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HARFUCH CATEA al PROMETIDO de MARU CAMPOS y DESCUBRE 143 MILLONES en CONTRATOS OCULTOS

HARFUCH CATEA al PROMETIDO de MARU CAMPOS y DESCUBRE 143 MILLONES en CONTRATOS OCULTOS

Buenas tardes. Miércoles 13 de mayo de 2026, mañana en el estado de Chihuahua, cuando una residencia de lujo en las afueras de la capital estatal mantenía esa quietud calculada que solo existe en los espacios donde el dinero ha comprado durante años la certeza de que ningún operativo llegará a tocar sus puertas.

Omar García Harfud dirigió un cateo que amplía en una dimensión nueva y devastadora el mapa de la red de corrupción que esta ofensiva lleva meses desmantelando capa por capa. Harfush cateó al prometido de Maru Campos y descubrió 143 millones de pesos en contratos ocultos. Y lo que esos contratos revelan no es la historia de un hombre con negocios turbios al margen de su pareja, es la historia de una estructura mafiosa construida desde adentro del gobierno de Chihuahua, financiada con recursos públicos, protegida por mecanismos institucionales

y operada por personas cuya cercanía con el poder no era sentimental, sino funcional, porque en estas redes el amor y el dinero siempre han hablado el mismo idioma. Detente un momento en eso antes de continuar, porque hay una distancia enorme entre escuchar que se cateó la casa del prometido de una exgobnadora y comprender lo que ese cateo significa en el contexto de todo lo que se ha venido descubriendo en las últimas horas.

 El caso de Marucampos no empezó este miércoles, empezó con años de adjudicaciones irregulares de obra pública en Chihuahua. Siguió con su detención en las primeras horas del día. continuó con el cateo simultáneo a sus siete negocios y esta mañana alcanzó una dimensión que confirma algo que los investigadores sospechaban desde hace semanas, pero que necesitaban documentar con la solidez suficiente para que ningún amparo interpuesto a última hora pudiera detenerlo.

 El prometido no era una figura decorativa en la periferia de la red, era su columna vertebral financiera. Para entender el peso real de lo que ocurrió esta mañana en las afueras de Chihuahua, hay que entender primero quién es el hombre cuya residencia fue cateada. No es un nombre que haya aparecido antes en los noticieros con frecuencia.

 No es una figura pública con perfil reconocible para el ciudadano común que siguió la trayectoria de Marucampos durante sus años al frente del gobierno de Chihuahua. Es exactamente el tipo de persona que el sistema de impunidad histórica en México estaba diseñado para mantener en la sombra. Alguien con suficiente proximidad al poder para tener acceso a información privilegiada sobre contratos, licitaciones y flujos de recursos públicos, con suficientes conexiones para garantizar que las adjudicaciones irregulares pasaran por

los filtros institucionales sin levantar alertas y con suficiente sofisticación operativa para mantener ese papel oculto detrás de la figura visible de su pareja, mientras él absorbía, movía y blanqueaba los recursos que esa figura generaba. fugía como el principal operador financiero de la red y como el testaferro central de la pareja.

 Eso, en apariencia, lo colocaba en la categoría de hombre de confianza, de alguien con acceso privilegiado a información, pero sin responsabilidad directa sobre las decisiones que generaban ese acceso. Esa apariencia fue precisamente el mecanismo que utilizó para mantenerse fuera del alcance de las investigaciones durante el tiempo que necesitó.

 Esta mañana ese tiempo se terminó. Escribe en los comentarios si ya sospechaban que detrás de cada gobernadora o gobernador corrupto siempre hay alguien más en las sombras moviendo los hilos financieros. Porque la intuición colectiva en México lleva décadas llegando a esa conclusión antes de que los operativos la confirmen.

 El operativo que culminó con el cateo de la residencia en las afueras de Chihuahua no fue una decisión tomada de manera apresurada. ni una reacción improvisada a la detención de Maru Campos ocurrida horas antes. Fue el resultado de semanas de inteligencia acumulada por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, trabajando de manera coordinada con la Fiscalía General de la República, con analistas de la Unidad de Inteligencia Financiera y con peritos especializados en análisis forense de contratos públicos, rastreo de activos ilícitos y detección de

esquemas de adjudicación irregular. La pista que condujo a esta residencia no surgió esta mañana, surgió durante el cruce de información obtenida en los cateos previos a los siete negocios vinculados directamente a Marucampos. Negocios que resultaron ser los nodos de un esquema de lavado de dinero con una sofisticación que no corresponde a operaciones improvisadas, sino a una arquitectura financiera planificada con apoyo logístico, asesoría especializada y protección institucional.

 Cuando los analistas de la Unidad de Inteligencia Financiera comenzaron a rastrear los flujos de recursos que pasaban por esos negocios, identificaron transferencias que no tenían como destino final las cuentas vinculadas directamente a la exgobnadora, sino cuentas de empresas fachadas registradas a nombre de prestanombres con domicilio fiscal en distintos estados del país, todas con una característica en común que los analistas reconocieron de inmediato porque habían visto ese patrón antes en otras investigaciones. de esta misma

ofensiva. Las actividades declaradas de esas empresas no correspondían en ningún caso con los montos que circulaban a través de sus cuentas. Ese hilo condujo directamente al prometido de Marucampos y a la residencia de lujo en las afueras de Chihuahua, donde se había resguardado desde que la detención de la exgobnadora se hizo pública en las primeras horas del día.

 La decisión de ejecutar el operativo esta mañana del miércoles 13 de mayo respondió a tres factores que convergieron en el mismo punto con una precisión que los investigadores describen como la ventana de oportunidad que llevaban días esperando. El primero fue la confirmación de que el sujeto se encontraba dentro de la residencia, información obtenida a través de los sistemas de monitoreo de la Secretaría de Seguridad que habían mantenido la propiedad bajo vigilancia desde el momento en que su nombre apareció en los registros financieros cruzados durante

los cateos a los negocios de la exgobnadora. El segundo fue una señal de alerta captada en tiempo real por esos mismos sistemas, actividad inusual en el interior de la residencia que los analistas interpretaron de inmediato como un intento de destrucción de evidencia, el tipo de actividad que se observa cuando alguien acaba de recibir información de que una investigación se está cerrando sobre él y decide actuar antes de que sea demasiado tarde.

 El tercero fue la solidez de la evidencia financiera acumulada durante las semanas previas, suficiente para obtener las autorizaciones judiciales necesarias para el cateo, sin que el proceso pudiera ser detenido por amparos interpuestos a última hora por los despachos jurídicos que esta red mantiene en estado de alerta permanente para exactamente ese tipo de contingencias, con un despliegue rápido y quirúrgico que los testigos en el lugar describieron como una operación ejecutada con una precisión que no dejó margen de reacción. Comandos de la

Guardia Nacional y fuerzas especiales de la Secretaría de Seguridad rodearon la propiedad en las primeras horas de la mañana. Vehículos blindados bloquearon todos los accesos en un radio que garantizaba que nadie pudiera salir ni entrar sin ser interceptado. Y los elementos tácticos irrumpieron en la residencia con la fuerza controlada y la coordinación que caracterizan los operativos de esta ofensiva, la misma que ha demostrado en cada uno de los cateos de las últimas semanas.

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