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LADY DI: Por ESTO Sabían Lo Que Iba a Pasarle y Nadie Hizo Nada

Ella tenía 20 años. recién cumplidos. Llevaba un vestido con una cola de 7 m  con 60 cm de largo, la cola más larga en la historia  de las bodas reales. Y cuando subió por el pasillo del brazo de su padre, el mundo entero contuvo  la respiración porque creyó que estaba viendo el inicio de la historia de amor más hermosa del siglo.

Lo que el  mundo no sabía era que estaba viendo el inicio de la tragedia más documentada  de la realeza moderna. Para entender lo que le hicieron a Diana Spencer, hay que entender primero cómo funciona  la monarquía británica cuando necesita una esposa para el heredero. Esto no es un cuento de hadas, esto es un mecanismo  de estado.

La corona británica no busca a una mujer enamorada, busca una  matriz. Busca un útero aristocrático que produzca herederos legítimos. Busca una imagen pública  que proteja la línea de sucesión y busca por encima de todo silencio,  obediencia, una mujer que sepa callar, que sonría para las cámaras,  que cumpla su función, que no haga preguntas, que no alce la voz, que no contradiga al heredero, que no tenga pasado, que no tenga  opiniones, que no tenga voluntad propia. Ese era el

requisito. Ese era el perfil que la familia real  buscaba para la futura princesa de Gales. y Diana  Frances Spencer como una joven de 19 años sin título universitario, sin  experiencia profesional, más allá de ser asistente en una guardería,  sin ningún novio público anterior, cumplía cada uno de esos requisitos  con una precisión que parecía diseñada en un laboratorio, porque en cierto sentido  lo era.

Diana nació el primero de julio de 1961 en Parkuse, una  propiedad dentro de la finca de Sandringham que pertenecía a la mismísima reina Isabel  I. Creció literalmente al lado de la familia real. Jugaba  con los príncipes Andrés y Eduardo cuando eran niños. Llamaba a  la reina tía Lilibet. No era una desconocida, era una pieza que siempre estuvo ahí esperando su turno en el tablero.

Pero antes  de hablar de Diana, necesitas conocer a la primera mujer que este sistema  destruyó en su familia. Se llamaba Frances Shandide,  a de soltera Frances Roch. Era la madre de Diana y lo que le pasó a ella es una señal de lo que le pasaría a su hija décadas después.

Frances se casó con John Spencer, el padre de Diana, en 1954. El matrimonio Spencer necesitaba un heredero varón. France estuvo a Sara, luego a Jane. Después tuvo un hijo, John, que murió a las pocas horas de  nacer. El dolor fue devastador, pero en lugar de consolarla,  la familia Spencer hizo algo que revela la crueldad del sistema aristocrático.

Enviaron a Frances a clínicas de  Harley Street en Londres para investigar la causa del problema, como si el problema fuera  ella, como si una mujer que acaba de perder a un hijo recién nacido fuera un aparato defectuoso que  hay que llevar a reparar. El hermano menor de Diana,  Charles Spencer, describió esa experiencia como humillante  y dijo que fue probablemente la raíz del divorcio de mis padres, porque no creo que nunca lo superaran.

Francés y John Spencer se divorciaron cuando Diana tenía 7 años. En la batalla por la custodia, la propia madre de Frances, Ruth Roch, testificó contra su hija a favor de John Spencer, la  aristocracia cerrando filas contra la mujer que se atrevió a irse. Frances  perdió la custodia de sus hijos.

Diana creció sin su madre al lado y esa ausencia,  esa herida original la marcó de una forma que el sistema usaría después como arma. Diana creció con una necesidad desesperada de ser amada,  de pertenecer a algo, de no ser abandonada de nuevo. Esa necesidad  la hizo vulnerable y esa vulnerabilidad la hizo perfecta para la monarquía.

Recuerda el nombre de Francis  Shan Kid. Aparecerá otra vez en esta historia. Quizá tú  también sabes lo que es crecer con la sensación de que algo te falta. Quizá tú también conoces esa necesidad de agradar, de ser aceptada,  de demostrar que mereces que te quieran. Diana cargó con eso toda su  vida y cuando el heredero al trono se fijó en ella, todo lo  que sintió fue que por fin alguien la había elegido.

Pero Carlos no la eligió a ella. Carlos  eligió cumplir con lo que le exigían porque el hombre que se casaría con Diana Spencer  estaba enamorado de otra mujer. Llevaba enamorado de ella casi una década. Y la historia de ese amor prohibido es el  primer secreto que necesitas conocer para entender todo lo que vino después.

Carlos conoció a Camila Shan en 1971.  Él tenía 22 años, ella tenía 24. Se  la presentó Lucía Santa Cruz a la hija del embajador de Chile en el Reino Unido. Lo que surgió entre ellos fue  instantáneo, intenso y absolutamente incompatible con las reglas de la monarquía. Camila no era virgen. Camila tenía pasado.

Camila había tenido novios conocidos, entre ellos Andrew Parker Bows, un oficial del ejército que además había salido con la princesa Ana, la hermana de Carlos. En el mundo de la aristocracia británica todo estaba entrelazado,  todos se conocían, todos sabían quién había estado con quién.

Y las reglas eran claras. El heredero al trono debía casarse con una mujer sin pasado público, preferiblemente  virgen, de buena familia, noble, joven y moldeable. Lord Mount  Batten, el tío abuelo de Carlos y su mentor más influyente, le dijo exactamente cuál era  el perfil. Atractiva y de carácter dulce.

Lo que en realidad quería decir era  fácil de controlar. Carlos amaba a Camila, pero en 1973, mientras él cumplía con su servicio en la Marina Real  y estaba estacionado en las Bahamas, recibió una carta. Camila le avisaba que se iba a casar con Andrew Parker Bows.  Carlos quedó destrozado, le escribió a Lord Mount Batten.

Teníamos una relación tan agradable y bonita, yo pensaba que duraría para siempre. Lo que en ese  momento fue un lamento, el tiempo lo transformaría en profecía, porque esa relación sí duraría  para siempre, solo que no de la forma que él imaginaba. Camila se  casó con Andrew Parker Bows el 4 de julio de 1973.

La boda fue el evento social de la temporada. Más de  800 invitados o la reina madre y la princesa Ana asistieron. La ironía es brutal. La familia real celebraba la boda de la mujer que décadas  después terminaría siendo reina. Pero nadie lo sabía entonces. O quizá sí lo  sabían.

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