Pero en aquella época nadie hacía preguntas. En aquella época, México no era el país que es hoy, donde todo se publica, donde todo se filtra, donde nada puede mantenerse en secreto por mucho tiempo. En aquella época los secretos podían vivir años, décadas. Joan Sebastián, para quienes no lo recuerdan bien, no era solamente un cantante, era una fuerza de la naturaleza, un hombre que había nacido en la pobreza más absoluta en un pueblo de la sierra de Guerrero llamado Juliantla, donde de niño montaba burro para llevar leche al
mercado. un hombre que desde los 7 años ya componía canciones, que estudió en el seminario para ser sacerdote y terminó siendo el rey del jaripeo, que acumuló más premios Gramy que cualquier otro artista mexicano en la historia, pero también era un hombre rodeado de sombras, un hombre al que la vida le arrancó dos hijos de una manera tan brutal que nadie que lo conociera pudo explicarlo racionalmente.
Trigo, asesinado a los 27 años en Texas, con una bala en la cabeza, muriendo en brazos de su propio padre. Juan Sebastián, asesinado a los 32 años en Cuernavaca, con un narcomensaje después que nadie supo interpretar con claridad. Y años más tarde, Julián, su hijo con Maribel Guardia, muriendo también a los 27 años de un infarto que muchos encontraron imposible de creer.
Tres hijos, tres muertes y el número 27 apareciendo dos veces como una señal que nadie sabía leer. Coincidencia. Hay quienes dicen que sí. Hay quienes dicen que la vida a veces es cruel sin razón, pero hay quienes dicen, y entre ellos bis la medium, que no existe tal cosa como la coincidencia cuando el patrón se repite con tanta precisión.
Y Joan Sebastian mismo, según testimonios de personas cercanas a él, lo sabía. Sabía que había algo siguiéndolo. Sabía que su vida estaba marcada por algo que no era solamente mala suerte. Mony vidente, otra de las videntes más respetadas del mundo de habla hispana, reveló tiempo atrás que Joan Sebastián en 2013 fue a verla en el programa Sabadazo y en privado le confió algo escalofriante, que sentía una presencia oscura sobre él.
Que años atrás, en los tiempos difíciles, cuando la fama tardaba en llegar, había hecho promesas. promesas a fuerzas que no eran de este mundo, que había pedido éxito y que el éxito llegó, pero que con él llegó también algo más, algo que se quedó. Moni sacó sus cartas y salió el demonio a Zael. El número 13, el número que Joan Sebastian consideraba su número de la suerte y que según la vidente era la firma de algo que llevaba décadas siguiéndolo.
Cuando Bisla Medium empezó a hablar de Joan Sebastian en aquella transmisión viral, ella no sabía, o quizás sí sabía, que estaba tocando una historia que otros ya habían rozado, pero que nadie había terminado de contar. Pero lo que hizo diferente a Bis no fue hablar de Joan Sebastian solo. Lo que estremeció a todos fue lo que dijo a continuación, que Lucero estaba conectada a todo esto.
Y eso para millones de personas que crecieron viendo a Lucero como la imagen más pura y luminosa de la televisión mexicana fue como un balde de agua helada. Lucero, la mujer que desde niña fue la novia de México, la actriz que protagonizó las telenovelas más vistas de la historia, la cantante que llenó estadios y arenas con su sola presencia.
La mujer que millones de familias mexicanas sentaron en sus salas de estar como si fuera parte de la familia. Esa lucero, esa conexión. Bis dijo que sí y lo que describió no era una conexión de amor en el sentido romántico que muchos esperaban escuchar. Era algo más profundo, algo más antiguo, algo que, según ella, había comenzado mucho antes de que el mundo supiera que existía entre ellos una relación que trascendía lo musical.
Hay energías que se atan entre dos personas, dijo bis, según testimonios de quienes la escucharon. Y cuando esas energías se atan de una forma que no es natural, las consecuencias se sienten en todo lo que los rodea. La transmisión siguió y lo que vino después fue aún más oscuro. Para entender lo que bis insinuó sobre la naturaleza de esa conexión, hay que remontarse a algo que muchos ya habían notado, pero que nadie había unido con este hilo.
La historia entre Lucero y Joan Sebastian es, en apariencia una historia de admiración y colaboración artística. Décadas de trabajo juntos. Canciones escritas por él para la voz de ella. Un disco compartido, un Lu por que usó las iniciales de ambos como título, como si quisiera dejar grabado en el propio nombre del álbum que esto era algo personal, algo íntimo, algo que iba más allá de lo que cualquier contrato discográfico podía explicar.
Cuando presentaron ese disco en 2012, Joan Sebastian lo hizo desde su finca en Juchitán, Morelos. Invitó a los medios. estuvo Lucero a su lado y en un momento de esa presentación, Joan dijo algo que los periodistas apuntaron en sus libretas con una sonrisa cómplice, pero que con los años adquiere un peso diferente.
Dijo que el disco era una representación del amor y la admiración que tenemos el uno por el otro. Amor, no admiración solamente amor. Y Lucero, que llevaba más de un año divorciada de Manuel Mijares en ese momento, estaba ahí a su lado, sonriendo de esa manera que solo ella sabe sonreír. Pero según personas que estuvieron presentes aquel día, había algo en esa sonrisa que no era completamente la sonrisa que el público conocía.
Era una sonrisa que guardaba algo. Los periodistas preguntaron, siempre preguntan, “¿Hay algo más entre ustedes? ¿Son solo amigos? ¿Son pareja?” Y los dos lo negaron. Siempre lo negaron con elegancia, con humor, con esa habilidad que tienen los artistas de primera línea para responder sin responder. Pero bisedium no estaba viendo las entrevistas.
