que los adultos se van, que el amor que dan los adultos tiene fecha de caducidad, que cuando algo empieza a ir bien es solo cuestión de tiempo antes de que alguien te diga que hay que moverse a otro lugar. Esa certeza grabada en los años más formativos de su vida con la precisión de lo que no se olvida porque se aprende demasiado joven, es la clave de toda su historia posterior, de los matrimonios que terminaron, de las relaciones con hombres que la dejaban, de la necesidad de aprobación que nunca podía ser completamente satisfecha.
En los hogares de acogida ocurrieron cosas que Norma Jin describió en entrevistas con la honestidad específica de alguien que no tiene nada que ganar con la mentira y que ha decidido dejar de callarse. Dijo que fue agredida a los 11 años por un inquilino de uno de sus hogares de acogida. dijo que cuando le contó a la mujer de ese hogar lo que había pasado, la mujer le dio una bofetada y le dijo que no se atreviera a decir esas cosas sobre ese buen hombre, que le dieron 10 centavos para que se callara y que lo cogió no
porque el silencio valiera 10 centavos, sino porque no tenía a dónde ir. El trauma de esa negativa, la bofetada como respuesta a lo ocurrido, dejó en norma Jin algo que su psicólogos adultos reconocerían décadas después como la herida más profunda de su historia psicológica. No solo lo que le habían hecho, la negativa del mundo adulto a creerla cuando hablaba de ello.
Había algo que Norma Jean encontró en los cines que le daba lo que el mundo real no le daba. Algunas de las familias de acogida la mandaban al cine para quitársela de encima durante horas. Y ella se sentaba allí sola en la oscuridad, mirando las caras en la pantalla, construyendo en su cabeza un mundo donde las cosas tenían sentido.
La pantalla era el único lugar donde el mundo parecía ordenado, donde las historias tenían principio, medio y final, donde las personas que sufrían encontraban eventualmente algo que se parecía al amor. Y Normagin decidió con la claridad específica de los niños que no tienen nada más en que confiar que su propio sueño, que algún día ella sería esa cara en la pantalla.
Cuando tenía 15 años, la familia con la que vivía en ese momento tuvo que mudarse fuera del estado. California no permitía que la niña se fuera con ellos. y Grace Mcky Godard, la tutora legal de Norma Jean, la amiga de su madre, que había intentado cuidarla cuando era posible, encontró la única solución que se le ocurrió para no mandarla de vuelta al orfanato, casarla, un matrimonio legal que convertiría a la niña de 15 años en una adulta bajo la ley y la sacaría de la jurisdicción del sistema de acogida.
El 19 de junio de 1942, a los 16 años, Norma Jean Mortenson se casó con James Dowerty, un joven de 21 años que vivía en el vecindario. Dogerty dijo después que la quería, que era un matrimonio real, no una transacción, que él no sabía toda la historia de por qué se estaban casando. Norma Jean, por su parte, dijo años después que lo que sentía por James Dogerty no era exactamente amor, era gratitud, era la sensación de que al fin había alguien que se quedaba y también era la resignación de alguien que ha aprendido que el mundo no le ofrece las
opciones que le ofrece a otra gente. El marido fue llamado a filas cuando estalló la guerra y fue destinado al Pacífico. Y Norma Jean, sola en un apartamento de Los Ángeles, comenzó a trabajar en la fábrica de Radio Pla en Van Nice, California, pintando fuselajes de aviones. Era una mujer joven, trabajadora, con una belleza que sus compañeras notaban y que ella no sabía exactamente cómo gestionar, porque había crecido sin nadie que le enseñara que su belleza era algo valioso.
Y en 1944, el fotógrafo del ejército, David Conover, llegó a esa fábrica con la misión de hacer fotos de mujeres trabajadoras para elevar la moral de las tropas y encontró a Norma Jin. Lo que Conover vio a través de su objetivo fue algo que en los siguientes meses vería la agencia de modelos Bluebook y luego los ejecutivos de la 20th Century Fox y luego La revista Live y luego El mundo entero.
Una presencia fotográfica que no se puede enseñar porque no es técnica, es algo que existe entre la persona y la cámara, algo que hace que quien mira la fotografía sienta que la persona en la foto le está hablando directamente a él. Norma Jin lo tenía de una manera que los fotógrafos que trabajaron con ella describieron como algo que nunca habían visto igual.
Emely Snyively, la directora de la agencia Bluebook, la inscribió en agosto de 1945. Le dijo que su figura era más adecuada para el modelo de pinup que para la alta costura, y que si quería trabajar tendría que alizarse el cabello, que era naturalmente rizado y castaño, y teñírselo de rubio. Norm hizo las dos cosas.
Snively dijo después que nunca había visto a ninguna de sus modelos convertirse tan rápidamente en una de las más solicitadas de la agencia. A principios de 1946 había aparecido en 33 portadas de revistas para publicaciones como Pagent y US Camera. Los fotógrafos pedían trabajar con ella por encima de otras modelos con más experiencia.
Y Norma Jein, que había pasado los primeros 20 años de su vida siendo la última en ser elegida, de repente era la primera que todos querían. Esa transición, de ser invisible a ser el centro de todas las miradas hizo algo a Norma Jin que resulta importante entender. La cámara se convirtió en el espacio donde era amada, donde era vista, donde importaba.
Y esa asociación, la cámara igual a amor y reconocimiento que se estableció en los primeros años de su carrera definiría su relación con su trabajo para siempre. Marilyn Monroe no actuaba para las audiencias de manera abstracta, actuaba para la cámara, que era el único ojo del mundo que nunca la abandonaba cuando ella se ponía delante de él.
En 1946 firmó su primer contrato con la 20th Century Fox. $15 a la semana durante 6 meses. Ben Lion, el jefe de casting del estudio, fue quien la vio y quien sugirió el nuevo nombre. Marilyn era el nombre de la actriz y bailarina de Broadway, Marilyn Miller, que había tenido una vida breve y a quien Norma Jean admiraba desde la infancia.
