Posted in

La doble vida de Ernesto Alonso: Lo que Televisa ocultó 50 años

Control de la imagen, control de la narrativa, control de lo que los demás veían y lo que no. Eso que en el cine a veces le jugaba en contra, después se convertiría en su arma más poderosa cuando pasó a la televisión. Pero no te vayas todavía porque antes de las telenovelas o antes de Televisa, antes de que lo llamaran el señor telenovela, hubo una película que cambió su vida para siempre y una muerte que lo marcó de una manera que nunca superó.

En 1955, Ernesto Alonso protagonizó ensayo de un crimen dirigida por Luis Buñuel, el gran Buñuel, el español exiliado que estaba reinventando el cine desde México. El papel que Ernesto interpretó fue el de Archivaldo de la Cruz, un hombre de la alta sociedad obsesionado con matar mujeres que mueren antes de que él pueda hacerlo.

un aspirante a criminal que nunca logra cometer su crimen. El juez le dice al final que desear matar no es delito. Pero lo más importante de esta película no está en la pantalla, está detrás de ella. El proyecto de ensayo de un crimen fue idea de Ernesto Alonso. Él había sido alumno del dramaturgo Rodolfo Usigli, autor de la novela.

Ernesto compró los derechos. Ernesto le propuso el proyecto a Buñuel y Ernesto le pidió que incluyera a su amiga Miroslava Stern como coprotagonista. Fue él quien los juntó. Fue él quien hizo que esa película existiera. Miroslava, guarda ese nombre, porque lo que pasó con ella es algo que Ernesto Alonso cargó el resto de sus 90 años.

Miroslava Estern era una actriz checoslovaca que había sobrevivido a un campo de concentración nazi cuando era adolescente. Llegó a México en 1941 con su padre. Era hermosa, era talentosa y estaba profundamente rota por dentro. Sufría una depresión que la perseguía desde la guerra. Había perdido a su abuela en el campo de concentración.

Después perdió a su madre. a su novio. Se casó con un sobrino del presidente Obregón y se divorció rápido. Tuvo un romance con Cantinflas que terminó destruyéndola. Otro con el torero español Luis Miguel Dominguín, que la dejó más vacía que antes. Miroslava estudiaba actuación con el método de Sequisano, un profesor japonés que exigía que sus alumnos sacaran sus emociones más oscuras para actuar.

Varios de sus alumnos terminaron con depresiones severas, dos se suicidaron. Miroslava ya venía rota. El método de sano le abrió heridas que nunca cerraron. Durante el rodaje de ensayo de un crimen, Miroslava le confesó algo a Ernesto que él contó años después en varias entrevistas. le dijo que pensaba quitarse la vida, que llevaba tiempo pensándolo, que ya lo había intentado antes, pero que no lo haría durante la filmación de la película por la amistad que le tenía a él, porque él había sido el intermediario para que Buñuel la

aceptara en el papel. le debía eso. Piensa en eso un momento. O una mujer le dice a su amigo que se va a suicidar, pero que lo va a esperar, que primero van a terminar la película juntos. Y Ernesto siguió filmando. Cada día llegaba al set sabiendo lo que Miroslava le había dicho. Cada escena juntos tenía ese peso invisible.

Cada mirada de ella frente a la cámara cargaba algo que solo Ernesto entendía. El 9 de marzo de 1955, pocas semanas después de terminar el rodaje, Miroslava se quitó la vida. Tenía 29 años. Su cuerpo fue cremado. Y aquí viene el detalle que parece ficción, pero es terriblemente real. En la película Archivaldo de la Cruz, el personaje de Ernesto, crema un maniquí de cera hecho a imagen de Miroslava.

La ficción se filmó primero, la realidad la copió después. Un maniquí con la cara de Miroslava ardiendo en la pantalla o semanas antes de que el cuerpo real de Miroslava ardiera en un crematorio. Buñuel lo recordó con tristeza en su autobiografía. Llamó a la coincidencia trágicamente irónica. Ernesto no habló del tema durante años, pero la lección quedó grabada en él.

La ficción y la realidad pueden confundirse de maneras terribles y esa confusión iba a definir toda su vida, toda su carrera, toda su tragedia. A lo mejor tú también has vivido algo así. Saber que alguien cercano está sufriendo y no poder hacer nada. Cargar con una confesión que pesa más que cualquier secreto propio.

Mirarte al espejo y preguntarte si podrías haber hecho algo distinto. Mientras Ernesto Alonso construía su carrera en el cine, en su vida privada pasaba algo que nadie mencionaba, nadie preguntaba, nadie publicaba. Existía un pacto silencioso entre los periodistas de espectáculos, entre los colegas, entre toda la industria.

Ernesto tenía una pareja, se llamaba Ángel Fernández Viñas, era médico y llevaban juntos más de 20 años. No era un secreto para quienes los conocían. En las crónicas sociales de la época, el escritor Salvador Novo, el mismo homosexual, mencionaba con naturalidad que Ernesto Alonso llegaba a las fiestas acompañado de Ángel Fernández.

Los intelectuales de la Ciudad de México, escritores, pintores, cineastas, frecuentaban la casa que compartían en las lomas de Chapultepec. Las sobremesas eran largas, las conversaciones brillantes, todos sabían. Pero fuera de ese círculo, la historia oficial era otra. Ernesto Alonso era soltero, un hombre dedicado exclusivamente a su trabajo o un artista que había sacrificado la vida personal por la profesional. Y así fue como lo vivió.

Décadas enteras de una vida partida en dos. En público, el galán del cine mexicano, el hombre elegante que aparecía en las revistas junto a las grandes divas, Andrea Palma, Dolores del Río, María Félix. En privado, una pareja estable, una casa compartida, una vida doméstica con la persona que amaba.

Dos versiones del mismo hombre, una para las cámaras, otra para la vida real. El señor telenovela. La primera vez que escuchas ese nombre suena a homenaje, suena a respeto, suena a logro. Quédate hasta el final de esta historia y vas a ver que también suena a otra cosa. La amistad de Ernesto Alonso con María Félix merece un capítulo aparte.

Porque era una amistad real, profunda de décadas, pero también estaba llena de las contradicciones que definen toda esta historia. María Félix, la doña, contó una vez en televisión en el programa de Verónica Castro una anécdota sobre los primeros años de su amistad con Ernesto. Dijo que cuando eran jóvenes y no tenían dinero, Ernesto la ayudaba.

le compraba medias de seda, bufandas, cosas que ella necesitaba y que el dinero lo obtenía de una mujer estadounidense. María Félix lo dijo con la naturalidad brutal que la caracterizaba. Se prostituía. Ernesto, que estaba sentado junto a ella en el programa, no lo negó. Dijo que sí, que una americana le mandaba cosas de Estados Unidos.

Read More