Bien, bien. ¿Qué se te ofrece? Tengo una propuesta para ti. El 6 de mayo, Canelo pelea contra Cháez Junior en Las Vegas. 53,000 personas, millones iendo por teleisión. Quiero que cantes después de la pelea. Pepe se queda pensando. Cantar en un eento de boxeo. Sí. Imagínate, Canelo gana, el estadio está eufórico y tú sales con tu mariachi.
Cantas tres a cuatro canciones. Celebramos a lo grande, hacemos historia. Y si Canelo pierde, Óscar se ríe. No a a perder, pero si pierde, obiamente no hay presentación. Nadie a a querer celebrar. Pepe piensa durante 30 segundos. ¿Cuánto pagas? 50,000 por 30 minutos. Pepe Sila. Está bien, pero tengo condiciones. Dime.
Primera, yo elijo las canciones. Nadie me dice qué cantar. Hecho. Segunda. Necesito mi mariachi completo. 15 músicos. Ustedes pagan los uelos y el hotel. Hecho. Tercera. Solo canto si Canelo gana de forma dominante. No quiero estar ahí si la pelea es cerrada o controersial. Tiene que ser una ictoria clara.
Óscar frunce el seño. ¿Qué significa dominante? Decisión unánime con todos los jueces dándole a Canelo más de 10 puntos de entaja. A Knockout. Eso es muy específico. Es mi condición. No oy a celebrar una ictoria dudosa. Óscar piensa, dame un segundo. Cubre el teléfono. Les explica la condición a su equipo.
¿Qué dicen? Canelo puede ganar así de claro. Todos asienten. Cháez Junior no está en el niel de Canelo. La ictoria será dominante. Está bien, Pepe. Aceptamos tu condición. Perfecto. Mándame el contrato. Lo tendrás mañana. Cuelgan. Óscar se recarga en su silla. Tenemos a Pepe Aguilar.
El cuarto está ya en aplausos. Pero hay algo que Óscar de la Ol, algo que nadie en Golden Boy sabe. Pepe Aguilar no aceptó por los $50,000. Aceptó porque 7 años atrás en una cantina de Guadalajara le hizo una promesa a un joen de 19 años de pelo rojo. Cuando seas campeón del mundo, te yo oy a cantar en tu celebración.
Y Pepe Aguilar nunca rompe una promesa. Esta es la tercera reelación que te prometí al principio. El pacto entre Golden Boy Promotions y Pepe Aguilar incluía una cláusula muy específica. Pepe Aguilar solo cantará si Canelo Álarez gana por decisión unánime con todos los jueces dándole más de 10 puntos de entaja o por knockout.
Esta cláusula casi arruina todo porque aunque Canelo dominó completamente la pelea durante 12 rounds, no pudo noquear a Cháez Junior y hubo un momento entre el round 12 y el anuncio de la decisión donde todos en Golden Boy pensaron que Pepe no iba a cantar, que la condición no se había cumplido y que el momento más grande de la noche se iba a cancelar.
Pero llegaremos a eso. Primero tienes que er la pelea. 6 de mayo de 2017, Tmobile Arena, Las Vegas, Neada. Son las 9 de la noche. 53000 personas llenan el estadio hasta el último asiento. El aire huele a cereza, palomitas, perfume barato y adrenalina pura. Banderas mexicanas colgando por todos lados.
Verdes, blancas y rojas ondeando al ritmo de los cánticos. México, México, México. La pelea estelar está a punto de empezar. Michael Buffer, el legendario anunciador de 72 años, está en el centro del ring. Llea un smoking negro brillante, moño rojo, zapatos de charol, toma el micrófono y con esa oz inconfundible que ha anunciado las peleas más grandes de la historia, grita, “Ladies and gente.
El estadio explota. Introducing first fighting out of the red corner, Chaez Jr. entra al ring. No hay pantalones negros con rayas doradas, guantes blancos, cara seria, camina despacio sin emoción, como si no quisiera estar ahí. Sube al ring, se para en su esquina. Su padre, Julio César Cháez Senior está en primera fila con lentes oscuros, brazos cruzados, expresión indescifrable.
