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Ashraf Pahlavi: La Hermana del Shah que Todos Querían Matar

Lo que sí existe es una regla implacable. Los hijos deben ser útiles al padre. Los hijos deben servir al estado. Los hijos, especialmente las hijas, no son personas, son herramientas. Y las herramientas no lloran. Ashraf va a recordar esa lección durante los 86 años siguientes. Su hermano gemelo, Mohamed Reza es todo lo contrario a ella, delicado, enfermizo, propenso a la fiebre. Pasa largas temporadas en cama.

Su madre lo protege como a una joya frágil. A Ashraf no la protege nadie y esa ausencia de ternura la transforma muy pronto en algo que pocos adultos poseen. Voluntad de hierro. Pero hay algo que los separa y que al mismo tiempo los une más que a ningún otro par de hermanos en la historia de Irán. Los gemelos Pahlaví tienen desde los primeros años una conexión extraña.

Una de esas conexiones que solo los gemelos comprenden. Cuando uno está enfermo, el otro lo siente. Cuando uno sueña algo, el otro sueña lo mismo. Cuando uno está en peligro, el otro sabe que tiene que correr. Ashraf lo va a resumir años después con una frase que se volverá famosa en los círculos de la corte.

Yo no tengo hermano, tengo una mitad de mí que vive fuera de mi cuerpo. En 1921, cuando los gemelos tienen apenas 2 años, su padre entra en Teerán al frente de 2000 cosacos. Tres días después el gobierno cae. Resan es nombrado ministro de guerra. 4 años más tarde, en diciembre de 1925, se corona Sha de Irán y funda la dinastía Pajlavi.

La familia se muda al palacio del mármol. Todo cambia de la noche a la mañana. De repente, Ashraf ya no es una niña cualquiera, es una princesa imperial. Vive rodeada de sirvientes. Come en vajilla de oro. Ashraf. estudia con profesores europeos que le enseñan francés, inglés, literatura, historia. Aprende a montar a caballo, aprende a tocar el piano, aprende a comportarse como una dama.

Pero por dentro, la niña que creció en el barrio humilde sigue ahí observando, calculando, esperando. Su padre, el nuevo Sha, es un hombre temido. Impone la ley con una violencia implacable. Moderniza el país a la fuerza. Prohíbe el velo obligatorio, ordena cortar las barbas a los clérigos, castiga a los terratenientes que se oponen a sus reformas y dentro del palacio es igual de duro.

A sus hijos los educa como soldados. Disciplina militar, despertar a las 6 de la mañana, ejercicios físicos, horarios estrictos, castigos físicos por cualquier desobediencia. Ashraf recibe más golpes que sus hermanos. Tal vez porque se parece demasiado a su padre. Misma mirada fría, misma voluntad, misma ambición salvaje. Reza Sha la observa crecer con una mezcla de orgullo y temor.

Y un día, según lo que ella misma contará, décadas después en sus memorias, le dice una frase que la va a perseguir para siempre. Si tú hubieras nacido hombre, habrías sido mejor que tu hermano. La niña no llora, no sonríe, solo archiva esa frase en algún lugar de su mente. Y a partir de ese día decide que si el mundo le niega ser un hombre, entonces ella va a hacer algo más peligroso.

Va a ser la sombra detrás del trono. Hay una escena que Ashraf cuenta en sus memorias y que revela la atmósfera de su infancia mejor que cualquier análisis. Tiene 8 años. Está jugando en los jardines del palacio con su hermano gemelo. Mohamad rea quiere ser un caballero medieval persa. Ashraf quiere ser un general.

Discuten. Su padre pasa por el jardín, los ve, se detiene, los observa durante varios segundos sin decir nada. Luego se acerca a Mohamad Resa y le dice algo en voz baja que Ashraf no puede escuchar. El niño baja la cabeza. asiente desaparece hacia dentro del palacio. Entonces el Sha se gira hacia Ashraf, se agacha hasta quedar a la misma altura que sus ojos y le pregunta con una voz que no admite respuestas infantiles.

¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y tu hermano? La niña sacude la cabeza. Él va a ser shabre. Tú vas a hacer lo que decidas ser, le responde el padre. Pero si quieres ser alguien en este mundo, vas a tener que trabajar 10 veces más duro. No llores nunca. No muestres nunca lo que sientes y no confíes nunca en nadie, ni siquiera en mí.

La pequeña Ashraf, de 8 años no entiende del todo lo que acaba de escuchar, pero lo graba en su memoria, como se graban las lecciones que definen una vida. No llores nunca. No muestres nunca lo que sientes. No confíes nunca en nadie. Tres reglas, tres espadas. Va a vivir con ellas durante los 88 años siguientes.

A los 10 años, Ashraf ya no juega con muñecas. Lee los periódicos europeos que llegan al palacio. Pregunta a los diplomáticos visitantes sobre la política internacional. Observa cómo su padre toma decisiones. Memoriza los nombres de los ministros, de los embajadores, de los generales. Su hermana mayor Shams prefiere los vestidos de París.

Su hermano Mohamad Resa prefiere los aviones. Ella prefiere el poder. Y aquí es donde todo empieza. Por cierto, antes de continuar, una pregunta rápida para ti. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Desde México, desde Argentina, desde España, desde Colombia, desde Perú, desde donde sea.

Queremos saber quién está al otro lado de la pantalla esta noche escuchando esta historia olvidada. Y ahora volvamos al palacio de Teerán, donde una niña de 12 años está a punto de descubrir el primer secreto que va a marcar su vida para siempre. En 1931, el Shah decide enviar a su hijo varón Mohammad Resa a estudiar a Suiza.

Al internado Le Rosei enrolroye, a orillas del lago alemán, Ashraf Nova, se queda en el palacio y por primera vez los gemelos inseparables se separan durante 5co años enteros. Esos 5 años la transforman. Sin su hermano al lado, sin el único ser humano que la entendía sin hablar, Ashraf se hunde en los libros. Devora las obras de Volter, de Rousseau, de Nietzsche, estudia la historia de los imperios.

se obsesiona con las figuras de mujeres poderosas, Catalina la Grande, Cleopatra, Isabel de Inglaterra y empieza a construir en silencio la arquitectura mental de la persona en la que se va a convertir. Cuando Mohamed Reza regresa de Suiza en 1936, los dos gemelos ya no son los mismos. Él ha conocido Europa. Ella ha conocido la soledad.

Él trae una educación occidental. Ella trae una voluntad de acero, pero el destino no les permite reencontrarse mucho tiempo, porque el Sha, el padre severo, tiene otros planes para Ashraf y estos planes no incluyen dejarla ser libre. Un año después, a los 17 años, la princesa va a descubrir que en el Irán imperial ni siquiera las hijas del shaen matrimonio arreglado. 1937.

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