El panorama político y social en Bolivia atraviesa uno de sus momentos más críticos y determinantes de la historia reciente. Apenas seis meses después de haber asumido la conducción del Estado, el presidente Rodrigo Paz se encuentra ante el monumental desafío de pacificar un país tensionado por bloqueos de carreteras, desabastecimiento de insumos básicos y una feroz disputa de poder que amenaza con quebrar el orden constitucional. En una reveladora y extensa entrevista exclusiva concedida a la señal de noticias argentina Todo Noticias (TN), el mandatario boliviano rompió el silencio para trazar un crudo diagnóstico de la situación actual, denunciando de manera directa la existencia de una estrategia subversiva impulsada por el expresidente Evo Morales y sectores vinculados al narcotráfico para forzar su salida anticipada del poder.
La crisis, que se ha concentrado con especial virulencia en la región occidental del país, particularmente en las ciudades de La Paz y El Alto, ha alterado la rutina de miles de ciudadanos que hoy padecen largas filas en las estaciones de servicio para conseguir combustible y sufren el incremento desmedido en los precios de los alimentos de la canasta familiar, como la carne y el pollo. Aunque el gobierno defiende que el resto del territorio nacional mantiene una relativa normalidad, el bloqueo estratégico de rutas esenciales como el tramo de Oruro —por donde ingresa el carburante proveniente del océano Pacífico— ha funcionado como una pinza económica destinada a asfixiar los principales centros urbanos y sembrar el descontento social.
la conversación con los periodistas Carolina Amoroso, Gustavo Tubio y Sofía Cotler, el presidente Paz diferenció de manera categórica las demandas legítimas de la población de las movilizaciones con intenciones estrictamente políticas. “Llevo recién seis meses en el gobierno, pero hemos recibido solicitudes de diez, quince y veinte años de atraso en la resolución de problemas locales o municipales”, explicó el mandatario, señalando que en los puntos donde existen reclamos históricos acumulados se ha logrado avanzar de manera exitosa mediante el diálogo directo. Para mitigar los efectos del desabastecimiento en las zonas afectadas, el Ejecutivo coordinó un corredor humanitario integrado por la Iglesia Católica, la Cruz Roja, agrupaciones de derechos humanos y el Defensor del Pueblo para permitir el libre tránsito de medicinas, alimentos y combustibles.
Sin embargo, el mandatario denunció que existe un núcleo duro de manifestantes que mantiene una actitud abiertamente agresiva y hostil, rechazando cualquier intento de tregua o asistencia humanitaria. De acuerdo con las investigaciones del Ministerio Público, estas movilizaciones son motorizadas por representantes de las federaciones del trópico de Cochabamba, específicamente de la región del Chapare, un área históricamente controlada por Evo Morales. “Hay una muy alta sospecha de la vinculación de recursos ilícitos en todas estas movilizaciones”, disparó Paz, confirmando la detención de múltiples individuos que transportaban importantes sumas de dinero en efectivo destinadas a pagar a los bloqueadores. Para el jefe de Estado, el financiamiento de estas protestas proviene directamente de las estructuras económicas del narcotráfico que operan en el Chapare, cuyos actores no buscan el consenso sectorial, sino generar un daño profundo a la estabilidad democrática del país.
El cerco judicial que rodea a Evo Morales, sobre quien pesa una orden de aprehensión formal y una grave acusación por los delitos de estupro y trata de personas, es señalado por el actual gobierno como el verdadero motor detrás del estallido en las calles. En una reciente declaración, Morales afirmó que la administración de Rodrigo Paz carece de gobernabilidad y sugirió que la Constitución prevé el adelantamiento de las elecciones generales ante escenarios de alta conflictividad. La respuesta del presidente boliviano fue contundente: “Primero, no conoce la Constitución, y es la Constitución que él mismo promovió; no existe tal disposición en el texto constitucional. Segundo, Evo Morales tiene una desesperación brutal por querer retornar al poder, no importa a qué costo, no importa si hay muertes de por medio”.