And now, introducing the champion, fighting out of the blue corner. Canelo entra. El estadio se uele loco a pantalones erdes con bordados dorados, guantes rojos, cara de concentración absoluta. Camina hacia el ring seguido por Eddie Reyoso y su equipo. En primera fila está su padre, Santos Álarez, la primera ez que iene a erlo pelear en Estados Unidos.
Canelo sube al ring, se para en su esquina, mira a Cháez Junior desde el otro lado. Michael Buffer continúa. Ladies and gentlemen, let’s get ready to rumble. Campana, round 1. Canelo sale del rincón caminando tranquilo, sin prisa. Cháez Junior hace lo mismo. Se encuentran en el centro del ring. Canelo tira el primer golpe.
Un Cha exploratorio. Cháez lo bloquea. Cháez responde con un jaub propio. Canelo lo esquia. Intercambian golpes durante 30 segundos. Nada conecta limpio. Después Canelo empieza a encontrar su distancia. Jo y Ja. Ja. Directo a la cara. Cháez se cubre. No responde. Canelo tira un gancho al cuerpo.
Conecta limpio. Cháez hace una mueca de dolor. Campana. Round uno para Canelo. Round dos. Canelo sale más agresio. Presiona a Cháez hacia las cuerdas. Ja. Ja. Directo. Gancho al cuerpo. Uppercut. Cháez solo se cubre. No ataca. No responde. La multitud empieza a buchear. Pelea, pelea, pelea. Pero Cháez no pelea, solo sobreie.
Campana. Round dos para Canelo. Round 3. 4 5 6. Lo mismo. Canelo presiona. Cháez se cubre. Canelo conecta golpes limpios al cuerpo y a la cara. Cháez aguanta. No cae, pero no pelea. Es una demostración completa de superioridad. Canelo está jugando con él. Round 7. Canelo decide que ya es suficiente.
Sale del rincón con intención de terminar la pelea. Acorrala a Cháez contra las cuerdas. Ráfaga de golpes. Gancho al cuerpo. Cháez se dobla. Uppercut a la cara. La cabeza de Cháez se a hacia atrás. Directo. Otro. Directo gancho. Cháez está contra las cuerdas. Apenas puede defenderse. El referíe se acerca, obsera.
Canelo tira otro gancho al cuerpo. Cháez cae de rodillas. El estadio se leanta. Todos esperan que el refer detenga la pelea. Pero Cháez se leanta antes de la cuenta. Está de pie apenas, pero de pie. El refere le pregunta si puede continuar. Cháez asiente. La pelea continúa. Canelo sigue atacando hasta que suena la campana.

Round 7 para Canelo. Claramente. Round 8, 9, 10, 11, 12. Canelo sigue golpeando. Cháez sigue aguantando. No hay knockout. Cháez nunca cae definitiamente, pero tampoco pelea. Es una humillación pública durante 12 rounds completos. Cuando suena la campana final, todo el mundo sabe quién ganó. No hace falta esperar la decisión de los jueces.
Canelo camina por el ring con los brazos leantados. Cháez sale del ring inmediatamente, sin saludar, sin dar entreistas. Humillado, Michael Buffer toma el micrófono. Ladies and gent dae scores about 119 to 109. Judge Don Trella scores the b to all three judges scored about in the winner unanimous decision.
Pausa dramática. Saul Canelo Álarez. El estadio explota. 53000 personas gritando. Canelo leanta los brazos, sonríe, camina por el ring saludando a todos lados. Su padre está llorando en primera fila. Eddie Reyoso lo abraza. Es el momento perfecto, la ictoria perfecta, pero falta algo, algo que nadie espera, algo que a a conertir esta noche en historia.
Canelo está en el centro del ring. Acaba de recibir el cinturón de manos del referee. Lo leanta. Las cámaras toman fotos, los flashes iluminan todo. Max Kellerman, el comentarista de HBO, está tratando de entrar al ring para hacer la entreista postpelea, pero de repente las luces del estadio cambian.
De blanco brillante a rojo intenso, la música que estaba sonando se detiene. Silencio absoluto. 3 segundos, 4 segundos, 5 segundos. Canelo mira alrededor confundido. Nadie le dijo que pasaría algo y entonces desde el túnel oscuro del estadio empieza a sonar un mariachi. Trompetas, iolines, guitarras. Un reflector gigante ilumina la entrada del túnel.
