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LUPE PINTOR: EL CAMPEÓN QUE FUE A VISITAR LA TUMBA DEL HOMBRE QUE MATÓ

LUPE PINTOR: EL CAMPEÓN QUE FUE A VISITAR LA TUMBA DEL HOMBRE QUE MATÓ

El primero de diciembre de 1982, en el estadio nacional de Bangkok, Tailandia, Lupe Pintor ganó una pelea de boxeo. Nadie lo celebró. El rival era Johnny Owen, un galés delgado como un alambre al que llamaban El esqueleto de Mercir, 22 años. Invicto en sus primeras 28 peleas. El campeón británico europeo y del Commonwealth en Peso Gallo.

 Un muchacho que había llegado a Bangkok desde un pueblo minero de Gales con el sueño de volver campeón del mundo. No volvió. En elo asalto, pintor conectó una derecha que mandó a Owen a la lona. Owen no se levantó, entró al hospital y 33 días después, el 5 de enero de 1983, Johnny Owen murió sin haber recuperado la conciencia.

tenía 24 años. Lupe Pintor tenía 25. era campeón mundial gallo del Consejo Mundial de Boxeo. Había defendido ese título esa noche frente a alguien que vino desde el otro lado del mundo a quitárselo. Y desde esa noche hasta hoy, Lupe Pintor ha cargado con algo que ningún cinturón puede medir. Eso es lo que vamos a contar hoy, la historia completa, la que los libros de boxeo resumen en una línea y que merece mucho más que eso.

 José Lupe Pintor Guzmán nació el 12 de abril de 1955 en Cuajimalpa, entonces municipio del Estado de México, hoy delegación de la Ciudad de México. Una zona que en los años 50 y 60 era mucho más rural de lo que es hoy. Casas modestas, familias numerosas, el tipo de lugar donde los niños crecen con mucha calle y poca escuela.

 Su padre trabajaba en lo que había. Su madre sacaba adelante la casa y Lupe desde muy joven, tenía esa energía específica de los niños que no se quedan quietos y que necesitan un canal o se meten en problemas. El boxeo fue el canal. llegó al gimnasio siendo adolescente, no de manera romántica, no con el descubrimiento dramático del entrenador que ve al niño y sabe que tiene algo.

 Llegó porque un amigo lo llevó, porque estaba ahí, porque probar no costaba nada. Lo que sí costó fue quedarse. El entrenamiento del boxeo en los gimnasios populares del DF de los años 70 era duro de la manera en que son duras las cosas cuando no hay recursos para suavizarlas. sin equipamiento moderno, sin instalaciones cómodas, con entrenadores que enseñaban con lo que sabían y que exigían con lo que podían exigir.

 Lupe se quedó y en los años siguientes construyó algo en el ring que sus entrenadores reconocían con la claridad de los que han visto muchos pasar y saben distinguir al que va a llegar del que no. Era pequeño para el gallo, pero pegaba como alguien más grande. Tenía una derecha que llegaba desde ángulos que los rivales no siempre anticipaban y tenía algo más que la derecha, la disposición de recibir para conectar, de absorber el golpe del otro, si eso le daba el momento de conectar el suyo.

 Esa disposición que en el boxeo técnico puede parecer temeridad, en pintor era estrategia. Sabía que tenía más daño que el rival si los dos intercambiaban y confiaba en eso. Debutó profesionalmente en 1990 y 74, 19 años y en los 5 años siguientes construyó el récord que lo llevaría al campeonato mundial. El campeón mundial gallo del CMB en 1979 era Carlos Zárate, el mismo Zárate que tiene su propio video en este canal, el que tenía 66 knockouts en 67 peleas, el más temido de la división, el que cuando los retadores sabían que iban a

enfrentar, muchos buscaban la manera de no enfrentar. Lupe Pintor lo enfrentó el 3 de junio de 1979 en Las Vegas. 14 asaltos de los más duros que el peso gallo había producido en años. Zárate conectando con la potencia que lo había hecho leyenda. Pintor absorbiendo y respondiendo con la misma disposición de siempre.

 12 asaltos, 13 14. La decisión dividida fue para Pintor. Lupe Pintor, 24 años. Cuajimalpa era campeón del mundo. Lo que siguió en los 3 años de reinado fue una serie de defensas que mostraban distintas dimensiones de lo que pintor era dentro del ring. Victorias contra rivales serios, peleas que no siempre fueron dominantes, pero que siempre terminaron con el cinturón en su esquina.

 Y entonces llegó octubre de 1980. El rival era Johnny Owen. Quiero hablarle de Johnny Owen con el espacio que merece. Porque entender quién era él es entender por qué lo que ocurrió esa noche tiene el peso que tiene. Mer Tifffield es un pueblo en el sur de Gales, un pueblo minero de los que la revolución industrial llenó de trabajo en el siglo XIX y que el siglo XX fue vaciando de manera gradual cuando el carbón dejó de ser lo que había sido.

 Un pueblo donde la gente trabaja duro y donde el orgullo de lo que se produce con las manos tiene un significado específico que los que no vienen de ahí no siempre entienden. Johnny Owen venía de ese pueblo, hijo de Dick Owen, que había sido aficionado al boxeo toda su vida y que en su hijo vio desde niño algo que lo hizo apostar por ese camino.

La dedicación con que Johnny entrenaba, la seriedad con que tomaba el oficio, la manera en que dentro del ring se convertía en algo diferente al muchacho delgado y callado que era fuera de él. Porque Johnny Owen fuera del ring era exactamente eso, callado, tímido, el tipo de persona que en una habitación llena de gente se queda en la esquina y observa.

 Sus compañeros de la escuela lo describían como alguien que casi no hablaba. que sonreía, pero que raramente iniciaba conversación. Dentro del ring era otro, no agresivo en el sentido del que busca hacer daño, sino presente de una manera que fuera del ringra Johnny Owen encontraba algo que el mundo ordinario no le daba.

 Ganó el campeonato británico de peso gallo, después el europeo, después el del Commonwealth. 28 peleas, 28 victorias. Nadie lo había podido derrotar. Y en octubre de 1980, su manager llegó con la oferta de pelear por el campeonato mundial del CMB en Los Ángeles contra Lupe Pintor. La familia de Johnny dudó no porque creyeran que Johnny no podía ganar, sino porque había algo en la manera en que estaba estructurada la pelea, en el lugar, en las condiciones, que no les daba la tranquilidad que querían.

Las ofertas de campeonato mundial a veces llegan en el momento correcto y a veces llegan en el momento que le conviene al sistema, no al peleador. Johnny quería la pelea. Era el campeonato del mundo, era lo que había entrenado toda su vida para tener la oportunidad de buscar. fueron a Los Ángeles.

 El 12 de septiembre de 1980, en el Olímpic Auditorium de Los Ángeles, Lupe Pintor y Johnny Owen se subieron al ring. Lo que ocurrió en los primeros asaltos mostró que la pelea iba a ser larga y difícil. Owen era técnico, móvil, con una resistencia que hacía que la presión de Pintor no produjera el daño inmediato que solía producir contra otros rivales.

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