Monroe era el apellido de soltera de su madre, Marilyn Monroe, y se tiñó el pelo de rubio con una intensidad que describe algo sobre esa transición. Norma Jin se quedaba atrás. Norma Jean y sus hogares de acogida, su número de orfanato, su matrimonio de conveniencia, sus cicatrices. Marilyn Monroe avanzaba y Marilyn Monroe era alguien que el mundo podía querer.
El estudio no renovó el contrato al cabo de 6 meses. Daril Sanok, el jefe de la Fox, no creía en ella. Dijo que no tenía lo que se necesitaba para ser una estrella. Eso fue en 1947. En 1953, Marilyn Monroe era la actriz más famosa del planeta y la Fox le rogaba que volviera después de haberla dejado ir. Las vueltas que da el mundo del espectáculo con las personas que no saben lo que tienen hasta que las pierden son incontables, pero pocas son tan elocuentes como esta.
Entre 1946 y 1950, Marilyn hizo papeles pequeños en una docena de películas. Trabajó con Harry Conbia Pictures durante un breve periodo. Se relacionó con personas del mundo del espectáculo que la ayudaron y que a cambio pedían cosas que ella entendía que era el precio de entrada de ese mundo. Nunca habló de ese periodo con amargura.
habló de él con una objetividad que sus biógrafos encontraban notable, que así funcionaba el negocio, que ella lo sabía, que había elegido pagar ese precio porque lo que había al otro lado valía la pena. Esa objetividad no era resignación, era la claridad de alguien que ha decidido que su sueño importa más que la incomodidad del camino.
Y durante los siguientes 15 años, Marilyn Monroe construyó algo que Hollywood no esperaba y que el mundo no podía anticipar. No solo fama, no solo el estatus de símbolo, algo mucho más específico y mucho más difícil de fabricar. la capacidad de hacer que la cámara y a través de ella el espectador sintiera exactamente lo que ella quería que sintiera.
Empezó con papeles pequeños en la jungla de asfalto de John Houston en 1950, donde tenía solo unas escenas, pero donde los críticos la notaron de una manera que normalmente no se nota hasta alguien que aparece tan poco tiempo en Eva al desnudo, ese mismo año con Bet Davis y Ann Baxter, donde su presencia era tan magnética que los espectadores la recordaban, aunque apareciera solo unos minutos.
Los críticos que vieron esas dos películas ese año dijeron que había algo en esa chica que no podían nombrar exactamente, pero que sabían que querían volver a ver. Y luego, en 1953, los caballeros las prefieren rubias con Howard Hawks, donde el personaje de Lorela era un vehículo perfecto para algo que Marilyn hacía mejor que nadie.
La comedia física combinada con una vulnerabilidad real que hacía que el espectador nunca pudiera reírse del todo de ella, solo con ella. El número musical de los diamantes es uno de los momentos más perfectamente construidos de toda la historia de la comedia musical americana. Y Marilyn lo construyó con la conciencia artística de alguien que sabe exactamente lo que está haciendo, aunque el mundo prefiera creer que es puro instinto.
Ese mismo año llegó Cómo casarse con un millonario, con Lauren Bacal y Betty Gravel. Y en 1955, la tentación vive arriba, la escena de la rejilla del metro con el vestido blanco que levanta el viento, que es posiblemente la imagen más reproducida de todo el siglo XX en términos de iconografía del deseo.
El director Billy Wilder la filmó repetidamente mientras 100 personas miraban desde la cera. Entre esas personas estaba Joey Mayo, al que Marilyn estaba a punto de casarse, que miraba la escena con una rabia que los que estaban cerca podían sentir físicamente. Esa rabia, ese control que Dim Mayo quería ejercer sobre la imagen de Marilyn y que Marilyn rechazaba, porque esa imagen era también su trabajo y su identidad.
Es en microcosmos la historia completa del matrimonio entre los dos. En 1954 se casó con Joe Di Mayo, el beisbolista más famoso de América en una ceremonia civil en San Francisco. El matrimonio duró 9 meses. Dimayo era un hombre que quería a Norma Jin, pero que no sabía cómo convivir con Marilyn Monro. con la exposición constante, con los fotógrafos, con la manera en que el mundo entero reclamaba una parte de la mujer que él quería solo para sí.
Eran dos personas que necesitaban cosas incompatibles. Di necesitaba privacidad y exclusividad. Marilyn necesitaba la mirada pública para confirmar que existía. El divorcio se firmó en octubre de 1954. Dimayo nunca dejó de amarla. Después de su partida, hizo que le llevaran rosas rojas a su cripta dos veces a la semana durante 20 años.
En 1956 se casó con Arthur Miller, el dramaturgo, el autor de La muerte de un viajante y Las Brujas de Salem. El matrimonio de la rubia explosiva con el intelectual de izquierdas fue recibido con incredulidad en algunos sectores y con admiración en otros. Para Marilyn, Miller representaba algo que había buscado toda su vida.
Alguien que la mirara y viera inteligencia, alguien que creyera que había más en ella que la imagen. Alguien que pudiera por su mera presencia decirle al mundo que Marilyn Monroe era una persona seria. El matrimonio tuvo momentos de genuina conexión y momentos de una distancia que Miller documentó en su diario con una frialdad que Marilyn descubrió accidentalmente y que la dejó destrozada.
Encontró el diario durante el rodaje de El Príncipe y la corista en Londres en 1956 y leyó lo que Miller escribía sobre ella, que no sabía si podía ayudarla, que su inseguridad era agotadora, que se preguntaba si había cometido un error. Marilyn nunca se recuperó completamente de esa lectura.
La persona que se suponía que la amaba escribía sobre ella como si fuera un problema a gestionar. Miller escribió Vidas rebeldes, específicamente para Marilyn, una película que se rodó en el desierto de Nevada en 1960 y en la que también actuaban Clark Gable y Montgomery Clift. El rodaje fue extraordinariamente difícil.
