La mujer que hizo temblar a la MONARQUÍA | Lady Diana
Este es el auto en el que iba la princesa Diana antes de irse de este mundo a los 36 años. Y si piensas que solamente el final fue trágico, entonces te falta conocer bien su historia. Durante su matrimonio con Carlos, todo parecía un cuento de hadas, una boda espectacular, vacaciones por el mundo y tardes en casas de campo que parecen sacadas de una película.
Pero lo que de verdad estaba sucediendo en la relación, todo eso que no se veía, era una historia completamente diferente. Primero estuvo la falta de cariño y los tratos con desdén, como cuando Carlos la dejó sola en el hospital tan solo unas horas después de haber dado a luz solo para irse a jugar polo. Y este tipo de cosas fueron lo de menos.
Durante la relación hubo infidelidades por parte de ambos, acuerdos legales, conflictos, desprecios y todo, mientras los paparazis apuntaban sus cámaras hacia ellos. Estaba tan en el escrutinio público que ni siquiera después de su fallecimiento el mundo la dejó en paz. Se comenzaron a hacer teorías sobre las circunstancias sospechosas que rodearon el accidente en el que falleció.
Y hasta hoy algunos sostienen que la familia real tenía bastantes motivos para acabar con ella y eso es algo que en un momento veremos. A pesar de todos estos conflictos que tuvo durante su matrimonio, el mundo nunca dejó de amarla. ¿Por qué? Porque consiguió hacer algo con lo que le tocó vivir. Lo primero que tienes que saber es que la herida de Diana no empieza con Carlos ni con la familia real.
Empieza desde su nacimiento, pues su padre, John Spencer, es el bisconde Althorp y está desesperado por tener un hijo hombre que pueda heredar el título familiar. Pero Diana nace como su tercera hija, por lo que desde el principio crece sintiendo que llegó al mundo como una decepción. 4 años después nace Charles, el hermano menor de Diana, y los dos se vuelven inseparables porque se sienten muy solos.
Sus padres casi no les prestan atención y aunque Diana crece rodeada de lujos, le falta el cariño de su familia. Aunque Diana siente que su vida es bastante normal, en realidad pertenece a una de las familias más poderosas de Inglaterra. Los Spencer no son parte de la familia real, pero sí están profundamente ligados a ella desde hace generaciones.
Sus abuelas formaron parte del entorno cercano de la corona y, en general, su familia se mueve dentro del mismo círculo social que los Winsor, la familia real británica. Por eso, en los veranos, Diana y Charles visitan Sandringham House, una de las residencias de la familia real. Ahí juegan con los príncipes más jóvenes, Andrés y Eduardo.
Con el príncipe Carlos, en cambio, casi no conviven. Él es casi 13 años mayor que Diana y en ese momento lo ven demasiado grande para relacionarse con una niña. Lo curioso es que años después esa distancia dejará de importar cuando llegue el momento de convertirla en su esposa. Pero ya llegaremos a eso. Cuando Diana tiene apenas 6 años, vive una escena traumática.
Está sentada al pie de las escaleras cuando ve a su mamá subir las maletas al coche e irse de la casa. ¿Por qué? Porque su mamá había estado teniendo un amorío con un empresario llamado Peter Shand. Cuando John Spencer descubrió la infidelidad, el matrimonio terminó de romperse. De vez en cuando, Diana sigue viendo a su madre, pero ella y sus hermanos se quedan a vivir con su padre, lo que significa que pasan la mayor parte del tiempo al cuidado de niñeras.
Poco después, cuando Diana tiene apenas 9 años, su padre la manda a vivir a un internado y ella lo vive como un nuevo abandono. Y como si eso no fuera suficiente, él se casa con Rin Dardmouth, una mujer a la que Diana y Charles detestan. Con una madrastra que la trata con desdén y una casa donde Diana se siente cada vez menos querida, su infancia empieza a parecerse una especie de cenicienta moderna y curiosamente esa imagen se reforzará años después cuando Diana termina limpiando casas para ganarse la vida.
Cuando Diana tiene 16, Sara, su hermana mayor, lleva a su nuevo novio a conocer a la familia y este es nada menos que el príncipe Carlos. En la cena conviven un poco y Carlos le pide que le muestre la galería de la casa, lo que nos indica que desde ahí ya había una buena química.
El problema es que Sara los termina encontrando y le deja claro a su hermanita que si alguien va a enseñarle las pinturas a su novio es ella misma. Al terminar la preparatoria, Diana se muda a Londres para empezar su vida independiente. Ahí trabaja en lo que puede. Cuida niños, da clases de baliet, trabaja como mesera y limpia casas. Incluso la de Sara, su hermana mayor, quien se niega a pagarle más de por hora.
Finalmente consigue un puesto como maestra en un preescolar, algo que le encanta. Mientras tanto, Sara y Carlos terminan su relación, pero quedan en buenos términos. Por eso, cuando él organiza su fiesta de cumpleaños número 30, invita a Sara y para sorpresa de todos, también a Diana, aunque esa noche casi no hablan.
Aún así, unos meses después Diana recibe una carta de la familia real. La invitan a pasar un fin de semana de cacería con ellos. Un periodo breve, pero que es muy importante porque ahí empieza a fijarse más en el príncipe Carlos. Claro que hay un detalle importante. En ese momento Carlos está involucrado con otra mujer, Ana Walas.
La relación parece ir tan en serio que según algunas versiones él incluso llega a proponerle matrimonio, pero ella lo rechaza. Aún así, Carlos y Ana siguen juntos unos meses más hasta que Ana descubre que todo ese tiempo Carlos había seguido pasando mucho tiempo con otra mujer, Camila Shant. Carlos intenta convencerla de que Camila es solo una amiga, pero Ana no le cree y decide terminar la relación.
Y la verdad es que Ana tiene buenas razones para desconfiar. Verás, Carlos y Camila se habían conocido 10 años antes y desde el principio hubo química entre ellos. El problema era que Camila no estaba tan enfocada en Carlos porque en realidad estaba enamorada de otra persona, Andrew Parker Bols. Mientras Carlos se iba enamorando cada vez más de Camila, ella seguía prefiriendo a Andrew.