Bis estaba viendo otra cosa. “Lo que yo percibo entre ellos,” dijo Bis, según quienes la escucharon, no empieza en los años que el público conoce, empieza antes, mucho antes. Y aquí es donde la historia se complica, porque si la medium tiene razón, si lo que ella percibe es verdad, entonces lo que ocurrió entre Lucero y Joan Sebastian no fue solamente una relación profesional que quizás se convirtió en algo más personal.
Fue algo que, según bis, involucró energías que se movían en un plano que la mayoría de la gente no puede ver. Hay quienes en el mundo del espectáculo mexicano, personas que conocieron a Joan Sebastián de cerca, que han dicho en privado que el cantante tenía una fascinación por lo espiritual, que iba mucho más allá de la religión católica en la que se había formado.
El mismo Joan Sebastian habló en vida de su número de la suerte, el 13. mandó pintar 13 corazones en su guitarra, 13 letras en su nombre, una numerología que para él tenía un significado que no explicaba completamente en público. Hay quienes dicen que Joan Sebastian no solo creía en la suerte. Hay quienes dicen que Joan Sebastian buscaba activamente fuerzas que le dieran protección, que en los años duros, cuando la fama tardaba y las puertas se cerraban, había acudido a personas que practicaban cosas que la iglesia no aprueba, personas que
trabajan con energías que no tienen nombre en el vocabulario ordinario. Y si Lucero formó parte de ese mundo en algún momento, y si la conexión que bis percibió entre ellos no era solamente emocional, sino algo mucho más profundo, mucho más difícil de deshacer. Esa es la pregunta que nadie quiere hacerse, pero que ya está ahí flotando en el aire desde que Bis habló.
Mientras tanto, en las redes sociales algo estaba pasando que iba más allá del morbo habitual. Cuando las palabras de bis empezaron a circular, cuando los clips de la transmisión comenzaron a compartirse, la reacción de la gente no fue la que normalmente se ve con este tipo de contenido. No fue burla, no fue incredulidad, fue inquietud.
Usuari comenzaron a rescatar entrevistas antiguas de lucero, momentos donde ella mencionaba a Joan Sebastián con una calidez que iba más allá de lo que normalmente se tiene hacia un colega. Momentos donde algo en su mirada, algo en la manera en que pronunciaba su nombre, hacía que el espectador atento se preguntara si había algo más detrás de esa mirada.
Rescataron también las canciones, las canciones que Joan le escribió a ella específicamente, letras que en su momento parecían simplemente hermosas, simplemente poéticas, pero que bajo esta nueva luz adquieren otro peso, como si en esas letras hubiera un mensaje que no estaba destinado al público general. Como si en esas letras Joan le estuviera diciendo algo a ella que solo ella podía entender.
Y hubo algo más, algo que pocos notaron en su momento, pero que ahora resultaba imposible de ignorar. La finca de Joan Sebastian en Juchitán, Morelos. El lugar donde grabaron el álbum Un Lu por el lugar donde Joan vivía, trabajaba, recibía a sus amigos más cercanos. Ese lugar, según personas que lo conocieron en vida, no era solamente una casa de campo.
Era un espacio donde ciertas cosas ocurrían que no salían de sus paredes. reuniones que no aparecían en ningún calendario público, visitas de personas cuya presencia nunca fue explicada, rituales que algunos de sus empleados más antiguos describieron en voz baja con una mezcla de respeto y miedo. Y Lucero estuvo en esa finca, sí, públicamente el día de la presentación del disco, pero según hay quienes dicen, no fue la única vez.
Bisla Medium en aquella transmisión usó una frase que se quedó grabada en la mente de los que la escucharon. Dijo que entre Joan Sebastián y Lucero había habido un intercambio de energías que dejó marcas en ambos. Marcas, esa palabra en boca de una medium de la trayectoria de bis, esa palabra no significa simplemente que se quisieron mucho, no significa que se admiran.
En el lenguaje de lo espiritual, en el lenguaje de las personas que trabajan con energías que no se ven pero se sienten marcas, tiene un significado muy específico. Significa que algo quedó, que algo se transfirió, que algo que comenzó entre dos personas no terminó cuando la relación o la colaboración terminó.
que hay una huella que persiste, que sigue activa, que sigue generando consecuencias en la vida de quienes la portan. Y entonces alguien en la transmisión le preguntó lo que todos querían preguntar. Le preguntaron, “¿Esas marcas tienen algo que ver con las tragedias que vivió Joan Sebastian?” Bis guardó silencio un momento, un silencio que duró apenas unos segundos, pero que se sintió eterno.
Y luego dijo algo que heló la sangre a todos los que estaban escuchando. dijo que lo que ella veía no le correspondía a ella revelarlo completamente, pero que sí podía decir que en la vida de Joan Sebastian hubo momentos, momentos clave donde fuerzas externas intervinieron, momentos donde las decisiones que se tomaron no fueron solamente decisiones humanas, momentos donde algo que no pertenecía a ninguno de los dos, algo que había sido invocado quizás sin plena conciencia de las consecuencias, puso su mano en lo
que ocurrió después. Y esas consecuencias, dijo bis, según quienes la escucharon, todavía no han terminado. Para entender el peso de esas palabras, hay que entender lo que Joan Sebastián vivió en los últimos años de su vida. Porque si hay alguien que conoció el peso de las consecuencias, ese fue él. En 1999, los médicos le dijeron que tenía mieloma múltiple, cáncer de huesos.
Le dieron entre uno y 5 años de vida. Y Joan Sebastian, en lugar de retirarse, en lugar de buscar silencio y paz para sus últimos años, volvió al escenario. Volvió a los caballos. volvió al ruedo como si supiera que el escenario era lo único que lo mantenía vivo, o como si algo lo obligara a seguir moviéndose, a seguir trabajando, a no detenerse jamás.