Marilyn llegaba horas tarde, se olvidaba las líneas, necesitaba tomas repetidas y también daba actuaciones que los que estaban en el set describían como de una verdad que ninguna otra persona podría haber producido. El propio Gable, que era un profesional veterano que raramente se entusiasmaba con sus compañeros de reparto, dijo que Marilyn era la actriz más emocionante con la que había trabajado en décadas.
Gel falleció de un problema cardíaco dos semanas después del final del rodaje. Miller y Marilyn se separaron ese mismo año y Marilyn quedó sola de una manera que esta vez no tenía fácil solución. Y mientras todo esto ocurría en su vida pública, había algo que crecía en paralelo y que los que la conocían en esos años describen como el origen de todo lo que vino después.
una dependencia a los barbitúricos y a los sedantes, que empezó como medicación para el insomnio y se convirtió en algo mucho más grave y una soledad que ningún matrimonio ni ninguna fama había podido resolver. Marilyn Monroe padecía insomnio severo desde al menos los años 50.
Era uno de los síntomas de una ansiedad que sus médicos trataban con la única herramienta que tenían disponible en esa época, los barbitúricos. Los mismos barbitúricos que más tarde serían la clave de todas las preguntas sin respuesta. En 1958, las personas más cercanas a ella ya estaban preocupadas por la cantidad de fármacos que consumía.
En 1960, durante el rodaje de los inadaptados en el desierto de Nevada, tuvo que ser hospitalizada temporalmente. Los médicos dijeron que era agotamiento. Los que la conocían decían que era algo más. La dependencia no era un secreto en los círculos de Hollywood, pero en aquella época los fármacos de prescripción no tenían el estigma que tienen hoy.
Los médicos los recetaban con una generosidad que ahora sería considerada negligente. y Marilyn, que tenía miedo a no poder dormir, que tenía miedo a la ansiedad que llegaba cuando estaba sola en la oscuridad, que había aprendido de niña a desconfiar del mundo y que encontraba en los fármacos algo que parecía amortiguar esa desconfianza.
Los tomaba con una regularidad que fue aumentando con el tiempo. La relación con su psiquiatra Ralph Greenson era ella misma un problema. Greenson era un médico inteligente y bien considerado en los círculos médicos de Los Ángeles. Pero su relación con Marilyn rompió los límites convencionales de la relación terapéutica, de maneras que sus colegas se encontraban éticamente problemáticas.
Grinson pasaba tiempo en la casa de Marilyn fuera de las sesiones. La presentó a su familia, la visitaba en casa. En los últimos meses de la vida de Marilyn, Greenson era casi un miembro más del hogar en Brentwood. El problema era que Grinson también era quien le recetaba los fármacos y que la combinación de dependencia emocional con dependencia farmacológica creaba una situación en que Marilyn estaba atada a ese médico de maneras que iban mucho más allá de la relación terapéutica.
Cuando la situación con los Kennedy se deterioró y Marilyn entró en crisis en el verano de 1962, fue Grinson quien estuvo más cerca de ella y fue Grinson quien se encontraba en la casa esa noche o llegó a la casa esa noche antes de que llegara la autoridad. Marilyn Monroe había atravesado episodios de crisis severa en ocasiones anteriores, no una vez, sino varias.
Sus hospitalizaciones en la clínica Pain Whitney en Nueva York en 1961, de las que salió gracias a la intervención de Joe Di Mayo, quien fue en persona a buscarla y consiguió que la trasladaran a otra clínica. fueron consecuencia de uno de esos momentos límite. Dimayo, que se había separado de ella 7 años antes, que la amaba sin poder vivir con ella, fue la persona que apareció cuando nadie más pudo.
Eso dice algo sobre los dos. En los meses finales de su vida, Marilyn alternaba días de aparente energía y de proyectos y de planes con días de hundimiento total en que no podía salir de la cama. Las personas que la visitaban en Brandwood en ese periodo describen dos versiones completamente diferentes de la misma persona en días diferentes.
Una Marilyn que hablaba con entusiasmo sobre lo que quería hacer, que tenía ideas, que leía, que escuchaba música y otra Marilyn la habitación y que no quería ver a nadie. Hay algo que resulta importante establecer con honestidad antes de llegar a la noche del 4 de agosto. Marilyn Monroe tenía razones personales, psicológicas y farmacológicas para estar en crisis en esa fecha.
La ruptura con Robert Kennedy, la pérdida del trabajo en Fox, la dependencia a los fármacos, el historial de episodios previos. Todo eso es real y todo eso está documentado, pero también están documentados los problemas forenses con la versión oficial de lo ocurrido. Y las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.
No es necesario elegir entre la historia de una mujer en crisis y la historia de una partida que fue posiblemente encubierta. Las dos pueden coexistir en el mismo espacio. La primera vez que estuvo en la casa de Peter Laufd Mónica fue en una cena a la que la invitaron a principios de 1962. Peter Laufford era actor.
Era el cuñado del presidente Kennedy porque estaba casado con Patricia Kennedy, hermana del presidente. Y en esa casa, que era conocida en el círculo como la Casa Blanca del Oeste, fue donde Marilyn Monroe conoció a Robert Kennedy, el fiscal general de los Estados Unidos. Lo que ocurrió entre Marilyn Monroe y los hermanos Kennedy en los meses que siguieron.
Es algo sobre lo que se ha escrito extensamente y sobre lo cual existe evidencia de diferente calidad. Lo que está razonablemente documentado a través de múltiples fuentes es que Marilyn tuvo una relación cercana con el presidente John Eve Kennedy, que había comenzado años antes a través de la red social de Hollywood y que se intensificó en los primeros meses de la presidencia y que en algún punto de principios de 1962 comenzó una relación cuya naturaleza exacta es más difícil de establecer con Robert Kennedy, el fiscal general.
Había una diferencia fundamental entre las dos relaciones. La relación con el presidente era lo que era, un vínculo entre un hombre poderoso y una mujer famosa con toda la intensidad y toda la complejidad que ese tipo de relaciones generalmente contienen. La relación con Robert Kennedy, según los testimonios de las personas que los conocían a los dos, tenía una dimensión emocional más profunda.
