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Princess Haya de Dubai: ESCAPÓ del Sheikh… con 31 MILLONES de Dólares

A los 13 años ya competía internacionalmente, no en eventos junior locales, en competencias europeas serias, Salzburg, París, Londres.  Volaba con su padre en su jet privado. Aterrizaban en alguna capital europea y Jaya se cambiaba de ropa de princesa a ropa de jinete en el avión, pantalones de equitación, botas hasta la rodilla, casco.

En los establos nadie la llamaba alteza. La llamaban aya o simplemente la Jordana. Algunos no sabían quién era realmente. Solo veían una chica árabe que montaba como si la vida dependiera de ello. Y tal vez sí dependía. Porque cuando estás a 2 met del suelo en un caballo de 500 kg saltando obstáculos de metro y medio, no puedes pensar en madres muertas o padres distantes o hermanos compitiendo por atención.

Solo puedes pensar en el siguiente salto. A los 16 había ganado medallas en campeonatos europeos juveniles. A los 18 competía contra adultos profesionales. Sus manos desarrollaron callos que ninguna manicura real podía esconder completamente. Su espalda desarrolló músculos que hacían que los vestidos de Gala quedaran extraños en los hombros.

Hussein la veía y veía a Alia no solo en la cara, en la determinación, en esa cosa indomable que ninguna tragedia podía romper. 1999. Aya tiene 25 años. Su padre está muriendo de cáncer. No hay secretos en palacios. Los sirvientes hablan, los doctores filtran información. Todo el mundo sabe que Jussein no va a ver el año 2000.

El rey regresa de tratamiento en la clínica Mayo en Estados Unidos. Ha perdido 23 kg. Su piel tiene color grisáceo, pero insiste en ver a cada uno de sus hijos personalmente. Reuniones privadas. Número dos, número número. Sin guardias, sin asistentes. Cuando le toca a Jaya, él está en su habitación en el palacio Aljumar.

5 de la tarde, luz de invierno entrando por las ventanas. Hussein está en bata. No en uniforme militar, no en traje, bata de hospital azul pálida.  No hay registro de qué dijeron exactamente. Los guardias recuerdan que la conversación duró 43 minutos. Cuando salió, tenía los ojos rojos pero la espalda recta. Años  después, en testimonios de corte en Londres, Aya mencionaría esa conversación.

Su abogado preguntó, “¿Qué le dijo su padre ese día?” Ella respondió, “Me dijo que nunca dejara que nadie me dijera quién debía ser, que mi madre había sido valiente, que yo también debía hacerlo.” El abogado preguntó, “¿Eso influyó en su decisión de dejar a Sheikh Mohamed?” Aya miró directo al juez McFarllein. “Mi padre me enseñó que la valentía no es la ausencia de miedo.

Es hacer lo correcto, incluso cuando estás aterrada. 7 de febrero de 1999, 11:43 de la mañana. El rey Hussein muere 63 años, cáncer linfático, fumador, hasta que ya no pudo sostener el cigarrillo. Aya está junto a su cama. También Abdula, el heredero, también Nor, también los médicos que ya no pueden hacer nada. Hussein dice algo en árabe.

Sus últimas palabras son para Abdullah, el hijo que será rey.  Luego cierra los ojos, se va en paz o lo más cerca de paz que puede irse un hombre que gobernó Jordania durante casi medio siglo. El funeral es el 10 de febrero. Reyes, presidentes, primeros ministros. Bill Clinton vuela desde Washington. Boris Yelsin desde Moscú. Netanyahu desde Israel.

Asad desde Siria. Enemigos sentándose juntos porque Jussein era el único hombre que todos respetaban. Un millón de personas llenan las calles de Amán. Llorar públicamente está bien en funerales árabes.  No es debilidad, es amor. Y Jordania amaba a Hussein. Aya camina en la procesión fúnebre, vestido negro, sin lágrimas visibles, los ojos de su madre, la columna vertebral de su padre.

Ahora está verdaderamente sola. No exactamente sola, tiene sus caballos.  Año 2000, Juegos Olímpicos de Sydney. Aya Bint Alhusin compite en salto Ecuestre representando a Jordania. Ella tiene 26 años. Su caballo se llama Suleimán, un semental árabe de 9 años que ella misma entrenó.

Es la única mujer de Medio Oriente en la competencia ecuestre. Los comentaristas no saben qué hacer con ella. Princesa Jordana compitiendo en los olímpicos dicen como si las dos cosas fueran contradictorias. Aya no gana medalla, termina en el puesto 42 de 75 competidores, pero cruza la meta, completa el recorrido. Para ella eso es suficiente.

Después de Sydney, algo cambia. El mundoestre internacional finalmente la toma en serio, no como princesa que juega, como atleta real.  La FEI, la Federación Ecuestre Internacional, la nota, en 2006, la eligen para su comité de atletas. Se sienta en reuniones en La Usana, Suiza, junto a medallistas olímpicos europeos y americanos. Propone reformas.

Mejor bienestar para los caballos, más oportunidades para jinetes de países en desarrollo. Reglas antidopaje más estrictas. En 2010, algo impensable, la eligen presidenta de la FEI, una mujer árabe liderando el deporte mundial. Algunos miembros europeos votan en contra. Abiertamente dicen que una musulmana no debería presidir una organización occidental.

Haya gana de todas formas. Haya  106 votos a favor, 41 en contra. Su discurso de aceptación dura 7 minutos. Habla sobre su padre, sobre cómo él le enseñó que los caballos no conocen fronteras ni religiones, solo conocen respeto. Es en este mundo el mundo de caballos de millones de dólares y competencias internacionales y galas en capitales europeas, donde conoce a Sheikh Mohamed bin Rashid Al Mactum.

Él tiene 55 años en el año 2004. Ella 30. Primer encuentro documentado. Royal Winsor Horse Show, mayo de 2004. Es el evento más prestigioso de Inglaterra celebrado en el terreno del castillo de Winsor. La reina Isabel II siempre asiste. También asisten shakes árabes que poseen establos valorados en cientos de millones.

Mohamed llega con un séquito de 30 personas. guardaespaldas, asistentes, entrenadores, veterinarios. Llega en helicóptero, aterriza en el campo privado del castillo. Sale con túnica blanca tradicional Emiratí y lentes de sol oscuros. Llega sola en un Range Rover rentado con barro de establo en sus botas. Viste jeans y chaqueta. Su cabello está recogido en cola de caballo práctica.

Se conocen junto a los corrales donde los caballos esperan antes de competir. Alguien los presenta. Probablemente un organizador del evento, su alteza, Sheikh Mohamed, le presento a su alteza, la princesa Haya de Jordania. Hablan de caballos. Es el idioma que ambos hablan mejor que cualquier otro. Mohamed acaba de comprar un semental árabe por 3,200,000 libras. Ella conoce la línea de sangre.

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