Pero Andrew no era precisamente un hombre fiel. Constantemente le era desleal a Camila con otras mujeres. Una de ellas, de hecho, fue Ann, la hermana de Carlos. Aún así, Camila estaba tan enamorada de Andrew que aunque cortaran por un tiempo, siempre lo perdonaba. Así la pareja vivía en un ciclo de cortar, regresar, volver a cortar y volver a reconciliarse.
Y era justo en esos periodos de ruptura cuando Camila volvía a acercarse a Carlos y él volvía a ilusionarse con ella. Sin embargo, en 1973, Carlos entró a la Marina Real Británica y pasó meses viajando. Y justo en ese mismo periodo, Camila logró que Andrew, con todo y su fama de mujer y ego, por fin aceptara casarse con ella. Una noticia que cuando llegó a Oídos de Carlos lo devastó.
Pero el matrimonio de Camila no cortó del todo la relación entre ellos, porque casarse no cambió Andrew. Él siguió viendo a otras mujeres y eso hizo que Camila siguiera buscando apoyo y cercanía en otros lados. En esa búsqueda una y otra vez aparecía Carlos y así, aunque ella ya estaba casada y él siguiera saliendo con otras mujeres, entre los dos se mantuvo una relación muy cercana durante todos esos años.
Con todo esto, Carlos seguía profundamente enamorado de Camila, pero también sabía que como futuro rey y ya con 31 años no podía casarse con ella, necesitaba hacerlo con una mujer que cumpliera con lo que la monarquía esperaba. Por eso, para él, el matrimonio tenía más que ver con la obligación que con el amor.
Lo triste es que en medio de toda esa lógica tan fría va a aparecer Diana, quien en ese momento apenas tiene 18 años y quien sí cree en la idea del amor romántico. En julio de 1980, un amigo de Diana la invita a un partido de polo en el que juega el príncipe Carlos. Después todos regresan a la casa para cenar.
Diana y Carlos terminan sentados juntos y empiezan a platicar. En un momento ella le dice que lo vio muy triste en el funeral de su tío Mount Batten. Menciona algo como, “Se me partió el corazón al verte así. Deberías estar con alguien que cuide de ti.” Carlos queda tan encantado con esas pequeñas interacciones que pronto empieza a invitarla a salir a la ópera, a su yate y a cenar en el palacio de Buckingham.
Finalmente, también la lleva a Balmoral, la casa de vacaciones de la familia real. Pero esa invitación no es cualquier cosa. Y te voy a explicar para que tengas más contexto. Balmoral funciona casi como una prueba no oficial. Si logras adaptarte, te ganas el sello de aprobación de la familia. Contra todo pronóstico, Diana pasa la prueba de manera espectacular y con esa aprobación, Carlos empieza a avanzar la relación a toda velocidad.
Pero en esa casa no todo fue color de rosas. También apareció un problema. En Bmoral los reporteros lograron fotografiar a Diana. Tal vez ese simple hecho no suene como la gran cosa, pues hoy por hoy ya todos conocemos a esta mujer y hay miles de fotos de ella por ahí. Pero recordemos que en ese momento Diana no era una figura reconocida y por culpa de esas primeras fotografías desde ese momento su vida deja de ser privada y empieza a quedar expuesta ante el mundo.
Los paparazsis empiezan a perseguirla fuera de su casa y de su trabajo. Como no sabía lo que se venía, vemos que la pobre, todavía un poco ingenua, acepta posar para unas fotos con la condición de que después la dejen en paz. Obviamente no la dejan en paz, pero las fotos sí salen a la luz. En ellas, Diana lleva una falda de algodón que con la luz del sol parece volverse translúcida dejando ver sus piernas.
El príncipe se lo toma con humor diciendo algo como, “Sabía que tenías piernas lindas, aunque no sabía que fueran tan espectaculares, pero tenías que enseñárselas a todos.” Para Diana, en cambio, no tiene nada de gracioso. Toda esa tensión empieza a afectarla mucho. Y lo peor es que ni Carlos ni la familia real hacen algo para ayudarla.
Cuando intenta pedir apoyo, la respuesta es que tiene que aprender a lidiar con esto sola. Pero hay otro problema mucho más grande y este tiene el nombre de Camila. Diana empieza a notar cosas extrañas, como que Camila sabe demasiados detalles sobre sus conversaciones con Carlos y hasta le da consejos sobre cómo hacerlo feliz. Diana indaga más y descubre que Carlos había pensado en casarse con Camila, pero la familia real lo prohibió.
¿Por qué? Porque era sabido que Camila tenía experiencia, es decir, no era virgen y para ellos eso era inconcebible en la futura reina. Aunque la situación con Camila le parece extraña, Diana está completamente enamorada de Carlos. Por eso, cuando él le pide matrimonio, acepta encantada. incluso le dice, “Te amo.
” Y él responde con una frase peculiar, lo que sea que signifique el amor. Días después, Camila invita a Diana a comer. En apariencia, parece un gesto amable, como si quisiera llevarse bien con la prometida de su amigo, pero durante la comida sucede algo extraño. Camila le pregunta si le gusta la cacería y la vida de campo. Diana responde que no y nota que Camila parece aliviada como si estuviera midiendo en qué espacios podría seguir cerca de Carlos sin que Diana se interpusiera.
Cuando anuncian oficialmente el compromiso, el entrevistador les pregunta si están enamorados. Diana responde que sí, por supuesto, pero Carlos contesta con la misma frase extraña que ya le había dicho en privado lo que sea que signifique el amor. Más tarde, en privado, Carlos le pone la mano en la cintura y le dice, “¿Estás algo gordita, no?” Sus palabras rompen algo en diana y en consecuencia comienza a hacer algo que jamás había hecho antes.
Comienza a provocarse el vómito después de comer, algo que poco a poco empieza a convertirse en un hábito. Conforme el tiempo pasa, Diana se siente cada vez más confundida. Por un lado, está enamorada de Carlos, pero por el otro no entiende su frialdad ni esas actitudes que la hacen sentir insegura. Sin embargo, recordemos que para ese punto apenas tiene 19 años.