Harilyn creía que Robert la amaba, que a diferencia de su hermano, Robert Kennedy la veía como persona y no solo como símbolo. Los que la escucharon hablar de Robert en esos meses describen a una mujer que estaba genuinamente enamorada. Lo que Yota Edgar Hoover, el director del FBI, pensaba de todo eso.
Es algo que sus archivos documentan con una minuciosidad que resulta reveladora. Hubert tenía a Marilyn Monro bajo vigilancia, tenía a los Kennedy bajo vigilancia, tenía a los Kennedy relacionados con Marilyn bajo vigilancia y Huber, que era el maestro supremo del uso de la información como palanca de poder, tenía todo ese material guardado en carpetas que le garantizaban que nadie que supiera lo que él sabía pudiera prescindir de él ni removerlo de su cargo.
El diario que Marilyn mantenía en esos meses era conocido entre sus conocidos más cercanos como el libro rojo. Era un diario pequeño de tapas rojas donde Marilyn anotaba cosas. No era un diario íntimo en el sentido convencional, era algo más específico y más peligroso. Un cuaderno de notas donde registraba las cosas que le decían las personas con quienes hablaba en sus momentos más íntimos.
conversaciones sobre Cuba, sobre la CIA, sobre planes que el gobierno tenía y que ella había escuchado en circunstancias en que nadie esperaba que alguien tomara notas. El investigador Mike Roth Miller, que trabajó en la Unidad de Inteligencia de la Policía de Los Ángeles en la década de los 80, dijo en su libro de 2021 que había encontrado en los archivos de esa unidad aproximadamente 70 páginas de fotocopias del diario.
Las páginas contenían lo suficiente para sacudir una presidencia, lo suficiente para sacudir varias. Lo que también está documentado es la reacción de los Kennedy cuando entendieron lo que Marilyn podía hacer con esa información. A principios del verano de 1962, cuando la relación con Robert Kennedy se estaba deteriorando y Marilyn empezaban a amenazar con hablar, con llamar a periodistas, con hacer públicas las cosas que sabía, la situación se volvió urgente.
La mujer más famosa del mundo tenía información que podía hundir la presidencia y la presidencia necesitaba que esa información permaneciera privada. En abril de 1962, la 20th Century Fox comenzó a rodar Something Got to Give con Marilyn como protagonista y George Cookor como director. Marilyn faltó a muchos días de rodaje por razones de salud, algunas veces documentadas médicamente, otras veces no.
El estudio que tenía pérdidas enormes por el rodaje simultáneo de Cleopatra con Elizabeth Taylor y necesitaba mostrar que estaba tomando decisiones firmes. Decidió usarla a ella como ejemplo. En junio de 1962, Fox la despidió. Fue el golpe más devastador de su vida profesional. Aunque semanas después el estudio reanudó las negociaciones y el contrato fue renegociado, el periodo de incertidumbre combinado con el distanciamiento definitivo de Robert Kennedy dejó a Marilyn en el estado más vulnerable que había estado en años. El
19 de mayo de 1962, Marilyn Monroe subió al escenario del Madison Square Garden ante 40,000 personas para cantarle al presidente Kennedy el cumpleaños feliz. Llegó con una hora de retraso. El presentador que la introdujo era el propio Peter Loford. El vestido diseñado por Jean Luis estaba tan adherido al cuerpo que tuvo que ser cocido directamente sobre ella.
Y la voz que salió del micrófono esa noche fue una de las cosas más absolutamente originales que jamás se habían escuchado en ese edificio. El presidente Kennedy después de la actuación dijo al micrófono que después de haber tenido a Marilyn Monroe cantándole de esa manera, podía retirarse de la política habiendo tenido todo lo que un político podría desear.
Era una broma que contenía más verdad de la que era prudente decir en público. En julio de 1962, Marilyn fue intervenida quirúrgicamente para extirpar la vesícula. En esas semanas también circularon rumores de que atravesaba una situación personal extremadamente difícil. Nadie que conocía la situación hablaba de ello en términos claros, pero quienes la rodeaban en ese periodo describían a una mujer que estaba lidiando con algo que la desbordaba.
Y entonces llegó el sábado 4 de agosto de 1962, el último día completo de la vida de Marilyn Monro. Un día que cuando lo lees hora a hora, plantea más preguntas de las que responde. Un día en que los relojes de la versión oficial y los relojes de los testigos no siempre marcan la misma hora. Esa mañana Marilyn se levantó tarde, hizo algunas llamadas, habló con su media hermana Bernice.
Tuvo la sesión habitual con Grinson. El psiquiatra estuvo en la casa gran parte del día, algo que en los últimos meses se había convertido en rutina. La ama de llaves y unis Muray también estaba ahí, que era también la norma. Marilyn estaba en un estado que Grinson describió después como el de alguien angustiada, pero no en crisis aguda, como alguien que estaba teniendo un día difícil, pero no como alguien al borde de un precipicio.
Por la tarde llegaron visitas. ¿Qué visitas? ¿Y cuándo es exactamente donde los relatos comienzan a divergir? Lo que está documentado con múltiples fuentes que Robert Kennedy se encontraba en Los Ángeles ese fin de semana. El exjefe de policía de Los Ángeles, Daryl Gates, dijo años después que los registros de inteligencia de la policía indicaban que Kennedy había viajado a Los Ángeles ese día.
Aunque Gates aclaró que no creía que Kennedy hubiera ido a ver a Marilyn. La tercera esposa de Peter Laford, Débora G, declaró a la BBC que Robert Kennedy había ido a casa de Marilyn ese día, específicamente para cerrar la relación de manera definitiva. El yerno de la ama de llaves de Marilyn, Norman Jeffris, fue más explícito.
afirmó que alrededor de las 9:30 de la noche llegó a la casa un hombre que él identificó como Robert Kennedy, acompañado de otras personas y que les pidieron a él y a Murray que se marcharan, que cuando regresaron unos 40 minutos después, Marilyn estaba en la cama sin responder. el investigador de inteligencia Fred Otash, que trabajaba para la industria del entretenimiento y que tenía acceso a las redes de información de los ángeles de esa época.
