El Corazón de una Leyenda: Más Allá de los Aplausos
La vida de Barbra Streisand ha sido, desde el primer momento en que pisó un escenario, un ejercicio de audacia, talento desbordante y una búsqueda incansable de autenticidad. A sus 83 años, convertida en una institución cultural viviente, Barbra ya no necesita demostrar nada. Ha ganado todos los premios imaginables (EGOT incluido), ha dirigido películas que desafiaron las convenciones de género y ha prestado su voz a las emociones de tres generaciones. Sin embargo, tras la cortina de terciopelo de la fama, existe una narrativa paralela que el público ha seguido con la misma fascinación que sus actuaciones: su vida amorosa.
Streisand no es una mujer de términos medios. En el amor, como en su arte, se ha entregado con una intensidad que muchos hombres encontraron embriagadora y otros, sencillamente, insoportable. Recientemente, al reflexionar sobre su largo camino, la artista ha señalado a seis hombres específicos. Seis nombres que no son solo notas al pie en su biografía, sino capítulos enteros que definieron quién es hoy la mujer detrás del mito. Esta es la crónica de esos amores inolvidables, desde la ternura juvenil hasta la pasión destructiva y, finalmente, la serenidad del amor verdadero.
1. Elliot Gould: El Primer Amor y el Baño de Lava
Si hay un hombre que conoció a Barbra antes de que el mundo se apropiara de ella, ese fue Elliot Gould. Su historia es el arquetipo del romance de Broadway: dos jóvenes actores, hambrientos de éxito y llenos de sueños, que se cruzan en una audición. Corría el año 1961 y la obra era I Can Get It for You Wholesale. Elliot ya tenía el papel principal; Barbra era una aspirante nerviosa que, tras cantar, dejó su número de teléfono a todo el mundo por pura ansiedad. Fue Elliot quien llamó.
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Se casaron en 1963, el mismo año en que Barbra lanzó su álbum debut y se convirtió en un fenómeno nacional. El matrimonio fue, en palabras de Gould, “un baño de lava”. Fue una mezcla explosiva de dulzura adolescente y un dolor intenso provocado por el desequilibrio de sus carreras. Mientras Barbra se convertía en la portada de la revista Time y ganaba el Oscar por Funny Girl, Elliot luchaba por no ser simplemente “el señor Streisand”.
La presión de Hollywood y el ascenso meteórico de ella crearon fisuras que se convirtieron en abismos. Se separaron en 1969, pero el vínculo nunca se rompió del todo. Tuvieron un hijo, Jason, y con las décadas, el resentimiento se transformó en un respeto profundo. Elliot sigue diciendo hoy que siempre la amará; Barbra admite que él fue el hombre que la vio nacer como estrella. Fue su primer gran amor, y en el mapa de su vida, Elliot es el punto de origen.
2. Jon Peters: El Peluquero que se Convirtió en Socio y Obsesión
Si Elliot Gould representó la juventud, Jon Peters representó el caos creativo y la pasión desmedida de los años 70. Su encuentro parece sacado de un guion de cine: Peters era un peluquero con aires de estafador y un encanto magnético que se propuso cortarle el pelo a la estrella más grande del mundo. Lo logró, pero en el proceso, se quedaron el uno con el otro durante casi una década.
Peters fue el comodín que puso el mundo de Barbra patas arriba. No solo fue su amante, sino su socio. Juntos produjeron la versión de 1976 de Ha nacido una estrella, un proyecto donde la realidad y la ficción se mezclaban peligrosamente. La obsesión de Jon por Barbra era tal que hizo que se incluyeran frases en el guion sobre su físico que eran confesiones personales de él. Construyeron casas, discutieron en público y se desafiaron constantemente.
Fue una relación competitiva y agotadora. Barbra admite que se volvieron demasiado dependientes el uno del otro, y que su obsesión por dirigir Yentl terminó por eclipsar el romance. Sin embargo, Peters declaró en 2017 que ella sigue siendo el amor de su vida y que le debe todo lo que es. Fue una relación que ardió con demasiada intensidad para durar, pero dejó tras de sí algunas de las obras más icónicas de la carrera de Streisand.