Sus médicos le advirtieron que si no dejaba de montar caballos, le quedaban apenas seis o 7 años más. Y Joan Sebastian los escuchaba y luego iba al rancho y montaba a escondidas. como si no pudiera parar, como si parar fuera a morir antes de tiempo. Su hijo José Manuel lo dijo de una manera que se quedó grabada.
Mi papá no murió de cáncer, murió de los golpes que le dio la vida en el corazón. Pero, ¿qué tipo de golpes son esos? ¿De dónde venían? ¿Eran solamente la crueldad del destino o eran algo más? Bisla Medium tiene su respuesta y esa respuesta involucra a Lucero de una manera que nadie había imaginado. Hay algo que los seguidores más atentos de la carrera de lucero han notado durante años.
Algo que está ahí visible para quien quiera verlo, pero que siempre se explicó de manera sencilla, de manera racional. Y es esto. En los momentos más difíciles de la vida de Joan Sebastian, Lucero siempre aparecía. No de manera escandalosa, no de manera que nadie pudiera señalar y decir, “Mira, ahí está”, sino de manera sutil.
una nueva colaboración que se anunciaba justo cuando él pasaba por una crisis de salud, una declaración pública de apoyo que llegaba en momentos donde él estaba más vulnerable. Una cercanía que aumentaba precisamente cuando todo a su alrededor se oscurecía. Era amor, era lealtad artística, era algo más. Hay quienes que conocieron a los dos dicen que entre ellos existía algo que nunca tuvo nombre, una atracción que ninguno de los dos quiso o pudo convertir en algo concreto.
Una historia que se quedó a medias, incompleta, sin resolución. [carraspeo] Y hay quienes dicen que las historias que se quedan incompletas son las que más pesan, las que más energía consumen, las que más consecuencias generan en las personas que las cargan. Bisla medium habló de todo esto y cuando llegó a la parte más oscura de su revelación, cuando llegó a lo que ella llamó el momento donde todo cambió, algo en la transmisión se volvió diferente.
Algo en su tono de voz bajó un registro. Algo en sus ojos mostró por primera vez esa noche algo que podría haberse llamado miedo. ¿Y eso que dijo? Eso que dijo cuando su voz bajó y sus ojos cambiaron es lo que nadie estaba esperando escuchar. Hay algo que el cuerpo no puede esconder aunque la voz intente mantener la calma.
Eso fue lo que ocurrió con Bisla Medium cuando llegó a la parte que ella misma llamó el momento donde todo cambió. Y quienes la estaban viendo en esa transmisión en vivo lo notaron. Los comentarios en tiempo real lo registraron. La gente preguntaba, “¿La ven? ¿Ven cómo cambió?” Y Bis, que lleva años trabajando con energías que la mayoría de la gente prefiere no tocar, respiró profundo y dijo algo que muchos esperaban que no dijera.
dijo que en la vida de Joan Sebastian hubo un periodo, un periodo específico que ella ubicó en los años 90, donde algo ocurrió que no fue simplemente una decisión humana. dijo que hubo intervención, que alguien o algo puso su influencia en el camino de ese hombre y que esa influencia no llegó sola, llegó a través de alguien que estaba cerca de él, alguien que quizás ni siquiera entendía completamente lo que estaba haciendo parte.
“Hay personas que son puertas”, dijo bis quienes la escucharon, y no siempre saben que lo son. Los años 90 para Joan Sebastian fueron en apariencia sus mejores años. fue cuando se consolidó como el rey del jaripeo, cuando sus presentaciones se convirtieron en espectáculos que nadie había visto en la música regional mexicana con toros, caballos, jinetes, fuego, todo combinado en una producción que dejaba a los asistentes sin aliento, cuando los discos vendían millones, cuando su nombre era el más pedido en las radios de todo México y de toda la
comunidad hispana en Estados Estados Unidos, pero también fue la época de sus relaciones más complicadas, la época de Maribel Guardia, la actriz y ex Miss Costa Rica, que se enamoró de él y a quien él le fue infiel de la manera más pública posible. La época de Alina Espino, la joven que se convirtió en su compañera definitiva.
La época de Erika Alonso, con quien tuvo 12 años de relación que terminaron, según ella misma dijo, porque se hartó de sus infidelidades. Un hombre que necesitaba estar enamorado para relacionarse con una mujer. Eso fue lo que dijo su propio hermano Federico, que Joan necesitaba estar enamorado, que no era un hombre frío, que era un hombre que amaba intensamente, que se entregaba completamente y luego buscaba otra intensidad.
Y en medio de todas esas relaciones, de todos esos amores y esas traiciones y esas rupturas, siempre estuvo lucero, no de manera visible. No de manera que nadie pudiera señalar, pero ahí Bis habló de algo específico. Habló de la finca de Cuernavaca, el rancho Las Palmas, que Joan Sebastian había comprado al padre de Salma Hayek y que era, según quienes lo conocieron, el espacio donde él era más él mismo.
el escenario, no los estudios de grabación, la finca, el lugar donde recibía a las personas que realmente importaban, el lugar donde la guardia bajaba y donde las conversaciones se volvían reales. Según bis y según hay quienes afirman que conocieron ese rancho por dentro, en ese lugar ocurrían cosas que no tenían explicación ordinaria.
El mismo Joan Sebastián lo había dicho públicamente en más de una ocasión, que en ese rancho sentía presencias, que no estaba solo cuando caminaba por sus pasillos en las noches. Lo decía con humor, con esa ironía que lo caracterizaba, pero el humor no borraba lo que decía. Y Lucero estuvo en ese rancho, estuvo en ese espacio, estuvo en el lugar donde según bis se concentraban energías que Joan Sebastian había convocado durante años con sus rituales, con sus promesas, con sus peticiones a fuerzas que no pertenecen
al mundo ordinario. Ella lo sabía, sabía lo que estaba entrando cuando cruzaba las puertas de ese lugar. Bis no lo dijo directamente, pero dijo algo que era casi peor que decirlo directamente. Dijo que las energías de ese lugar no preguntan si uno sabe o no sabe. Dijo que cuando alguien entra en un espacio cargado así, algo siempre se lleva consigo.
