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La TRÁGICA HISTORIA de los HIJOS de JOAN SEBASTIAN y la OSCURA VERDAD que marcó su VIDA

Años después, sería él quien interpretara a Joan Sebastian adulto en la bioserie Por siempre Joan Sebastian, estrenada en 2016. Y al hacerlo, tuvo que ponerse en la piel del hombre que más amaba y del que a veces más dolor recibió. Porque los hijos de figuras enormes también sufren de maneras que nadie ve. Pero eso que vivió José Manuel no fue nada comparado con lo que vendría después.

Trigo de Jesús era diferente. Era callado, leal, de esos hombres que no necesitan hablar mucho porque con la mirada ya dicen todo. No siguió el camino del escenario. Él prefirió quedarse cerca de su padre de otra manera. Se convirtió en su coordinador de seguridad, en el hombre que cuidaba que nada le pasara, en el escudo humano de Joan Sebastian.

Qué ironía tan terrible. Era el 27 de agosto de 2006. Joan Sebastian acababa de terminar un concierto en Texas, en la plaza del Valle de Hidalgo. La noche había sido buena. La gente aplaudía todavía mientras el equipo comenzaba a recoger. Pero había tres hombres entre el público que habían bebido demasiado. Tres hombres que querían acercarse al cantante y el equipo de seguridad se los estaba impidiendo.

La situación escaló en segundos. Uno de ellos sacó una pistola, no para amenazar, para usarla. golpeó a trigo en la cabeza con el arma. Un golpe brutal de esos que dejan sin sentido. Y luego, mientras Trigo intentaba reponerse, le disparó en la parte posterior del cráneo. Joan Sebastian lo vio todo. Corrió hacia su hijo, lo sostuvo entre sus brazos y gritó.

gritó pidiendo ayuda. Gritó con ese desesperación que solo conoce quien ve a alguien que ama desangrarse frente a sus ojos sin poder hacer nada. Las autoridades tardaron en responder demasiado. El asesino saltó varias cercas y huyó en la oscuridad. Nunca fue capturado. Nunca. Trigo fue trasladado de emergencia al Hospital Medical Center de McAlen.

Llegó con vida apenas, pero la bala había hecho un daño que los médicos no pudieron reparar. Trigo de Jesús Figueroa falleció durante la cirugía. Tenía 27 años. 27 años. Juan Sebastian volvió a México destrozado. Por fuera siguió siendo el mismo hombre de sombrero que subía a los escenarios, pero por dentro algo se había roto para siempre.

Tres años después compuso la canción Trigo. Solo quienes han perdido un hijo pueden entender lo que cuesta escribir esas palabras. Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir. Primero, Dios, y gracias a mi fe nos volveremos a reunir. Quienes lo conocían decían que después de esa noche Joan Sebastián cambió, que había una oscuridad nueva en sus ojos, que reía igual de fuerte, pero la risa ya no llegaba hasta dentro.

Y entonces 4 años después volvió a pasar. Juan Sebastián Figueroa, el segundo hijo de Teresa González, era el más inquieto de los tres, el que buscaba la vida con más intensidad, el que no siempre tomaba los mejores caminos, pero que tenía ese magnetismo de los hombres que viven sin frenos. Era el 12 de junio de 2010.

Juan Sebastián quiso entrar con unos amigos a un bar en Cuernavaca, Morelos. El lugar se llamaba The Gran Hotel Cuernavaca, pero en la entrada les negaron el acceso. Algo tan simple como eso, una negativa en la puerta de un bar. Esas cosas que pasan todos los días y que normalmente no tienen ninguna consecuencia.

Pero esa noche sí la tuvo. Hubo una discusión con el guardia de seguridad. Las voces subieron y el guardia, en un momento que nadie esperaba, sacó un arma y le disparó. Un balazo en el cuello, otro en el abdomen. Juan Sebastián cayó. Tenía 32 años. Joan Sebastian se enteró esa misma noche y la historia que siguió fue todavía más oscura porque días después de la muerte de Juan Sebastián apareció un narcomensaje, un mensaje atribuido al cártel del Pacífico Sur en el que se adjudicaban el homicidio de Juan Sebastián Figueroa.

Alegaban que el joven había tenido una relación con la esposa de un miembro del cártel. El mensaje cayó como una bomba en los medios, en el público y en la familia. ¿Qué significaba eso? ¿Que la muerte de Juan Sebastián no había sido una simple pelea de bar? ¿Que detrás de ese guardia de seguridad había algo mucho más grande? Joan Sebastián salió a dar la cara.

negó rotundamente cualquier vínculo con el crimen organizado. Sus palabras fueron claras y directas. Yo no soy narcotraficante y tal vez les suene a prepotencia, pero tal vez les tengo que subrayar que soy un artista con 30 años de éxito, el cantautor más premiado por la academia de los Gramis. Pero las preguntas no se callaron y algunas de esas preguntas todavía están abiertas.

Porque en México cuando un narcomensaje pone un nombre, ese nombre queda manchado para siempre. Aunque no haya pruebas, aunque no haya sentencia, aunque todo sea rumor y oscuridad, Joan Sebastián tuvo que cargar con ese rumor el resto de su vida. El propio José Manuel Figueroa, el primogénito, lo resumió de una manera que parte el corazón.

Mi papá no murió de cáncer, murió de los golpes que le dio la vida en el corazón. Y eso explica muchas cosas. ¿Por qué Joan Sebastián siguió subiendo a los escenarios incluso cuando el cáncer ya lo estaba consumiendo por dentro? ¿Por qué no podía quedarse quieto? ¿Por qué necesitaba la música como otros necesitan el aire? Porque en el escenario, por unas horas, dejaba de ser el padre que había visto morir a sus hijos y volvía a ser solo Joan Sebastián, el poeta del pueblo.

Pero la vida en casa era otra historia. Para entender la relación de Joan Sebastian con sus hijos, hay que entender primero cómo era él como padre. Y ahí las versiones se dividen. Julián Figueroa, su hijo con Maribel Guardia, lo describió de una manera que no deja indiferente a nadie. Por fuera era una persona sumamente recia, una persona con mucha fuerza para enfrentarse a la vida, a los golpes, a las caricias de la muerte.

Sin embargo, por dentro era un niño que se asombraba con cada cosa de la vida. Un niño. Eso dijo Julián de su padre, un niño que vivió metido en un cuerpo de gigante. Y esa contradicción, ese hombre que por fuera duro y por dentro era frágil, es menor que numeral cero. Cinco numeral es mayor que se reflejó también en su manera de ser padre.

Joan Sebastián amaba a sus hijos. De eso no hay duda. Pero también los abandonó en cierta forma cada vez que se enamoraba de otra mujer y comenzaba una nueva vida lejos de los anteriores. Tenía ocho hijos con cinco mujeres diferentes y cada familia era un mundo aparte. Cada madre vivía su propia historia con Joan.

Y los hijos crecían viendo al padre aparecer y desaparecer como las mariposas que él mismo cantaba. ¿Cómo marca eso a un hijo? Sarelea Figueroa, la hija que Joan tuvo con María del Carmen Ocampo, lo heredó todo. La pasión por los caballos, el amor por el escenario y esa terquedad dulce de quien nació para la música.

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