En un clima de alta tensión política, la Comisión de Libertad de Expresión del Congreso de la Nación se convirtió el pasado martes en el escenario de una de las exposiciones más contundentes contra el estilo comunicacional del presidente Javier Milei. El diputado Leandro Santoro, con su habitual estilo metódico y apoyado en una carpeta repleta de evidencias digitales, desglosó la conducta del mandatario en la red social X, revelando un patrón de hostigamiento sistemático que, según denunció, busca silenciar las críticas económicas mediante el insulto y la intimidación desde el aparato del Estado.
La primera parte de la exposición de Santoro se centró en la estadística pura. Según los registros públicos de la cuenta oficial del presidente, durante el fin de semana de Pascuas (del 2 al 5 de abril),
Milei realizó o republicó un total de 960 mensajes dirigidos contra periodistas y medios de comunicación . Al desglosar estas cifras, Santoro lanzó un dato escalofriante: el presidente publicó un mensaje contra la prensa cada 9 minutos y 36 segundos durante cuatro días consecutivos.

Para dimensionar esta cifra, el diputado comparó la actividad de Milei con la de otros líderes mundiales como Emmanuel Macron o Pedro Sánchez, quienes promedian entre tres y ocho publicaciones diarias sobre gestión pública. Mientras tanto, en Argentina, el presidente dedicó el equivalente a un turno laboral completo por día a atacar comunicadores, publicando “cero mensajes” sobre la inflación de marzo o la caída del 5,3% en el salario real de los trabajadores privados registrados .
El caso Carlos Pagni: “Delincuente Malparido”
El punto de mayor impacto llegó cuando Santoro mostró capturas de pantalla de los ataques directos al analista político Carlos Pagni. El presidente calificó al conductor de Odisea Argentina como “DELINCUENTE MALPARIDO” en mayúsculas, tras un error menor de fechas en un gráfico salarial que la producción del programa ya había corregido públicamente .
Santoro argumentó que esta agresión no fue un estallido de impulsividad, sino una maniobra estratégica. Al insultar a Pagni, el mandatario logró que la conversación pública orbitara alrededor del insulto y no del contenido de fondo: que, según datos oficiales del propio INDEC, el poder adquisitivo de los argentinos se ha desplomado bajo su gestión. “Llamó delincuente malparido a un periodista para evitar discutir que sus propios datos muestran que los salarios bajaron”, sentenció el diputado ante una sala que quedó en absoluto silencio .
La lista negra y el acrónimo del hostigamiento
La carpeta de Santoro no se detuvo en Pagni. Incluyó una “lista negra” de periodistas y medios atacados en los últimos 30 días, que abarca desde columnistas de La Nación y Clarín hasta medios como Infobae, Radio Mitre y C5N. El diputado destacó que Milei llegó a afirmar en televisión que “el 95% de los periodistas son delincuentes”, dejando apenas un margen mínimo fuera de su definición de criminalidad .
Especial mención recibió el uso del acrónimo “N.O.L.A.L.P.” (No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas), el cual funciona en las redes oficialistas como una “señal de aprobación” para que los militantes libertarios y cuentas anónimas inicien campañas de acoso coordinado contra los objetivos señalados por la cuenta presidencial .
¿Quién protege al periodista?
Hacia el final de su intervención, Santoro planteó una pregunta que el oficialismo no pudo —o no quiso— responder: “¿Quién protege al periodista que el presidente llama delincuente desde la cuenta oficial del Estado?”. El diputado recordó que Argentina ha caído 40 posiciones en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, situándose en el puesto 66, y que las amenazas a comunicadores han aumentado un 340% en los últimos dos años .

La exposición de Santoro dejó claro que lo que está en juego no es el “derecho a réplica” del presidente, sino el uso de los recursos institucionales para intimidar a quienes informan. Mientras la oficina de respuesta oficial del gobierno se dedica a desmentir noticias sobre fábricas de galletitas, el propio mandatario eclipsa la comunicación institucional con un lenguaje que Santoro calificó de “inédito y peligroso para la convivencia democrática” . Al final del día, los números de Santoro contaron la historia que el gobierno intentaba tapar con mayúsculas y agravios.