Algo que no puede devolverse, algo que queda. Ahora bien, hay una pregunta que los seguidores de Lucero se hacen desde hace años. Una pregunta que parece pequeña, pero que tiene un peso enorme. Y es esta. ¿Por qué Lucero, que en los años 90 era la estrella más brillante del firmamento artístico mexicano? No tenía una vida sentimental estable.
Sí, estaba Manuel Mijares, el hombre con quien se casó en 1997, con quien tuvo dos hijos, con quien construyó la imagen de pareja perfecta que México entero celebró durante años. Pero los que estaban cerca de ella durante esa época, los que la conocían de verdad, dicen que había algo en lucero que nunca terminó de estar completamente en ese matrimonio.
Algo que estaba mirando hacia otro lado, algo que tenía la cabeza y quizás el corazón en un lugar que no era la casa que compartía con Mijares. Y si ese lugar era otro rancho? Y si ese lugar era otro hombre. Hay quienes dicen que sí. Hay quienes dicen que la relación entre Lucero y Joan Sebastian nunca fue solamente profesional y que en ciertos periodos de sus vidas fue mucho más que eso.
Pero lo que nadie había dicho, lo que nadie se había atrevido a poner en palabras públicamente era que esa relación tenía una dimensión que iba más allá de lo romántico. Isla Medium lo dijo. Y lo que dijo cambió la manera en que muchos comenzaron a ver una historia que creían conocer. “Lo que yo percibo”, dijo Bis, según quienes la escucharon, “es que hubo un momento en que entre ellos se realizó algo que no debía realizarse.
Se realizó esas dos palabras. En el lenguaje de las personas que trabajan con lo espiritual. Realizar tiene un significado muy preciso. No significa simplemente hacer, significa llevar algo de un plano a otro. Significa que algo que existía como energía, como intención, como posibilidad, fue convertido en algo concreto.
Fue anclado en la realidad, fue sellado de alguna manera. ¿Qué se realizó entre Joan Sebastián y Lucero? ¿Qué fue lo que se realizó que según Bis no debía realizarse? Bis no lo detalló completamente. Dijo que no era el momento, que había cosas que aún debían permanecer en el silencio por el bien de personas que todavía están vivas.
Pero lo que sí dijo fue esto, y hay quienes lo recuerdan palabra por palabra. Lo que se hizo en ese espacio, en ese tiempo, con esa intención tuvo un precio y ese precio no lo pagó quien lo inició. El precio no lo pagó quien lo inició. ¿Quién lo inició? ¿Quién pagó el precio? Los hijos, la enfermedad. algo que todavía no ha terminado de manifestarse.
La transmisión siguió y lo que Bis dijo a continuación tocó un tema que nadie esperaba que tocara, porque pasó de hablar de Joan Sebastian a hablar de Lucero y lo que dijo de Lucero fue lo que realmente partió en dos la historia. Lucero, en la percepción pública, es intocable. Siempre lo ha sido.

Es una de esas figuras que México construyó con tanto amor, con tanta proyección, con tanto deseo colectivo de tener a alguien puro y brillante que encarnara la ilusión de que la inocencia puede sobrevivir en la industria del espectáculo. Desde niña fue así. Desde que apareció en las telenovelas siendo casi una bebé, con esa sonrisa que desarmaba a cualquiera, México decidió que Lucero era suya, que era la novia del país, que era algo que había que proteger.
Y esa imagen se mantuvo durante décadas a través de sus telenovelas, de sus canciones, de su matrimonio, de sus hijos, de su divorcio, que el público vivió como una tragedia personal. Lucero siempre fue lucero, la luminosa, la impecable, la que nunca fallaba. Pero Bisla Medium dijo algo que hizo temblar esa imagen.
No la destruyó, no lanzó una acusación directa, pero dijo algo que sembró una pregunta que una vez sembrada no puede arrancarse. Dijo que Lucero en algún momento de su vida se vio envuelta en una situación que no eligió completamente, que entró a un espacio que la marcó de maneras que ella misma probablemente no comprende del todo.
¿Qué hay en su energía? Capas que no pertenecen a su luz natural. Capas que no pertenecen a su luz natural. ¿Qué significa eso? ¿Qué es lo que Bis estaba percibiendo en la energía de Lucero que la llevó a decir algo así en público? Para entender lo que bis describía, hay que entender algo sobre cómo funciona la energía de un artista de ese nivel.
Hay quienes en el mundo espiritual hablan de que los artistas muy grandes, los que acumulan el amor y la adoración de millones de personas, también acumulan cosas que no son amor, también acumulan envidias, deseos oscuros, proyecciones de personas que los quieren para sí y que usan métodos que la racionalidad no puede explicar para acercarse a ellos.
En la industria del espectáculo mexicano, esto no es un secreto. Las personas que llevan décadas en ella lo saben, lo hablan en privado, lo reconocen con una naturalidad que sorprende a los que vienen de afuera. Hay trabajos, hay limpias, hay cosas que se hacen para atraer y cosas que se hacen para alejar.
Y hay cosas que se hacen para atar. para atar a alguien a uno, para que esa persona no pueda irse del todo aunque quiera, para que aunque la vida lo separe, aunque los años pasen, aunque haya otros amores y otras historias, algo siempre los jale de regreso. Joan Sebastian sabía de eso indica que sí. Todo indica que Joan Sebastian navegó en esas aguas desde muy joven, que su fascinación con el número 13, con los rituales, con las promesas a fuerzas que no se nombran en voz alta, no era solamente superstición de rancho, era
algo más elaborado, algo que aprendió, algo que practicó. Y Lucero, ¿era Lucero la que ató o la que fue atada? Esa es la pregunta que Bis dejó flotando sin responder completamente, pero ahí imposible de ignorar. Mientras todo esto se debatía en las redes, mientras los clips de la transmisión circulaban y la gente comenzaba a buscar en archivos y en memorias cosas que quizás siempre habían estado ahí, algo más salió a la superficie.
