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EL PERRO AGUAYO: LA ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE SU MUERTE EN EL RING QUE OCULTARON

EL PERRO AGUAYO: LA ASQUEROSA VERDAD DETRÁS DE SU MUERTE EN EL RING QUE OCULTARON

Tijuana. 21 de marzo de 2015. El palenque del auditorio municipal tiene ese olor específico de los eventos de lucha libre en provincia. Cerveza derramada, sudor acumulado de semanas, el cuero de las botas rebotando contra la lona, 100 personas apretadas en un lugar pensado para menos. Gritos en español y en inglés porque hay turistas americanos cruzando desde San Diego para ver el espectáculo.

 En el ring están Pedro Aguayo Junior, conocido como el Perro Aguayo y Rey Misterio, dos luchadores que se conocen desde hace 20 años. Dos hombres que han compartido vestuario, que han viajado juntos, que han construido sus carreras en parte el uno gracias al otro. La lucha lleva varios minutos. El perro recibe una patada de Rey Misterio cerca de las cuerdas.

 Cae de una manera particular, se queda quieto. Rey Misterio sigue luchando. El árbitro sigue contando, el público sigue gritando. Pasan 30 segundos, un minuto. El perroayo sigue en la lona sin moverse. Entonces algo cambia en el ring. La lucha para. Los luchadores se acercan, el árbitro se arrodilla y el auditorio municipal de Tijuana, que hace 30 segundos estaba rugiendo, se queda en un silencio que los que estuvieron ahí dicen que fue el silencio más pesado que habían escuchado en su vida.

 Pedro Aguayo Junior tenía 45 años. murió esa noche. Y lo que pasó después, lo que dijeron y lo que callaron, lo que la empresa de lucha libre manejó y lo que la familia tuvo que procesar sola, eso es lo que vamos a contar hoy completo con los nombres y con las fechas y con las preguntas que siguen sin respuesta 10 años después, porque hay una versión oficial de lo que pasó en ese ring en Tijuana y hay otra versión y las dos tienen partes de verdad y ninguna de las dos dice todo.

 Pedro Aguayo Ramírez nació el 25 de septiembre de 1979 en la Ciudad de México, hijo de Pedro Aguayo seor que fue uno de los luchadores más grandes de México en los años 70 y 80. El perro original, el que llenaba arenas con su estilo agresivo, con esa manera de pelear que mezclaba la rudeza de los rudos clásicos, con una presencia física que muy pocos tenían.

Crecer siendo el hijo de eso tiene un peso específico. Desde que Pedro Junior era chico, el mundo que lo rodeaba era el de la lucha libre, el olor del vestuario, los vendajes, las máscaras colgadas en los camerinos, las conversaciones de su padre con otros luchadores sobre técnicas y rivalidades y el negocio que hay detrás del espectáculo.

 Ese mundo fue el suyo desde antes de que pudiera elegir si quería que fuera el suyo. Debutó profesionalmente a los 16 años y desde el principio cargó con el apellido de la manera en que se cargan los apellidos grandes en la lucha libre mexicana con la presión de quién sabe que cualquier cosa que haga va a ser comparada con lo que hizo el que vino antes.

 El perro señor había sido técnico en una parte de su carrera y rudo en otra, pero lo que lo hizo grande fue la agresividad, la manera de entrar al ring con esa energía que hacía que el público lo odiara o lo amara sin términos medios. En la lucha libre mexicana, eso es el máximo que existe, que la gente no pueda ignorarte.

Pedro Junior heredó eso, la agresividad, la presencia, la capacidad de hacer que el público reaccionara. y construyó su propio personaje sobre esa base, que fue el perroayo Junior, el rudo que hacía exactamente lo que los rudos tienen que hacer, que el público quiera que pierdas y, sin embargo, no pueda dejar de mirarte.

 Su carrera en el CML y después en Triple A fue la de alguien que entiende el negocio desde adentro porque creció dentro del negocio. Sabía cuándo acelerar y cuándo frenar. sabía cómo construir una rivalidad que durara meses y que llenara arenas cada vez. Sabía que la lucha libre es teatro, pero que el teatro tiene que ser creíble o el público se va.

 Lo fue durante años, uno de los rudos más completos que la lucha libre mexicana tuvo en su generación. Y el 21 de marzo de 2015, con 45 años estaba en Tijuana haciendo lo que había hecho toda su vida, luchando. La pelea esa noche era de tríos. El perro Aguayo Junior y sus compañeros contra el equipo de Rey Misterio.

 Una lucha de las que se hacen en los palenques de provincia con más informalidad que los grandes eventos, pero con la misma intensidad, porque los luchadores saben que en esos palenques están los aficionados más puros, los que van por la lucha, no por el show de producción. La secuencia que cambió todo ocurrió cerca del minuto 4 de la pelea.

 Rey Misterio ejecutó una patada girando de las que en la lucha libre se llaman Dropki KCK, que conectó en la espalda del perro cuando este estaba sobre las cuerdas. El perro cayó hacia delante con el cuello, golpeando las cuerdas de una manera específica que los médicos que lo atendieron después describieron con términos técnicos que se traducen en una sola cosa.

 El impacto produjo una lesión cervical que interrumpió la función del sistema nervioso. Cayó y no se levantó. Hay un video de esa noche que circuló en internet en los días siguientes y que muchos vieron sin saber lo que estaban viendo. En el video se ven los últimos 30 segundos de la pelea antes de que todo para.

 Se ve a Rey Misterio ejecutar el movimiento, se ve a el perro caer, se ve que no se mueve y se ve al árbitro y a los otros luchadores tardando un tiempo que en retrospectiva parece demasiado en darse cuenta de que algo grave había pasado. Ese tiempo, ese margen entre el momento en que el perro dejó de moverse y el momento en que la lucha se detuvo.

 Eso es lo primero que la gente señaló cuando empezaron las preguntas. ¿Cuánto tardaron en parar? La respuesta varía según quién la da. Los organizadores del evento dijeron que la reacción fue inmediata. Los que estaban en las gradas, los que tenían mejor ángulo, dicen que pasaron más de 30 segundos de lucha con el perro inmóvil en la lona antes de que alguien detuviera todo.

 30 segundos no suenan a mucho, pero cuando alguien está en el piso con una lesión cervical, 30 segundos son una eternidad. Los paramédicos llegaron, lo sacaron del ring, lo llevaron al hospital general de Tijuana y en las primeras horas la información que salía del hospital era confusa. Como siempre es confusa la información en las primeras horas de una emergencia.

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