Dijo en testimonios posteriores que Bobby Kennedy estuvo en la casa de Marilyn esa tarde y que tuvieron un enfrentamiento muy tenso. Dijo que había escuchado parte de la grabación que el detective Spindle había capturado con sus micrófonos. dijo que en esa grabación se escuchaba a Kennedy diciéndole a Marilyn que no fuera a hablar más sobre los Kennedy ni con nadie.
Lo que sí está documentado con certeza a través de testimonios que no han sido seriamente cuestionados es la secuencia de llamadas telefónicas que Marilyn Monro realizó esa tarde y esa noche. Llamadas que cuando se leen en secuencia construyen el retrato de alguien que estaba despidiéndose o de alguien que estaba angustiada hasta un punto extremo o quizás de las dos cosas al mismo tiempo.
Las 7:30 de la tarde, el actor Peter Lawford la llamó para invitarla a una fiesta en su casa de la playa. La for dijo después que Marilyn sonaba diferente, que su voz era lenta, pastosa, como de alguien que ya había tomado algo. Le dijo, “Dile adiós a Pat. Dile adiós al presidente y dite adiós a ti mismo porque eres un buen tipo.
Luego la voz se fue apagando hasta el silencio. La llamada se cortó. Laford intentó llamarla de vuelta. El teléfono sonaba sin que nadie lo cogiera. Llamó a su agente que intentó llegar al abogado de Marilyn. El abogado llamó a la casa y Murray le aseguró que Marilyn estaba bien, que todo iba bien y Lowford, que tomó la decisión que habría de atormentarle el resto de su vida, no fue a comprobar si realmente estaba bien.
A las 8:30 de la noche, según el testimonio del peluquero Sydney Gilarov, Marilyn lo llamó. Gilarov, que la conocía desde hacía años y que era una de las personas en las que ella confiaba, dijo que esa noche Marilyn sonaba diferente a otras veces que la había escuchado angustiada. Le dijo que sabía cosas peligrosas sobre los Kennedy, que tenía información que podría destruirlos, que ya no le importaba lo que pasara.
Guilarov mantuvo esa información en privado durante décadas, en parte por miedo a las consecuencias de hablar, en parte por lealtad. Finalmente la reveló en sus memorias publicadas mucho después. A las 9:30 de la noche, Marilyn habló por teléfono con José Bolaños, un productor cinematográfico mexicano con quien había tenido una relación ese año.
Bolaños dijo que durante esa llamada Marilyn estaba excitada. que hablaba de maneras que él nunca le había escuchado hablar antes, le reveló algo, algo que él describió como algo que sacudiría al mundo entero. No especificó qué, ni en esa entrevista ni en ninguna posterior. dijo que de repente Marilyn dejó el teléfono sin colgar, como si hubiera escuchado algo en la puerta o en alguna parte de la casa, y que nunca volvió a hablar, que él siguió ahí al otro lado del teléfono esperando que volviera, que oyó ruidos que no pudo identificar y que
finalmente la línea se cortó. Y aquí llegamos a los hechos que ninguna versión oficial ha podido explicar satisfactoriamente. Los hechos que hacen que el veredicto oficial resulte, para muchos expertos forenses, técnicamente difícil de sostener en los términos en que fue presentado. El primer oficial que llegó a la casa de Marilyn Monroe fue el sargento Jack Clemons, que recibió el aviso a las 4:25 de la madrugada del domingo 5 de agosto.
4 horas y media habían transcurrido desde que la ama de llaves Eunis Morray afirmó haber descubierto la situación. En esas 4 horas, en lugar de contactar con las autoridades de manera inmediata, habían llamado al psiquiatra Ralf Greenson, al abogado de Marilyn Milton Rudin y a Peter Laford, 4 horas antes de que llegara la autoridad competente.
4 horas en las que cualquier escena, si había algo que preservar, podía ser alterada, reorganizada o despojada de evidencia relevante. Lemons dijo después en múltiples entrevistas a lo largo de los años que cuando llegó a la casa encontró a Eunis Muray lavando sábanas en la lavadora. A las 4 de la madrugada, en el momento en que la autoridad acababa de llegar para documentar lo ocurrido con su empleadora, Clemons, que era un investigador de carrera con experiencia en escenas de ese tipo, dijo que eso le pareció
inmediatamente fuera de lugar. que nadie en esa situación se pone a lavar ropa a las 4 de la madrugada a menos que haya algo que quiera eliminar o que ya haya eliminado. Unis Murray cambió su versión de los hechos al menos tres veces a lo largo de los años. En una entrevista televisiva en los años 80, ya muy mayor, pareció estar a punto de admitir algo diferente antes de que la conversación terminara.
La autopsia fue realizada por el patólogo Thomas Nogucci, que más tarde se convertiría en uno de los médicos forenses más reconocidos de California. Noguchi encontró una cantidad de barbitúricos en la sangre de Marilyn, consistente con una concentración masiva, 47 mg% de pento barbitural y 4,5 mg% de hidrato de cloral.
Esas cifras, para ponerlas en contexto, representan entre ocho y 10 veces la dosis que resulta letal para un adulto de su peso. Pero había algo que Nogció que se analizara y que produjo un resultado que nunca se explicó satisfactoriamente. contenido del estómago y del intestino delgado. Una concentración de barbitúricos absorbida por vía oral, que era la hipótesis de la versión oficial, tiene que pasar necesariamente por el sistema digestivo antes de llegar a la sangre.
Las cápsulas se disuelven en el estómago. El medicamento es absorbido por la mucosa intestinal y luego pasa al torrente sanguíneo. Ese proceso deja residuos. Residuos que son detectables. Noguchi no encontró residuos de barbitúricos ni en el estómago ni en el intestino delgado. En una concentración de la magnitud que indicaba el nivel sanguíneo, esos residuos deberían estar ahí necesariamente.
