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La mañana en el barrio de Chamberí amaneció con un sol engañoso.

PARTE 1

La mañana en el barrio de Chamberí amaneció con un sol engañoso.

Hacía frío.

Un frío que se colaba por las rendijas de las ventanas de aluminio antiguo.

Laura estaba de pie en el centro de su cocina.

Una cocina modesta, con azulejos blancos que habían visto mejores décadas.

En el centro de la mesa de formica había una caja.

Una caja enorme.

Blanca.

Impoluta.

Con unas letras grises que prometían el paraíso culinario.

Laura cruzó los brazos sobre el pecho.

Sonrió.

Una sonrisa de triunfo.

De victoria sobre la rutina.

De emancipación de la tabla de cortar.

Se acercó a la caja con pasos cautelosos.

Como quien se acerca a una bomba que en lugar de explotar, hace pisto.

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