Alguien compartió una entrevista antigua, una entrevista que Joan Sebastian había dado hace muchos años, donde habló de algo que en su momento fue interpretado como una anécdota simpática, pero que ahora con esta nueva perspectiva sonaba diferente. En esa entrevista, Joan Sebastian habló de sus caballos, de su caballo favorito, al que llamaba El Padrino, un Corcel blanco andaluz que valía 55000 y al que Joan Sebastian trataba con una devoción que sus empleados describían como algo que iba más allá del amor por
un animal, algo que parecía un vínculo de otra naturaleza. El padrino murió cinco días antes que Joan Sebastian. 5co días. Como si el animal hubiera abierto el camino, como si los dos estuvieran conectados por un hilo que el ojo humano no puede ver. Visla medium, cuando alguien en la transmisión le mencionó esto, no dijo nada por un momento y luego dijo simplemente, “Eso no fue una coincidencia, pero la parte más perturbadora de todo lo que bis reveló esa noche no tenía que ver con rituales, ni con caballos, ni
con fincas cargadas de energías. tenía que ver con algo mucho más concreto, algo que tocaba la vida cotidiana de Lucero de una manera que sus fans no podían ignorar. Bis dijo que las consecuencias de esa conexión que no pertenecía a este plano no terminaron con la muerte de Joan Sebastian, que siguen activas, que se manifiestan, que hay momentos en la vida de Lucero, momentos específicos que sus seguidores más atentos pueden identificar si saben qué buscar, donde se ve el peso de algo que ella carga y que no logra sacarse.
Momentos donde Lucero, siendo la artista que es, siendo la mujer que es, siendo la persona más luminosa de su generación, se ve opacada por algo que no logra nombrarse. Momentos donde su energía, según bis, choca con algo que no le pertenece, pero que lleva consigo. ¿Y qué hace Lucero con eso? lo sabe. Ha buscado ayuda para liberarse de algo que quizás ni siquiera reconoce completamente.
Bis dijo que lo que ella percibía era que Lucero ha buscado, ha intentado, pero no ha podido del todo. que hay vínculos que requieren más que voluntad para romperse, que lo que se ata con cierto tipo de intención necesita del mismo tipo de fuerza para desatarse. Y esa fuerza, dijo bisnedor de lucero le ha podido dar todavía.
En las redes sociales, mientras todo esto circulaba, surgió algo inesperado. No fue un ataque a lucero, no fue el tipo de reacción feroz que normalmente sale cuando alguien toca a una figura querida. Fue algo diferente. Fue preocupación. Sus fans, las mujeres que la han seguido durante décadas, las que la vieron crecer desde aquella niña sonriente hasta la mujer poderosa que es hoy, empezaron a preguntarse cosas que nunca se habían preguntado, a recordar momentos donde Lucero parecía cansada de una manera que no se
explicaba con el trabajo, momentos donde algo en sus ojos no coincidía con la sonrisa. momentos que pasaron por alto porque nadie estaba buscando verlos y comenzaron también a hacer algo más. comenzaron a buscar las canciones, las canciones que Joan Sebastian le escribió específicamente a ella a lo largo de los años y las escucharon de nuevo con oídos diferentes con la pregunta de bis flotando en el fondo de su mente y lo que encontraron los dejó sin palabras.
Porque en esas canciones había algo que antes había pasado desapercibido, algo que estaba en las letras escondido en el lenguaje poético de Joan Sebastian, que ahora sonaba diferente. Sonaba como si él estuviera describiendo no solo un amor, sonaba como si estuviera describiendo una conexión que él mismo sentía que iba más allá de lo normal, como si en esas letras él le estuviera diciendo que lo que había entre ellos no era simplemente algo que se podía elegir o dejar de elegir, que era algo que ya estaba, que siempre
había estado, que estaría, aunque ambos lo negaran. Y entonces ocurrió algo más que nadie había planeado. Alguien recuperó una entrevista de lucero donde ella hablaba de Joan Sebastian después de su muerte. una entrevista donde le preguntaban cómo lo recordaba, qué significaba para ella su ausencia, cómo había vivido ese momento.
Y Lucero, que es una mujer de palabras elegidas, que nunca dice más de lo que quiere decir, respondió algo que en su momento pareció normal, pero que ahora, bajo esta nueva luz, resonaba diferente. Dijo que Joan Sebastian era alguien que había dejado una huella muy profunda en ella. que su ausencia se sentía de maneras que no siempre podía explicar, que había cosas de él que no terminaban de irse, que no terminaban de irse.
Lo dijo pensando en canciones, en recuerdos, en el legado artístico. Probablemente. Esa es la explicación más sencilla. Esa es la explicación que la razón ofrece. Pero Bisla Medium escuchó esas palabras y dijo algo que heló la transmisión. Ella misma lo siente, aunque no sepa exactamente lo que está sintiendo.
La transmisión de bisedium duró horas y en esas horas habló de muchas cosas, tocó muchos temas, conectó con muchas energías, pero el momento que la gente guardó, el momento que se volvió viral, el momento que sigue circulando semanas después, fue ese. Fue el momento donde bis, con esa calma que solo tienen las personas que de verdad ven lo que no se puede ver, dijo que entre Sebastián y Lucero había una historia que el público nunca conoció completamente.
Una historia que tenía capas, una historia que involucraba cosas que la industria del espectáculo prefiere no tocar. Una historia que, según ella, dejó consecuencias que todavía se manifiestan. inventó todo esto, lo exageró. Hay en sus palabras algo que se puede verificar, algo que se puede probar, algo que se puede rastrear en la realidad concreta.
