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Sara García: Se Quitó 14 Dientes A Los 39 Años Para Un Papel…Y Se Convirtió En La Abuela De México

Y Sara quedó sin padre  a los 5 años y Felipa tuvo que criar sola a Sara. trabajando, luchando para darle educación,  para que tuviera oportunidades. Y Sara era una niña brillante, inteligente, con  talento artístico, le encantaba pintar, dibujar y era muy buena en la escuela.

Y Felipa,  a pesar de la pobreza, la inscribió en el colegio de las bizcaínas,  una escuela prestigiosa para niñas donde Sara podía estudiar, desarrollarse, tener futuro. Y Sara adoraba esa escuela y a su madre,  que sacrificaba todo por ella, que trabajaba sin descanso, que la amaba incondicionalmente. Y entonces, cuando Sara tenía 9 años, en 1904, algo terrible pasó.

Sara se enfermó de Tifus  Murino, una enfermedad grave transmitida por pulgas y ratas. Y Sara tenía fiebre alta, delirio. Y Felipa la cuidó día y noche sin descansar, limpiándole  la frente, dándole agua, rezando para que sobreviviera, porque no podía perder a esta hija también. No después de haber perdido a los otros 10.

Y Sara sobrevivió, se recuperó, pero en el proceso contagió a su madre. Felipa contrajo el tifus de Sara y Felipa no tuvo la misma suerte porque estaba débil,  agotada de cuidar a Sara y su cuerpo no pudo combatir la enfermedad. Y Felipa murió y Sara quedó huérfana. A los 9 años sin padre. sin madre, sola en el mundo y con la culpa terrible de saber que ella había matado a su madre, que la había contagiado, que si ella no se hubiera enfermado, su madre seguiría viva y esa culpa  la persiguió toda su vida.

nunca la superó completamente, nunca perdonó completamente y esa tristeza, ese dolor, esa culpa  se convirtieron en parte de su alma. Y años después, cuando interpretaba a madres sufrientes en el cine, no tenía que actuar porque conocía ese sufrimiento, lo había vivido. Y después de la muerte de Felipa, Sara no tenía a nadie.

Pero la familia que había ayudado en su nacimiento, Francisca Cuenca y Manuel González Cordero, seguían en contacto y se ofrecieron a cuidar a Sara, a darle un hogar. Y Sara se fue a vivir con ellos, con Francisca, Manuel y sus hijas Blanca y Rosario. Y Rosario tenía exactamente la misma edad que Sara. Las dos nacieron en 1895 con pocos meses de diferencia y se volvieron inseparables, mejores amigas, hermanas, confidentes.

Y esa amistad duraría toda la vida,  más de 60 años hasta la muerte de Sara. Pero Sara seguía estudiando en el colegio de las bizcaínas gracias a sus buenas calificaciones y ahí descubrió su amor por el arte, por el teatro,  por la actuación y participaba en las obras escolares.  Y todos notaban que tenía talento natural, presencia escénica, voz clara, capacidad de emocionar.

Y Sara se graduó y se convirtió en maestra en el colegio de las bizcaínas  enseñando a otras niñas y era buena maestra, paciente, amable,  pero siempre sentía que faltaba algo, que su verdadera pasión estaba en otro lado, en el escenario, en la actuación. Y en 1917, cuando tenía 22 años,  algo cambió su vida, porque Sara era curiosa y le encantaba el cine.

Y un día pasó por los  estudios Azteca Films, que estaban en la esquina de Juárez y Balderas,  en el centro de la Ciudad de México, y se asomó. Quería ver cómo se filmaba una  película. Y el director Joaquín Kos la vio y quedó impresionado con su presencia. con su rostro expresivo y le ofreció un papel pequeño en su película en defensa propia, sin paga, solo por experiencia.

Y Sara aceptó y así debutó en el cine en 1917, a los 22 años y le encantó, absolutamente le encantó la cámara, las luces, la actuación, todo. Y decidió que eso era lo que quería hacer, pero no renunció a su trabajo de maestra todavía. pidió licencia para poder regresar si la actuación no funcionaba, porque era práctica, realista y necesitaba el ingreso y empezó a actuar en teatro gracias a Eduardo Arozamena, que la vio en su primera película y la invitó a su compañía teatral.

Y Sara actuaba en obras y ganaba experiencia y mejoraba y se hacía un nombre en el medio. Y en esos años, viajando con la compañía teatral  por todo México, conoció a un actor, Fernando Ibáñez, y se enamoró, o al menos pensó que estaba enamorada y se casaron en Tepic, Nayarit. Y Sara dejó de ser maestra oficialmente porque ahora era actriz de tiempo completo y esposa.

Y el 15 de enero de 1920 nació su hija, su única hija. La llamaron Sara Fernanda Mercedes Iváñez García, pero todos le decían María Fernanda o simplemente Fernanda. Y Sara estaba feliz. Había formado una familia, tenía una hija y su carrera iba bien y todo parecía perfecto, pero no lo era. Porque Fernando era mujeriego, infiel.

Le era infiel a Sara constantemente, con actrices, con coristas,  con quien fuera. Y Sara lo descubrió y quedó devastada, traicionada, humillada y se divorció rápido, poco después del nacimiento de Fernanda, y se quedó sola, madre soltera con una bebé en los años 20, cuando ser madre soltera era un escándalo, un estigma, algo vergonzoso.

Y Sara tuvo que  trabajar el doble, el triple, para mantener a su hija, para darle lo que necesitaba. Y fue difícil, muy difícil, porque muchas compañías no querían contratar a una mujer con hija. Pensaban que no sería confiable, que la maternidad interferiría con el trabajo. Pero Sara no se rindió y siguió actuando en teatro, en cine.

Y su amiga Rosario González Cuenca volvió a aparecer en su vida. Se reencontraron en una tienda por casualidad y retomaron su amistad. Y Rosario se ofreció a ayudar, a cuidar a Fernanda cuando Sara trabajaba, a apoyarla y Sara aceptó agradecida. Y Rosario  se mudó con Sara, las dos juntas criando a Fernanda. Y según muchas fuentes, ahí comenzó algo más que amistad, una relación romántica, discreta, secreta.

Porque en esa época, en los años 20 y 30, una relación entre dos mujeres era impensable, ilegal, pecado. Y Sara y Rosario nunca lo confirmaron públicamente, nunca hablaron de eso, pero vivieron juntas durante más de 60 años, compartieron casa, compartieron vida y Rosario fungía oficialmente como secretaria,  asistente y agente de Sara, pero era mucho más que eso.

era su compañera, su amor, su familia.  Y en los años 30 llegó el cine sonoro a México y Sara empezó a conseguir más papeles, mejores papeles. Y su hija Fernanda también empezó a actuar  desde muy joven y madre e hija actuaron juntas en varias películas. La sangre manda en 1934, No basta ser madre  en 1937.

Y Fernanda tenía talento. Era hermosa, carismática y parecía que tendría una gran carrera por delante.  Y en 1937, Fernanda protagonizó la madrina del  con Jorge Negrete.  Y Jorge y Fernanda se enamoraron, o al menos Jorge se enamoró de Fernanda y empezó a acortejarla. Pero había un  problema.

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