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¡GUERRA EN CHIHUAHUA! ¡HARFUCH Y SEDENA PERFORAN A SICARIOS TRAS TOPONAZO! ¡MARU CAMPOS SE ESCONDE!

 

Atención, atención. Se armó la guerra en Chihuahua, el estado que gobierna Maru Campos, donde cada día fallecen decenas de personas. El día de ayer hubo cuatro homicidios, 80 familias huyendo con bolsas de ropa, un menor de edad con armas largas en las manos. Eso es lo que encontró Harfuch cuando cerró el cerco sobre Atascaderos, una comunidad serrana en Chihuahua que el crimen organizado había convertido en zona de guerra mientras los noticieros hablaban de otra cosa.

 Lo que ordenó esa noche no fue una patrulla de rutina, fue el fin de una ocupación. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Entre los tres detenidos esa noche había un menor de edad. Eso lo reportaron todos. Lo que ninguno reportó es lo que ese menor tenía en las manos cuando lo detuvieron. ¿Y por qué su presencia en ese cerco no fue un accidente ni una tragedia de reclutamiento, fue una decisión operativa del grupo que controlaba esa sierra? Y la pregunta más importante de este video no es cuántos sicarios cayeron esa noche? La pregunta es,

¿quién dio la orden de convertir atascaderos en una zona de guerra? ¿Y por qué esa persona no estaba ahí cuando llegó el ejército? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harfush, pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Quédate hasta el final porque lo que encontraron dentro de esa comunidad esa noche cambia completamente la lectura de todo lo que pasó en esa sierra durante las últimas semanas.

 Para entender lo que pasó en Atascaderos la noche del martes, tienes que entender qué es Atascaderos. No es un pueblo, es un seccional, una comunidad enclavada en la Sierra Madre Occidental, en el municipio de Guadalupe y Calvo, en el extremo sur de Chihuahua, donde el estado se dobla hacia Durango y Sinaloa, una geografía de barrancas profundas, caminos de terracería, bosques de pino que bloquean la señal y comunidades dispersas donde el Estado mexicano históricamente llegó tarde, si es que llegó. A esa altitud, el frío de febrero

corta diferente. Las noches caen rápido y caen pesadas. La niebla baja desde Los pinos y convierte los caminos en túneles ciegos. Es el tipo de terreno que el crimen organizado no eligió por accidente, lo eligió porque durante décadas fue invisible. Esa invisibilidad terminó la semana antes del operativo. El miércoles 18 de febrero, una balacera con granadas de fragmentación sacudió la comunidad de Ocote.

 El mismo día, dos hombres aparecieron muertos a la altura del kilómetro 106 + 500 de la carretera Parral a Guadalupe y Calvo. El jueves 19, un adolescente de 14 años identificado con las iniciales ARN fue asesinado en las inmediaciones de atascaderos. cuatro homicidios en una semana, granadas en la sierra y un grupo que atacaba casas de civiles con ráfagas de alto poder para acelerar un desplazamiento que ya estaba en marcha.

Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. El comisariado ejidal de redondeados, un empresario madero, llamado Otoniel Herrera vio como su casa quedaba destruida por múltiples disparos y detonaciones. Pérdida total. Herrera no esperó, levantó el teléfono y llamó a quien tenía que llamar. Lo que le contó a la Fiscalía de Zona Sur en las siguientes horas no fue solo un testimonio de daños, fue un mapa.

 El error de cálculo del grupo fue creer que destruir esa casa iba a silenciar a ese hombre. Lo que hizo fue exactamente lo contrario. Los grupos que operan en la sierra de Chihuahua no son improvisados. Conocen el terreno mejor que cualquier mapa oficial. Saben cuándo llega una patrulla, por qué ruta, a qué hora.

 Han sobrevivido décadas de operativos precisamente porque no cometen errores obvios. Pero en las semanas previas al martes, el grupo que controlaba atascaderos cometió tres errores. Ninguno pareció un error en su momento. Cada uno pareció una decisión inteligente y cada uno acercó el cerco con un paso más.

 El primero lo cometieron tres semanas antes. Decidieron hacer visible su control. Asesinatos en vía pública. Granadas en comunidades vecinas. ataques a domicilios identificados. La lógica era clara. Terror masivo acelera el desplazamiento. Desplazamiento limpia el territorio. Territorio limpio es corredor libre.

 Funcionó en otras sierras, funcionó en otros años. Lo que no calcularon fue que cada ataque registrado activaba automáticamente los protocolos de geolocalización de inteligencia de Sedena. Cada evento con coordenadas, hora y tipo de armamento usado construía un mapa de operaciones en tiempo real. Las frecuencias de radio interceptadas por monitoreo satelital esa semana identificaron tres números de teléfono distintos comunicándose en un radio de 4 km alrededor de Atascaderos.

Lo que el grupo creía que era una demostración de poder fue para el ejército una firma electrónica. Ese fue el primero. El segundo error lo cometieron 5co días antes. Atacaron la casa de Otoniel Herrera. La decisión tenía sentido operativo. Herrera era el comisariado Gidal, el hombre con más contactos en la región, el que podía organizar resistencia o denuncia.

Destruir su casa era un mensaje a toda la comunidad, silenciarlo antes de que hablara. Lo que no sabían era que Herrera ya había hablado y que su testimonio, rutas específicas, tipos de vehículos, descripción de al menos siete rostros, llegó a la mesa de inteligencia regional de Sedena en menos de 48 horas.

Ese testimonio no fue una denuncia genérica, fue la pieza que confirmó lo que el monitoreo de frecuencias ya sugería. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El tercer error lo cometieron la noche misma del operativo. Desplegaron a sus hombres en la carretera de acceso a la atascaderos, punto de vigilancia perimetral, la misma ruta que siempre usan las patrullas.

 Si venía el ejército, tendrían tiempo de ver los faros a distancia, activar la red de alerta y replegarse hacia las barrancas. Era el protocolo que había funcionado docenas de veces. Lo que no sabían era que a las 22:14 de ese martes, un dron de reconocimiento de ala fija ya llevaba 47 minutos sobrevolando a atascaderos a 3,200 m de altitud, cámara térmica sin sonido audible desde tierra.

 Los puntos calientes de calor humano en la carretera ya estaban marcados en la pantalla del operador en tiempo real. El grupo estaba vigilando la carreteras, el ejército estaba vigilando al grupo. Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. A las 21:27 del martes, los primeros elementos del convoy comenzaron a moverse desde el punto de reunión ubicado a 34 km de atascaderos, sin sirenas, sin luces altas.

 Los vehículos blindados rodaban con faros apagados en los últimos 6 km de aproximación, guiados únicamente por la imagen térmica transmitida en tiempo real desde el dron. El operador en tierra coordinaba por frecuencia encriptada a ES256, la misma tecnología que usan las fuerzas especiales del ejército americano en operaciones nocturnas.

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