Esas son preguntas que cada quien debe hacerse. Esas son preguntas que el tiempo quizás responda o quizás no, porque hay historias que prefieren vivir en el espacio entre lo que se puede probar y lo que se puede sentir. Y esta definitivamente es una de ellas. Pero hay algo que nadie puede negar, algo que está ahí, independientemente de lo que cada quien crea sobre mediums y energías y rituales.
Joan Sebastian y Lucero tuvieron una conexión que duró décadas, una conexión que los unió musicalmente, que los mantuvo cercanos en los momentos más importantes de sus carreras, que generó especulaciones que ninguno de los dos terminó de desmentir del todo. Una conexión que Joan Sebastian mismo describió públicamente como amor.
Y Joan Sebastian fue un hombre al que la vida le cobró cosas que muy poca gente puede comprender. Un hombre que perdió dos hijos de manera violenta. Un hombre que batalló 16 años contra un cáncer que los médicos dijeron que lo mataría en cinco. Un hombre que siguió montando caballos sabiendo que podía matarlo.
un hombre que seguía trabajando a pesar de todo, porque según él mismo dijo, sentía que si paraba algo malo pasaría. ¿Qué sabía Joan Sebastian que no decía? ¿Qué cargaba que no podía soltar? ¿Qué lo mantenía en movimiento constante como si detenerse fuera lo más peligroso que podía hacer? Bis la medium tiene su teoría y esa teoría incluye a Lucero.
Y esa teoría, aunque nadie pueda probarla, aunque nadie pueda refutarla, aunque viva en ese espacio entre lo real y lo que está más allá de lo real, es lo que no te deja dormir bien después de escucharla. Pero hay algo más, algo que bis dijo al final de esa parte de la transmisión, algo que los que estaban escuchando tardaron un momento en procesar.
Dijo que el hilo no terminaba en Joan Sebastián. Dijo que el hilo seguía, que hay personas en la vida de Lucero hoy, personas que la rodean hoy, que llevan rastros de esa misma energía. que el ciclo que comenzó en esos años no ha cerrado, que hay algo pendiente, algo que espera. Esto no ha terminado dijo Bis.
Y Lucero lo va a sentir pronto, de una manera que no va a poder ignorar. Esas palabras cayeron en silencio, en la transmisión, en los comentarios, en la mente de los que las escucharon. Y la pregunta que quedó flotando, la pregunta que nadie pudo sacudirse fue esta. ¿De qué manera? ¿Cuándo? ¿Ya ocurrió o está por venir? Porque cuando Visla Medium dice que algo va a pasar, hay quienes dicen que más vale poner atención.
Las palabras que Visedium dijo en aquella transmisión son de ese tipo. Las que dijeron que el ciclo no había cerrado, las que dijeron que lucero iba a sentirlo pronto, las que dijeron que había algo pendiente, algo que espera. Y la gente, miles de personas que la escucharon, no pudo sacudírselas. Porque cuando alguien con el historial de bisa, certeza, con esa calma, con esa mirada que mira más allá de la pantalla, uno no puede simplemente cambiar el canal.
Para entender completamente lo que Bis reveló, hay que regresar a un momento específico de la historia de Joan Sebastián, un momento que la mayoría de la gente conoce como un dato biográfico, como un hecho cronológico, pero que bis interpretó de una manera que nadie había considerado. El año 1999, el año en que los médicos le dijeron a Joan Sebastián que tenía cáncer, mieloma múltiple, cáncer de huesos, uno de los diagnósticos más devastadores que puede recibir un ser humano.
¿Qué estaba pasando en la vida de Joan Sebastian en 1999? ¿Qué había ocurrido en los años inmediatamente anteriores? Había terminado su relación con Maribel Guardia, había comenzado su relación con Alina Espino, había alcanzado la cima de su carrera, tenía dinero, tenía fama, tenía todo lo que un hombre de sus orígenes podía haber soñado tener.
Y en ese momento exacto llegó el cáncer, en el momento de la cima, en el momento donde debería haber sido solo alegría y cosecha de todo lo sembrado. Bis la Medium, cuando habló de este momento, dijo algo que la transmisión entera se quedó escuchando en silencio. Dijo que el cáncer de Joan Sebastián no era solamente una enfermedad del cuerpo.
dijo que era también una manifestación, que las energías que se habían movilizado durante años, que los acuerdos que se habían hecho, que los vínculos que se habían creado de maneras que la medicina no puede ver, eventualmente tienen que cobrar. El cuerpo, dijo bis, según quienes la escucharon, siempre muestra lo que el alma está cargando.
¿Y qué cargaba el alma de Joan Sebastián? ¿Qué cargaba ese hombre que nació pobre en una sierra de guerrero, que soñó con ser cura y terminó siendo el artista más premiado de su generación? cargaba sus muertes, sus [resoplido] pérdidas, sus infidelidades, sus promesas rotas y sus promesas cumplidas, sus rituales y sus acuerdos y sus peticiones a fuerzas que cuando responden no lo hacen de manera gratuita.
y cargaba, según bis, algo que tenía que ver con Lucero, algo que él mismo no supo soltar, algo que lo siguió hasta el final. Hay un dato que pocos conocen sobre los últimos años de Joan Sebastian, un dato que sus personas más cercanas mencionaron en voz baja sin dar demasiados detalles. Y es que Joan Sebastian en los últimos meses de su vida hablaba de lucero con una frecuencia inusual.
No de manera romántica, dicen quienes lo escucharon, no con melancolía de amor no correspondido, con algo diferente, con algo que sonaba más a preocupación, como si pensara en ella, como si algo en él quisiera asegurarse de que ella estuviera bien, como si sintiera que había dejado algo sin resolver. Era culpa.
