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¡CAE EX-EMPLEADA DE BBVA! POR PRESUNTO FRAUDE DE 12 MDP… ROBA A SEÑORA DE LA TERCEREA EDAD

¡CAE EX-EMPLEADA DE BBVA! POR PRESUNTO FRAUDE DE 12 MDP… ROBA A SEÑORA DE LA TERCEREA EDAD

12 millones de pesos no desaparecen en silencio, no se evaporan de una cuenta de ahorro como si fueran una falla de pantalla, no se borran de un estado de cuenta sin dejar ruta, folio, movimiento, firma, autorización, IP, ventanilla, AA, ejecutivo, contrato o rastro interno. Y por eso este caso en Nuevo León no empieza con una detención, empieza con una pregunta que debería helarle la sangre  a cualquier cliente bancario.

 ¿Quién estaba adentro del sistema cuando el dinero dejó de estar ahí? El caso estalló entre Allende y Santiago, Nuevo León. Una mujer identificada en distintos reportes como Griselda N o Griselda N, señalada como extra trabajadora de BBV a México, fue detenida por autoridades de Santiago por su probable responsabilidad en un presunto fraude millonario contra personas adultas  mayores.

 La denuncia que abrió la puerta del caso vino de un habitante de Allende, quien aseguró que de  su cuenta de ahorro habían desaparecido aproximadamente 12 millones de pesos, recursos  que, según versiones periodísticas, habrían sido canalizados de manera irregular hacia supuestos fondos de inversión. 12 millones.

 No estamos hablando de un cargo raro en una tienda, ni de una compra  duplicada, ni de una tarjeta clonada en una terminal. Estamos hablando de los ahorros de una vida, de dinero que alguien creyó protegido dentro de una institución financiera, de una cuenta que debía ser resguardada, de una relación de confianza rota en el punto más sensible, el patrimonio.

 Antes de seguir, suscríbete  a Alerta Roja, porque aquí vamos caso por caso, pista por pista, hasta donde otros no quieren mirar. La primera versión pública apunta a un esquema que habría golpeado especialmente a personas de la tercera edad. Según reportes locales, la señalada presuntamente ofrecía o manejaba supuestas inversiones, fondos financieros o movimientos relacionados  con productos de inversión, aprovechando la confianza de clientes que en muchos casos no revisan todos los días su aplicación bancaria, no

descargan estados de cuenta cada semana y dependen de lo que un ejecutivo, una asesora o una persona de confianza les explica frente a frente. Y aquí viene lo extraño. La víctima no habría descubierto el golpe por una alerta inmediata, no porque el banco frenó el movimiento antes de que se consumara, no porque un candado interno encendió las alarmas.

 Según la información publicada, el afectado revisó sus  estados de cuenta y entonces encontró el vacío. Los recursos ya no estaban disponibles. Ese detalle cambia todo, porque si el dinero salió de una cuenta de ahorro, hay preguntas técnicas inevitables. ¿Qué tipo de movimiento fue? Transferencia, traspaso interno, compra de instrumento de inversión, retiro, contrato firmado, orden telefónica, autorización digital, movimiento en su cursal.

 ¿Quién validó? ¿Quién revisó? ¿Qué usuario interno quedó registrado? ¿Hubo doble autorización? ¿El cliente recibió confirmación? ¿El detectó que una persona adulta mayor estaba moviendo una cantidad extraordinaria? Lo confirmado hasta ahora es grave. Hay una mujer detenida. Hay una denuncia por aproximadamente 12,000000es de pesos, hay un señalamiento de presunto fraude contra adultos mayores y hay una investigación abierta para saber si existen más víctimas.

 Lo que todavía no está confirmado es igual de importante. ¿Cuántos clientes fueron afectados? ¿Cuál es el monto total? ¿Qué operaciones exactas se hicieron? Si hubo participación de más personas y hasta dónde llegó la responsabilidad institucional. Pero hay más. Un reporte señaló que además del caso de los 12 m000ones, las autoridades investigaban otro presunto fraude por 300,000 pesos de una víctima distinta.

 Ese dato todavía debe tratarse con cuidado porque el número total de afectados y el monto global no han sido informados de manera definitiva. Pero si esa línea se confirma, el caso dejaría de verse como un episodio aislado y empezaría a parecerse a un patrón. Y cuando en un caso bancario aparece la palabra patrón, el problema ya no es solo penal,  es operativo, es de controles internos, es de supervisión, es de auditoría, es de saber si alguien dentro o alrededor de una institución pudo detectar clientes vulnerables, identificar saldos

altos, ganarse su confianza y mover dinero bajo una promesa que sonaba demasiado segura para ser cuestionada. Aquí no se puede acusar  sin sentencia. Griselda o Griselda N tiene presunción de inocencia. El banco mencionado también tiene derecho a explicar qué ocurrió, que detectó y qué medidas tomó, pero la pregunta pública no desaparece por eso, al contrario, se vuelve  más fuerte.

 ¿Cómo puede un cliente saber que la persona frente a él no está usando el prestigio de un banco para conducirlo hacia una trampa? Ese es el riesgo silencioso de este caso. No es solamente que alguien pueda recibir un mensaje falso. No es solamente que un delincuente llame desde un número sospechoso. No.

 El riesgo más oscuro aparece cuando la amenaza se disfraza de confianza legítima. Cuando la persona que te habla conoce tu nombre, conoce tu saldo, conoce tu edad, conoce tus movimientos, conoce tu sucursal y sabe exactamente qué palabras usar para que bajes la guardia. Es un fondo seguro, es una inversión interna. Usted no  se preocupe, yo le ayudo.

 Firme aquí es un trámite normal. Su dinero está protegido y ahí, frente a una mesa limpia, con una pluma  azul, un gafete, una pantalla encendida y un logotipo bancario detrás, puede empezar el despojo más peligroso, el que no parece robo mientras está ocurriendo. La Ley de Instituciones de Crédito establece que el servicio de banca y crédito implica captar recursos del público y que el intermediario queda obligado a cubrir el principal y en su caso, los accesorios financieros de los recursos captados.

También señala que la ley busca proteger los intereses del público dentro del sistema bancario mexicano. Eso importa porque el banco no es una caja cualquiera. Administra recursos ajenos bajo reglas especiales y bajo un deber reforzado de confianza. Entonces aparece la gran pregunta de este caso. Si el dinero estaba en una cuenta bancaria y salió mediante movimientos no autorizados, debe responder solo la persona señalada o también la institución que tenía la custodia.

 los sistemas, los controles y la obligación de proteger esos recursos. Esto no cierra con una simple detención, porque detener a una presunta responsable puede ser apenas el  primer paso. El verdadero cierre para las víctimas es otro: recuperar el dinero, obtener reparación del daño, saber cómo se hicieron los movimientos, identificar si hubo omisiones internas y evitar que más adultos mayores aparezcan semanas después con la misma historia.

 Un fraude bancario no siempre se anuncia con un hacker encapuchado. A veces empieza con una llamada de alguien conocido, a veces con una cita en su cursal, a veces con una hoja que parece oficial, a veces con un fondo que nadie encuentra después, a veces con un movimiento que el cliente no entiende, pero acepta porque confía.

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