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PARTE 1 El sol de mediodía en Madrid no perdona.aa

PARTE 1

El sol de mediodía en Madrid no perdona.

Ese calor pegajoso se filtraba por las rendijas de las persianas bajadas a medias.

En el salón de Paco y Marisa, el tiempo parecía haberse detenido en algún momento de 1994.

Había olor a sofrito, a ambientador de pino y a esa tensión familiar que solo se cocina en los domingos de paella.

Javi y Clara acababan de cruzar el umbral del piso.

Un cuarto sin ascensor en el barrio de Chamberí que siempre dejaba a Clara sin aliento.

Paco, sentado en su sillón de orejas, ni siquiera se levantó.

Mantenía la vista fija en el telediario, con el mando a distancia empuñado como si fuera un cetro real.

—Ya estamos aquí, papá —anunció Javi, dejando las llaves en el mueble de la entrada.

—Habéis tardado —gruñó Paco sin apartar los ojos de la pantalla—.

—Había un tráfico horrible en la Castellana —respondió Clara, intentando forzar una sonrisa—.

Se acercó para darle los dos besos de rigor, sorteando el tapete de ganchillo que adornaba la mesa camilla.

Paco ofreció la mejilla con la rigidez de un busto de granito.

—Es lo que tiene Madrid, hija, que a veces parece que regalan los coches con las cajas de galletas.

Marisa salió de la cocina secándose las manos en el delantal.

—¡Ay, mis niños! Menos mal que habéis llegado, que el arroz no espera a nadie.

Abrazó a Clara con esa fuerza que solo tienen las madres españolas de cierta edad.

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