Posted in

BLUE DEMON : ESTO ES LO QUE SUFRÍO DETRÁS DE LA MASCARA

La máscara azul no fue un accidente, fue una decisión calculada. El azul porque era el color menos usado en la lucha. Todos querían el rojo, el negro, el dorado, el demonio porque Alejandro entendió algo que otros luchadores no querían admitir. El público también quiere al villano, quiere tener a alguien a quien abuchear, alguien que les dé miedo.

Blue Demon empezó como rudo, el malo de la historia, el que hacía trampa, el que insultaba al público y el público lo odiaba. Compasión, lo que significa que lo amaban. Los primeros años de Blue Demon fueron los de construir una leyenda desde cero. Pelea tras pelea, ciudad tras ciudad. Blue Demon recorría México en autobuses de segunda clase con la máscara en una bolsa de papel durmiendo en posadas de mala muerte.

En Guadalajara lo tiraron al suelo y le lanzaron cerveza. En Monterrey, alguien le aventó una botella que le abrió la ceja. En Veracruz, un grupo de borrachos intentó quitarle la máscara en la calle. No lo lograron. La máscara era sagrada. Eso lo tenía claro desde el principio. Sin la máscara soy Alejandro Muñoz, un muchacho de tampico sin nada especial.

Con la máscara soy Blue Demon y Blue Demon no le teme a nada ni en a nadie. Eso lo repetía como mantra antes de cada pelea, después de cada derrota. Y aquí viene algo que nadie te cuenta en la versión oficial. En esos primeros años, la lucha libre mexicana no era solo entretenimiento, era negocio.

Y como todo negocio de esa época en México tenía conexiones oscuras. Los promotores no eran solo hombres de espectáculo. Muchos de ellos tenían vínculos con figuras del gobierno, con caciques regionales, con personas que usaban el dinero de las arenas para mover otros recursos. Blue Demon lo sabía. Todos los luchadores lo sabían, pero callaban porque el negocio era el negocio.

Y quejarte con la persona equivocada podía significar quedarte sin contratos o algo peor. Guarda esto, lo vas a necesitar en el acto 3. 1948. Blue Demon llevaba 4 años de carrera y entonces llegó la rivalidad que lo cambiaría todo. El santo, el hombre que ya era leyenda, el enmascarado de plata, el que había convertido la lucha libre en religión nacional.

Y Blue Demon, el demonio azul, el rival que el Santo necesitaba para ser completo. Luterot los juntó. No fue accidente, fue estrategia. El bien contra el mal, la plata contra el azul, el héroe contra el villano. El primer combate fue el 14 de septiembre de 1948. Arena México, llena hasta los topes. Blue Demon perdió ese noche, pero nadie recordó al ganador.

Todos hablaron del perdedor, porque Blue Damon perdió de una forma que nadie había visto, peleando hasta el último segundo, negándose a rendirse, con la cara llena de sangre y los ojos todavía con fuego. El público que lo había odiado durante 4 años empezó a silvar diferente, no de aprobación total, de respeto.

Y eso fue el comienzo de algo mucho más grande, la gloria 1000 950 a 1965, los 15 años donde Blue Demon se convirtió en institución nacional, no solo luchador, institución. Pero antes de contarte la gloria, necesito contarte la traición, porque sin entender la traición no puedes entender quién era realmente Blue Demon.

Esta es la primera revelación que te prometí al principio. La traición que casi lo destruye. Corre el año de 1952. Blue Demon llevaba 8 años de carrera. Ya era famoso, no tanto como el santo, pero su nombre llenaba arenas. Tenía contratos en Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y tenía algo que muy pocos luchadores de su época tenían, una marca registrada, La máscara azul, el personaje de Blue Demon, su nombre artístico protegido legalmente desde 1949, o eso creía él.

Lo que pasó en julio de 1952 fue uno de los escándalos más silenciados de la historia de la lucha libre mexicana. Es un hombre apareció en Guadalajara usando una máscara azul llamándose Blue Demon. No era Alejandro Muñoz, era otro luchador, un hombre que los promotores de Guadalajara habían contratado para llenar arenas usando el nombre y la imagen que el verdadero Blue Demon había construido durante 8 años.

¿Por qué pudieron hacerlo? Porque los registros legales de la época eran débiles. Porque los promotores eran poderosos. Porque la industria de la lucha libre no tenía sindicatos fuertes ni protecciones claras para sus trabajadores, y porque alguien cercano a Blue Demon le había vendido los detalles de sus contratos y su marca a la competencia.

Una traición desde adentro, desde alguien de confianza. Alejandro Muñoz no supo de quién fue al principio. Tardó 6 meses en descubrirlo en la noche del 22 de julio de 1952. La que te mencioné al principio. Blue Demon estaba en el ring. Un combate normal en la arena Coliseo de la Ciudad de México.

Cuarto combate de la noche. A mitad de la pelea, alguien del público le gritó algo que lo eló. El Blue Demon de Guadalajara es mejor que tú. Ella, Alejandro, no supo reaccionar. Perdió la concentración. cayó en una llave que normalmente habría evitado. Su brazo golpeó el suelo en ángulo incorrecto. Fractura del cúbito, el hueso del antebrazo roto.

El árbitro contó. Alejandro no se rindió. Siguió peleando con un brazo. Perdió el combate, pero el público que había visto todo se puso de pie. Nadie aplaudía la victoria del otro. Aplaudían a Blue Demon, al hombre que peleó roto. Dos meses de recuperación. Y durante esos dos meses, Alejandro Muñoz hizo dos cosas.

La primera contrató a un abogado, uno bueno, e inició un proceso legal para proteger su marca, su nombre y su imagen. Un proceso que tardó 3 años, pero que finalmente le dio la protección que necesitaba. La segunda encontró al traidor. Era un promotor secundario, un hombre que había trabajado con Lutherot y que había vendido información a los empresarios de Guadalajara por una cantidad de dinero que hoy sería el equivalente de unos $,000.

$3,000. Eso valió la traición. ¿Qué hizo Blue Demon cuando lo descubrió? No lo golpeó, no lo amenazó, lo enfrentó en una reunión con testigos, con el abogado presente. Le dijo una sola cosa, me quitaste 8 años de trabajo, pero no me pudiste quitar quién soy. Y lo dejó ahí. El promotor traidor desapareció de la industria.

Nadie supo exactamente por qué. Luterod dejó de darle contratos. Los demás promotores siguieron la señal. Sin violencia, sin escándalo, solo silencio y fin de carrera. El caso del Blue Demon falso de Guadalajara se resolvió a favor de Alejandro Muñoz en 1955. El otro hombre tuvo que cambiar su nombre artístico. Dejó de llamarse Blue Demon y la marca quedó protegida para siempre.

Read More