Cuando Nogi fue a buscar las muestras del estómago y el intestino para análisis adicionales, las muestras no estaban. habían desaparecido del laboratorio del médico forense sin que nadie pudiera explicar cómo ni cuándo. Esa desaparición nunca fue investigada de manera independiente. Los peritos forenses que revisaron el caso en los años y décadas posteriores señalaron ese punto como el más problemático de toda la evidencia.

Porque si los barbitúricos no llegaron al organismo oralmente en las cantidades que indicaba el nivel sanguíneo, entonces llegaron de otra manera. La única otra manera que la medicina conoce es la administración por vía no oral, inyección, supositorio o enema. No se encontraron marcas de inyección visibles.
No hubo búsqueda sistemática de evidencia de las otras vías posibles. El estado del cuerpo que los médicos observaron cuando llegaron a la escena indicaba, según sus estimaciones, que Marilyn había dejado de responder entre las 9:30 y las 11:30 de la noche del sábado, no a las 3:30 de la madrugada, que era cuando el ama de llaves decía haberla encontrado.
Si esa estimación era correcta, significaba que Marilyn Monro llevaba entre 4 y 6 horas en esa habitación. antes de que alguien contactara a la autoridad. Horas en que, según múltiples testigos, personas entraron y salieron de la casa. El detective Fred Otash, exoficial de la policía que trabajaba en los años 60 como investigador privado para la industria del entretenimiento de Hollywood, dijo en entrevistas y en su propio libro de memorias que Peter Loword lo contactó esa madrugada y le pidió que fuera a la casa de Marilyn. a
retirar cualquier cosa que pudiera conectar a los Kennedy con la actriz. Otash dijo que fue, que encontró la casa ya parcialmente reorganizada y que vio evidencia de que alguien había estado allí antes que él con el mismo propósito. Las grabaciones de vigilancia. En los meses anteriores, el detective Bernard Spandel había instalado micrófonos en la casa de Marilyn Monroe por encargo de Jimmy Hoffa, el presidente del sindicato de Timsters, que tenía sus propias razones para querer material comprometedor sobre los
Kennedy. grabaciones que según Spindel registraban todo lo que ocurrió en la casa esa noche. Fueron confiscadas años después durante una operación policial en el domicilio de Spindel en Nueva York. Nunca fueron devueltas, nunca fueron escuchadas en ningún proceso judicial. Su existencia y su contenido son todavía objeto de debate entre los investigadores que han estudiado el caso.
Y aquí hay que hacer algo que la mayoría de los relatos sobre lo ocurrido con Marilyn Monroe no hacen. Ser completamente honesto sobre lo que se sabe con certeza y sobre lo que son alegaciones sin evidencia verificada independientemente, porque la historia de Marilyn Monroe merece esa honestidad. La versión que la convierte en víctima de un poder que la eliminó porque sabía demasiado, tiene sus fundamentos documentales.
La versión oficial, que la presenta como una mujer frágil que se derrumbó a sí misma, tiene los suyos. La verdad, con toda probabilidad, es más compleja que cualquiera de esas dos narrativas. Lo que se sabe con certeza que hubo un retraso de entre 4 y 6 horas antes de contactar a la autoridad, que el ama de llaves estaba lavando ropa a las 4 de la madrugada cuando llegó la policía, que no había residuos de barbitúricos en el estómago ni en el intestino delgado, lo que contradice la hipótesis de la ingestión oral. que las
muestras toxicológicas adicionales que el patólogo solicitó desaparecieron del laboratorio sin explicación, que el estado del cuerpo indicaba que todo había ocurrido varias horas antes de lo que declaró oficialmente el ama de llaves, que los Kennedy tenían razones políticas y personales para no querer que su relación con Marilyn Monroe se hiciera pública.
Edgar Huber la tenía bajo vigilancia activa, que el diario nunca apareció, lo que son alegaciones que no han sido verificadas de manera independiente, que Robert Kennedy estuvo en la casa esa noche, que alguien le administró los barbitúricos por una vía diferente a la oral, que Loford organizó una limpieza de la escena antes de que llegara la autoridad, que el diario fue intervenido por agentes del gobierno o de la policía.
Las personas que hacen estas afirmaciones tienen credibilidad variable. Algunas cambiaron sus declaraciones a lo largo de los años. Otras mantuvieron versiones consistentes durante décadas. El exjefe de policía Daryl Gates, que no tenía interés en proteger a los Kennedy, dijo que los registros de inteligencia de su departamento indicaban que Kennedy había viajado a Los Ángeles ese día.
Eso no prueba que estuviera en la casa de Marilyn, pero sí contradice la versión oficial de que Kennedy se encontraba en el norte de California todo el fin de semana. La investigación que el fiscal del distrito de Los Ángeles abrió en 1982, 20 años después, fue presentada como un intento de responder a las preguntas que habían persistido durante dos décadas.
Los resultados mantuvieron el veredicto oficial de causa probable. Los críticos de esa investigación señalaron que fue superficial, que no citó a muchos testigos clave, que no accedió a los archivos del FBI que habrían sido relevantes y que llegó a sus conclusiones en un plazo demasiado breve para haber hecho un trabajo forense serio.
Los que la defienden señalaron que en 20 años nadie había encontrado evidencia forense conclusiva de que los hechos no se desarrollaron como se afirmaba oficialmente. Lo que ambas versiones admiten, aunque con diferentes implicaciones, es que hubo irregularidades en la investigación original de 1962, irregularidades que pudieron ser el resultado de la negligencia, de la presión política, del deseo de proteger a personas poderosas o de alguna combinación de las tres cosas.
en la América de 1962 con los Kennedy en la Casa Blanca y Hubert en el FBI. Pedir que se investigara a fondo la partida de una actriz que había tenido vínculos íntimos con el presidente y con su hermano era pedir algo que el sistema no estaba diseñado para hacer. El libro rojo, El diario de Marilyn, nunca apareció.
