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MIL MÁSCARAS: La ASQUEROSA TRAICIÓN de la WWE que ARRUINÓ SU VIDA por NO QUERER TRAICIONAR a MÉXICO

MIL MÁSCARAS: La ASQUEROSA TRAICIÓN de la WWE que ARRUINÓ SU VIDA por NO QUERER TRAICIONAR a MÉXICO

En 1984, la WWF, la empresa de lucha libre más grande del mundo, la que manejaba Vince McMahon desde Nueva York y que estaba a punto de convertirse en el negocio de entretenimiento más rentable de su industria, invitó a un luchador mexicano a participar en un evento que hoy es parte de la historia del deporte.

 El luchador se llamaba 1000 Máscaras, 82 años tiene hoy. Lleva activo en el ring desde 1965. ha luchado en más países que la mayoría de la gente ha visitado y la relación que tuvo con la WWF primero y con la W después es una de las historias más complicadas, más reveladoras y más calladas de la lucha libre mexicana en su contacto con el mercado americano.

 lo que la WW hizo a mil máscaras a lo largo de tres décadas y lo que mil más Máscaras dijo sobre eso cuando por fin habló es la historia que vamos a contar hoy, porque hay una versión oficial de la relación entre 1000 máscaras y la WWE y hay lo que realmente pasó y las dos versiones son completamente diferentes.

A Aarón Rodríguez Arellano nació el 15 de julio de 1942 en San Luis Potosí. Ese es el nombre real detrás de 1000 máscaras. Un nombre que muy poca gente conoce porque el personaje que construyó a lo largo de seis décadas fue tan completo, tan absorbente, que la persona de carne y hueso que hay debajo de las máscaras quedó cubierta con la misma eficiencia con que la máscara cubre la cara.

 Creció en San Luis Potosí y se mudó a la Ciudad de México siendo joven, como tantos que llegaban a la capital buscando las oportunidades que la provincia no tenía. Fue ahí donde descubrió la lucha libre. o donde la lucha libre lo descubrió a él. Las dos versiones coexisten en la historia de los luchadores que terminan siendo grandes.

 Hay algo en el encuentro inicial que parece destinado, aunque en ese momento nadie lo vea del todo. Lo que Rodríguez Arellano tenía era físico, un cuerpo con proporciones atléticas que en la lucha libre de los años 60 eran menos comunes de lo que son hoy gracias al entrenamiento sistemático. anchura de hombros, la movilidad de alguien que se mueve bien de manera natural y algo más que el físico, una sensibilidad para el espectáculo para entender que la lucha libre es teatro y que en el teatro importa tanto lo que parece como lo que es. Debutó en 1965

y desde el principio construyó el personaje con una deliberación que los luchadores de su generación raramente tenían. La máscara como concepto central, la multiplicidad como identidad. 1000 máscaras. El nombre dice todo sobre la filosofía del personaje, que hay infinitas maneras de presentarse, que la identidad puede cambiar y multiplicarse y que eso, en lugar de debilitar al personaje, lo hace más poderoso, porque nunca se puede predecir del todo que va a aparecer.

 Las máscaras que usaba en sus apariciones eran diseñadas con un cuidado que en la lucha libre de esa época era inusual. Colores brillantes, diseños elaborados, la atención al detalle visual que hace que un luchador sea reconocible desde la última fila de un estadio de 20,000 personas. Y el estilo dentro del ring correspondía con esa filosofía.

 Mil máscaras era un luchador aéreo, de los que en los años 60 y 70 usaban el segundo y el tercer tramo de las cuerdas como trampolín para ejecutar movimientos que el público no había visto antes. Los topes, los saltos, las planchas sobre el rival desde las alturas. En una época donde la lucha libre mexicana era predominantemente de contacto directo, 1000 máscaras trajo algo diferente.

 Los aficionados respondieron. El CML, que era la empresa de lucha libre más importante de México, lo fue posicionando en sus carteleras de manera ascendente. Las arenas se llenaban cuando aparecía su nombre y en los años 70 el nombre 1000 máscaras era uno de los cinco más importantes de la lucha libre mexicana, sin discusión.

 Pero lo que distinguió la carrera de mil máscaras de la de otros luchadores importantes de su época fue algo que ninguno de ellos había hecho de la misma manera, salir de México. Los luchadores mexicanos de las décadas anteriores habían peleado principalmente en México. Algunos habían tenido apariciones en otros países latinoamericanos.

 El santo había hecho sus películas que llegaban a toda América Latina. Pero la presencia sistemática de un luchador mexicano en los circuitos internacionales de alto nivel era algo que prácticamente no existía. Mil máscaras lo cambió. Empezó a viajar a Japón en los años 70, cuando la lucha libre japonesa, que ellos llaman Puroresu, estaba construyendo su propia identidad y sus propias empresas de primer nivel.

 Las empresas japonesas querían talento extranjero para sus eventos y estaban dispuestas a pagar bien por él. y un luchador mexicano con el estilo aéreo de mil máscaras era exactamente el tipo de figura que el público japonés, con su apetito por lo técnico y lo espectacular recibía con entusiasmo. Las giras de 1000 máscaras por Japón en los años 70 y 80 construyeron una reputación internacional que ningún luchador mexicano de esa época había construido de manera tan sistemática.

 Los japoneses lo respetaban como una leyenda del deporte. Los carteles de sus apariciones en Tokio y Osaka se hacían antes de que él llegara y el nivel técnico que mostraba en esas giras demostró que el estilo de la lucha libre mexicana podía competir con cualquier estilo del mundo en los más altos niveles. Eso puso a 1000 máscaras en el radar de la WWF.

Vince McMahon había heredado la empresa de su padre en 1982 y estaba en pleno proceso de convertirla en algo que su padre nunca había imaginado que pudiera ser. estaba expandiéndose geográficamente, comprando contratos de luchadores de todos los circuitos regionales americanos, construyendo el modelo que iba a convertir a la WWF en el monopolio del entretenimiento de lucha libre en Norteamérica y tenía la vista puesta en el mercado latino.

 El mercado latino en Estados Unidos en los años 80 era exactamente lo que el mercado mexicano en Las Vegas era para el boxeo. un mercado enorme que todavía no estaba siendo servido de manera eficiente por los grandes operadores del entretenimiento. Millones de personas de origen latinoamericano que compraban entradas y pagaban la televisión de pago y que con el producto correcto podían ser una base de aficionados leal y masiva.

 Para capturar ese mercado, la WWF necesitaba figuras latinas que el público latinoamericano reconociera. Y mil máscaras era exactamente eso, el luchador latinoamericano con más reconocimiento internacional de su generación, el que los aficionados de México y de los países latinoamericanos conocían como una leyenda del deporte. La WWF invitó a 1000 máscaras a sus eventos en los años 80.

 Él aceptó y lo que siguió fue una relación de tres décadas que 1000 Máscaras describió muchos años después en entrevistas que daban una imagen muy diferente a la que la versión oficial de la WWE presentaba. La versión oficial de la WWE sobre su relación con los luchadores mexicanos, incluyendo a 1000 Máscaras, es la de la empresa que abrió sus puertas al talento latinoamericano y que les dio una plataforma internacional que de otra manera no habrían tenido.

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