En el ajedrez político de Colombia, donde las alianzas suelen ser tan volátiles como los escándalos de turno, se ha desatado un enfrentamiento que toca las fibras más sensibles del uribismo. Abelardo de la Espriella, hoy candidato presidencial y figura de alto impacto mediático, ha decidido tomar la palabra para responder a los señalamientos de Tomás Uribe, hijo del expresidente Álvaro Uribe Vélez. La controversia, que gira en torno a supuestas campañas de desprestigio y la lealtad histórica, surge en un momento crítico donde la derecha busca consolidar una fuerza única frente al avance de la izquierda liderada por Iván Cepeda.
Con la firmeza que lo caracteriza, de la Espriella recordó en una reciente entrevista que su compromiso con la familia Uribe no es producto de una coyuntura electoral. “A Tomás se le olvida que yo durante 15 años he defendido a su padre con todo el compromiso, sin ningún interés y además ganándome todos los enemigos de él”, senten
ció el candidato. Esta declaración no solo busca calmar las aguas dentro de su sector, sino también reafirmar que su aspiración presidencial se basa en principios de seguridad y justicia que, según él, lo hermanan con el legado del gran colombiano.
Corrupción sistémica: El cáncer que desangra a Colombia
Uno de los puntos más álgidos de la intervención de Abelardo de la Espriella fue su reacción ante el millonario escándalo de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Tras conocerse la triangulación de más de un billón de pesos en contratos irregulares que involucran a funcionarios y congresistas, el candidato fue lapidario: calificó al actual gobierno de Gustavo Petro como una “banda criminal” cuya estructura mafiosa ha permeado las instituciones más sagradas del Estado.

De la Espriella propuso una medida radical para su eventual gobierno: una auditoría internacional con “grado de certeza” para determinar quiénes se robaron los recursos de la salud, el agua y los desastres naturales. Su visión es clara: no se necesitan más leyes, sino la voluntad política y el carácter para aplicar las que ya existen. Según el candidato, la corrupción hoy le arrebata al país 90 billones de pesos anuales, recursos que planea reinvertir en un “salario para la vejez” de 400.000 pesos y capital semilla para jóvenes emprendedores.
El fenómeno del “Outsider” contra la maquinaria tradicional
Abelardo de la Espriella se presenta como el “doble outsider”: un hombre de leyes sin estructura política previa y un provinciano orgulloso de su origen costeño. En un panorama donde las encuestas muestran un crecimiento preocupante de la candidatura de Iván Cepeda, de la Espriella sostiene que un fenómeno popular de izquierda solo se enfrenta con un fenómeno popular de derecha.
“Lo que yo he logrado junto a la manada y a mi gente es épico”, afirmó, destacando que su campaña no depende de los grupos económicos tradicionales ni de la “mermelada” política. A diferencia de su contendora Paloma Valencia, a quien respeta pero cuestiona por recibir el apoyo de los partidos tradicionales de siempre, Abelardo asegura que su alianza es directamente con el pueblo. Para él, la elección del 31 de mayo será el momento de “ponerle la raya al tigre” y evitar lo que él denomina la destrucción institucional del país.
Sin vetos para Uribe y un llamado a la unidad
A pesar de los roces con Tomás Uribe y los ataques de sectores cercanos a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella fue enfático en que el expresidente Álvaro Uribe nunca tendrá un veto en su gobierno. “Todo el respeto, todo el cariño, toda la admiración para el presidente Uribe, a quien quiero profundamente”, manifestó, dejando abierta la posibilidad de que el exmandatario juegue un papel fundamental en la recuperación del orden público si así lo decidiera.
El candidato hizo un llamado a la madurez y a la cordura tanto a sus seguidores como a los de la campaña de Valencia. Entiende que son “aliados naturales” y que la verdadera batalla no es entre ellos, sino contra el modelo que representa Iván Cepeda. De la Espriella se siente listo para la primera vuelta, confiado en que el fervor que ve en las calles de los 32 departamentos se traducirá en una sorpresa electoral que cambiará el destino de la nación hacia lo que él llama la “patria milagro”.
El sacrificio militar por la patria
Abelardo de la Espriella define su campaña no como una búsqueda de poder, sino como el pago de un “servicio militar por la patria” durante cuatro años. Su promesa es radical: no viajará al exterior, delegando esas funciones en su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y en el canciller, para dedicarse exclusivamente a recorrer cada rincón de Colombia persiguiendo corruptos y resolviendo problemas locales.

Con una visión que mezcla la mano dura con la inversión social estratégica, el candidato busca convencer a los indecisos de que su liderazgo es la única garantía de seguridad jurídica y orden público. En sus propias palabras, la política ha sacado “lo mejor de él”, y esa versión renovada es la que planea llevar a la Casa de Nariño para organizar la casa y defender a Colombia en sus “horas más oscuras”. El reloj electoral avanza, y la voz de Abelardo de la Espriella resuena como un rugido que busca despertar a una nación sumida en la incertidumbre.