La policía no lo encontró en la investigación original de 1962. El investigador Mike Roth Miller, que trabajó años después en el departamento de inteligencia de la policía de los Ángeles y que publicó sus memorias en 2021, dijo que había encontrado en los archivos de esa unidad aproximadamente 70 páginas de fotocopias del diario.
Las páginas contenían entradas sobre sus vínculos con los dos Kennedy y sobre las conversaciones que había tenido con ellos en sus momentos más privados. Roth Miller describió el contenido como suficiente para haber sacudido una presidencia entera. Las páginas que él describe no han sido verificadas de manera independiente.
El libro original nunca apareció. Eso no significa que no existiera, significa que desapareció. Pero antes de la noche del 4 de agosto, antes de la agenda roja, antes de las llamadas de despedida, hay algo que merece ser contado porque es la parte de la historia de Marilyn Monroe que más tiempo se tarda en encontrar, pero que más claramente explica todo lo demás.
La historia de lo que era Marilyn Monroe como artista, más allá del personaje que Hollywood fabricó y el mundo compró sin hacer demasiadas preguntas. Marilyn Monroe no era la rubia explosiva que no podía recordar una línea de diálogo. Era una actriz que había estudiado con Lee Strasberg en el actors estudio de Nueva York con tal dedicación, asistiendo a clases regularmente cuando vivía en la ciudad.
que Strasberg dijo después de su partida algo que todavía genera debate, que de todos los talentos que había visto pasar por el actors Studio, incluyendo a Marlon Brando, Paul Newman, James Dean y todos los grandes del método americano, el más extraordinario había sido el de Marilyn Monro, que había algo en ella que ninguna técnica podía enseñar porque venía de un lugar más profundo que la técnica.
Esa afirmación incomoda a muchos porque contradice la imagen pública de Marilyn, la imagen de la mujer que necesitaba 83 tomas para decir una sola frase en con faldas y a lo loco. Lo que nadie cuenta es lo que dijo Billy Wilder, el director de esa película sobre esas 83 tomas. dijo que si había hecho 83 tomas, era porque ninguna de las 82 anteriores había tenido exactamente lo que necesitaba y que cuando por fin lo tuvo en la toma 83 fue algo que ninguna otra actriz hubiera podido darle de la misma manera. que la
razón por la que Marilyn necesitaba tantas tomas no era incompetencia, era su naturaleza específica como intérprete, nunca hacía la misma escena exactamente igual dos veces. Y esa variabilidad, que en términos de eficiencia de producción era costosa, producía cuando funcionaba algo que la cámara captaba como completamente real.
Paula Strasberg, la mujer de Lee Strasberg, que acompañaba a Marilyn en todos sus rodajes como profesora y guía, describió algo que otros directores y compañeros de reparto también observaron, que Marilyn Monro necesitaba de una manera que otros actores no necesitan, que el estado de disponibilidad emocional que produce las mejores actuaciones es el mismo estado que hace a una persona extraordinariamente vulnerable.
y que Marilyn Monro vivía en ese estado de una manera que era simultáneamente su mayor recurso artístico y su mayor fragilidad personal. No podía apagar la sensibilidad cuando se bajaba del set. No había un interruptor. Lo que hacía que fuera extraordinaria frente a la cámara era exactamente lo que la hacía tan vulnerable fuera de ella.
Su psiquiatra, el Dr. Ralph Greenson, con quien tenía sesiones casi diarias en los últimos meses de su vida, con quien mantenía una relación de dependencia que los colegas de Greenson encontraban éticamente cuestionable. dijo después que Marilyn era una de las personas más inteligentes que había conocido, que detrás del personaje público había una mente excepcional, una capacidad de análisis y de observación que él como profesional encontraba notable, que su problema no era la falta de inteligencia, era exactamente lo
contrario. era demasiado consciente de todo lo que le ocurría como para encontrar la anestesia que los demás encontraban en la distracción o en la rutina. Fue Grenson quien le recetaba los barbitúricos. Fue Grinson quien en los meses finales de la vida de Marilyn pasó a ser prácticamente un miembro de su casa, llegando a pasar tiempo en su hogar de Brandwood, de una manera que otros médicos encontraban clínicamente inapropiada.
Y fue Grinson quien esa noche del 4 de agosto fue llamado antes que la autoridad, que llegó a la casa en algún momento de esa madrugada y que luego dio versiones diferentes a distintas personas sobre exactamente qué había encontrado y cuándo, con falda hacia loco que se estrenó en 1959 y que muchos críticos consideran una de las mejores comedias de la historia del cine.
Fue también uno de los rodajes más desafiantes de la historia de Hollywood. El director Billy Wilder tuvo que gestionar las llegadas tardías de Marilyn, sus llantos entre tomas, su necesidad de repetir las escenas, hasta que algo que ninguno de los dos podía articular exactamente le decía que esta vez era la buena. Jack Lemon, que coprotagonizaba la película, dijo que rodar con Marilyn era como estar en una montaña rusa.
No sabías nunca exactamente hacia dónde ibas, pero cuando llegabas al destino era siempre algo que no habías podido anticipar. Tony Cortis fue menos diplomático en sus declaraciones públicas, aunque la mayoría de sus compañeros creían que exageraba para que su propio nombre apareciera en los titulares. B Stop en 1956, donde el director Joshua Logan dijo que por primera vez en su carrera había visto a una actriz capaz de emocionar a una sala entera sin que nadie supiera exactamente qué había pasado en el momento en que ocurría.
El príncipe y la corista ese mismo año junto a Laoren Olivier, que se desesperó con sus métodos, pero que reconoció el resultado. Con faldas y a lo loco, el mayor éxito comercial de toda su carrera. y los inadaptados en 1961, donde dio la que muchos críticos consideran la actuación más honesta y más reveladora de toda su filmografía, precisamente porque en el periodo en que se rodó su propia vida se estaba derrumbando de maneras que aparecen en cada escena.