Y esto sumado a que todavía tiene un concepto muy romántico del amor, le crea la idea de que si lo ama lo suficiente, todo va a mejorar. Sin embargo, dos días antes de la boda ocurre algo que la hace dudar de verdad. Cuando llega un paquete a la oficina de Carlos, Diana no aguanta la curiosidad y lo abre y lo que encuentra dentro le revuelve el estómago, un brazalete de oro con las iniciales F y G entrelazadas.
De inmediato entiende lo que significa Carlos y Camila. Carlos y Camila tienen apodos entre ellos, Fred y Gladis. El brazaletés para Camila. Diana confronta a Carlos, pero él se mantiene firme. Le dice que es un regalo inocente para una amiga. Entonces Diana les cuenta todo a sus hermanas y confiesa que está pensando en cancelar la boda, pero ellas la detienen, le dicen que está exagerando y que además faltan solo unos días y es demasiado tarde para echarse para atrás.
Así que el plan sigue en marcha, sobre todo porque Diana recibe un regalo de Carlos, un anillo grabado con el símbolo del príncipe de Gales y una carta que dice, “Estoy muy orgulloso de ti. Cuando camines hacia el altar, ahí estaré esperándote.” Diana toma ese gesto como prueba de que Carlos sí la ama, así que sus dudas se anestesian. Llega el día de la boda.
Diana lleva un impresionante vestido de seda y cuando ve a Carlos esperándola en la iglesia, todas sus dudas anestesiadas desaparecen. Se siente la chica más feliz y afortunada del mundo. Comienza la ceremonia y, en palabras del arzobispo de Canterbury, parece un cuento de hadas. Finalmente dicen sus votos y el arzobispo los declara marido y mujer.
Diana ya es oficialmente la princesa de Gales. Los recién casados salen de la iglesia con enormes sonrisas. Diana está convencida de que todo lo malo del compromiso, la bulimia, Camila y la frialdad de Carlos quedó atrás, pero está equivocada. Apenas en el segundo día de la luna de miel, Carlos pasa horas hablando por teléfono con Camila. Luego ocurre algo peor.
Un día de la agenda del príncipe se cae una fotografía de ella. Diana se llena de celos, pero también de impotencia. No sabe qué hacer para sacar a esa mujer de la cabeza de su esposo. Y por si fuera poco, días después Carlos recibe un regalo de Camila, unos gemelos con dos c entrelazadas.
en teoría como el logo de Chanel. Pero Diana no se cree esa explicación. Para ella el mensaje es que Camila y Carlos siempre van a estar unidos. Todo esto la lleva uno de sus peores episodios de bulimia. Y como suele pasar con este trastorno, esos episodios vienen acompañados de culpa, tristeza, baja autoestima y cambios de humor muy fuertes e incluso pensamientos.
Después de la luna de miel, Diana y Carlos se mudan por un tiempo a Badmoral. Ahí todavía hay momentos en los que logran conectar, como cuando se acuestan en el pasto y Carlos le lee algunos de sus libros favoritos. Además, Diana descubre algo muy delicado. Está embarazada. Cuando se lo cuenta a su esposo, por un momento, los dos se llenan de emoción.
Sin embargo, pronto regresan las peleas. En Navidad ocurre una de las peores. Diana le pide cariño y consuelo, pero Carlos insiste en que está ocupado. La desesperación de Diana, por sentirse querida llega a un punto alarmante. En medio de una discusión amenaza con hacerse daño. Carlos no la toma en serio.
Le dice que solo busca llamar la atención y se va a cabalgar. Pero Diana sí estaba hablando en serio. Se lanza por las escaleras y cae golpeándose con fuerza. La abuela de Carlos la encuentra y llama a un médico para revisarla. Y mientras todo eso pasa, Carlos sigue con su cabalgata por los jardines. Afortunadamente Diana y el bebé se encuentran bien, pero esta no es la única vez que Diana tentará contra su vida.
Después de esto comienza a autolesionarse cortándose con navajas de afeitar en varias ocasiones. En realidad, de acuerdo a su propio testimonio, no es que ella quería irse de este mundo. Lo único que quería era que reconocieran su dolor, como si sintiera que Carlos no podía ver su sufrimiento emocional e intentara hacérselo notar de forma física.
Estas acciones son un grito de ayuda, pero cada vez que Diana sucumbe a su tristeza, Carlos la ignora. La trata con desdén, asegurando que Diana está fingiendo sus problemas. Después de un embarazo muy difícil, Diana da luz a su primer hijo, William Arthur Philip Lewis. Desde el inicio está decidida a darle todo el cariño, los abrazos y los besos que ella sintió que le faltaron en su propia infancia.
Por eso, el nacimiento de William le trae una felicidad enorme. Por estos momentos, Carlos decide enfocarse un poco más en su matrimonio y se aleja de Camila. Así que para Diana todo eso es un respiro enorme. Al menos por un tiempo vuelve a creer que las cosas entre ellos pueden mejorar. Poco después, el primer ministro de Australia invita a Carlos y Diana a visitar el país.
La gira durará un mes y normalmente en este tipo de viajes los hijos se quedan en casa. Pero esta vez William acompaña a sus padres. La prensa empieza a decir que Diana desafió las órdenes de la reina para llevarse a su hijo, pero no es verdad. Cuando llegan a Brisbane, más de 300,000 personas los están esperando.
Nadie en el equipo real había visto algo parecido, ni siquiera Carlos. Pero hay que ser honestos, la mayoría está ahí para ver a Diana. Cuando van en el coche real, los reporteros gritan. Ella está del otro lado, dejando claro que para ellos la verdadera atracción no es el futuro rey, sino la princesa. ¿Y por qué tanto amor por Diana? Porque para ese momento las revistas ya le habían construido una imagen de la princesa ideal, remarcando que era joven, bonita, dulce, además de que venía de un origen aparentemente común y amaba a los niños.
