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BIS LA MEDIUM DESTAPA lo que pocos sabían sobre LUCERO y JOAN SEBASTIAN

Pero en aquella época nadie hacía preguntas. En aquella época, México no era el país que es hoy, donde todo se publica, donde todo se filtra, donde nada puede mantenerse en secreto por mucho tiempo. En aquella época los secretos podían vivir años, décadas. Joan Sebastián, para quienes no lo recuerdan bien, no era solamente un cantante, era una fuerza de la naturaleza, un hombre que había nacido en la pobreza más absoluta en un pueblo de la sierra de Guerrero llamado Juliantla, donde de niño montaba burro para llevar leche al

mercado. un hombre que desde los 7 años ya componía canciones, que estudió en el seminario para ser sacerdote y terminó siendo el rey del jaripeo, que acumuló más premios Gramy que cualquier otro artista mexicano en la historia, pero también era un hombre rodeado de sombras, un hombre al que la vida le arrancó dos hijos de una manera tan brutal que nadie que lo conociera pudo explicarlo racionalmente.

Trigo, asesinado a los 27 años en Texas, con una bala en la cabeza, muriendo en brazos de su propio padre. Juan Sebastián, asesinado a los 32 años en Cuernavaca, con un narcomensaje después que nadie supo interpretar con claridad. Y años más tarde, Julián, su hijo con Maribel Guardia, muriendo también a los 27 años de un infarto que muchos encontraron imposible de creer.

Tres hijos, tres muertes y el número 27 apareciendo dos veces como una señal que nadie sabía leer. Coincidencia. Hay quienes dicen que sí. Hay quienes dicen que la vida a veces es cruel sin razón, pero hay quienes dicen, y entre ellos bis la medium, que no existe tal cosa como la coincidencia cuando el patrón se repite con tanta precisión.

Y Joan Sebastian mismo, según testimonios de personas cercanas a él, lo sabía. Sabía que había algo siguiéndolo. Sabía que su vida estaba marcada por algo que no era solamente mala suerte. Mony vidente, otra de las videntes más respetadas del mundo de habla hispana, reveló tiempo atrás que Joan Sebastián en 2013 fue a verla en el programa Sabadazo y en privado le confió algo escalofriante, que sentía una presencia oscura sobre él.

Que años atrás, en los tiempos difíciles, cuando la fama tardaba en llegar, había hecho promesas. promesas a fuerzas que no eran de este mundo, que había pedido éxito y que el éxito llegó, pero que con él llegó también algo más, algo que se quedó. Moni sacó sus cartas y salió el demonio a Zael. El número 13, el número que Joan Sebastian consideraba su número de la suerte y que según la vidente era la firma de algo que llevaba décadas siguiéndolo.

Cuando Bisla Medium empezó a hablar de Joan Sebastian en aquella transmisión viral, ella no sabía, o quizás sí sabía, que estaba tocando una historia que otros ya habían rozado, pero que nadie había terminado de contar. Pero lo que hizo diferente a Bis no fue hablar de Joan Sebastian solo. Lo que estremeció a todos fue lo que dijo a continuación, que Lucero estaba conectada a todo esto.

Y eso para millones de personas que crecieron viendo a Lucero como la imagen más pura y luminosa de la televisión mexicana fue como un balde de agua helada. Lucero, la mujer que desde niña fue la novia de México, la actriz que protagonizó las telenovelas más vistas de la historia, la cantante que llenó estadios y arenas con su sola presencia.

La mujer que millones de familias mexicanas sentaron en sus salas de estar como si fuera parte de la familia. Esa lucero, esa conexión. Bis dijo que sí y lo que describió no era una conexión de amor en el sentido romántico que muchos esperaban escuchar. Era algo más profundo, algo más antiguo, algo que, según ella, había comenzado mucho antes de que el mundo supiera que existía entre ellos una relación que trascendía lo musical.

Hay energías que se atan entre dos personas, dijo bis, según testimonios de quienes la escucharon. Y cuando esas energías se atan de una forma que no es natural, las consecuencias se sienten en todo lo que los rodea. La transmisión siguió y lo que vino después fue aún más oscuro. Para entender lo que bis insinuó sobre la naturaleza de esa conexión, hay que remontarse a algo que muchos ya habían notado, pero que nadie había unido con este hilo.

La historia entre Lucero y Joan Sebastian es, en apariencia una historia de admiración y colaboración artística. Décadas de trabajo juntos. Canciones escritas por él para la voz de ella. Un disco compartido, un Lu por que usó las iniciales de ambos como título, como si quisiera dejar grabado en el propio nombre del álbum que esto era algo personal, algo íntimo, algo que iba más allá de lo que cualquier contrato discográfico podía explicar.

Cuando presentaron ese disco en 2012, Joan Sebastian lo hizo desde su finca en Juchitán, Morelos. Invitó a los medios. estuvo Lucero a su lado y en un momento de esa presentación, Joan dijo algo que los periodistas apuntaron en sus libretas con una sonrisa cómplice, pero que con los años adquiere un peso diferente.

Dijo que el disco era una representación del amor y la admiración que tenemos el uno por el otro. Amor, no admiración solamente amor. Y Lucero, que llevaba más de un año divorciada de Manuel Mijares en ese momento, estaba ahí a su lado, sonriendo de esa manera que solo ella sabe sonreír. Pero según personas que estuvieron presentes aquel día, había algo en esa sonrisa que no era completamente la sonrisa que el público conocía.

Era una sonrisa que guardaba algo. Los periodistas preguntaron, siempre preguntan, “¿Hay algo más entre ustedes? ¿Son solo amigos? ¿Son pareja?” Y los dos lo negaron. Siempre lo negaron con elegancia, con humor, con esa habilidad que tienen los artistas de primera línea para responder sin responder. Pero bisedium no estaba viendo las entrevistas.

Bis estaba viendo otra cosa. “Lo que yo percibo entre ellos,” dijo Bis, según quienes la escucharon, no empieza en los años que el público conoce, empieza antes, mucho antes. Y aquí es donde la historia se complica, porque si la medium tiene razón, si lo que ella percibe es verdad, entonces lo que ocurrió entre Lucero y Joan Sebastian no fue solamente una relación profesional que quizás se convirtió en algo más personal.

Fue algo que, según bis, involucró energías que se movían en un plano que la mayoría de la gente no puede ver. Hay quienes en el mundo del espectáculo mexicano, personas que conocieron a Joan Sebastián de cerca, que han dicho en privado que el cantante tenía una fascinación por lo espiritual, que iba mucho más allá de la religión católica en la que se había formado.

El mismo Joan Sebastian habló en vida de su número de la suerte, el 13. mandó pintar 13 corazones en su guitarra, 13 letras en su nombre, una numerología que para él tenía un significado que no explicaba completamente en público. Hay quienes dicen que Joan Sebastian no solo creía en la suerte. Hay quienes dicen que Joan Sebastian buscaba activamente fuerzas que le dieran protección, que en los años duros, cuando la fama tardaba y las puertas se cerraban, había acudido a personas que practicaban cosas que la iglesia no aprueba, personas que

trabajan con energías que no tienen nombre en el vocabulario ordinario. Y si Lucero formó parte de ese mundo en algún momento, y si la conexión que bis percibió entre ellos no era solamente emocional, sino algo mucho más profundo, mucho más difícil de deshacer. Esa es la pregunta que nadie quiere hacerse, pero que ya está ahí flotando en el aire desde que Bis habló.

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