En un escenario político que clama por renovación y soluciones tangibles, la figura de Abelardo de la Espriella ha emergido con una fuerza inusitada. Durante el más reciente debate presidencial enfocado en infraestructura, organizado por RCN, el reconocido abogado y empresario, cariñosamente apodado por sus seguidores como “El Tigre”, no solo se destacó por su elocuencia, sino por presentar un plan de gobierno que rompe con los esquemas de la política tradicional colombiana. Su intervención, marcada por el pragmatismo del sector privado y un profundo conocimiento de las carencias regionales, lo posicionó como un líder capaz de asumir las riendas de una nación fatigada por las promesas incumplidas.
Desde el inicio de la jornada, de la Espriella dejó claro que su campaña no es un ejercicio retórico, sino una misión de vida. “Me estoy divirtiendo, no quiero que la campaña se acabe”, afirmó con una sonrisa que denota la confianza de quien se s
iente respaldado por el fervor popular. Al definirse como un “hijo de la provincia”, el candidato subrayó su independencia: no tiene más jefes que el pueblo colombiano ni patrocinios de grupos de poder que condicionen su juicio. Esta libertad le permite, según sus palabras, “decir lo que piensa, hacer lo que cree y actuar en consecuencia”.

Su autenticidad brilló incluso en momentos de distensión, cuando al hablar de la gastronomía nacional, se alejó de las respuestas diplomáticas habituales. “No soy político, no tengo que parecer una vaina que no soy”, sentenció al admitir sus gustos culinarios, reforzando la imagen de un hombre coherente que prefiere la verdad cruda antes que el disfraz electoral. Sin embargo, tras la calidez del contacto humano, subyace un carácter férreo decidido a resolver los problemas de inseguridad, salud y corrupción que agobian al país.
Infraestructura: El Motor para Cerrar el Hueco Fiscal
El núcleo de la destacada participación de Abelardo de la Espriella fue su visión sobre la infraestructura nacional. Para el candidato, el atraso de 30 años que sufre Colombia en esta materia no es solo un problema de movilidad, sino una barrera crítica para la competitividad y el crecimiento económico. Su propuesta se centra en revivir las Alianzas Público-Privadas (APP) y las concesiones, mecanismos que considera han sido injustamente satanizados o bloqueados por la burocracia y la ideología.
“Hoy el Estado colombiano es un enemigo del sector privado”, denunció de la Espriella, citando los 48 tribunales de arbitramiento que mantienen en disputa cerca de 20 billones de pesos. Su solución es pragmática: una reforma a la ley que brinde flexibilidad y seguridad jurídica para destrabar los proyectos que hoy duermen “el sueño de los justos”. Para el “Tigre”, la infraestructura es el motor que permitirá no solo reactivar la economía, sino generar la confianza inversionista necesaria para que el capital internacional regrese a Colombia.
El Sueño del Magdalena: Una Arteria para el Mundo
Uno de los momentos más impactantes del debate fue cuando de la Espriella expuso su gran proyecto legado: la navegabilidad del río Magdalena. Inspirado en el “acuerdo sobre lo fundamental” de Álvaro Gómez Hurtado y comparando nuestra principal arteria fluvial con el río Mississippi de los Estados Unidos, el candidato propuso transformar el tramo de 631 kilómetros entre Barrancabermeja y Bocas de Ceniza en Barranquilla en una verdadera carretera acuática.

“Si conectamos a Colombia con el Caribe, conectamos a Colombia con el mundo”, explicó con pasión. Este proyecto no solo facilitaría el transporte de carga, sino que permitiría que Colombia se convierta en la despensa agrícola global, llevando los productos del campo directamente a los mercados internacionales. Para un hombre nacido en el Caribe, recuperar el río no es solo una meta económica, sino un acto de justicia histórica con las regiones que han sido olvidadas por el centralismo bogotano.
Ejecución vs. Discurso: El Sello de la Nueva Presidencia
Abelardo de la Espriella fue enfático en que Colombia está “sobrediagnosticada”. Según su análisis, ya se sabe exactamente qué obras se necesitan: desde la malla vial de 18,000 km que requiere intervención urgente, hasta proyectos específicos como el túnel de la Línea o la autopista al mar. “Aquí no hay que inventar nada, hay que ejecutar y dejar el discurso de lado”, afirmó con la contundencia de un gerente exitoso.
Su portafolio incluye también una apuesta decidida por el sistema multimodal, incluyendo la red férrea del Pacífico y el Caribe, y una infraestructura social que contemple hospitales, colegios y la construcción de 10 megacárceles para restaurar el orden. Todo esto, bajo una premisa innegociable: la transparencia total. “La plata pública es sagrada”, recordó, asegurando que bajo su mandato no se permitirá que “se roben un solo peso” de las obras que pertenecen a los colombianos.
La jornada concluyó con la sensación de que Abelardo de la Espriella ha logrado algo que pocos candidatos consiguen: entusiasmar a una audiencia con datos técnicos y planes de ejecución, envueltos en un mensaje de esperanza y autoridad. El “Tigre” ha brillado en el debate, no solo como un contendiente de peso, sino como una figura que ya empieza a proyectar la sombra de un futuro presidente.