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El novio que fingía ser “niño bien”: la verdad detrás del crimen que destruyó a una familia en CDMX a

El novio que fingía ser “niño bien”: la verdad detrás del crimen que destruyó a una familia en CDMX a

La ubicación de los cuatro presuntos responsables de asesinar a una familia con dos menores de edad la madrugada del martes en la colonia Nueva Santa María ocurrió tras el rastreo con cámaras de vigilancia de los dos vehículos robados en el domicilio de las víctimas. Tres de los sospechosos, María de Jesús de 24 años, José María de 21 y Francisco Javier de 36 huyeron a bordo de una de las camionetas.

 Fueron detenidos cuando circulaban por las calles del municipio de Tlanepantla, Estado de México. En el vehículo se encontraron objetos de valor robados de la vivienda, así como dos armas y dosis de marihuana y cocaína. El cuarto detenido es Emiliano, de 20 años de edad, identificado como el exnovio de la hija mayor de la familia con la que, según las investigaciones del caso, había retomado el contacto a fin de tener acceso al domicilio, donde entró con sus cómplices con intención de robar o de forzar el despojo de la propiedad.

Emiliano trató de evitar su detención y disparó contra policías municipales de Atizapán, quienes respondieron la agresión. El joven resultó herido. María de Jesús Emiliano y José María son hermanos. Francisco Javier es pareja de María de Jesús. Todos son miembros de una célula delictiva dedicada al robo, despojo de predios y narcomenudeo que opera en el Estado de México y en las zonas limítrofes de la capital del país.

El primer dato que las autoridades establecen con precisión es la hora aproximada en que los cuerpos son descubiertos. Es el 28 de abril de 2026. En el interior de una vivienda ubicada en la esquina de las calles Begonias y Guanábanas, en la colonia Nueva Santa María, alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México, cuatro personas yacen sin vida.

No hay señales de que alguien haya forzado una cerradura. No hay marcos rotos. No hay ventanas reventadas. La puerta, según consta en los registros de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, fue abierta desde adentro. Ese detalle, aparentemente menor, es la primera pieza del rompecabezas y también la más reveladora.

 Los muertos son identificados como Omar Sejudo Nava, de 47 años, director comercial de la farmacéutica Genéricos Ralca. Su esposa Alejandra, también de 47 años. Su hija mayor Valentina, de 17 años, estudiante de preparatoria en el Tec de Monterrey, y su hija menor Romina, de 12 años. Cuatro miembros de una misma familia ejecutados en el interior de su propio hogar.

Los vecinos de la colonia Nueva Santa María los describen como una familia discreta, tranquila, sin conflictos visibles. La imagen que emerge de los testimonios inmediatos es la de un núcleo familiar ordinario, un hombre con trabajo estable en el sector farmacéutico, una madre, dos hijas en edad escolar, una vida construida con método y sin estridencia.

Las necropsias, según confirman los registros de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, determinan que las cuatro víctimas murieron por disparos de arma de fuego en la cabeza. Los primeros reportes circulados en las horas iniciales del hallazgo hablan de heridas con armas punzo cortantes. Esa versión es descartada por los peritajes oficiales.

 Lo que quedó grabado en los cuerpos no fue la hoja de un cuchillo, sino la bala de un arma de fuego. el nivel de ejecución, la sistematicidad del método, la ausencia de señales de resistencia en los accesos al inmueble. Todo apunta a una operación planeada, no a un crimen de oportunidad. La Secretaría de Seguridad Ciudadana activa de inmediato el sistema de cámaras del C2 y del C5.

 Las imágenes captadas alrededor del domicilio permiten identificar vehículos que se movilizan en los momentos posteriores al crimen. Dos camionetas de alta gama abandonan la zona. Una GMC Yukon Denali XL de color azul valuada en 2,152,400es. Una BMW X6 M60i, cuyo precio comercial asciende a 2,264,900es. Ambas son propiedad de la familia Sejudo, ambas son robadas.

 Los agresores huyen hacia el Estado de México. Ese trayecto queda registrado por las cámaras de videovigilancia que los investigadores rastrean en tiempo real. El 29 de abril de 2026, 24 horas después del hallazgo de los cuerpos, Pablo Vázquez Camacho, secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, confirma públicamente la detención de cuatro personas.

 El operativo se desarrolla en Atizapán de Zaragoza, municipio del Estado de México. Los detenidos viajan a bordo de las dos camionetas robadas. Llevan consigo objetos personales de las víctimas, joyas, ropa, calzado. También portan dos armas cortas, cargadores, cartuchos útiles, un silenciador, dos teléfonos celulares y 95 dosis de sustancias controladas entre marihuana y cocaína en piedra.

Durante la captura se produce un intercambio de disparos con la policía. Uno de los detenidos que ha disparado contra los uniformados resulta herido y es trasladado bajo custodia médica y policial. Su nombre, según los registros oficiales, es Emiliano Villaseñor Barrera. Tiene 20 años y era el novio de Valentina.

Aquí comienza la segunda pieza del rompecabezas y es la que le otorga al caso su dimensión más perturbadora. Emiliano Villaseñor Barrera no entra a la casa como un extraño. No rompe cerraduras. No trepa muros. Entra porque alguien le abre la puerta. entra porque durante un periodo de tiempo que las investigaciones de la fiscalía comienzan a reconstruir con testimonios y registros digitales.

Había construido una relación con Valentina que le permitía ese acceso, una relación que él administró con precisión, una relación que terminó siendo el instrumento central del crimen. Los testimonios que circulan en los días posteriores al hallazgo de los cuerpos trazan un perfil específico de cómo Emiliano se presentaba ante la familia.

 La tía de Valentina que toma la palabra durante el sepelio celebrado el plino de mayo de 2026 en el parque Memorial Galloso de Naucalpán, Estado de México. Describe a Emiliano como alguien que simulaba ser de una familia bien. Esa formulación no es retórica, es técnica. describe una conducta sostenida en el tiempo, una construcción de identidad orientada a un objetivo específico, ganarse la confianza del entorno de Valentina y en particular la tolerancia de su padre, que según los mismos testimonios se oponía a la relación desde el principio. Omar Sejudo

Nava, el padre había manifestado abiertamente su rechazo al noviazgo. El motivo, según los registros disponibles, era el carácter de Emiliano. La tía de las víctimas declara ante la prensa, “Mi sobrina Valentina tenía 17 años y él al parecer 19, pero era muy violento y su padre no aprobaba la relación.

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