Era el presentimiento de alguien que sabe que se está yendo y quiere cerrar cuentas pendientes. O era algo más, algo que bis describiría como el tirón de una energía que todavía los conectaba, aunque él estuviera en sus últimos días. No hay manera de saberlo con certeza. Las personas que estuvieron con él al final están dispersas y los que hablan lo hacen con cuidado, con ese cuidado que tienen, quienes saben que hay cosas que no conviene decir demasiado alto.

Pero bis sí dijo algo al respecto. Dijo que en la energía de los últimos días de Joan Sebastian había un intento de soltar algo que no estaba completamente listo para soltarse. que había una conversación pendiente que nunca ocurrió, que hay momentos donde las cosas que no se dicen pesan más que las que sí se dicen.
Y esa conversación que nunca ocurrió, según bis, es una de las razones por las que el hilo sigue activo, por las que la energía no terminó de liberarse cuando él murió, por las que lucero, aunque él ya no esté, aunque hayan pasado años, aunque el mundo haya seguido girando, todavía lo lleva consigo. Ahora bien, hay algo en todo esto que necesita ser dicho con claridad, algo que no puede dejarse pasar.
Y es que Lucero nunca respondió a estas revelaciones de bis la medium, no porque no las conociera. Las redes se encargaron de hacérselas llegar. Los periodistas se encargaron de hacer las preguntas. El ruido fue suficientemente grande como para que llegara a oídos de cualquiera. Pero Lucero eligió el silencio y ese silencio que en otra persona podría interpretarse como simple dignidad o como la decisión razonable de no darle oxígeno a algo que se alimenta de la atención.
En esta historia específica, dado todo lo que bis había dicho sobre el silencio como mecanismo de protección de ciertos secretos, ese silencio se lee de otra manera. Hay quienes dicen que el silencio fue lo más inteligente, que responder hubiera dado más vida al tema, que Lucero simplemente eligió no jugar ese juego. Pero hay quienes dicen, y entre ellos bis la medium antes de que la transmisión terminara, que el silencio no siempre significa que algo no es verdad, que a veces el silencio es la única respuesta que se puede dar cuando uno no quiere mentir, pero tampoco puede
decir la verdad. ¿Y qué no podría decir Lucero? ¿Qué es lo que no puede negarse completamente ni confirmarse públicamente? La transmisión de Bis llegó a su parte más densa, la parte que más gente rescató y compartió cuando alguien le preguntó directamente, “¿Lucero está en peligro?” Y bis, que durante toda la transmisión había sido cuidadosa con sus palabras, que había insinuado sin afirmar, que había señalado sin acusar, respondió a esa pregunta de una manera que no era ni sí ni no. pero que se sentía como una
alarma. dijo que el peligro no era de los que se ven en la calle, no era de los que se pueden evitar con seguridad o con cuidado. Dijo que el tipo de peligro que ella percibía en la energía de lucero era del tipo que viene desde adentro, que viene de cargar algo demasiado tiempo sin saber cómo soltarlo, que viene de que el cuerpo y el alma acumulan lo que la mente prefiere no mirar.
No le deseo mal”, dijo Bis con una claridad que nadie pudo cuestionar. Lo que yo veo lo digo porque creo que ella necesita atención, no la de los médicos, la otra, la otra atención, la que trabaja con lo que los médicos no pueden ver, la que limpia lo que no se limpia con medicamentos, la que rompe lo que no se rompe con voluntad sola.
¿Buscaría lucero esa atención? la busca. Ya hay en su vida, detrás de la imagen impecable que el público ve, alguien que trabaja con ella en esas capas que bis describió como ajenas a su luz natural. No hay respuesta pública para esas preguntas. No la hay y probablemente no la habrá pronto, porque esas son las respuestas que no se dan en entrevistas, ni en redes sociales, ni en ningún espacio donde el mundo pueda escuchar.
Esas son las respuestas que se viven en privado, en silencio, en esa parte de la vida que las personas famosas guardan con más celo que cualquier otra cosa. Pero hay algo que si puede decirse, algo que está disponible para cualquiera que quiera mirarlo. Y es la trayectoria de Lucero desde la muerte de Joan Sebastian hasta hoy.
Lucero ha seguido, ha seguido trabajando, actuando, cantando, [carraspeo] siendo la artista que siempre ha sido. ha lanzado proyectos, ha hecho giras, ha aparecido en televisión con esa energía que la caracteriza. Pero hay algo que sus seguidores más cercanos, los que la han seguido desde el principio, dicen que han notado una sutil diferencia.
No en su trabajo que sigue siendo impecable, no en su dedicación que nunca ha flaqueado, sino en algo más difícil de definir, en momentos donde la sonrisa que todos conocen parece estar tapando algo en instantes donde sus ojos van a algún lugar que no está en la cámara, en la manera en que a veces cuando alguien le pregunta por Joan Sebastián, algo cruza.
por su cara antes de que la respuesta llegue. Algo que no es tristeza ordinaria, algo que es más complejo que eso, algo que una persona que ha pasado por lo que bis describió portaría consigo de exactamente esa manera. O quizás no es nada de eso. Quizás es simplemente el peso normal de perder a alguien que fue importante.
Quizás es el duelo ordinario de una artista que perdió a un colaborador y amigo que fue central en su carrera. Las dos explicaciones existen y cada persona que mira esos momentos tiene que decidir con cuál de ellas puede vivir. Hay algo más que bis dejó caer hacia el final de esa parte de la transmisión. algo que pasó casi desapercibido en el mar de todo lo que se había dicho antes, pero que para los que lo escucharon fue quizás lo más perturbador de todo.