Así, para el público, Diana parecía una princesa de Disney en la vida real. Además, a diferencia del resto de la familia real, Diana se mostraba mucho más cercana en los eventos, escuchaba a la gente con atención y se agachaba para hablar con los niños. Por todo esto, su popularidad se volvió enorme y eso a Carlos no le cae nada bien.
Siente que la atención debería estar en él, no en su esposa. Esoere su orgullo y empieza a resentirse con ella. Incluso llega a pensar que Diana lo hace a propósito porque le gusta ser el centro de atención. Encima de todo, la bulimia empeora bastante. Según el propio testimonio de Diana, ese entorno tan caótico la lleva a comer en exceso para desconectarse y sentir algo de placer.
Después viene la culpa y para recuperar una sensación de control se provoca el vómito. Además hay que recordar que la bulimia es un trastorno relacionado con la apariencia y durante esta gira su cara y cuerpo están en la primera plana de todos los periódicos y revistas. Esto la lleva a inspeccionar cada imperfección en su rostro y de su cuerpo, lo que a su vez empeora su trastorno.
A finales de 1983, Diana se entera de que está embarazada otra vez, pero la felicidad dura poco porque empieza a sospechar que Carlos está volviendo a ver a Camila. Por las noches su esposo pasa horas hablando por teléfono y durante el día desaparece por largos periodos sin darle ninguna explicación. Sin embargo, Diana prefiere darle el beneficio de la duda e ignorar las señales.
Después de esto, la pareja vive algunos de sus momentos más felices. El verano de 1984 está lleno de una tranquilidad que Diana no había sentido en mucho tiempo, con excepción de una cosa, sabe que Carlos quiere una niña. Y cuando finalmente nace Harry, un bebé sano y para ella, perfecto, la reacción de Carlos la hiere profundamente.
Al verlo, dice con disgusto, “Ah, es un niño.” Y encima es pelirrojo. Poco después deja a Diana sola en el hospital para irse a jugar polo. Aún así, Diana sigue intentando recuperar el cariño de su esposo. Para su cumpleaños le prepara una sorpresa durante una gala benéfica de la Royal Opera House de Londres, se levanta de su asiento y aparece en el escenario con un vestido plateado bailando UT girl de Billy Joe.
Cuando termina el teatro estáalla en aplausos y Carlos en público dice que está absolutamente impresionado con una sonrisa en el rostro, pero detrás de cámaras la historia es otra. se le borra la sonrisa y le pregunta en qué estaba pensando. Le dice que eso es indigno de una princesa que se veía demasiado flaca y que solo quería llamar la atención.
Y como era probable que pasara a causa de que Diana no encuentra en Carlos el amor que necesita, empieza a buscarlo en otra parte y lo encuentra en Barry Manaky, un sargento recién asignado a su equipo de seguridad. Barry es fuerte, sensible y además tiene literalmente la tarea de cuidarla. Según el propio testimonio de Diana, eso hizo que se encariñara muy rápido con él.
Ella comentó que solo era feliz cuando Barry estaba cerca y que llegó a fantasear con dejarlo todo para irse a vivir con él. Además, reconoció de forma algo enigmática que nunca debió jugar con fuego, pero lo hizo. Tina Brown, autora de las crónicas de Diana, dice que con todo esto es muy probable que su relación con Barry también haya sido física, sobre todo porque dos personas cercanas a Diana, James Cthurst y James Hewi, afirmaron que ella misma les contó que sí habían sido amantes.
Obviamente la amistad entre Diana y Barry no pasa desapercibida. Tanto Carlos como el equipo de seguridad de Diana pueden ver la cercanía entre ellos. Mientras tanto, la bulimia de Diana sigue empeorando. Uno de sus episodios más graves ocurre durante una gira real por Canadá. Diana lleva días sin comer, apenas ha probado un pedazo de Kitcat.
Se siente fatal, pero intenta resistir para terminar la visita hasta que en medio del evento ya no puede más. Le dice a Carlos, “Cariño, creo que me voy a desmayar.” Y segundos después se desvanece. Pero ni siquiera entonces recibe la empatía de su esposo. Cuando Diana se recupera, Carlos no le pregunta cómo está.
Lo único que le dice es, “Si te ibas a desmayar lo hubieras hecho en privado.” Al volver de la gira, Diana recibe otra noticia devastadora. Barry Manaky fue transferido a otra área. Aún así, poco después empieza a acercarse a James Howwi, un oficial de caballería que conoce en una fiesta. Desde el principio se llevan bien y cuando Diana le cuenta que le da miedo montar a caballo, él se ofrece a darle clases.
Después de esa primera lección, la amistad se convierte en una aventura extramarital que durará años. Mientras tanto, Diana se mete de lleno en distintas causas. En esos años decide apoyar una que todavía provoca mucho miedo y rechazo, la lucha contra el VIH sida. En los 80, la enfermedad está rodeada de disinformación. Muchas personas no entienden bien cómo se contagia y quienes la padecen suelen ser rechazados y discriminados.
Por eso, cuando Diana es fotografiada tomando de la mano a pacientes con VIH, el gesto tiene un impacto enorme. Ayuda a cambiar la percepción pública y a recordar que esas personas también necesitan apoyo, respeto y compasión. Al ver lo que puede lograr con causas sociales, Diana empieza a tomar más control de su vida para enfocarse en eso.
Durante años se ha preguntado, ¿qué quiere Carlos? ¿Qué quiere la familia real? ¿Qué espera la prensa? Pero casi nunca, ¿qué quiere ella? Y eso empieza a cambiar. El primer paso es enfrentar su bulimia. Diana empieza a ver a un especialista en trastornos alimenticios y después de 6 meses de tratamiento se siente mucho mejor.
Los episodios se vuelven menos frecuentes y su autoestima empieza a recuperarse. Más segura de sí misma, Diana decide hacer algo que debió haber hecho años atrás, confrontar a Camila. Durante una fiesta la encara y le dice que no nació ayer. Sabe que hay algo entre ella y Carlos. Camila intenta defenderse, pero Diana no le da salida. Aún así, esa conversación no cambia la realidad. Carlos no deja a Camila.
