El caso de Yulixa Consuelo Tolosa se ha convertido en una herida abierta para la capital colombiana, un rompecabezas de terror que, con cada pieza que se descubre, revela una realidad más sombría y peligrosa. Yulixa, una esteticista de 52 años, ingresó a una clínica de estética ubicada en el sector de Venecia, al sur de Bogotá, con la esperanza de someterse a un procedimiento que mejorara su apariencia. Sin embargo, su destino tomó un giro trágico y desconocido: salió del lugar inconsciente, siendo arrastrada por desconocidos hacia el baúl de un vehículo, para desaparecer en la inmensidad de una ciudad que ahora se pregunta: ¿Dónde está Yulixa?
El trabajo investigativo del “Ojo de la Noche” y el despliegue de las autoridades de Bogotá han logrado reconstruir parte de este horror, apoyados en grabaciones de seguridad que son, por decir lo menos, aterradoras. En las imágenes —todavía bajo reserva para no entorpecer el proceso judicial— se observa el desenlace de una
jornada que debió ser rutinaria y terminó en una pesadilla.

El testimonio que rompe el silencio
A las 7:24 de la noche, un testigo clave, que transitaba por el sector con su hijo, presenció lo que él mismo describe como una escena digna de una película de terror. El hombre relató ante las cámaras cómo su atención fue atraída por un Chevrolet Sonic de placas terminadas en 40, estacionado de forma sospechosa. Sin embargo, lo que vio después lo dejó paralizado: “Cuando la vi que salía, estaba demasiado blanca, blanca la piel y los labios como negros, morados. Estaba inconsciente. Me impactó porque dije: parece un muerto”.
La descripción del testigo es escalofriante. Detalló cómo una mujer, supuesta empleada del lugar, intentó en un primer momento introducir a Yulixa en el baúl del vehículo. Ante la dificultad, aparecieron dos hombres vestidos completamente de negro, quienes, junto a la mujer, procedieron a arrastrar a la esteticista desde la puerta del centro médico hacia el automóvil.
“La arrastraban y ella estaba como cuando sacan a un borracho que no sabe ni dónde está parado; cada uno le tenía los brazos, como si los estuviera abrazando, y sus pies se le quedaban atrás. La metieron al carro como pudieron”, relató el testigo. Este vehículo, según las investigaciones, emprendió una huida por la Autopista Sur con rumbo hacia el norte de Bogotá. Los hombres identificados en la escena serían, según las pesquisas preliminares, el esposo de la propietaria del negocio y un empleado, mientras que otra mujer se encargaba de conducir.
La fachada de un negocio lucrativo y clandestino
A medida que las autoridades de la Secretaría de Salud y la Policía comenzaron a desmantelar la estructura del lugar, la sorpresa fue mayúscula. El establecimiento no contaba con los permisos necesarios para realizar procedimientos estéticos, lo cual llevó a un sellamiento definitivo por parte de las autoridades distritales.
Pero lo que hallaron dentro del sitio superó las expectativas más negativas. En el tercer piso del inmueble, que funcionaba bajo una fachada de “casa de recuperación” para pacientes post-quirúrgicos, los investigadores encontraron cuadernos contables que daban cuenta de un negocio extremadamente lucrativo pero opaco. Se estima que cada paciente pagaba entre 3 y 5 millones de pesos por procedimiento. Tan solo el mes anterior a la desaparición de Yulixa, el centro había registrado ingresos superiores a los 60 millones de pesos, todos manejados en efectivo y guardados en una caja fuerte.

La infraestructura del lugar era un engaño total. Según las autoridades, el negocio operaba desde hace unos seis meses en esa ubicación, tras haber sido trasladado desde la localidad de Kennedy. La promesa de una atención médica integral para la recuperación tras cirugías estéticas era, en realidad, un peligroso señuelo para personas vulnerables.
Una ciudad en vilo y la lucha contra el tiempo
Mientras la investigación avanza, los vecinos y familiares de Yulixa Consuelo Tolosa, residente del barrio Bosa Islandia, no pierden la fe y han organizado velatones pidiendo respuestas y ayuda. La angustia es generalizada, pues la última pista del vehículo sospechoso fue detectada el pasado día a la 1:30 de la tarde en la Avenida Boyacá con calle 26, hacia el sur.
La prioridad de la Fiscalía y la Policía es encontrar a Yulixa con vida. Existe un temor latente entre los investigadores de que los dueños del establecimiento intenten huir hacia su país de origen, Venezuela, evadiendo así la justicia colombiana. La Secretaría de Salud ha sido enfática al pedir a la ciudadanía que verifique los permisos de cualquier centro de estética antes de someterse a intervenciones, recordando que la vida no tiene precio.
Bogotá sigue pendiente. Cada cámara de seguridad de la ciudad es ahora una esperanza para dar con el paradero de Yulixa Tolosa y para desenmascarar a los responsables de esta red de clínicas clandestinas que, bajo el velo de la belleza, esconden historias de tragedia y negligencia. La justicia tiene una deuda pendiente con esta esteticista de 52 años, y el “Ojo de la Noche” continuará siguiendo el rastro de este vehículo y de los implicados hasta que la verdad salga a flote.