Lucía lo contó años después con su ironía característica. Carmen Polo nos obligó a casarnos por la iglesia. Luis Miguel pidió al obispo de Cuenca que nos casara para que pudiéramos ir de casa con ellos. Ir de casa con Franco. Eso te dice en qué mundo vivía Lucía Bosé en ese momento. Durante unos años son la pareja más glamurosa de España.
Ella, la actriz italiana, sofisticada que había dejado atrás una carrera internacional para seguir a un hombre. el, el torero legendario que hacía vibrar a las masas. Los fotografían en todas las revistas, los invitan a todas las fiestas. Representan algo que la España gris de Franco no tenía, glamur, belleza, vida.
Pero detrás de esa imagen perfecta, la realidad era completamente diferente. Dominguín era infiel, sistemáticamente, sin disimulo, con una arrogancia que venía de saber que en la España de aquella época el hombre siempre tenía razón y la mujer siempre tenía que aguantar, que la sociedad le daría la razón a él y le diría a ella que aprendiera a vivir con ello.
Lucía aguantó años, demasiados años. tuvo tres hijos, Miguel, que todos conocemos como Miguel Bosé, Lucía y Paola, y un cuarto hijo, Juan Lucas, que murió al mes de nacer. Ese dolor Lucía lo cargó como cargó todo lo demás, sola, en silencio, sin que el mundo supiera exactamente lo que pasaba detrás de las fotos perfectas, de la pareja perfecta.
Los años pasaron, las infidelidades se acumularon y Lucía fue perdiendo algo que es muy difícil de recuperar una vez que se va. La esperanza de que las cosas podían cambiar, la ilusión de que un día ese hombre iba a entender lo que tenía y iba a cuidarlo. Esa ilusión no volvió nunca. ¿Cuántas personas conoces que hayan aguantado demasiado tiempo en una situación que sabían que no tenía futuro? Cuántas veces hemos esperado que alguien cambie sabiendo en el fondo que no va a cambiar. La gota que colmó el vaso llegó
de la manera más dolorosa posible. Dominguín inició una relación con la prima hermana de Lucía, con Maribí Dominguín, una mujer 20 años más joven que ella, alguien a quien Lucía había visto crecer, alguien de su propia sangre. Lucía explotó en una entrevista televisiva años después. Lo dijo sin rodeos y sin filtros.
No podía soportar más cuernos ya. Y tomó la decisión más difícil y más valiente de su vida. Se fue en 1967 con tres hijos en un país donde el divorcio estaba prohibido, en una época donde la sociedad española siempre se ponía del lado del hombre, sin dinero, porque el juez le dio la razón a Dominguín, sin la casa que había sido suya, con una pensión de 40,000 pesetas mensuales, una cuarta parte de lo que había pedido que apenas alcanzaba para vivir con dignidad.
La propia Lucía lo dijo. Me sentí muy sola porque España se puso del lado de él, sola en un país extranjero con tres hijos, sin la carrera que había dejado aparacada durante 12 años, sin el dinero que merecía, sin el reconocimiento que se le debía, solo con su libertad y con su dolor. Pero Lucía Bosé no era una mujer que se hundía, era una mujer que cuando la vida la tumbaba encontraba la manera de levantarse con más fuerza que antes.
Volvió al cine, volvió a trabajar, volvió a ser ella misma después de 12 años, siendo la mujer de Dominguin, la madre de sus hijos, la actriz que había dejado su carrera por amor. y escribió, escribió poemas en italiano, versos llenos de todo lo que había vivido y guardado dentro durante amor que había entregado y no había recibido, del dolor de amar a alguien que no sabe cuidar lo que tiene, de la soledad de estar acompañada y sentirse completamente sola, de ese deseo profundo de que el amor fuera diferente,
de que el dolor se pudiera compartir en lugar de cargarse solo una mujer libre. por fin escribiendo sobre lo que significa no haber sido libre durante 12 años. Y es en ese momento cuando llega él. Camilo VI tiene 25 años y lleva un año siendo el artista más importante de la música en español.
Su primer álbum ha llegado al número uno. Las radios suenan con su voz. Las fans lo esperan en los aeropuertos de cada ciudad que visita. Un amigo común, Nacho Ángulo, lo presenta a Lucía Bosé. Camilo la conocía de toda la vida. Bueno, la conocía de verla en la pantalla. De niño, en Alcoy la había visto en aquella película, Muerte de un ciclista, y se había quedado prendado de esa mujer italiana con ojos que parecían guardar secretos.
Esa imagen se había quedado en algún rincón de su memoria sin que él supiera muy bien por qué. y ahora la tenía delante. Ella tiene 40 años, él tiene 25, 15 años de diferencia, pero la diferencia de edad era lo de menos. Lo que importaba era lo que pasaba en esa habitación cuando los dos hablaban. Camilo lo describió en su autobiografía con palabras que no dejan a dudas.
Una mujer independiente, libre y de una personalidad arrolladora. Nos hicimos amigos íntimos muy pronto de una intimidad total, absorbente, irrepetible. Es una de las mujeres que más he querido y que sigo queriendo con más dedicación. Una intimidad total, absorbente, irrepetible. Esas palabras no describen una amistad, describen algo mucho más profundo, algo que no tiene nombre oficial, pero que los dos reconocían perfectamente, pero ninguno de los dos lo confirmó nunca públicamente.
Lucía tenía una frase que lo decía todo sobre su manera de vivir y de amar. Las cosas importantes no se cuentan nunca y las cosas importantes, en el caso de su relación con Camilo, nunca se contaron. Lo que sí sabemos es lo que pasó después. Camilo descubre que Lucía escribe, que tiene un cuaderno lleno de poemas en italiano, versos que ella había escrito en los momentos más oscuros de su matrimonio y después de él, en las noches largas, en los momentos en que el dolor era demasiado para cargarlo solo, Camilo lee y algo en él se mueve de una manera que no puede
ignorar. Esos versos dicen algo que él también ha sentido. Algo sobre amar sin ser amado de vuelta, algo sobre la soledad de dar todo y no recibir lo mismo. Algo sobre ese deseo de que el amor fuera diferente. Le propone trabajar juntos. Ella acepta y durante un viaje en coche, con los poemas de Lucía en la mente y el paisaje de España pasando por la ventana, Camilo siente una melodía nacer en su cabeza.
Según él mismo contó, tenía ecos de la banda sonora de Laurence de Arabia. Esa grandiosidad cinematográfica, esa amplitud musical que hace que una canción suene más grande que el espacio en que la escuchas. Si suena a película es que todo va bien, pensó. Le añade un estribillo propio, unas pocas palabras que resumen todo lo que Lucía había escrito en sus poemas, todo lo que ambos habían sentido alguna vez.
Amor, si tu dolor fuera mío y el mío tuyo, qué bonito sería amor amar. Y en ese estribillo está toda la esencia de lo que Lucía había vivido durante 12 años de matrimonio. Si tu dolor fuera mío, si pudiéramos compartir el peso en lugar de cargarlo solos, si el amor fuera realmente eso, dos personas que se hacen más ligeras la una a la otra, en lugar de más pesadas.
Ese era el amor que Lucía no había tenido con Dominguín. Ese era el amor que merecía y que nunca recibió. Y ese era el amor que quizás de alguna manera encontraba en esa nueva etapa de su vida. Si esto te está enganchando, en el canal encontrarás muchas más historias como esta. Artistas que marcaron una época, canciones que llevan décadas sonando y secretos que nadie se había molestado en contar.
