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EL HIJO QUE PACO STANLEY OCULTÓ: LO QUE PAUL CONFESÓ SOBRE SU PADRE Y EL DOLOR DE CRECER EN SECRETO

Los programas se suceden nuestra gente alegrías de mediodía, divertidísimo, la mujer. Ahora, el club del hogar. La carabina de Ambrosio en 1986. Pácatelas, el programa que lo catapulta a la fama más amplia. Y luego en los años 90 el salto a TV Azteca con Hoy no me puedo levantar, que se convierte en uno de los programas de más rating de la historia de la televisión mexicana.

 Pero mientras todo eso ocurre en el escenario público, en la vida privada, Paco Stanley está construyendo una historia mucho más complicada de lo que el personaje brillante y simpático de la televisión sugiere. Paco Stanley es un hombre de su época en el sentido más literal y más incómodo de la frase, la un hombre de los años 70 y 80 en el mundo del espectáculo mexicano, donde el éxito de los hombres traía consigo un tipo de vida que en ese contexto se consideraba casi un privilegio inherente al estatus.

 Las mujeres, las aventuras, la doble vida que el dinero y la fama hacen posible y que el ambiente del entretenimiento de esa era toleraba con una indulgencia que hoy resulta difícil de justificar, pero que en ese momento formaba parte del paisaje. Paco se casa por primera vez con María Solís cuando ambos son jóvenes.

De ese matrimonio nace Francisco Stanley Solís, el primogénito, el que lleva el nombre del padre completo. Francisco crece en el mundo del espectáculo por herencia con la pasión por las cámaras que le viene de sangre. Los que lo conocieron lo describen como un joven guapo, simpático, no con buena relación con su padre.

 El futuro parecía ser uno solo, seguir los pasos del hombre más famoso de la televisión mexicana. Pero en 1993, Francisco Stanley Solis muere. Tiene alrededor de 25 o 30 y tantos años. Y aquí empieza la primera capa de secretos y versiones contradictorias que rodean a la familia Stanley. Porque lo que exactamente pasó con Francisco Solís nunca quedó completamente claro en el registro público.

 La versión que Paul Stanley contó años después es que su hermano mayor murió de un infarto fulminante mientras conducía. iba para su casa”, dijo Paul en una entrevista y añadió que Paco Stanley, que en ese momento estaba haciendo el programa Pácatelas, fue el único día que faltó al trabajo en toda la historia del programa.

 La pérdida del primogénito lo destrozó. Po se encerró. No iba a trabajar. Sus compañeros tuvieron que cubrirlo. Pero hay otra versión. Verónica Masías, conductora que trabajó cerca de Paco Stanley durante años. dijo en el programa El minuto que cambió mi destino, que Francisco Solís fue encontrado muerto en su departamento y que según lo que se supo en ese momento, la causa fue una sobredosis.

Paco estaba destrozado, dijo Macías. No se presentaba a los programas. Yo tenía que conducir. Paco estuvo encerrado. Él no iba a trabajar. ¿Cuál de las dos versiones es la verdad? La familia nunca lo confirmó de manera explícita. Y lo que nadie te ha dicho es que esa muerte, esa pérdida que dejó a Paco Stanley encerrado y silencioso durante semanas puede ser una de las claves para entender lo que pasó después, porque es en ese contexto de dolor y de fragilidad donde Paco Stanley va a encontrar a la mujer que va a

cambiar su vida de una manera que él mismo no anticipó completamente. de su primer matrimonio con María Solís. Paco también tuvo a Francisco Stanley Pedrosa, conocido como Paco Junior, que estudió derecho en Inglaterra y se integró al equipo de trabajo de su padre en televisión en 1999, justo antes del asesinato, y a Leslie Stanley Pedrosa, la hija que optó por alejarse completamente del mundo del espectáculo y que mantiene hasta hoy un perfil tan bajo que los medios prácticamente no tienen información sobre su vida actual. Pero el hijo que

se convirtió en el centro de la historia más emotiva y más dolorosa de toda la familia Stanley es el que no nació de ninguno de esos matrimonios. El que nació de una relación que Paco mantuvo en secreto durante años, el que creció sin que sus hermanos supieran que existía, el que marcó ese número de teléfono en Navidad y escuchó el click del auricular cortando la llamada antes de que pudiera decir nada más que hola papá.

 Mónica Durruti Castillo tenía 18 años cuando conoció a Paco Stanley. Él tenía 40. Las oficinas de Stanley estaban frente a la casa donde vivía Mónica. Uno de los primos de ella, cuando veía llegar al famoso conductor, le gritaba, “Paco, mi tía está enamorada de ti.” Con esa mezcla de picardía juvenil y admiración genuina que en los barrios de la Ciudad de México de los años 80 era la manera normal de comunicar el entusiasmo.

 El primo de Mónica funcionó sin saberlo como Celestino entre la jovencita que vivía en ese edificio y el hombre más gracioso de la televisión mexicana. El asistente de Paco Stanley, Pepe Pedrosa, los presentó formalmente y lo que empezó como el coqueteo del famoso hacia la chica joven del edificio de enfrente se fue convirtiendo en algo que ninguno de los dos anticipó completamente.

un vínculo real, un amor, si esa es la palabra correcta para describir lo que sentían, o al menos algo lo suficientemente importante como para que Mónica Durruti eligiera quedarse en esa relación a pesar de todo lo que implicaba, a pesar de que Paco tenía otra vida, a pesar de que no podía ofrecerle un matrimonio ni un reconocimiento público.

 A pesar de todo, Paul Stanley nace en septiembre de 1985 e un día después del terremoto que destruyó partes de la Ciudad de México y que mató a miles de personas. Mónica Durruti tiene 21 años cuando su hijo llega al mundo y Paco Stanley, que en ese momento tiene 43 años y es ya uno de los conductores más conocidos de la televisión mexicana.

 Le consigue un departamento en la colonia Nápoles, cerca de la plaza de toros. No es un gesto de indiferencia, no es la actitud del hombre que simplemente paga para que el problema desaparezca. Paco Stanley, según lo que Paul ha contado en múltiples entrevistas a lo largo de los años, registró a su hijo con su apellido cuando el niño tenía 4 años.

 4 años es tarde, sí, pero en las circunstancias de una doble vida que él quería mantener oculta, incluso ese gesto tuvo un costo personal que él eligió pagar. Lo que no eligió, lo que nunca pudo o nunca quiso resolver, fue la visibilidad. Paul existía, tenía el apellido de su padre, pero para el mundo exterior, para la familia oficial de Paco Stanley, para los compañeros del programa, para los medios que cubrían su vida, Paul no existía.

 Era el secreto que Paco guardaba con la misma energía con que conducía sus programas, con determinación, con la capacidad de compartimentar que los hombres de cierto tipo y cierta generación desarrollaban como una habilidad de supervivencia emocional. Y Paul, el niño que crecía sabiendo que su padre era el hombre más famoso de México, pero que no podía decírselo a nadie, porque decírselo era romper un secreto que su padre le pedía guardar.

 Sin pedírselo explícitamente, aprendió desde muy temprano a vivir en esa contradicción, a querer a un hombre que estaba presente y ausente al mismo tiempo, a adorar al Padre que cuando lo veía era afectuoso y cariñoso y orgulloso, y a sufrir al padre que no podía aparecer en los cumpleaños, que no podía ir a la escuela, que en Navidad colgaba el teléfono cuando el niño decía, “Hola, papá.

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