Para Rodrigo Paz, la actual conflictividad callejera representa el doloroso pero necesario desmantelamiento de un régimen político que hegemonizó el Estado boliviano durante las últimas dos décadas. “Nos prometieron tener una suerte de Suiza en Bolivia y, veinte años después, nos dejaron un país quebrado, una situación arrasada que parece un territorio después de una guerra”, fustigó el gobernante. Como ejemplo del deterioro estructural, detalló el colapso de la matriz energética del país: mientras que hace veinte años Bolivia contaba con dos gasoductos activos hacia Argentina y Brasil, leyes de hidrocarburos competitivas y reservas certificadas, hoy el gasoducto hacia el mercado argentino ha dejado de operar debido al desarrollo propio de Vaca Muerta en el país vecino y a la alarmante falta de exploración y certified de nuevas reservas en suelo boliviano. A este sombrío panorama se suma una institucionalidad judicial corrupta, inseguridad jurídica para las inversiones extranjeras y la manipulación sistemática de las naciones originarias y la diversidad cultural como herramientas de división y confrontación social.
Ante las consultas del cronista Alan Ferraro, apostado en vivo en las calles de La Paz, respecto a si el Poder Ejecutivo evalúa la implementación de medidas de excepción como el estado de sitio ante la presencia de grupos civiles armados afines al evismo, Paz no descartó la utilización de ninguna herramienta contemplada en la ley. “Las posibilidades que se tienen son constitucionales, y todo instrumento constitucional se aplicará si es el momento oportuno. Nosotros estamos forzando hasta el último instante la vía del diálogo porque ellos justamente quieren entrar al conflicto abierto para desmoronar la institucionalidad, pero la Constitución también manda el respeto a la vida y la defensa del proceso democrático de cinco años”, advirtió con firmeza.

En medio del desabastecimiento, la solidaridad internacional ha jugado un rol crucial para evitar una tragedia humanitaria de mayores proporciones en El Alto y La Paz. El presidente boliviano expresó su profundo agradecimiento a las naciones vecinas, destacando el apoyo de Chile, Brasil y, especialmente, de la República Argentina, gobierno que facilitó de manera inmediata el uso de dos aviones Hércules para establecer un puente aéreo de emergencia. Estas aeronaves militares han trabajado intensamente en el traslado de toneladas de productos alimenticios desde el oriente del país —la principal zona productora— hacia el occidente cercado por los piquetes, aliviando de forma parcial la presión sobre los mercados locales.
A pesar de las severas dificultades políticas de la coyuntura, Rodrigo Paz se mostró sumamente optimista respecto al rumbo económico y las reformas normativas que impulsa junto a la mayoría parlamentaria con la que cuenta en el Congreso. Sostuvo que, contra todos los pronósticos, Bolivia mantiene un tipo de cambio estable frente al dólar y se encamina a cerrar el año 2026 con un récord histórico en materia de exportaciones. Este logro, según el presidente, ya no dependerá de la exportación de gas como en las décadas pasadas, sino del notable crecimiento de los productos manufacturados, la agroindustria y la reactivación de la minería legal. En este último punto, trazó una fuerte autocrítica regional al señalar que, mientras Perú y Chile exportan anualmente 50.000 y 65.000 millones de dólares en minerales respectivamente, Bolivia, poseyendo la mayor concentración de recursos minerales diversos del continente, apenas genera 6.000 millones debido a regulaciones obsoletas que su gestión busca transformar para potenciar a los empresarios mineros y cooperativistas locales.
Finalmente, el mandatario aprovechó la oportunidad para enviar un afectuoso saludo a la comunidad de ciudadanos bolivianos residentes en el exterior, haciendo una mención especial a la numerosa migración radicada en Argentina. Recordando su propia infancia en el exilio debido a la militancia democrática de sus padres, Paz rememoró con emoción sus años en la ciudad de Buenos Aires, el barrio de La Boca y su temprana pasión por el fútbol argentino viendo jugar a Ricardo Bochini. “Esta es una lucha dura para transformar las estructuras del país; es el cierre definitivo de un ciclo y el inicio de uno nuevo donde la verdad y la democracia son los ejes centrales. La verdad se choca hoy contra la corrupción, contra el mal manejo económico y contra aquellos que tienen deudas pendientes con la justicia, pero la inmensa mayoría de los bolivianos quiere un mejor mañana. Este es un parto difícil, pero saldrá una Bolivia fortalecida”, concluyó con determinación.