Camila no desaparece su vida y el matrimonio de Diana no se arregla. Pero para Diana sí funciona como un desahogo. Después de eso parece hacer cierta paz con su situación. Le duele, pero ya no la consuma igual. En medio de todo esto, Diana está harta de abrir los periódicos y ver que otros cuentan su vida por ella.
Por eso acepta colaborar con el escritor Andrew Morton en un libro sobre su vida. Eso sí, tienen que hacerlo con mucho cuidado. Para que el proyecto no se relacione directamente con ella, acuerdan que Diana grabará su versión de la historia y luego le hará llegar esas cintas a Morton para que él las use como base de la biografía.
Después de un año de grabaciones secretas, Morton publica Diana: Her True Story y el impacto es gigante. La biografía sacude al mundo entero porque expone los aspectos más íntimos de la vida de Diana, sus problemas matrimoniales, su trastorno alimenticio y la soledad que vive dentro de la familia real. Cuando le preguntan a Morton si entrevistó directamente a Diana, él lo niega y técnicamente está diciendo la verdad.
Sostiene que sus fuentes son amigos y personas acercanas a la princesa. Gracias a eso, Diana puede mantenerse al margen y asegurar que no tuvo nada que ver con el libro. Pero la publicación desató una tormenta mediática. Durante años habían circulado rumores sobre los problemas entre Diana y Carlos y ahora por fin el público siente que tiene la confirmación que tanto esperaba.
Obviamente esto es el clavo en el ataú del matrimonio entre Carlos y Diana y en diciembre anuncian oficialmente su separación. A partir de esta noticia la atención mediática crece bastante, especialmente para Diana. Todo el mundo quiere saber cómo está la princesa después de leer los detalles de su vida privada en el libro.
Unos meses después se filtran conversaciones telefónicas entre Diana y James Gildby, un viejo amigo. Esta llamada tomó lugar unos años atrás en 1989. Escuchando las grabaciones, parece que son más que solo amigos. James le llama Squidy o squitch de cariño. Sin embargo, esto no es lo más escandaloso de las llamadas.
James le pide que lo bese y le dice que a medianoche, cuando comience el nuevo año, va a pensar en tenerla entre sus brazos. Cuando el mundo escucha la grabación, todos se vuelven en contra de Diana. Ahora es ella la que es vista como una mujer infiel, pues todavía estaba con Carlos cuando le mandó besos a James.
Sin embargo, unos meses después se filtra otra llamada que opaca la de Diana. Escuchamos una conversación entre Carlos y Camila que ocurrió en 1989. También esta llamada es mucho más explícita que la de Diana y por lo tanto mucho más escandalosa. Carlos le dice a Camila, “Dios, quiero tenerte entera de arriba a abajo.
Desearía vivir dentro de tus pantalones. Así sería mucho más fácil.” Riendo, Camila le pregunta si planea convertirse en unas bragas. Carlos le contesta o en un tampón. Qué suerte la mía. Obviamente esto causa un escándalo enorme. Para empezar está el tono sexual y muy explícito de la llamada. Pero lo más importante es que esta llamada confirma lo que dice el libro sobre Diana.
Carlos lleva años siéndole infiel con Camila Parker. A pesar de que la imagen de ambos sale perjudicada, el público está en su mayoría del lado de Diana. la ven como una víctima de su indiferente e infiel marido. Pero ojo, hay que recordar algo importante. Aunque esta fue la narrativa que terminó dominando y la que muchos seguimos teniendo en la cabeza, la realidad es que nadie estuvo dentro de esa relación.
Nadie vivió lo que pasó puertas adentro. Y también hay que decirlo, Diana tampoco fue perfecta. A lo largo de su historia, ella misma reconoció haber tenido relaciones fuera del matrimonio. Ahora, viendo todo el contexto, es fácil imaginar de dónde vienen esas decisiones, sobre todo considerando el entorno emocional en el que estaba.
Pero entenderlo no significa justificarlo y eso aplica para ambas partes. La hostilidad sigue creciendo cuando en 1994 el príncipe Carlos da una entrevista con la intención de limpiar su imagen pública. Diana sospecha que él va a hablar mal de ella, así que se le adelanta y le roba por completo el centro de atención al aparecer en un evento de Vanity Fair usando el día legendario y en ese momento muy polémico vestido de la venganza.
Poco tiempo después, Diana encuentra el amor una vez más, un cirujano cardiólogo. Hasnat le ofrece a Diana la tranquilidad y normalidad que ella tanto desea. Pero KH también sabe lo que pasaría si la prensa descubriera la relación y no está dispuesto a convertirse en otra pieza del drama entre Diana y la monarquía. Por eso, los dos mantienen el romance en secreto.
Unos meses más tarde, Diana da una entrevista para Panorama, un programa de la BBC. Ahí Diana habla con mucha más franqueza sobre las infidelidades dentro de su matrimonio, pero también sobre su lucha contra la depresión, los pensamientos de hacerse daño y la bulimia. Pero la frase que pasa a la historia es la que dice sobre su relación con Carlos.
Éramos tres en este matrimonio en referencia a Camila. Aún así, Diana también reconoce sus propias infidelidades y confirma su relación con James Hewell. cuenta que estuvieron juntos entre 1986 y 1990 hasta que él se fue a Medio Oriente. También admite que se sintió traicionada al enterarse de que James estaba trabajando en un libro sobre la relación.
Además, aprovecha la entrevista para denunciar el acoso constante de los paparazzi y la falta de apoyo de la monarquía para protegerla de todo eso. Pero quizás lo más importante de toda la entrevista lleggaue al final cuando Diana dice que no cree llegar a ser reina. Aún así, añade que si pudiera elegir, le gustaría ser una reina en los corazones de la gente.
Esta frase termina de poner la cereza en el pastel en una imagen que se venía construyendo de Diana desde hacía años. Si recuerdas desde el inicio, las revistas la presentaban como una princesa cercana de un origen relativamente común que escuchaba a la gente y se agachaba para hablar con los niños. Después de su compromiso con causas sociales como el VIH y las minas terrestres, la hizo ver todavía más humana y conectada con el dolor de la gente.