Y hay una última cosa que necesitas saber sobre Marilyn Monroe antes de que cerremos esta historia. Una cosa que dice más sobre quién era que cualquier fotografía o cualquier película. Algo que conecta la niña del orfanato con la mujer que pasó sus últimas horas en Brandwood, de una manera que solo puede entenderse cuando se conoce toda la historia.
Hay algo que Marilyn Monroe dijo en una de las últimas entrevistas que concedió unos meses antes de que todo terminara y que permanece como una de las frases más reveladoras que dijo alguien que se encontraba tan cerca del final. Le preguntaron qué quería que dijera la gente de ella cuando ya no estuviera y respondió que era una actriz de verdad, no que era la más guapa, no que era la más famosa, no que era el símbolo del siglo, que era una actriz de verdad.
Eso era lo único que quería que el mundo recordara de ella. Y el mundo, con la crueldad específica del mundo en estos asuntos, no lo recordó así. Recordó el vestido blanco, recordó la voz de niña, recordó la controversia de su partida, según la versión que cada quien prefiriera, y tardó décadas en empezar a verla también como lo que ella quería que la vieran.
Marilyn Monroe en los últimos meses de su vida estaba haciendo planes no solo para terminar la película con Fox y renegociar el contrato. Estaba haciendo planes más grandes. Quería actuar en papeles dramáticos. Quería que la industria la viera de la misma manera que la veían sus profesores en el actors Studio.
El lunes 5 de agosto tenía citas con un abogado, con un representante de Fox, con personas de su vida cotidiana que esperaban verla ese lunes como la habían visto el lunes anterior. En los últimos meses de su vida, Mary Lyn fue fotografiada por Bertn en lo que se conoce como la última sesión, una serie de fotografías publicadas por Bog en la que Marilyn demuestra con una claridad absoluta que sabía exactamente cómo hablar al objetivo de una cámara, que entendía la relación entre la luz y su cara con la precisión de alguien que
había pasado décadas estudiando esa relación. Y en algunas de esas fotografías, Marilyn Monroe tomó un lápiz de labios rojo y tachó su cara en los negativos. Tachó las imágenes que no le gustaban. Fue el último gesto de control artístico de alguien que había pasado toda su vida intentando controlar la imagen que el mundo tenía de ella, eligiendo qué mostraba y qué ocultaba, tomando el lápiz de labios rojo y diciendo, “Esta.
” Esta tampoco. Esta sí. El diario nunca apareció. Las personas que saben exactamente qué pasó en esa habitación, si es que todavía viven, no lo han contado completamente. La pregunta sigue abierta y la persona que la dejó abierta tiene una historia que merece ser recordada también por lo que construyó, no solo por cómo terminó.
Marilyn Monroe recibió el globo de oro como actriz favorita del mundo en 1962, apenas meses antes de que todo terminara. Era el reconocimiento de lo que el público sentía sobre ella, incluso cuando la industria no terminaba de tomarla en serio. Sus películas habían recaudado 200 millones de dólares en el momento de su partida, una cifra que en valores actuales representa varios miles de millones.
era la actriz más taquillera del mundo. Era también, en esos mismos momentos la más ignorada en términos de reconocimiento artístico serio. Esa contradicción, ser la persona más vista del planeta y al mismo tiempo la menos tomada en serio por las personas que ella más quería que la tomaran en serio, es quizás la paradoja más definitoria de toda su historia.
Y es también la paradoja que explica por qué el mundo lleva más de 60 años sin poder dejar de hablar de ella. Porque en esa paradoja se reconocen demasiadas personas. La persona que trabaja más que nadie y que recibe la menor parte del crédito. La persona que es juzgada por su apariencia antes que por lo que hace.
La persona que tiene que demostrar una y otra vez en cada nuevo contexto que hay algo más ahí dentro, además de lo que se ve en la superficie. Lo que sí sabemos es lo que Marilyn Monroe sabía esa noche. Sabía que había amado a los hombres equivocados. Sabía que el mundo que la había hecho famosa nunca había sabido qué hacer con la persona real que vivía dentro del símbolo.
Sabía que llevaba en su agenda roja cosas que eran peligrosas de saber. Sabía que a los 36 años, con todo lo que había construido y todo lo que había perdido, todavía quería hacer cosas, todavía quería actuar, todavía quería ser vista de verdad. y sabía con esa claridad específica de quién ha llegado al límite de lo que puede aguantar, que algo tenía que cambiar.
Lo que no sabemos y lo que quizás nunca sabremos con certeza es si lo que cambió esa noche fue algo que ella eligió, algo que las circunstancias impusieron o algo que alguien decidió por ella sin que ella pudiera evitarlo. Jod Mayo organizó el funeral. No invitó a ninguno de los personajes del mundo del espectáculo, ni a ninguno de los políticos que habían formado parte de la vida de Marilyn esos últimos años.
solo a la familia y a los amigos más cercanos. Dijo que eran los otros, los del mundo del poder y la fama, los que la habían llevado hasta ese punto. Durante 20 años, dos veces a la semana, envió rosas rojas a su cripta en el Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles. Nunca habló de ella públicamente de una manera que no fuera respetuosa y discreta.
la amó hasta el final de su propia vida. La cripta sigue siendo uno de los lugares más visitados de ese cementerio. Hug Hefner adquirió la cripta contigua en los años 90 para ser enterrado junto a ella tras su propia partida. Lo enterraron ahí en 2017. El mundo que Marilyn Monroe habitó, el Hollywood de los años 50 y 60, el poder de los Kennedy, el FBI de Hoover, las redes de influencia que frecuentaban los mismos círculos.
Es un mundo que ya no existe de la misma manera. Pero las preguntas que quedaron abiertas esa madrugada del 5 de agosto de 1962 siguen siendo exactamente las mismas y la persona que las dejó abiertas, la niña número 3463 del orfanato de Hollywood que prometió desde su ventana que algún día llegaría hasta allí. fue durante unos años la mujer más famosa del mundo y sigue siéndolo.
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