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EDITH GONZÁLEZ: Su Viudo CALLÓ por 5 años… La OSCURA razón por la que lo DESHEREDÓ

Llévala a la televisión. Ofelia llevó a su hija como espectadora al programa Siempre en domingo, el escaparate más grande de la televisión mexicana. Y ahí entre el público, un productor vio a una niña rubia con ojos enormes y la seleccionó para actuar en un sketch con Rafael Baledón y Marth Roz. Así de simple, así de rápido.

Así empezaban las carreras en la televisión mexicana de los años 70. Alguien te veía, alguien decidía que servías y de un día para otro te ponían frente a una cámara sin preguntarte si querías estar ahí. Esa niña era Erit González Fuentes, nacida el 10 de diciembre de 1964 y desde ese día en siempre en domingo no paró, nunca paró.

Cosa juzgada fue su primera telenovela. Tenía 5 años. Después vinieron Lucía Sombra, La maldición de la blonda, El amor tiene cara de mujer, mi primer amor, los miserables. En 1974, a los 9 años, ganó un premio Heraldo como artista de revelación. 9 años y ya tenía un premio. Pero entiende algo, esto no era un juego.

Era la industria mexicana de la televisión en los años 70. Una industria que funcionaba con reglas muy claras, que nadie necesitaba escribir porque todos las conocían desde que entraban. Tú trabajas. Nosotros decidimos cuándo, dónde y cuánto te pagamos. Los contratos de exclusividad de Televisa eran candados. Si firmabas con ellos, no podías trabajar en ningún otro lugar.

No podías hacer cine si ellos no querían. No podías hacer teatro si ellos no te daban permiso. Y si te ibas, perdías tu nombre artístico, tus contactos y tu carrera. Era la tienda de raya del espectáculo. Tú generabas los millones. Ellos decidían cuánto te tocaba. Edith creció dentro de ese sistema. No conoció otro. Desde los 5 años hasta los 54.

Su vida fue la televisión, el teatro y el cine. Nunca tuvo un trabajo de oficina. Nunca tuvo un sueldo fijo que no dependiera de un productor. Nunca tuvo la seguridad de saber qué iba a pasar el año siguiente. Su patrimonio dependía del siguiente contrato y el siguiente contrato dependía de que los productores siguieran considerándola útil.

Guarda esa palabra útil, porque es la palabra que explica todo lo que le pasó a Edit González en los últimos 3 años de su vida. A los 15 años entró al elenco de los ricos también lloran, la telenovela que cambió la televisión en español, la que se exportó a más de 120 países y se dobló a 25 idiomas.

Ahí estaba Edit con 15 años trabajando junto a Verónica Castro y Rogelio Guerra. Para esa producción, le cambiaron el color del pelo de rubio a negro y de negro a rubio otra vez, todo en una sola mañana. Años después, Edith diría que fue una de las cosas más crueles que le hicieron. Porque a una niña de 15 años no le preguntan si quiere que le destruyan el pelo con químicos. Se lo hacen y punto.

Porque el productor lo decidió. Porque la telenovela lo necesitaba, porque tú no importas. El personaje importa. Edith sobrevivió. Y no solo sobrevivió, creció. Fue haciendo su camino telenovela tras telenovela, pero mientras crecía como actriz, también se estaba formando como algo que muy pocas actrices de su generación podían presumir.

Fue a Londres a estudiar interpretación en la academia de Lee Strasberg, después al Neighborhood Playhouse y al Actors Institute en Nueva York. En París se formó en el centro de danza de umarés. Estudió inglés e historia del arte en la Universidad de la Sorbona. Hablaba inglés y francés con cultura. Practicó mímica a ballet, ya interpretación en tres países distintos.

¿Sabes lo que eso significa en la televisión mexicana de los años 80? Una actriz que estudió en La Sorbona volviendo a México para hacer telenovelas. Una mujer que podría haber trabajado en cualquier teatro del mundo, eligiendo regresar a un sistema que la trataba como pieza intercambiable. Edith volvió porque su público estaba aquí, porque las mujeres que la veían estaban aquí, porque su madre estaba aquí, porque este era su país con todo lo bueno y todo lo terrible que eso significaba. Y entonces llegó el papel

que la puso en el mapa de una forma que ya nadie podría ignorar. 1993, Corazón Salvaje, la telenovela de época que reunió a Edit González con Eduardo Palomo. Ella era la condesa Mónica de Altamira. Él era Juan del y lo que pasó en la pantalla fue magia pura, química, fuego, el tipo de conexión que no se puede fabricar con un buen guion.

Se siente o no se siente. Y entre Edit y Eduardo Palomo se sentía hasta del otro lado de la pantalla. Tú sabes de lo que estoy hablando. Tú viste esa telenovela. Tú esperabas cada noche para ver qué pasaba entre Mónica y Juan del Y cuando se besaban sentías algo. Corazón Salvaje se convirtió en un éxito mundial y Edith González se convirtió en una estrella.

Pero hay un detalle que pocos recuerdan. Eduardo Palomo murió 10 años después de un ataque al corazón. Tenía 41 años y Edit González moriría 16 años después de cáncer de ovario a los 54. Los dos protagonistas de una de las telenovelas más exitosas de la historia de la televisión mexicana murieron jóvenes. Los dos dieron todo por su carrera.

Los dos siguieron trabajando hasta que el cuerpo no pudo más. Eso no es casualidad, es el sistema. Y entonces llegó Aventurera y Aventurera lo cambió todo. Octubre de 1997, el salón Los Ángeles en la ciudad de México. Carmen Salinas acababa de enterrar a su hijo Pedro 3 años antes y estaba luchando contra una depresión que casi la destruía.

Decidió montar la obra de teatro más ambiciosa de su vida. La historia de Elena Tejero, una joven ingenua que es engañada, vendida y obligada a prostituirse y que desde el fondo de ese infierno construye su venganza. El papel principal era para Itatí Cantoral, pero Itatí no pudo hacerlo. Emilio La Rosa la llamó para grabar una telenovela en Televisa y en esa época, cuando Televisa llamaba tú, no decías que no.

Carmen Salinas se quedó sin protagonista y entonces, por una de esas coincidencias que parecen escritas por un guionista, Edit González llamó a Carmen no para pedirle el papel, para pedirle boletos para ir a ver jugar a las Chivas. Las dos eran aficionadas al mismo equipo. Carmen le contó que estaba desesperada buscando una aventurera y Edith dijo que sí.

Lo que pasó esa noche del 28 de octubre de 1997 en el salón Los Ángeles fue un antes y un después. Edith no solo actuó, bailó, cantó, se transformó delante del público de niña ingenua a mujer vengativa con una intensidad que dejó al elenco sin aliento. Carmen Salinas lo diría años después con una frase que se convirtió en leyenda.

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