Y cuando habló abiertamente de su salud mental y de sus problemas personales, el público la adoptó aún más como una de ellos. Por todo esto, más tarde el primer ministro británico Tony Blair la llamará la princesa del pueblo. Y muchos sentirán que esa frase la resume perfectamente. El siguiente año, después de 4 años separados, Diana y Carlos llegan a un acuerdo sobre las condiciones del divorcio, el cual finaliza en agosto de 1996.
A partir de ese momento, ninguno de los dos puede hablar públicamente sobre su matrimonio o su divorcio. Además, Diana recibe una compensación económica importante. Primero, un pago de 17,0000es de libras y después una especie de pensión de 400,000 libras al año. También está el tema de los títulos. Siendo la esposa del príncipe de Gales, Diana contaba con el título de claro, princesa de Gales, pero también el de su alteza real.
Después del divorcio le permiten quedarse con el título de princesa de Gales, pues sigue siendo la madre del heredero al trono, pero le quitan el título de alteza real. Al parecer, la reina quiere que Diana se quede con este título, pero Carlos se rehúa buscando consolar a su mamá. El príncipe William le dice que cuando sea rey, él le va a regresar su título.
Diana comienza el nuevo año con una de sus acciones más valientes. Como te contaba, ella encuentra su propósito en el activismo. Una de las causas que apoya es la erradicación de los escombros de la guerra, particularmente de las minas terrestres. Así, en colaboración con la organización Halo Trust va a Angola, un lugar devastado por la guerra y repleto de minas.
Se arma de valor, se viste con un visor, un chaleco antibalas y camina sobre un campo minado con el objetivo de atraer la atención del mundo al problema. Y claro que lo logra. Este es un gran momento en la vida de Diana, pero este año también se enfrenta una terrible pérdida. En 1997, Diana termina con Hasnat Khan después de 2 años de relación.
La tensión de los medios es demasiado para Kh, quien sabe que no quiere una vida en el ojo público. Aunque Diana lo ama y se quiere casar con él, Kanse con el estilo de vida de la princesa. Estas diferencias irreconciliables le ponen fin a su amor. Sin embargo, poco tiempo después, Diana encuentra consuelo en Dodi Alfayed, hijo del multimillonario Mohamed Alfayed, amigo cercano de su familia desde hace años.
En este momento, Diana no está buscando una relación seria, más bien quiere alguien con quien divertirse, desconectarse un poco y, según algunos periodistas, alguien que también pueda ofrecerle esa vida de lujo a la que ya estaba acostumbrada. Y Dodi encaja bastante bien en ese perfil. Durante el verano de 1997, Diana y sus hijos pasan varios días con Mohamed y Dod en el sur de Francia, disfrutando unas vacaciones bastante amenas.
Poco después, cuando su relación con Dodi apenas lleva unas 6 semanas, Diana viaja con el aparís y es ahí donde ocurre la tragedia. La noche del 30 de agosto de 1997, la pareja tiene pensado salir a cenar, pero la tensión de los paparazzi es tan intensa que decide quedarse a cenar en una suite del hotel Ritz. Y cerca de la medianoche, Diana y Dodan para regresar al departamento de Doddi.
Para evitar a los fotógrafos, salen por la puerta trasera del hotel, pero ahí también los están esperando. Aún así, Henry Paul, el jefe de seguridad encargado de llevarlos, logra sacarlos del lugar lo más rápido posible. El problema es que el peligro no desaparece. Varios paparazi empiezan a seguir en moto el coche en el que viajan Diana y Dody.
Además, Henry había tomado alcohol esa noche, así que no conduce de forma prudente. En su intento, por dejar atrás a los fotógrafos, maneja a gran velocidad y de forma errática. Al entrar al túnel del p del alma, el coche queda rodeado por paparatzi en motocicleta. En medio de esa persecución, Henry pierde el control del vehículo y termina estrellándose contra una de las columnas.
El auto iba a una velocidad muy por encima de la permitida y ninguno de los pasajeros llevaba puesto el cinturón de seguridad. Después del impacto, algunos de los fotógrafos que venían detrás se acercan a ayudar, pero otros en una escena verdaderamente perturbadora, se quedan tomando fotos del accidente. Como resultado, Diana y su guardaespaldas Trevor quedan gravemente heridos, pero Henry, Paul y Doddy mueren casi al instante.
Solo por la manera tan despedazada en la que terminó el automóvil, nos podemos dar una idea de la fuerza del impacto. Poco después llegan la policía y los servicios de emergencia. Para entonces, Dian está en un estado crítico y los paramédicos tardan varios minutos en estabilizarla antes de trasladarla al hospital.
Finalmente, la ambulancia sale rumbo al hospital a la 1:41 de la madrugada. Ahí comienza una larga lucha por salvarle la vida. Diana tiene el brazo derecho roto, varias costillas fracturadas, una clavícula dislocada y múltiples contusiones. Pero la lesión más grave está en el pecho. A causa del impacto, su corazón se desplaza hacia el lado derecho del tórax, provocándole una hemorragia interna severa.
Durante horas, los médicos intentan reanimarla y hacer todo lo posible por salvarla, pero no lo consiguen. Y así, el 31 de agosto de 1997, a sus 36 años, Dian Spencer pierde la vida. Cuando se da a conocer la noticia, mucha gente siente que algo no termina de cuadrar. Cuesta entender que la princesa haya muerto de esa manera y casi de inmediato empiezan a surgir teorías.
La más famosa y una que hasta hoy muchas personas siguen creyendo, sostiene que la monarquía mandó a matar a Diana. La razón según Mohamed Alfayed porque Diana estaba a punto de casarse con Dodi y la realeza jamás habría aceptado algo así. Mohamed asegura que su hijo había comprado un anillo de compromiso poco antes del viaje a París, donde supuestamente pensaba pedirle matrimonio.