3. Don Johnson: La Diversión antes de la Tormenta
A finales de los 80, Barbra buscaba algo que la fama suele robar: ligereza. Y lo encontró en Don Johnson. El protagonista de Miami Vice era la personificación del galán de Hollywood: bronceado, encantador y con una seguridad que Barbra encontró refrescante. Se conocieron en Aspen durante una Navidad y lo que siguió fue un romance vertiginoso que ella describe como “pura diversión”.
Johnson introdujo a Barbra en un mundo de “cosas de chicos”: boxeo, carreras de lanchas y helicópteros. Durante un tiempo, él la hizo feliz de una manera sencilla, sin las complicaciones intelectuales de sus relaciones anteriores. Pero el brillo desapareció cuando la falta de honestidad de Don salió a la luz. Streisand, una mujer que valora la verdad por encima de todo, no pudo perdonar que él no fuera sincero sobre su relación con su exesposa, Melanie Griffith, quien en ese momento atravesaba problemas de adicción.
El romance se disolvió sin amargura, pero con la claridad de quien sabe que un diamante de imitación no puede sustituir a uno real. Aun así, el cariño persiste. Don Johnson todavía le susurra “te amo” cuando se encuentran en las fiestas de la industria, un eco de una época en la que la vida de Barbra fue, por un breve instante, mucho más ligera.
4. Pierre Trudeau: El Sueño de ser Primera Dama
Quizás el capítulo más fascinante y menos “Hollywood” de su vida fue su romance con el Primer Ministro de Canadá, Pierre Trudeau. Se conocieron en 1969 y la atracción fue inmediata. Trudeau era el “estrella de rock” de la política: carismático, brillante y poco convencional. Barbra, por su parte, estaba fascinada por su intelecto.
Mantuvieron un romance que fue oro puro para la prensa de la época. Barbra llegó a visitar Ottawa y a sentarse en el Parlamento, provocando que Trudeau no pudiera apartar la vista de ella durante las sesiones. Streisand ha confesado que llegó a fantasear seriamente con dejarlo todo, aprender francés y convertirse en la Primera Dama de Canadá.
Sin embargo, la realidad de sus mundos opuestos se impuso. Ella no podía renunciar a su arte y él no podía renunciar a su país. Se separaron con un afecto que duró décadas. Barbra le enviaba cartas cariñosas y mantuvo el contacto hasta su muerte en el año 2000. Trudeau fue el hombre que le mostró a Barbra un tipo de poder y elegancia que no existía en los sets de grabación, una conexión de mentes que ella nunca olvidaría.
5. Andre Agassi: Desafiando las Reglas del Juego
En los años 90, Barbra volvió a demostrar que no le importaba lo que el mundo pensara de ella. Inició una relación con el ídolo del tenis Andre Agassi, quien era 28 años menor que ella. La prensa se burló, el público se escandalizó, pero a ellos no les importó. Agassi describió salir con Barbra como “llevar lava hirviendo en las venas”.
Barbra se convirtió en la fan número uno del tenista, asistiendo a sus partidos y animándolo desde las gradas. Para Agassi, ella era una figura inspiradora, una mujer que le enseñó sobre la excelencia y la integridad. Aunque la diferencia de edad y sus ritmos de vida terminaron por apagar la llama, el romance fue un testimonio de la eterna juventud espiritual de Streisand. Fue una relación que desafió los tabúes y que demostró que, para Barbra, el interés y la conexión emocional no conocen de fechas de nacimiento.
6. James Brolin: El Puerto Seguro
Tras décadas de romances intensos, breves y a veces destructivos, Barbra finalmente encontró lo que no sabía que estaba buscando en una cita a ciegas en 1996. James Brolin llegó a su vida cuando ella ya estaba de vuelta de todo. En su primer encuentro, Barbra, fiel a su estilo, le pasó la mano por el pelo y se burló de su corte de cabello. En lugar de ofenderse, Brolin quedó fascinado.
Se casaron en 1998 en una ceremonia que fue una de las reuniones de estrellas más importantes de la historia de Hollywood. Pero más allá del glamour, lo que Brolin le dio a Barbra fue algo que ninguno de los otros cinco hombres pudo: estabilidad emocional. James es el hombre que no se siente eclipsado por su éxito, el que la hace reír y el que la acompaña en la tranquilidad de su hogar en Malibú.