Y aparece Pepe Aguilar, traje de charro completo, erde bandera con bordados dorados que brillan bajo las luces, sombrero de ala ancha en la mano izquierda, micrófono inalámbrico en la mano derecha, detrás de él doe 15 músicos estidos completamente de negro con instrumentos tradicionales. El estadio enloquece.
53,000 personas gritando el nombre de Pepe. Pepe, Pepe, Pepe. Canelo se queda completamente inmóil en el centro del ring. Sus ojos se abren enormes, su boca se abre sin poder articular palabra. No sabía nada, absolutamente nada. Nadie le aisó, nadie le dijo, nadie le preparó para este momento. Pepe camina lentamente hacia el ring, cada paso calculado, cada moimiento deliberado, como si estuiera entrando a un templo sagrado.
Las cámaras lo siguen, las luces lo iluminan. llega al ring, sube las escaleras metálicas una por una, el sonido de sus botas resonando en el estadio completo. Entra al ring por debajo de las cuerdas, se incorpora, camina hacia Canelo, se para frente a él, cara a cara, ídolo frente a ídolo, leyenda frente a leyenda. Pepe le extiende la mano, Canelo la toma y Pepe lo jala hacia él, lo abraza.
Un abrazo fuerte de esos que se dan los hombres que se respetan de erdad. Después lo suelta, le pone una mano en el hombro y le dice, “Solo para él, sin micrófono. Esto es por la promesa que hiciste hace 7 años, campeón, por cumplirla. Canelo siente un nudo en la garganta. Sí, se acuerda. Guadalajara 2010, cantina el Parián.
Cuando seas campeón del mundo, yo oy a cantar en tu celebración. Pepe se oltea hacia la multitud, leanta el micrófono. Buenas noches, Las Vegas. El estadio responde con un grito ensordecedor. Esta noche acabamos de er a un erdadero campeón, Canelo Álarez, un hombre que empezó endiendo paletas en las calles de Jalisco con su padre y hoy es el orgullo de todo México.
Aplausos. Pues y para celebrarlo como se debe, como solo nosotros los mexicanos sabemos celebrar, les oy a cantar tres canciones. Tres canciones que todos lleamos en el corazón. Tres canciones que nos recuerdan de dónde enimos y hacia dónde amos. El mariachi empieza a tocar.
Primera canción, El Rey de José Alfredo Jiménez. Las trompetas suenan. Pepe canta. Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera sé que tendrás que llorar. 53,000 personas cantando al unísono. Dirás que no me quisiste, pero as a estar muy triste y así te me has de quedar. Canelo está en el centro del ring, sonriendo, cantando también, moiéndose al ritmo de la música.
Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley, el estadio completo cantando. No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey. La canción termina. Aplausos, gritos, Pepe toma agua, respira. Segunda canción. Hermoso cariño de Vicente Fernández.
El mariachi empieza más suae, más romántico. Hermoso cariño, pedazo de mi ida. Yo te quiero tanto que no hayo que inentar. Las parejas en el estadio se abrazan para demostrarte que tú eres mi alegría, que tú eres el encanto de mi soñar. Canelo leanta los brazos. La multitud canta más fuerte.
La canción termina. Más aplausos. Y entonces Pepe hace algo inesperado, se acerca a Canelo, le habla sin micrófono, solo para él. Esta última canción es especial, Saúl. Es para ti y para todos los que alguna ez fueron traicionados, pero encontraron la fuerza para seguir adelante. Canelo no entiende de qué está hablando.
Pepe regresa al centro del ring. El mariachi empieza y Canelo reconoce la canción inmediatamente. Por mujeres como tú, por mujeres como tú, amor, existe el calendario para no caer en la tentación de buscarte a diario. Canelo se queda completamente quieto. Su sonrisa desaparece. Por mujeres como tú, amor, se dice en mi canción que no uelo a enamorarme porque ya aprendí la lección.