Pero la relación apenas llevaba seis semanas, así que muchos se preguntan, ¿por qué tanta prisa? La respuesta de Mohamed es todavía más explosiva. Sostiene que Diana estaba embarazada. Incluso dice que la pareja había visitado una casa que él tenía en París para escoger el cuarto del bebé. A partir de eso, Mohamed afirma que el Servicio Británico contrató a Henry Paul para ejecutar el asesinato.
Quienes creen en esta teoría también señalan varias supuestas inconsistencias en la investigación. Para empezar, casi no existen imágenes del trayecto del coche ni del momento del choque, a pesar de que en la zona había numerosas cámaras de seguridad que pudieron haber registrado lo ocurrido. Además, al revisar el vehículo en el que viajaban Diana y Dod, los peritos encuentran restos de pintura blanca de un Fiat 1.
Eso sugiere que ese automóvil pudo haber rozado o golpeado el coche antes del impacto final contra la columna. Sin embargo, la policía nunca logra localizar ese Fiat 1, aunque varios testigos aseguran haber visto un vehículo de ese tipo salir del túnel después del accidente. Mohamed va todavía más lejos.
Según él, ese Fiat 1 era conducido por un agente del MI6, el servicio secreto británico. Incluso da un nombre, John Paul James Anderson, a quien señala como el hombre encargado de acabar con la vida de la princesa. Ahora bien, ¿qué tan ciertas son estas acusaciones? Bueno, a raíz de la conspiración se abre una carpeta de investigación sobre el caso nombrada operación Payet.
En esta investigación, los detectives cubren todas las teorías posibles. Comienzan con los motivos para un ataque a la princesa, el anillo de compromiso y el supuesto embarazo. Encuentran que el anillo no fue comprobado sino hasta después del accidente y fue comprado por Mohamed, no Dodi. También desmienten la idea de que Diana estuviera embarazada, pues en la autopsia los doctores no encontraron rastro de ningún embarazo.
Por su parte, encuentran que las cámaras de seguridad cerca del puente apuntan a negocios y tiendas, lo que explica por no captaron nada del accidente ese día. En cuanto al MI6, los detectives investigan a Henry Paul y John Paul James Anderson, pero no encuentran vínculos entre estos hombres y el servicio secreto.
Al final concluyeron que la muerte de Diana fue un terrible accidente, resultado de un conductor ebrio y el acoso de los paparazzi. Además, señalan que muy probablemente Mohamed Alfayed siguió impulsando estas teorías porque le costaba aceptar que su hijo hubiera muerto de una forma tan repentina y absurda.
Ante una pérdida así, habría buscado una explicación más grande que le diera algún sentido a lo ocurrido. A eso se suma que Mohamed llevaba años intentando obtener la ciudadanía británica sin éxito. Por eso, hay quienes creen también que una relación más formal entre Doddy y Diana también podría darle más cercanía y peso dentro de ciertos círculos británicos.
Regresando a la historia, al día siguiente del choque, el mundo entero está de luto. Muy pronto, la residencia de Diana en el palacio de Kensington se llena de flores. Al principio son miles, luego millones. Con el paso de los meses se estima que llegan a acumularse hasta 60 millones de ramos.
Y a ver, tal vez hoy por hoy muchos conozcan a esta mujer como una figura que en su momento fue reconocida, pero creo que no se hacen a la idea de lo realmente famosa que fue. Y no solo ella, de hecho todo lo relacionado con la corona siempre ha sido un tema de interés público. De los cantantes, artistas, cineastas o cualquier celebridad es entendible porque normalmente son famosos o famosas por hacer algo.
Pero en este caso la familia real solamente tuvo la suerte de haber nacido de ciertos padres y listo. Lo que me hizo preguntarme, ¿por qué? ¿Por qué? Aunque pasen los años y las generaciones, sigue siendo un fuerte tema de interés. Estuve reflexionando un poco y llegué a las siguientes conclusiones a ver qué te parece. Primero está la parte del imaginario colectivo.
Desde hace siglos, la realeza ha ocupado un lugar muy particular en la mente de las personas. Por ejemplo, un político también puede representar poder, jerarquía o incluso cierto estatus, pero en la realeza esos elementos se le suban otros factores como la historia acumulada durante siglos, la idea del linaje, la tradición, los palacios, los títulos heredados, las ceremonias, los protocolos y una vida que parece sacada de un cuento.
Por eso no se percibe igual. Además, muchas de las historias que consumimos de niños giraban alrededor de ese universo con castillos, príncipes, princesas y vidas extraordinarias. Pero a diferencia de otras fantasías, esta sí existe. Es una realidad paralela a la nuestra, inaccesible para la mayoría, pero visible.
Pero una historia sin altos, bajos, momentos felices y discusiones no es una buena historia. Y aquí es donde entra el conflicto interpersonal. Parece que los seres humanos tenemos una atracción casi inevitable por el drama ajeno y la razón es que toca temas muy sensibles para nosotros. Las relaciones son una de las cosas más importantes de nuestra vida y muchas veces son la fuente tanto de nuestras mayores alegrías como de nuestros dolores más profundos.
Por eso, cuando escuchamos sobre el drama de la relación de alguien más, nos atraen sus detalles y tendemos a engancharnos porque activa mecanismos de identificación y proyección. Vemos reflejadas nuestras propias dinámicas, nuestros miedos, nuestras creencias, nuestras inseguridades, heridas o nuestras ideas del amor. Escuchamos un conflicto entre dos personas, lo asociamos con algo personal y entonces opinamos y nos posicionamos.
Se juegan muchas cosas personales en historias que en teoría no tienen nada que ver con nosotros. Tal vez lo que se dice confirma o cuestiona mis creencias sobre el amor y por eso necesito que sea verdad o mentira. Entonces, opino desde ahí. Por eso las relaciones, los matrimonios, los conflictos y hasta el chisme generan tanto interés, incluso muy lejos del mundo de la realeza o las celebridades.