Dijo que Joan Sebastián, desde donde está ahora no está en paz completa. Dijo que hay almas que no pueden descansar del todo cuando quedan cosas sin resolver en el mundo que dejaron. Cuando hay hijos que siguen en conflicto, cuando hay propiedades que siguen en disputa, cuando hay vínculos que no se cortaron correctamente, cuando hay conversaciones que se quedaron sin tener y de todas las cosas sin resolver en la historia de Joan Sebastián, de todos los hilos sueltos que quedaron después de su muerte, bis señaló uno en particular,
uno que para ella era el que pesaba más. El que mantenía esa inquietud en el espíritu de un hombre que merecía descansar. No fue la herencia, no fue la disputa de sus hijos, no fue ninguna de las controversias públicas que rodearon su nombre en vida y después de muerto. fue el lucero, fue esa historia sin final, esa conversación que nunca ocurrió, ese vínculo que se creó de una manera que no debía haberse creado y que nunca fue desatado de la manera correcta.
Él la sigue protegiendo, dijo bis según quienes la escucharon. Eso es lo que yo veo, que desde donde está sigue pendiente de ella. Eso no es amor solamente, eso es algo más, algo que lo ata tanto a él como a ella. Algo que ninguno de los dos ha soltado completamente. ¿Y qué significa eso para los vivos? ¿Qué significa para Lucero que el hombre que bis describe como alguien que la protege desde el otro plano lleve años haciéndolo sin que ella lo sepa? O quizás sabiéndolo, pero sin saber qué hacer con eso.
Significa, según la medium, que hay una deuda pendiente, no de dinero, no de favores, una deuda de otro tipo. La deuda que se genera cuando alguien te da algo de sí mismo que no se puede devolver, cuando alguien te ata una manera que deja marcas. Cuando alguien, aunque ya no esté en este mundo, sigue siendo parte de lo que eres.
¿Cómo se paga esa deuda? ¿Se puede pagar? ¿Hay algo que lucero pudiera hacer? ¿Algún gesto, alguna conversación, algún ritual de cierre que liberara a ambos? Bis dijo que sí hay manera, que siempre hay manera, pero que requiere que Lucero reconozca primero lo que lleva consigo, que lo nombre, que no lo siga empujando al rincón de la memoria, donde van las cosas que duelen demasiado para mirarse directamente.
La luz no se puede recuperar completamente, dijo bis hasta que uno enfrenta lo que la empañó. Lucero, la más luminosa de su generación, con algo que la empañó, algo que tiene nombre, algo que tiene historia, algo que empieza y termina en un rancho de Morelos, en una finca con alberca y capilla y caballerizas, en las noches donde alguien que ya no está seguía siendo el poeta más inquieto de la música mexicana.
Hay una última cosa que bis dijo en aquella transmisión, una cosa que muchos pasaron por alto porque llegó al final cuando el cansancio y la sobrecarga emocional de todo lo que se había dicho hacían difícil procesar algo más, pero que para los que la escucharon con atención fue quizás la parte más importante de todo.
dijo que lo que ella revelaba no era para alarmar, no era para generar miedo, ni morbo, ni especulación sin sentido. Dijo que lo revelaba porque hay cosas que necesitan salir a la luz para poder sanar, que hay historias que el silencio mantiene vivas de maneras que dañan a los que las cargan. dijo que si alguien que conoce a Lucero, alguien que está cerca de ella, llega a escuchar esto, que le diga que hay alguien que la ve, que hay alguien que sabe lo que lleva, que hay ayuda, que hay manera de soltar lo que no le
pertenece, que la luz siempre puede recuperarse siempre. Y con esas palabras terminó esa parte de la transmisión. con una mezcla de revelación y advertencia y esperanza que nadie que la escuchó pudo ignorar completamente. Era todo esto verdad. Bisla Medium estaba viendo algo real, algo que ocurrió, algo que todavía se mueve entre las vidas de estas personas.
O estaba construyendo una narrativa poderosa con los materiales que la historia pública de dos artistas famosos le ofrecía. Esa pregunta no tiene respuesta sencilla, nunca la tiene cuando se habla de cosas que viven en el espacio entre lo que se puede ver y lo que solamente se puede sentir. Pero lo que sí es cierto es esto.
Joan Sebastian fue un hombre cuya vida estuvo marcada por fuerzas que él mismo no supo siempre nombrar. Un hombre que perdió demasiado, que amó demasiado, que pidió demasiado a fuerzas que no son gratuitas y que murió con el corazón roto, no por el cáncer, sino por los golpes que la vida le dio en él. Y lucero, brilló a su lado de maneras que el público vio y de maneras que el público no vio, sigue aquí, sigue trabajando, sigue siendo la artista que siempre ha sido, pero según bis la medium no llega completamente sola a ningún lugar, llega
con algo, con alguien, con una historia que no encontró su final natural. Y ese peso se nota, se puede ver en ella, está en su sonrisa, en sus ojos, en la manera en que pronuncia ese nombre cuando alguien se lo pregunta. Hay quienes dicen que sí, que si sabes qué buscar, lo ves, que si has escuchado lo que bis reveló y luego la miras con esos ojos, ya no puedes, mírala igual.
Y eso, precisamente eso es lo más poderoso de lo que Bisla Medium destapó. No una acusación, no un escándalo, sino una mirada diferente sobre una historia que creíamos conocer. Una historia que, como todas las historias que importan de verdad, es mucho más grande y mucho más oscura por dentro de lo que parecía desde afuera.
Y si quieres seguir adentrándote en los misterios más oscuros que rodean la historia de Joan Sebastian y su familia, no puedes perderte el vídeo que ya está en el canal. brujo mayor de Catemaco, revela que Julián Figueroa fue ofrecido a un demonio. Porque lo que Bisla Medium insinuó aquí no es nada comparado con lo que ese brujo dijo sobre el hijo menor de Joan Sebastian y lo que supuestamente ocurrió en aquellas ceremonias que nadie quería que salieran a la luz.
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