Y entonces algo que nadie esperaba. Canelo empieza a llorar. No es un llanto discreto, es un llanto isible. Las lágrimas caen por su cara sin control. Las cámaras lo captan todo, todo el mundo lo e. El boxeador más duro de México, el hombre que acaba de golpear a otro hombre durante 12 rounds, llorando como niño en el centro de un ring.
Por mujeres como tú, hay mujeres como yo que dan la ida entera y luego las abandonan y las dejan con el corazón destrozado. Canelo se limpia las lágrimas con los guantes todaía puestos, pero siguen cayendo. Pepe sigue cantando sin detenerse porque sabe que esto es exactamente lo que tenía que pasar.
Esta es la cuarta reelación que te prometí al principio. Canelo lloró esa noche no por la ictoria sobre Cháez Junior, lloró por algo mucho más personal. Dos semanas antes de la pelea, en abril de 2017, Canelo había terminado con su noia de 3 años, Marisol González. Marisol era conductora de teleisión, ex Miss México, hermosa, famosa, habían estado juntos desde 2014.
Canelo la amaba. Planeaba casarse con ella, pero descubrió que ella lo había engañado con alguien cercano a él. alguien de su círculo. Canelo estaba destrozado, pero no podía mostrarlo. Tenía que entrenar, tenía que hacer conferencias de prensa, tenía que mantener la imagen de campeón inencible. guardó el dolor, lo enterró profundamente.
Durante dos semanas, nadie supo lo que estaba pasando en su interior. Hasta esa noche, cuando Pepe Aguilar cantó por mujeres como tú, todo el dolor salió. La traición, la rabia, la tristeza, todo. Y 53,000 personas fueron testigos de la ulnerabilidad más real que un campeón mexicano había mostrado jamás. Esta es la quinta y última reelación que te prometí al principio.
Pepe Aguilar no sabía nada de la ruptura de Canelo cuando eligió cantar por mujeres como tú. La eligió porque sintió que era la correcta. Años después, en una entreista con Jordi Rosado, Pepe contaría. Algo me dijo que tenía que cantar esa canción. No sé qué fue, pero cuando estaba planeando las tres canciones con mi mariachi, esa canción seguía apareciendo en mi mente.
Y cuando i a Canelo llorar, entendí por qué. A eces uno no canta para 50,000 personas, uno canta para una sola persona. Y esa noche yo canté para Saúl. Hoy el ideo de esa noche tiene más de 200 millones de istas en YouTube. Canelo llora mientras Pepe Aguilar canta en Las Vegas. Es uno de los momentos más irales en la historia del boxeo.
No por los golpes, no por el knockout, por las lágrimas, por la humanidad. Desde esa noche, Pepe Aguilar ha cantado en otras peleas de Canelo. En la primera pelea contra Genadi Golokin en septiembre de 2017 en la reancha contra Golokin en septiembre de 2018. En la ictoria contra Sergei Koale en noiembre de 2019 se olió una tradición.
Una tradición que empezó con una promesa en una cantina de Guadalajara en marzo de 2010 y que se hizo realidad en un ring de Las Vegas en mayo de 2017. Canelo Álarez demostró esa noche que un campeón no es solo el que gana peleas, es el que tiene el alor de llorar frente a 53,000 personas. Demostrar que detrás del guerrero inencible hay un hombre con corazón, un hombre que siente, que sufre, que ama, que pierde.
Pepe Aguilar demostró que una canción puede hacer más que entretener, puede sanar, puede liberar, puede conectar a millones de almas con un solo acorde. Y juntos ese 6 de mayo de 2017 crearon algo que trasciende el deporte y la música. Crearon un momento de humanidad absoluta, un momento donde México entero recordó que está bien ser ulnerable, que está bien llorar, que está bien ser humano, porque al final eso es lo que somos, humanos que pelean, que caen, que se leantan. y que a eces solo necesitamos
una canción para recordarnos por qué ale la pena seguir adelante. Si esta historia te enseñó algo que no sabías, si ahora es diferente esa noche del 6 de mayo de 2017, si entendiste que los momentos más grandes no son los que planeamos, sino los que sentimos con todo el corazón, dale like a este ideo, suscríbete al canal y compártelo con alguien que necesite recordar que está bien sentir.
Nos emos en el próximo