Y si a todo eso le sumas que la historia ocurre dentro del entorno más simbólico y mágico posible, nos queda una historia que parece fantasía, pero tiene el peso de que se trata de la vida real y puede enganchar más que otro drama familiar, porque el simbolismo hace que parezca más importante de lo que es en la vida cotidiana y el drama le da forma de historia, por eso termina sintiéndose como una película en tiempo real.
Okay, entonces ya entendimos algunos factores que pueden influir en el por qué nos atrapa tanto ese tema en específico. Así que ahora hay que intentar explicar por qué específicamente la princesa Diana, por qué fue una figura tan mediática y no se ha vuelto a repetir un evento similar. A mi parecer, ella tuvo un impacto diferente porque se movía dentro de ese mundo, pero se desarrolló en uno diferente, lo que le hizo jugar el juego con otras reglas.
Por ejemplo, la corona se inclina a ser un sistema diseñado para proyectar protección y distancia, pero Diana comenzó a introducir emociones visibles, vulnerabilidad y cercanía. Y eso cambia la forma en la que el público se relaciona con toda la historia, porque una fantasía perfecta puede ser admirada, pero difícilmente genera identificación.
En cambio, cuando dentro de ese mundo aparece alguien que parece no encajar del todo, que es juzgado, que sufre o que está en tensión con su propio entorno, la gente puede verse reflejada. Además, su papel dentro de la narrativa tiene una tensión muy particular y es que si bien era parte del sistema, parecía que estaba en conflicto con él, como que no estaba muy claro si pertenecía a ese mundo o en realidad estaba atrapada en él.
Una contradicción que mantenía la tensión porque convertía su historia en algo dinámico y con evolución. Y bueno, cuando finalmente comenzaron a salir a la luz los aspectos más difíciles de su vida, la gente que ya estaba emocionalmente involucrada se involucró aún más porque ya habían tomado un bando y porque ya empatizaban con lo que veían, con lo que sentían y con esa personita que estaba en medio de los focos.
Y bueno, en cuanto al funeral, este se ve envuelto en controversia. Verás, la gente espera una ceremonia enorme para Diana, casi como un funeral de estado. Pero para la familia real, la situación es más complicada. Diana ya está divorciada de Carlos y técnicamente ya no forma parte de la realeza. Por eso, al principio consideran que lo más lógico es que su propia familia, los Spencer, se encargue de un funeral privado.
Pero esto enfurece al público que lo interpreta como otro desprecio hacia Diana. Y la molestia crece todavía más cuando ven que en el palacio de Buckingham no hay ninguna bandera a media hasta. En realidad, esto responde a una tradición en la que la bandera nunca se baja porque simboliza que sin importar quién muera, la monarquía continúa.
Pero para el público en ese momento se siente como una falta de respeto. Antes la presión del público, a la familia real no le queda más que romper un poco el protocolo y darle a la gente lo que está pidiendo. Así autorizan un funeral ceremonial real e incluso la reina aparece en televisión para hablar de Diana, expresar su admiración por ella y reconocer el dolor del pueblo.
Pero para muchos ya es demasiado tarde. La gente está convencida de que la familia real fue fría con Diana hasta el final. y que solo reaccionó cuando la presión del público se volvió imposible de ignorar. El funeral se realiza unos días después y quizás la imagen más triste es la de William y Harry, todavía niños caminando detrás del ataú de su madre.
Además, está el detalle de que sobre el ataúd va una pequeña carta de Harry. En el sobre solo se alcanza a leer una palabra, mami. En total, más de 1 millón de personas llenan las calles de Londres para despedirla, mientras más de 2,000 millones siguen la procesión por televisión. Años después de su muerte, Carlos y Camila, que para ese momento ya también está divorciada, hacen pública su relación.
Pero la gente nunca termina de aceptarlos del todo. Para muchos, ellos siguen siendo los responsables de gran parte del dolor que vivió Diana. Aún así, en 2005 se casan y años después, Carlos llega al trono con Camila como reina. Hoy, casi 30 años después de la muerte de Diana, su recuerdo sigue muy vivo, sobre todo en sus hijos que decidieron llevar su nombre a la siguiente generación.
William lo hizo con su hija Charlotte Elizabeth Diana y Harry con la suya, Lileth Diana. Además, los dos han seguido apoyando causas que a su mamá le importaban mucho. William ha trabajado en temas de salud mental con Heads together mientras Harry ha apoyado a Halo Trust, la organización que ayuda a crear conciencia sobre el peligro de las minas terrestres.
En 2021, el año en que Diana habría cumplido 60 años, William y Harry le rinden homenaje al revelar una estatua en su honor. En ella aparece rodeada de niños, una imagen que refleja muy bien esa calidez y esa sensibilidad por la que tanta gente la recuerda. Quizá esto es lo más doloroso y al mismo tiempo lo más admirable de su historia.
que muchas de las cosas que más le faltaron fueron las que más le dio a los demás. Desde niña sintió la distancia de sus padres, después vivió la frialdad de su matrimonio y más tarde cargó con el peso de una institución que nunca terminó de protegerla. Pero aún así, Diana no repitió esa historia. En lugar de cerrarse, eligió acercarse y dar a manos llenas.
Le dio a la gente el cariño, la atención y la humanidad que tantas veces ella misma necesitó. Lo vimos cuando, en una época llena de miedo, decidió tomar de la mano a pacientes con VIH frente a las cámaras para eliminar los estigmas. Lo vimos cuando caminó por un campo minado en Angola para que el mundo volteara a ver una tragedia y lo vimos en algo más cotidiano, pero igual de poderoso, en la forma en la que se detenía escuchar, a mirar a los ojos, a hacer sentir vistos a quienes tenía enfrente.
Sí, definitivamente lo que vivimos en la infancia nos va a terminar marcando de una forma u otra, eso es seguro. Pero eso no tiene por qué dictar el resto de nuestra vida, no tiene por qué encasillarnos en una forma de comportarnos o de ser. No tiene por qué definirnos. Y creo que una venganza simbólica contra eso que nos tocó vivir y nos lastimó podría ser darle al mundo o aunque sea a una persona aquello que nos hizo falta a nosotros.